miércoles, 19 de septiembre de 2018

Los detalles cuentan

A propósito del Brexit, un Comité Consultivo sobe las Migraciones (MAC) ha emitido un informe proponiendo los criterios de admisión de inmigrantes que tendría un gobierno británico si queda fuera de la Unión Europea. La discusión es interesante pues muestra hasta qué punto las grandes proclamas nacionalistas sobre la independencia tienen que llegar, tarde o temprano, a enfrentarse a la "rugosa realidad". 
Vale también para el Catalexit, aunque allí la retórica dominante es tan vaporosa que es difícil saber si alguien ha bajado al terreno de esa "rugosa realidad", quedándose en las promesas de una Arcadia feliz que hacen los secesionistas y la amenaza de un Infierno de azufre que profieren los unionistas. Pero sin argumentar ni unos ni otros, como se dice, "con peras y manzanas", es decir, con cosas, no solo con sentimientos.
La cuestión de la inmigración, que tantas pasiones despierta en el terreno de los sentimientos identitarios nacionalistas (recuérdense los textos del actual President catalán, Quim Torra al respecto) y en el de la defensa del empleo por parte de quienes temen perderlo ("British jobs for British workers"), cambia radicalmente cuando se ve desde el prisma de los empresarios y los profesionales. Los sectores del trasporte, la construcción y la sanidad rechazan de plano esas propuestas, pero el rechazo llega hasta las asociaciones de arquitectos que recuerdan que uno de cada cinco arquitectos que trabajan actualmente en el Reino Unido son originarios de otros países de la Unión Europea.
Inútil discusión. Se puede discutir sobre medios, fines y la adecuación entre unos y otros. Lo que no se puede es discutir sobre sentimientos: "esa chica, de la que estás perdidamente enamorado, no te conviene".

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