miércoles, 19 de septiembre de 2018

DUI

DUI significa “declaración unilateral de independencia” y recuerda lo que hace un año se discutió al respecto en Cataluña. En la pasada conferencia del President, le escuché repetir esa idea de que la independencia llevaría a Cataluña a mejores condiciones no solo políticas sino, sobre todo, sociales y económicas. Caricaturizando, se trataría de llegar al Paraíso por el camino de la independencia, cosa que, muy bien organizada por cierto, se remacha desde movilizaciones que comenzaron con la pasada Diada y van a seguir, parece, durante bastante tiempo.
No los he leído, ni creo que los hayan leído la mayoría que opina sobre el asunto, pero reputados profesionales han afirmado (con base empírica, por supuesto) cosas contradictorias al respecto. Por un lado, tenemos a Xavier Sala i Martin, economista, que, en su libro És l’hora del adéus, explica las ventajas que la independencia traería a Cataluña, asunto en el que cuenta con el apoyo de prestigiosos economistas catalanes desconocidos para mí, pero que trabajan en los Estados Unidos y que han formado el llamado Col·lectiu Wilson que ha sido autor de numerosas publicaciones al respecto. Por otro lado, está el libro de Josep Borrell, actual ministro de Asuntos Exteriores y de pasado académico internacional, Las cuentas y los cuentos de la independencia, publicado al año siguiente y que se dedica a desmontar tales pretensiones. Dato sobre dato uno y otro. Y creyentes a pie juntillas en una u otra de las posibilidades: irse o quedarse, sin entrar en el proceloso mundo de las leyes y las soberanías, en si hay que obedecer a lo que diga la mayoría del Parlament o hay que obedecer las leyes en que se mueve dicha institución, incluidas las propias. Todo ello con independencia de lo que se piense sobre los políticos presos o presos políticos (táchese lo que no proceda), asunto sobre el que, de nuevo Borrell, ha opinado y ha sido interpretado y reinterpretado arrimando cada cual el ascua a su propia sardina.
Lo que sí he leído y constatado es que, muchas veces, la discusión sobre ventajas y desventajas se centra en la DI, declaración de independencia, saltándose el espinoso problema de la U, la unilateralidad. No sólo qué se busca (sea o no el Paraíso), sino cómo y por dónde se busca, cosa que puede tener consecuencias mucho más problemáticas. Así que tengo que volver a la comparación obligada a pesar de las muchas diferencias entre una y otra: el Brexit que, efectivamente, puede ser pactado (bilateral) o “duro” (unilateral). Si entiendo bien, el “hard Brexit” deja intacta la soberanía británica y mantiene igualmente intactos, si no crecidos, la identidad y el orgullo nacionales. Lo que sucede es que la opción “dura” puede tener consecuencias catastróficas en el terreno económico. Digo “puede” porque no estamos en el reino de las certezas, sino en el de las predicciones y previsiones. Pero sí es claro que una parte muy importante de la población británica estaría por la cuestión: es lo que quieren, a saber, irse como sea. Tal vez sin demasiada información, pero sí encendida por los sentimientos nacionalistas-populistas que van ganando terreno en su denostada Unión Europea como se ha visto en las pasadas elecciones en Dinamarca.
La DUI, en el Catalexit, muestra algunos paralelismos interesantes. Primero, y como ha reconocido el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso (Madrid). Tengo mis dudas sobre la noticia, pero esto es lo que podría haber dicho: "Si hay algún independentista ingenuo o estúpido que cree que puede imponer la independencia al 50% de catalanes que no lo son, es evidente que está equivocado". Nadie puede hablar en nombre del “pueblo de Cataluña” o su “nación”. Como en el Brexit. Segundo, la cuestión es la independencia (de Madrid o Bruselas), pero mucho más importante, por las consecuencias que tendría, es el cómo se consigue. ¿DUI, como se dijo hace un año e inmediatamente se retractó? Catastrófico. Y, tercero, fascinante que tanta gente (millones) ponga delante sus sentimientos identitarios (¿suicidas?) por encima de las cosas de comer. 
A malas (que eso es el DUI o el “hard Brexit”), el que tiene las de perder es el que se va, por más que se aireen las descripciones idílicas de cómo estaríamos si, simplemente, pasásemos de cómo estamos ahora a ese Paraíso del que hablan en público. La transición en el terreno de presupuestos, pensiones, seguridad social o impuestos (y eso que “España nos roba”) se haría teniendo en cuenta los intereses de los que se quedan.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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