martes, 4 de septiembre de 2018

Fifty-fifty

Son tres casos que me fascinan: Brexit, Catalexit y Venezuela. En los tres, y a ojo de buen cubero, la población (o la llamada "opinión pública" si se prefiere) se divide en dos claras mitades: los que quieren quedarse frente a los que quieren irse (Brexit y Catalexit) y los que defienden al gobierno y los que preferirían que cayese.
En este último caso, es cierto que las posturas que leo no están tan polarizadas en el terreno de los diagnósticos: unos y otros reconocen parte (parte, no todo, por supuesto) del argumento contrario a la hora de atribuir causas (en plural, no solo una) de la situación presente. Pero las líneas generales están claras: busquen una mala gestión interna o busquen una conspiración externa. 
Los otros dos casos (Brexit y Catalexit) tienen líneas divisorias mucho más claras sobre los bienes y los males que acarrearía cada opción. 
Pero lo que me fascina es que me parece razonable pensar que no pueden tener toda la razón ambas partes. En el Brexit, el Catalexit y la crisis (reconozcámoslo) venezolana, es obvio que la realidad no puede ser A y no-A al mismo tiempo. Supongo que ni para los más dogmáticos seguidores de la Regla Celeste, el Tao, con su yin y yang, opuestos coincidentes. 
Sea quien sea el que hace el diagnóstico correcto,  lo que sí queda claro es que sus opuestos se equivocan y, a lo que dicen aquellos, con un más que evidente desprecio a la realidad. Si yo tengo razón, tú te equivocas. Lo opuesto es impensable: si yo me equivoco, tú tienes razón. Evidente.
Mi primer problema es saber cómo es posible que haya tanta gente que está a favor de una opción equivocada (sea la que sea). Como digo, y sin creer mucho en los números, estaríamos en cuestiones que parten a la población en dos mitades irreconciliables.
Pero mis problemas siguen. Así, por ejemplo, si el "hard Brexit" es una opción errónea por los males que acarrearía, eso no demuestra que el "soft Brexit" sea la correcta. Porque hay una tercera posibilidad: el status quo. El de los "remainders". Cómo se consigan estas tres opciones ya se las trae: negociaciones, nuevo referéndum, cambio de gobierno etc. Y lo mismo se podría decir del Catalexit (unilateral, bilateral -o multilateral-, pero también status quo). En el caso venezolano esta estructura tripartita no está tan clara. Es verdad que hay críticas al gobierno desde su izquierda, no solo desde la derecha dividida. Pero también hay diferencias en las terapias que proponen "los de fuera". Nada, pues, de fifty-fifty.
Eso sí, insisto: mi problema es entender a los que defienden una opción equivocada, sea la que sea, y, por lo que he dicho, hasta todos podrían estar equivocados. Pero esa es otra historia.

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