domingo, 23 de septiembre de 2018

Brexit y Catalexit

Tienen una cosa en común, como ya he comentado en otras ocasiones: que la cuestión no es solo el qué, sino, sobre todo, el cómo. El cómo del Brexit está ahora sobre la mesa. La distinción anterior, válida para los dos casos, entre el "hard" y el "soft" (unilateral, bilateral) tiene ahora una variante: el "harder", el todavía más duro en su unilateralidad que podría llevarse por delante la "sagrada unidad de la patria", que es como piensan los nacionalistas. En este lance, saltando por los aires la unidad del Reino Unido, tanto por la parte de Irlanda del Norte como, incluso, por la de los nacionalistas de Escocia (que ya es ironía: prefieren seguir dependiendo de Bruselas -el petróleo manda, tal vez- antes que seguir dependiendo de Londres).
La preocupación con el "harder" no es solo sentimental-nacionalista. También es económica, como la City se encarga de recordar, y, en particular, política, fragmentando al partido conservador y haciendo aparecer más de un 80 por ciento de los miembros del partido laborista que desean un nuevo referéndum, supongo que para quedarse en la Unión (la del Reino Unido y la de la Unión Europea -demasiadas "uniones" para tanto movimiento centrífugo-).
Mientras lo que hay sobre la mesa (y ahí vuelvo al Catalexit) son sentimientos, la discusión es inútil. No se puede argumentar racionalmente con un enamorado sobre las cualidades de su enamorada. Pero llega un momento en que los sentimientos se dan de bruces con la "rugosa realidad", cosa que todavía no ha sucedido con el Catalexit -de ahí las grandes diferencias entre uno y otro proceso-, pero que está en plena eclosión en el Brexit y hace ver que una cosa es enamoramiento y otra divorcio en el que el que se queda tiene todas las de ganar (caveat Catalexit). "Somos una nación", sí. Y "los inmigrantes que no hablan inglés son un engorro", sí. Y "vienen a quitarnos nuestros empleos y a delinquir", sí. Y "Bruselas/Madrid nos roba", sí. Pero con las cosas de comer no se juega y más si hay intereses partidistas de por medio: seguir mandando unos y conseguir mandar otros, que es una forma muy particular de irracionalidad, pero irracionalidad del tipo "group thinking" tan frecuente en política. El tiempo corre  y hay quien recuerda la crisis de Suez (1956), aunque la historia no se repite ni en tragedia ni en comedia, pero sí resuena.
(Añadido el 26: los que se quedan también son conscientes de los efectos que tales salidas tienen o pueden tener o podrían tener sobre la situación de los que se quedan. El Brexit, en algunas de sus formas, también puede dañar a la Unión Europea, obviamente. Como el Catalexit a España, claro)

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