miércoles, 26 de septiembre de 2018

Reír para no llorar

Con unos viejos amigos viejos y en un ambiente distendido, hemos pasado revista ayer a los hechos recientes protagonizados por políticos españoles ante los cuales, ante los hechos quiero decir, no cabe otra que el "reír para no llorar". Pretensiones ridículas, engaños tontos, chulerías sin base, contradicciones evidentes, mentiras sucesivamente desmentidas por otras mentiras y, sí, insultos a nuestra inteligencia. 
Tomado ya el café de la mañana, me doy cuenta de que la lista no ha sido completa y quedan algunos casos igualmente risibles pero igualmente vergonzosos y que tienen como protagonistas a los que, en franca porfía, critican los de los demás. Nadie se salva. O casi nadie, por no exagerar.
No voy a repetir la lista española que desgranamos ayer. Simplemente, recordar que en todas partes cuecen habas (aunque en la mía a calderadas). Pero no por cantidad, sino por calidad, hay que incluir las risas que suscitó el presidente Trump en su intervención en Naciones Unidas vanagloriándose de los logros de su gobierno. No es, dijo, la reacción que esperaba de la Asamblea, con lo que, de nuevo, hubo nuevas risas y algún aplauso al cómico que las provocó. Reír para no llorar, sí.

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