sábado, 22 de septiembre de 2018

Menos lobos, Caperucita

Hemos vivido, dicen, en un mundo gobernado por el "multilateralismo" que ahora está siendo amenazado no por la desaparición de dicho vocablo, sino por la entrada, como elefante en cacharrería, de la palabra "soberanía". Aquel multilateralismo estaría en peligro por culpa del "America first" que podría anunciar el presidente estadounidense en Naciones Unidas.
Era muy hermoso, sí: los países se reunían en Asamblea General (soberana, claro) y decidían sobre el bien común y los intereses generales: paz, prosperidad, seguridad, medioambiente, ayuda humanitaria en caso de catástrofe natural y cascos azules como fuerzas de interposición entre grupos o países enfrentados en conflicto armado. Esa era la versión oficial.
Frente a ella, la soberanía nacional, la autodeterminación, la defensa de lo propio, se convertía, por un lado, en una legitimación del multilateralismo ya que este se conseguía desde Estados soberanos apoyados por la voluntad general de sus habitantes (no había voluntad general mundial: demasiado complicado) y, por otro, en una especie de "checks and balances" para que lo general no fuera tan general que olvidara la existencia de los intereses y valores concretos que había que intentar compaginar.
Bonito ideal, pero, como todos, con sus correspondientes rebajas que la retórica olvidaba (u ocultaba) a veces. 
En primer lugar, el multilateralismo era jerárquico. No solo estaba el Consejo de Seguridad con la "banda de los cinco" y su poder de veto, bien poco multilateral. Es que el mundo era jerárquico. No era una jerarquía perfecta ya que siempre había quienes intentaban salirse de la misma, pero sí tenía lo propio de muchas jerarquías: la lucha por el poder en la cúspide para, desde allí, defender los intereses de las propias élites. "Todos eran iguales, pero algunos eran más iguales que otros" que era, en Rebelión en la granja, la novela de Orwell, el lema que los cerdos en el poder imponían al multilateralismo aparente de los animales.
En segundo lugar, la soberanía tenía algunos componentes parecidos: la soberanía consistía en que, en sociedades realmente jerárquicas, algunos decidían, convencían mediante mayores o menores engaños al resto y les lanzaban a defender el territorio e intereses de aquellos "algunos" bajo el principio, bien animal por cierto, de la territorialidad como los osos restriegan su dorso en los árboles con el mismo fin que los perros meando por la calle: marcar el territorio desde el que o defenderse de la parte más falsa de la multilateralidad o conseguir mejores puestos en aquella jerarquía internacional.
Un salto: estoy intrigado por los spam que me entran, con destinatarios diferentes, pero con el mismo contenido, todos ellos a través de mi dirección en la universidad, no la privada. No me llevarán a ningún tipo de decisión más allá de borrarlos. Pero lo que me fascina es el incremento de spam en chino y en árabe que, evidentemente, soy incapaz de leer. Los anteriores pueden venir en lenguas que conozco o no. Pero estos, casi por definición, no puedo saber de qué van ni qué me ofrecen, si es dinero, sexo o seguridad como hacen los otros. Multilateralismo extremo al que opongo mi soberanía del "borrar", que tampoco puede llegar muy lejos so pena de quedarme aislado, autárquico y autista. Da que pensar.
(Añadido el 23: y mucho más da que pensar esta colección de artículos breves sobre un hecho que no es nuevo, pero que se ha agudizado hasta extremos preocupantes para algunos: el poder logrado por grandes empresas (el ejemplo es el monopolio por parte de Google y cómo se analiza en uno de los artículos) unido a la financiarización de la economía mundial. Una vez más, Braudel: no se trata de "economía de mercado" (que se deja para las pequeñas y medianas empresas en paralelo con el multilateralismo) sino la "economía capitalista" -que yo preferiría llamar "economía de los capitalistas"- que se lleva por delante el multilateralismo y, casi por definición, la soberanía)
(Añadido el 25: Trump ha estado, en Naciones Unidas, en su papel nacionalista y anti-globalista o multilateralista)

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