jueves, 20 de septiembre de 2018

Catástrofes clasistas

Se sabe que, en 1912, en el caso del Titanic, el porcentaje de víctimas de primera clase fue muy inferior al porcentaje de víctimas de clase turística. Por supuesto, en cifras absolutas, pero sobre todo en este porcentaje calculado sobre la base de las respectivas clases.
Haití fue una catástrofe humanitaria de la que todavía no se han recompuesto (tengo un buen amigo que trabajó allí, en la ayuda, hasta no hace tanto). Los barrios populares fueron mucho más castigados por el tsunami de 2004 y el posterior terremoto de 2010. Casas más frágiles situadas en terrenos más vulnerables. Es obvio que construir unas casas en el cauce de un río es mucho más barato que hacerlo en una colina. Y mucho más peligroso si hay una riada.
La historia se repite ahora con el huracán Florence, en USA, donde, una vez más, si eres rico tienes mayores probabilidades de salir indemne, al contrario de lo que les sucede a los pobres que, además, han tenido menores medios para poner tierra por medio. Y, como pudo suceder con el María -diga lo que diga Trump-, los pobres recibieron menos ayudas.
No es tanto que algo como el Grenfeld de Londres tenga habitantes muy diferentes a los que tendría el hotel Ritz de Madrid, caso de haber estado habitado. Pero sí podría ser que, en este último caso, el tipo de trabajadores afectados fuera especial. Y en el caso del fallecido, particularmente especial.
En general, los pobres están más indefensos ante las inclemencias del tiempo. Hasta la Madre Naturaleza es clasista. Bueno, la estructura social sobre la que se abalanza la hace clasista. Desresponsabilicemos a la Madre Tierra. Somos nosotros.
(Apéndice: la catástrofe descubierta, que no iniciada, en 2008 con lo de Lehman Brothers, también fue y es clasista. Como clasista es el efecto de la guerra en general y de la guerra comercial en particular)

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