lunes, 3 de septiembre de 2018

Tres memorias

El burro delante para que no se espante. Un colega y, a pesar de ello, muy amigo, casi de la familia, me llama para preguntarme algunos detalles sobre la II República española (la del 31 al 36 que dio paso a la última, de momento, Guerra Civil). No tengo ni idea. Busco entre mis libros y recurro al oráculo de google y tampoco le sé dar respuesta, más allá de lo diferentes que fueron las fases de aquella etapa y de algunos personajes que pueden interesarle. Pero le reconozco que mi ignorancia es enciclopédica y que es muy, pero que muy fácil encontrar asuntos de los que no sé nada. Mi memoria histórica es extraordinariamente escasa. Incluso para lo que me afecta autobiográficamente. Por ejemplo, no consigo acordarme de en qué año estuve varios meses viviendo en Toracarí, Bolivia. Experiencia inolvidable, pero que no puedo situar "históricamente".
Un incendio se lleva por delante, en Rio de Janeiro, 200 años de historia o tal vez 100. Es, efectivamente, una forma de almacenar la memoria, siempre con algún que otro sesgo ideológico (normalmente de tipo nacionalista que oculta datos no tan relevantes para dicha ideología), pero con la apariencia de "verdad" que dan los objetos visibles y tangibles. La Historia, entonces, es una sucesión de salas en las que se acumulan, según cierto orden, objetos tomados de la época que la sala recoge. Siendo ecuánime, un museo de historia cubre lo que se puso en su fundación y no lo que entonces se desechó por irrelevante, molesto o inapropiado. O poco "museable".
Hay en las Españas un replanteamiento de una ley de Memoria Histórica que nació referida al (contra el) periodo franquista. Las consecuencias más importantes, de momento, han sido las de cambiar los nombres de algunas calles o plazas, cosa que sus habitantes no siempre han visto con buenos ojos por lo que suponía de cambiar sus tarjetas de visita. Pero el contexto de polarización en el que ahora se mueve la política española (y buena parte de la europea) ha puesto sobre el tapete el elemento ideológico que pueden tener esas "memorias", que pueden hacerse "a favor" o "en contra" de algunos de sus viejos protagonistas (incluso planteando el cambio de su sepultura, como sucede con la de Franco). Este elemento ideológico se ha planteado (ideológicamente, como era de esperar) por los contrarios a dichos planteamientos, proponiendo el cambio de Memoria Histórica por una angélica ley de la concordia como si una ley de ese calibre, primero fuera posible y, segundo, fuera capaz de reducir el nivel de polarización en que se encuentra la campaña pre-electoral española. 
Curiosas formas de mirar al futuro. Incluyendo la primera (cuya respuesta he tenido al final del día  gracias al oráculo de google que me ha llevado a un texto ¡mío! que publiqué en 2001: estuve varios meses en Toracarí en 1973. Lo que no sé es en qué meses).
y al volver la vista atrásse ve la senda que nuncase ha de volver a pisar.

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