domingo, 30 de septiembre de 2018

Las rebajas del "exit"

Hubo un tiempo en que se decía "Europa nos roba", como también se decía "España nos roba" y, obviamente, si nos dejaba de robar todo iría mejor. La propaganda era clara: enviamos 50 millones de libras al día y con eso podríamos dedicarlo a nuestro sistema de salud (Ahora Farage reconoce que mintió, pero eso no hace al argumento).
The Brexit campaign bus
Ahora vienen las rebajas que, me temo, son tan problemáticas como lo fueron las amenazas: lo que diga un think tank, seguro que otro puede decir exactamente lo contrario. Pero el caso es que lo dice (de la fuente, The Guardian, también tomo la foto). En resumen, el Centre for European Reform afirma que
the UK economy is already 2.5% smaller than it would have been had Remain won the referendum. Public finances have been dented by £26bn a year, more than half of the defence budget. This translates to a penalty of £500m a week, a figure that is growing.
Hemos pasado de 50 millones al día a 500 millones a la semana.
Insisto en que estos datos pueden ser tan propagandísticos como los del autobús. Pero tienen sentido. Y algo así podría estar pasando con el Catalexit, solo que, como los partidos independentistas están apoyando (sic) al gobierno central, este último les traspasa unos dineros que, de no estar en tal acuerdo, pondrían a Cataluña en condiciones peores que las británicas. Estos dineros, en cualquier caso, muestran qué podría dar de sí una independencia unilateral, un "hard Catalexit" que, por supuesto, incluiría el cese trasferencias de Cataluña hacia Madrid, pero con un balance, parece, poco beneficioso para Cataluña. Por lo menos los cinco primeros años, dicen.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Niños muertos

No he ido recogiendo las citas, pero son visibles los casos de niños muertos y no solo por "castigo" de la ex-pareja a la que fue su mujer, delito que suele clasificarse como violencia de género, supongo. Pero también hay casos de haber drogado al infante hasta su muerte o haberlo dejado descuidado en casa o en un coche para así poder irse a tomar una copa o al trabajo o a lo que sea o fruto de la imprevisión ante posibles riesgos infantiles . Casos producidos fuera de España me han hecho pensar en los españoles.
Confieso que tengo más preguntas que respuestas. No sé si se trata de esa actitud hacia los niños como propiedad absoluta de los padres, o los niños como juguete que se puede tirar, o esa idea de que han venido sin llamar a la puerta, o la indiferencia hacia toda vida y más si está cercana, o proyección de la propia agresividad producida por la frustración sobre el más débil, o indiferencia causada por drogas, o pura irresponsabilidad, o causas desconocidas para su desaparición que alguna vez se conocerán (no se excluye asesinato). No sé.
¿Edadismo? ¿Ideología edadista? Creo que hay que analizar algo más y no quedarse en las etiquetas más o menos apoyadas por movimientos sociales fuertes.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Crisis de refugiados

La de América Latina, claro. Y con esquemas fáciles de entender: de países con crisis económica fuerte (es decir, que ataca básicamente "a los de abajo", porque las crisis, como las catástrofes, son clasistas) a países con una crisis más llevadera; de países con episodios importantes de violencia callejera, a países con violencia callejera real, pero asumible; de países con inestabilidad política a países con relativa estabilidad política dentro de un orden. Jóvenes, varones, de estratos medio-bajos. Déjà vu. Y con países con mucha expulsión de emigrantes y países con mucha recepción de inmigrantes. Y brotes de xenofobia que llegan hasta la violencia ya que se achacan (a veces con base empírica, pero no siempre) todo tipo de delitos. Insisto: me suena. Eso lo he visto antes en otros lados.

jueves, 27 de septiembre de 2018

Antisemitismo o no

Un buen artículo que incluye la narración de los hechos que han llevado a acusar a Corbyn de antisemitismo.
Puede resultar demasiado local, pero es interesante, primero, porque proporciona datos sobre la confusa relación entre este tipo de acusaciones y las tácticas electorales (en las Españas se están viviendo algunos casos parecidos, aunque no referidos al antisemitismo). No es terreno fácil, como puede verse aquí desde otra perspectiva bien diferente que identifica antisemitismo con defender un estado palestino (no sé qué harán con la última de Trump).
Y, segundo, porque plantea la necesidad de definir cuidadosamente "antisemitismo" sin confundir ese tipo de racismo con la crítica a un determinado gobierno de un determinado país, es decir, al gobierno del Estado de Israel. Anti-sionista no significa anti-judío, ni viceversa, ni ser crítico de un gobierno (por ejemplo, el español o el catalán) te convierte en anti-todos-sus-habitantes (por ejemplo, en anti-español o en catalanófobo), además que "semitas" no son solo los que hablan hebreo sino también los que hablan árabe, lenguas semíticas ambas.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Inteligentes y demócratas

Ya no es actualidad, pero sigue siendo dramático. Miembros del Congreso de los Estados Unidos han pedido el cese del apoyo de su gobierno a esa catástrofe humanitaria llamada “guerra en Yemen”. Por supuesto su gobierno lo ha negado. Quiero decir que no está dispuesto a dejar de apoyar a Arabia Saudita con armas y otras ayudas ya que no hay tal catástrofe humanitaria por más que allí, en USA, haya quien cuestione tal apoyo a una intervención que habría producido más de 10.000 muertos (20 por ciento niños) y causado 15 millones de casos de "inseguridad alimentaria" en un país de 23 millones de habitantes. 
El gobierno español ha sido todavía más original: con tal de defender los empleos en Cádiz y el Ferrol (podrían haberlos defendido por otros caminos si estuvieran en lo suyo), llegó a afirmar que se trataba de bombas “inteligentes”. Vamos, que nunca atacarían a los “buenos” y se centrarían en lo que es su tarea fundamental: matar a los “malos”, dejando al resto de bajas (que haberlas suele haberlas) como aquellos insultantes “efectos colaterales” de los que ya se habló, si no recuerdo mal, en la “brillante” intervención en Irak que todavía dura y en la que (“créanme lo que les digo”, que diría José María Aznar) todavía no se han encontrado las armas de destrucción masiva.
Ahora, dicen desde Save the Children International, esta guerra “podría causar la muerte de una generación entera de niños de Yemen que se enfrentan a múltiples riesgos desde las bombas al hambre pasando por enfermedades prevenibles como el cólera”. ¿Bombas, dice? Pues sí. Bombas suponemos que inteligentes que, por ejemplo, no disparan contra personas, sino que atacan instalaciones de puertos como el de la ciudad de Hodeidah, "punto de entrada vital para bienes y ayuda para el 80 por ciento de la población yemení”. ¿Resultados previsibles? Los anunciados:  que “los niños bajo riesgo de hambruna podrían llegar a algo más de cinco millones y que algo así como dos tercios de la población yemení no sepa cuándo podrán volver a comer”. Cuando ganemos la guerra y hayamos vendido nuestras armas, todo volverá a la normalidad. Aunque no me extrañaría que algunos supervivientes quisieran llegar a nuestras costas en busca de una vida “menos peor” o que tuvieran tentaciones de devolver el golpe con las únicas armas de que podrían disponer: el terrorismo, no solo contra “Occidente” sino, sobre todo, para ese país que, en todas las listas de democracia, aparece entre los diez peores. Para ser exactos, Arabia Saudita aparece el cuarto por la cola en el Annual Democracy Report 2018 en el que, por cierto, los Estados Unidos son el sexto país en perder puntos en la calidad de su democracia.
Un comentario sobre los datos de este Informe. Primero, que la denostada Venezuela está 30 puestos por encima de Arabia Saudita. Segundo, que está muy cerca de Rusia, Turquía y los Emiratos (nada de “Fly Emirates”: el que paga, manda). Pero ya se sabe que la retórica de los políticos que padecemos prefiere jugar con imágenes antes que con hechos, con sentimientos antes que con datos, por muy problemáticos (que lo son) estos, pero mucho menos problemáticos que los sentimientos provocados y fomentados desde atriles en los que les hemos colocado con nuestros votos y financiamos con nuestros impuestos. Pero esa es otra histeria.
Lo que me impresiona en todo ente maremágnum es la facilidad con la que se responde (¡por fin!) a una demanda del electorado: la de pedir desesperadamente ideas claras y distintas y, a ser posible, simplificadoras y simplistas. Tanto da que los análisis concretos de situaciones concretas lleven a propuestas no tan claras (la realidad se resiste). El político se debe a su electorado y le explicará que todo es muy sencillo, que no hay que elegir entre “cañones o mantequilla” como contaba el Samuelson que estudié de jovencito, sino conseguirlo todo de la manera más sencilla, porque sencillo es el mundo. Y si hay alguna complicación, la culpa la tienen los “otros” (sean gobiernos, partidos, países, naciones o inmigrantes), recurriendo a los cuales el asunto se vuelve a simplificar, que es lo que quiere el posible elector, tentado de convertirse en abstencionista y dedicarse “a la política por otros medios” (porque de la política no escapas, tampoco si crees escaparte).
Y que la rabiosa actualidad nos impida darnos cuenta de qué está sucediendo realmente, ocultado como está por teatralidades vistosas y chocantes cuyo objeto perseguido, por lo visto, es mantenernos ignorantes.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Por supuesto, el título se refiere a las bombas, no a los que las usan. Y la decisión política de vender aquellas armas fue del gobierno anterior y ha sido el actual el que pensó echarse atrás)

Reír para no llorar

Con unos viejos amigos viejos y en un ambiente distendido, hemos pasado revista ayer a los hechos recientes protagonizados por políticos españoles ante los cuales, ante los hechos quiero decir, no cabe otra que el "reír para no llorar". Pretensiones ridículas, engaños tontos, chulerías sin base, contradicciones evidentes, mentiras sucesivamente desmentidas por otras mentiras y, sí, insultos a nuestra inteligencia. 
Tomado ya el café de la mañana, me doy cuenta de que la lista no ha sido completa y quedan algunos casos igualmente risibles pero igualmente vergonzosos y que tienen como protagonistas a los que, en franca porfía, critican los de los demás. Nadie se salva. O casi nadie, por no exagerar.
No voy a repetir la lista española que desgranamos ayer. Simplemente, recordar que en todas partes cuecen habas (aunque en la mía a calderadas). Pero no por cantidad, sino por calidad, hay que incluir las risas que suscitó el presidente Trump en su intervención en Naciones Unidas vanagloriándose de los logros de su gobierno. No es, dijo, la reacción que esperaba de la Asamblea, con lo que, de nuevo, hubo nuevas risas y algún aplauso al cómico que las provocó. Reír para no llorar, sí.

Caveat emptor

Vamos, que el que tiene que tener cuidado es el comprador y viene a cuento por el cuidado con que tomo la propaganda política que me llega por Whatsapp la única red social en la que todavía estoy (otras, como Facebook, ya las dejé en 2009 y ni por un momento se me ocurre Twitter o Instagram). Por suerte es poca, pero temo que irá en aumento y se hará más sutil. La que he recibido hasta ahora es bastante ramplona, pero no por eso bajo la guardia. Sigo con mi manía de evitar (tal vez inútilmente) el ser muy engañado (porque "algo engañado" doy por supuesto que no podré evitarlo).
Viene esto a cuento de un análisis en el New Yorker sobre el modo en que las redes intervinieron en las elecciones presidenciales estadounidenses que dieron el triunfo, no en votos pero sí en electores, a Donald Trump. Lo entiendo: en condiciones de candidatos prácticamente empatados, convencer a unos pocos significa dar el triunfo a una de las partes. Si forma parte de una paranoia conspiranoide sobre Rusia o es tanto como dicen, eso ya no lo sé.
He dejado de recibir propaganda catalanista. Por lo visto, los amigos que me la hacían llegar me dieron por imposible. Ahora toca la propaganda españolista o, sencillamente, anticatalanista. Me tendrían que dejar por imposible, pero estoy dispuesto a seguir recibiéndola, como también la incipiente propaganda de extrema derecha. Está claro que no estoy en ninguna lista para recibir propaganda de extrema izquierda y espero que no sea porque me dan por imposible o porque se creen que ya estoy convencido. Confieso mi curiosidad.
En todo caso, alerta. Me han engañado muchas veces y supongo que me seguirán engañando. Pero que no sea porque me he rendido y acepto todo lo que veo en pantalla. Antes era "lo ha dicho la radio". Después fue "lo he visto en la tele". Ahora es "está en internet". A eso llaman progreso, que aumenta cuando encuentro, en mi cuenta de correo, spam en chino y en árabe: a eso se le llama globalización.

martes, 25 de septiembre de 2018

Índice de "non-killing"

No sé cómo traducirlo. Se trata de un índice que incluye no solo homicidios sino también suicidios, ejecuciones y otras formas de matar, incluyendo las muertes en el campo de batalla. Estos son los 20 países peor situados en el mismo:

Algunos era esperables (Irán, Afganistán, Siria son casos claros), pero la posición de Arabia Saudita y de los Estados Unidos no deja de llamar la atención. El "non-killing" formará parte este año  de alguno de los cursos programados para la vigésimo cuarta edición del Máster en Estudios Internacionales de Paz, Conflictos y Desarrollo en la Universidad Jaime I, Castellón, España.

Imbéciles

El gobierno español presentará una protesta ante la Organización de Estados Americanos (OEA) por la etiqueta de "imbécil" que el secretario general de esta puso al ex-presidente español, Rodríguez Zapatero, a propósito de las relaciones de este último con Venezuela. Almagro, anteriormente, no había excluido una intervención militar en dicho país para solucionar su crisis interna. Y Zapatero no ha actuado en nombre del gobierno español.
Ahora es un periodista el que trata de "idiocy" de primera clase la intervención de cuatro políticos "brexiters" de la línea dura, del más extremo "hard Brexit", unilateral y completo. Los argumentos que se utilizan en el artículo para desmontar esa posición maximalista no son nuevos (las tremendas consecuencias, sobre todo económicas, que traería el Brexit unilateral y completo, amén de los problemas con Irlanda y alguno que otro más). Tampoco los argumentos patrióticos de estos "brexiters" son nuevos, siendo fácil que susciten apoyos en sectores no-urbanos y de una cierta edad, como ya pasó con el referéndum.
Lo que es nuevo es el insulto ya en el titular o en boca de un alto representante de una organización internacional "multilateral y pluralista", supongo. Un síntoma más de la decreciente calidad de algunos sectores de la clase política y periodística. La siguiente es que contesten con un "hijo de p..." y ya no hay quien pare. Es el estilo twitter que se va difundiendo, supongo.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Pensionistas del mundo, uníos

Lo leo en el Financial Times y, aunque no entiendo los términos técnicos, sí entiendo algunos de sus detalles, comenzando por el titular:
The legacy of Lehman Brothers is a global pensions mess
El reportaje es relativamente optimista (insisto, si es que he conseguido entender algo) sobre una posible repetición de lo del Lehman Brother y los bancos europeos cuyo aniversario se conmemora estos días, aquello que dio el pistoletazo de salida a esta crisis que, obviamente, venía de antes: de las malas prácticas de esos bancos que fueron salvados, tal vez por suerte, con dinero público, aunque, como en todas las catástrofes como ya he contado, con ganadores "arriba" y perdedores "abajo".
Las finanzas siguen globalizadas y el riesgo de una nueva estampida como la de hace diez años parece reducida, dicen, pero con un nuevo posible "perdedor" si hay repetición de aquello: las pensiones, el lío global de las pensiones. Lo que dice con claridad en uno de sus epígrafes es que:
Los individuos son los responsables de su pensión, habiendo casos en los que no pueden jubilarse por no tener cubierta esa necesidad. Y lo muestran, además de con razonamientos técnicos, con gráficos que creo entender: los bancos tienen menos riesgos, las pensiones, en cambio, tienen más.


El asunto y su tratamiento muestran hasta qué punto se puede hablar de soberanía. Los gobiernos pueden, sin duda, empeorar la situación y tal vez ahora comienzo a entender por qué la Unión Europea no ve con buenos ojos que el gobierno español, que, en su inestabilidad, se agarra donde puede, piense en incrementarlas según el índice de precios, el IPC, que es lo que piden, en manifestaciones callejeras, las asociaciones de pensionistas españoles. Demasiado riesgo... también para los pensionistas, claros "perdedores" en este capítulo. Por eso tampoco tengo muy claro a quién defiende la UE en este caso.
Pero hay algo más que me intriga en el reportaje: el papel de la China como gran prestatario. No sé qué significa ni qué puede producir esa tendencia, si es un elemento más hacia el cambio de hegemonía o un argumento más para temer efectos catastróficos en la economía mundial. 


domingo, 23 de septiembre de 2018

Brexit y Catalexit

Tienen una cosa en común, como ya he comentado en otras ocasiones: que la cuestión no es solo el qué, sino, sobre todo, el cómo. El cómo del Brexit está ahora sobre la mesa. La distinción anterior, válida para los dos casos, entre el "hard" y el "soft" (unilateral, bilateral) tiene ahora una variante: el "harder", el todavía más duro en su unilateralidad que podría llevarse por delante la "sagrada unidad de la patria", que es como piensan los nacionalistas. En este lance, saltando por los aires la unidad del Reino Unido, tanto por la parte de Irlanda del Norte como, incluso, por la de los nacionalistas de Escocia (que ya es ironía: prefieren seguir dependiendo de Bruselas -el petróleo manda, tal vez- antes que seguir dependiendo de Londres).
La preocupación con el "harder" no es solo sentimental-nacionalista. También es económica, como la City se encarga de recordar, y, en particular, política, fragmentando al partido conservador y haciendo aparecer más de un 80 por ciento de los miembros del partido laborista que desean un nuevo referéndum, supongo que para quedarse en la Unión (la del Reino Unido y la de la Unión Europea -demasiadas "uniones" para tanto movimiento centrífugo-).
Mientras lo que hay sobre la mesa (y ahí vuelvo al Catalexit) son sentimientos, la discusión es inútil. No se puede argumentar racionalmente con un enamorado sobre las cualidades de su enamorada. Pero llega un momento en que los sentimientos se dan de bruces con la "rugosa realidad", cosa que todavía no ha sucedido con el Catalexit -de ahí las grandes diferencias entre uno y otro proceso-, pero que está en plena eclosión en el Brexit y hace ver que una cosa es enamoramiento y otra divorcio en el que el que se queda tiene todas las de ganar (caveat Catalexit). "Somos una nación", sí. Y "los inmigrantes que no hablan inglés son un engorro", sí. Y "vienen a quitarnos nuestros empleos y a delinquir", sí. Y "Bruselas/Madrid nos roba", sí. Pero con las cosas de comer no se juega y más si hay intereses partidistas de por medio: seguir mandando unos y conseguir mandar otros, que es una forma muy particular de irracionalidad, pero irracionalidad del tipo "group thinking" tan frecuente en política. El tiempo corre  y hay quien recuerda la crisis de Suez (1956), aunque la historia no se repite ni en tragedia ni en comedia, pero sí resuena.
(Añadido el 26: los que se quedan también son conscientes de los efectos que tales salidas tienen o pueden tener o podrían tener sobre la situación de los que se quedan. El Brexit, en algunas de sus formas, también puede dañar a la Unión Europea, obviamente. Como el Catalexit a España, claro)

sábado, 22 de septiembre de 2018

Menos lobos, Caperucita

Hemos vivido, dicen, en un mundo gobernado por el "multilateralismo" que ahora está siendo amenazado no por la desaparición de dicho vocablo, sino por la entrada, como elefante en cacharrería, de la palabra "soberanía". Aquel multilateralismo estaría en peligro por culpa del "America first" que podría anunciar el presidente estadounidense en Naciones Unidas.
Era muy hermoso, sí: los países se reunían en Asamblea General (soberana, claro) y decidían sobre el bien común y los intereses generales: paz, prosperidad, seguridad, medioambiente, ayuda humanitaria en caso de catástrofe natural y cascos azules como fuerzas de interposición entre grupos o países enfrentados en conflicto armado. Esa era la versión oficial.
Frente a ella, la soberanía nacional, la autodeterminación, la defensa de lo propio, se convertía, por un lado, en una legitimación del multilateralismo ya que este se conseguía desde Estados soberanos apoyados por la voluntad general de sus habitantes (no había voluntad general mundial: demasiado complicado) y, por otro, en una especie de "checks and balances" para que lo general no fuera tan general que olvidara la existencia de los intereses y valores concretos que había que intentar compaginar.
Bonito ideal, pero, como todos, con sus correspondientes rebajas que la retórica olvidaba (u ocultaba) a veces. 
En primer lugar, el multilateralismo era jerárquico. No solo estaba el Consejo de Seguridad con la "banda de los cinco" y su poder de veto, bien poco multilateral. Es que el mundo era jerárquico. No era una jerarquía perfecta ya que siempre había quienes intentaban salirse de la misma, pero sí tenía lo propio de muchas jerarquías: la lucha por el poder en la cúspide para, desde allí, defender los intereses de las propias élites. "Todos eran iguales, pero algunos eran más iguales que otros" que era, en Rebelión en la granja, la novela de Orwell, el lema que los cerdos en el poder imponían al multilateralismo aparente de los animales.
En segundo lugar, la soberanía tenía algunos componentes parecidos: la soberanía consistía en que, en sociedades realmente jerárquicas, algunos decidían, convencían mediante mayores o menores engaños al resto y les lanzaban a defender el territorio e intereses de aquellos "algunos" bajo el principio, bien animal por cierto, de la territorialidad como los osos restriegan su dorso en los árboles con el mismo fin que los perros meando por la calle: marcar el territorio desde el que o defenderse de la parte más falsa de la multilateralidad o conseguir mejores puestos en aquella jerarquía internacional.
Un salto: estoy intrigado por los spam que me entran, con destinatarios diferentes, pero con el mismo contenido, todos ellos a través de mi dirección en la universidad, no la privada. No me llevarán a ningún tipo de decisión más allá de borrarlos. Pero lo que me fascina es el incremento de spam en chino y en árabe que, evidentemente, soy incapaz de leer. Los anteriores pueden venir en lenguas que conozco o no. Pero estos, casi por definición, no puedo saber de qué van ni qué me ofrecen, si es dinero, sexo o seguridad como hacen los otros. Multilateralismo extremo al que opongo mi soberanía del "borrar", que tampoco puede llegar muy lejos so pena de quedarme aislado, autárquico y autista. Da que pensar.
(Añadido el 23: y mucho más da que pensar esta colección de artículos breves sobre un hecho que no es nuevo, pero que se ha agudizado hasta extremos preocupantes para algunos: el poder logrado por grandes empresas (el ejemplo es el monopolio por parte de Google y cómo se analiza en uno de los artículos) unido a la financiarización de la economía mundial. Una vez más, Braudel: no se trata de "economía de mercado" (que se deja para las pequeñas y medianas empresas en paralelo con el multilateralismo) sino la "economía capitalista" -que yo preferiría llamar "economía de los capitalistas"- que se lleva por delante el multilateralismo y, casi por definición, la soberanía)
(Añadido el 25: Trump ha estado, en Naciones Unidas, en su papel nacionalista y anti-globalista o multilateralista)

viernes, 21 de septiembre de 2018

Dos caras o solo una

Me llegan dos interesantes contribuciones a un debate en el que creencias, sentimientos, intereses, culpabilidades, intenciones se mezclan de modo muy diferente en una y otra.
Por orden de llegada, tenemos, primero, "El medioambientalismo contra el verdadero desarrollo boliviano" a propósito de un megaproyecto del gobierno de aquel país y que comienza diciendo que:
ONGs medioambientalistas financiadas desde Estados Unidos y Europa, intentan desvirtuar los megaproyectos de desarrollo boliviano, a través de su influencia en las organizaciones indígenas, en lugar de plantear soluciones a los impactos ambientales que provocan. Este es el caso de las hidroeléctricas.
Después vienen los detalles, pero el caso está planteado con claridad: desde fuera, desvirtuar, desarrollo, indígenas y mejor sería solucionar los impactos que impedir el proyecto de desarrollo (no puedo evitar el comentario: desarrollo ¿de qué o quiénes?).
Una observación sobre las ONG. Las hay de todos los tipos. Unas, llamadas lobbys, actúan, según cuenta Le Monde, en dirección exactamente opuesta a la que se plantea el primer texto.
El otro es un libro: The Climate Crisis. South African and Global Democratic Eco-Socialist Alternatives (si el anterior lo he visto porque estoy suscrito a la revista, este lo tengo porque me lo ha enviado uno de sus autores, viejo amigo). El libro comienza con un texto de Naomi Klein escrito como presentación:
‘This volume reminds us that fossil fuel corporations, petro states and ruling elites are the key forces deepening the climate crisis. Hurricanes like Harvey and Irma have once again demonstrated the ways that extreme weather events disproportionately impact working people, the poor and Black lives. The wealthy, meanwhile, take cover in their wine cellars on private islands. Only systemic change, led from below, holds out the hope for a safe and sturdy future.
La autopresentación del libro sigue la misma línea:
Capitalism’s addiction to fossil fuels is heating our planet at a pace and scale never before experienced. Extreme weather patterns, rising sea levels and accelerating feedback loops are a commonplace feature of our lives. The number of environmental refugees is increasing and several island states and low-lying countries are becoming vulnerable. Corporate-induced climate change has set us on an ecocidal path of species extinction. Governments and their international platforms such as the Paris Climate Agreement deliver too little, too late. Most states, including South Africa, continue on their carbon-intensive energy paths, with devastating results. Political leaders across the world are failing to provide systemic solutions to the climate crisis. This is the context in which we must ask ourselves: how can people and class agency change this destructive course of history?
 Otra perspectiva: capitalismo y sus necesidades, grandes empresas y sus efectos, vulnerabilidad de "los de abajo", gobiernos que no se enfrentan al problema o, peor, son parte del mismo, como sucede en Sudáfrica (y contestarían al anterior añadiendo Bolivia). La mejor forma de "solucionar los impactos ambientales" es, dirán, no producirlos. No son las ONG sino las "ruling elites" las que se llevan la delantera. Y no "desvirtúan" sino que causan. Después vienen los detalles y las alternativas.
Tal vez estos segundos tengan razón y lo que está en cuestión es el ecocidio y, con él, la supervivencia de la especie. Pero los primeros hablan desde el poder, poder que reconocen (y tanto) los segundos. Si es por poder, el futuro está claro. Si es por falta de organización de las alternativas, también. Porque las alternativas existen, incluso estas ecosocialistas y hasta marxistas democráticas (reinterpretando al poco ecologista Marx, claro). Pero su organización que las haga relevantes está por ver. Mientras, los primeros seguirán y con ello seguiremos, de derrota en derrota, hasta la victoria final (la de las bacterias, claro, no la de la especie humana)
(Añadido el 23: un denso y argumentado artículo de Alberto Acosta que puede leerse después del primer texto recién citado, el que se refiere al megaproyecto boliviano. Trata de un megaproyecto en Alemania)

jueves, 20 de septiembre de 2018

Catástrofes clasistas

Se sabe que, en 1912, en el caso del Titanic, el porcentaje de víctimas de primera clase fue muy inferior al porcentaje de víctimas de clase turística. Por supuesto, en cifras absolutas, pero sobre todo en este porcentaje calculado sobre la base de las respectivas clases.
Haití fue una catástrofe humanitaria de la que todavía no se han recompuesto (tengo un buen amigo que trabajó allí, en la ayuda, hasta no hace tanto). Los barrios populares fueron mucho más castigados por el tsunami de 2004 y el posterior terremoto de 2010. Casas más frágiles situadas en terrenos más vulnerables. Es obvio que construir unas casas en el cauce de un río es mucho más barato que hacerlo en una colina. Y mucho más peligroso si hay una riada.
La historia se repite ahora con el huracán Florence, en USA, donde, una vez más, si eres rico tienes mayores probabilidades de salir indemne, al contrario de lo que les sucede a los pobres que, además, han tenido menores medios para poner tierra por medio. Y, como pudo suceder con el María -diga lo que diga Trump-, los pobres recibieron menos ayudas.
No es tanto que algo como el Grenfeld de Londres tenga habitantes muy diferentes a los que tendría el hotel Ritz de Madrid, caso de haber estado habitado. Pero sí podría ser que, en este último caso, el tipo de trabajadores afectados fuera especial. Y en el caso del fallecido, particularmente especial.
En general, los pobres están más indefensos ante las inclemencias del tiempo. Hasta la Madre Naturaleza es clasista. Bueno, la estructura social sobre la que se abalanza la hace clasista. Desresponsabilicemos a la Madre Tierra. Somos nosotros.
(Apéndice: la catástrofe descubierta, que no iniciada, en 2008 con lo de Lehman Brothers, también fue y es clasista. Como clasista es el efecto de la guerra en general y de la guerra comercial en particular)

miércoles, 19 de septiembre de 2018

DUI

DUI significa “declaración unilateral de independencia” y recuerda lo que hace un año se discutió al respecto en Cataluña. En la pasada conferencia del President, le escuché repetir esa idea de que la independencia llevaría a Cataluña a mejores condiciones no solo políticas sino, sobre todo, sociales y económicas. Caricaturizando, se trataría de llegar al Paraíso por el camino de la independencia, cosa que, muy bien organizada por cierto, se remacha desde movilizaciones que comenzaron con la pasada Diada y van a seguir, parece, durante bastante tiempo.
No los he leído, ni creo que los hayan leído la mayoría que opina sobre el asunto, pero reputados profesionales han afirmado (con base empírica, por supuesto) cosas contradictorias al respecto. Por un lado, tenemos a Xavier Sala i Martin, economista, que, en su libro És l’hora del adéus, explica las ventajas que la independencia traería a Cataluña, asunto en el que cuenta con el apoyo de prestigiosos economistas catalanes desconocidos para mí, pero que trabajan en los Estados Unidos y que han formado el llamado Col·lectiu Wilson que ha sido autor de numerosas publicaciones al respecto. Por otro lado, está el libro de Josep Borrell, actual ministro de Asuntos Exteriores y de pasado académico internacional, Las cuentas y los cuentos de la independencia, publicado al año siguiente y que se dedica a desmontar tales pretensiones. Dato sobre dato uno y otro. Y creyentes a pie juntillas en una u otra de las posibilidades: irse o quedarse, sin entrar en el proceloso mundo de las leyes y las soberanías, en si hay que obedecer a lo que diga la mayoría del Parlament o hay que obedecer las leyes en que se mueve dicha institución, incluidas las propias. Todo ello con independencia de lo que se piense sobre los políticos presos o presos políticos (táchese lo que no proceda), asunto sobre el que, de nuevo Borrell, ha opinado y ha sido interpretado y reinterpretado arrimando cada cual el ascua a su propia sardina.
Lo que sí he leído y constatado es que, muchas veces, la discusión sobre ventajas y desventajas se centra en la DI, declaración de independencia, saltándose el espinoso problema de la U, la unilateralidad. No sólo qué se busca (sea o no el Paraíso), sino cómo y por dónde se busca, cosa que puede tener consecuencias mucho más problemáticas. Así que tengo que volver a la comparación obligada a pesar de las muchas diferencias entre una y otra: el Brexit que, efectivamente, puede ser pactado (bilateral) o “duro” (unilateral). Si entiendo bien, el “hard Brexit” deja intacta la soberanía británica y mantiene igualmente intactos, si no crecidos, la identidad y el orgullo nacionales. Lo que sucede es que la opción “dura” puede tener consecuencias catastróficas en el terreno económico. Digo “puede” porque no estamos en el reino de las certezas, sino en el de las predicciones y previsiones. Pero sí es claro que una parte muy importante de la población británica estaría por la cuestión: es lo que quieren, a saber, irse como sea. Tal vez sin demasiada información, pero sí encendida por los sentimientos nacionalistas-populistas que van ganando terreno en su denostada Unión Europea como se ha visto en las pasadas elecciones en Dinamarca.
La DUI, en el Catalexit, muestra algunos paralelismos interesantes. Primero, y como ha reconocido el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso (Madrid). Tengo mis dudas sobre la noticia, pero esto es lo que podría haber dicho: "Si hay algún independentista ingenuo o estúpido que cree que puede imponer la independencia al 50% de catalanes que no lo son, es evidente que está equivocado". Nadie puede hablar en nombre del “pueblo de Cataluña” o su “nación”. Como en el Brexit. Segundo, la cuestión es la independencia (de Madrid o Bruselas), pero mucho más importante, por las consecuencias que tendría, es el cómo se consigue. ¿DUI, como se dijo hace un año e inmediatamente se retractó? Catastrófico. Y, tercero, fascinante que tanta gente (millones) ponga delante sus sentimientos identitarios (¿suicidas?) por encima de las cosas de comer. 
A malas (que eso es el DUI o el “hard Brexit”), el que tiene las de perder es el que se va, por más que se aireen las descripciones idílicas de cómo estaríamos si, simplemente, pasásemos de cómo estamos ahora a ese Paraíso del que hablan en público. La transición en el terreno de presupuestos, pensiones, seguridad social o impuestos (y eso que “España nos roba”) se haría teniendo en cuenta los intereses de los que se quedan.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

Los detalles cuentan

A propósito del Brexit, un Comité Consultivo sobe las Migraciones (MAC) ha emitido un informe proponiendo los criterios de admisión de inmigrantes que tendría un gobierno británico si queda fuera de la Unión Europea. La discusión es interesante pues muestra hasta qué punto las grandes proclamas nacionalistas sobre la independencia tienen que llegar, tarde o temprano, a enfrentarse a la "rugosa realidad". 
Vale también para el Catalexit, aunque allí la retórica dominante es tan vaporosa que es difícil saber si alguien ha bajado al terreno de esa "rugosa realidad", quedándose en las promesas de una Arcadia feliz que hacen los secesionistas y la amenaza de un Infierno de azufre que profieren los unionistas. Pero sin argumentar ni unos ni otros, como se dice, "con peras y manzanas", es decir, con cosas, no solo con sentimientos.
La cuestión de la inmigración, que tantas pasiones despierta en el terreno de los sentimientos identitarios nacionalistas (recuérdense los textos del actual President catalán, Quim Torra al respecto) y en el de la defensa del empleo por parte de quienes temen perderlo ("British jobs for British workers"), cambia radicalmente cuando se ve desde el prisma de los empresarios y los profesionales. Los sectores del trasporte, la construcción y la sanidad rechazan de plano esas propuestas, pero el rechazo llega hasta las asociaciones de arquitectos que recuerdan que uno de cada cinco arquitectos que trabajan actualmente en el Reino Unido son originarios de otros países de la Unión Europea.
Inútil discusión. Se puede discutir sobre medios, fines y la adecuación entre unos y otros. Lo que no se puede es discutir sobre sentimientos: "esa chica, de la que estás perdidamente enamorado, no te conviene".

martes, 18 de septiembre de 2018

Ejercicio matutino

Los dos textos, publicados ayer, tratan de lo mismo: de la participación del ex-presidente Zapatero en los asuntos venezolanos. 
Uno es de El Mundo
José Luis Rodríguez Zapatero provoca un terremoto en Venezuela con su apoyo a Nicolás Maduro
Y el otro de La Vanguardia
 Zapatero ve nuevas condiciones para reiniciar un diálogo en Venezuela
Las diferencias no están solo en el titular sino que, si se va a cada texto, casi parece que están hablando de dos cosas diferentes. Un entretenimiento matutino puede consistir en constatarlas.
(Añadido el 22: el tiempo parece que inclina la balanza en una de las direcciones posibles y no porque la fuente sea la misma sino porque se ve en otros medios. Pero léase con detenimiento si se está interesado en la tema)

lunes, 17 de septiembre de 2018

La crisis de 2020

20-20 fue, hace ya algún tiempo, horizonte de prever que ahora se convierte en algo a prevenir. Se encarga Nouriel Roubini, que supo ver la que se inició simbólicamente con lo de Lehman Brothers hace diez años, de advertir del riesgo inminente si no se toman algunas decisiones, algunas imposibles.
Son diez los factores que enumera y que llevarían a esa recesión y crisis financiera. Algunos tienen nombre propio: Donald Trump y alguna de sus políticas. A ellas me refiero como las que, de momento, parecen imposibles de cambiar, incluso si en estas elecciones parciales estadounidenses los del Partido Demócrata consiguieran las perdidas mayorías en las Cámaras y se lanzaran al problemático ejercicio del impeachment de momento impensable.
Que no cunda el pánico. Roubini acertó con 2008, pero eso no le confiere la capacidad absoluta de anticiparse al futuro... que no es tan lejano. Pero como bien saben los economistas que algo saben del comportamiento humano (y no solo de modelos matemáticos, más o menos ideologizados), los fenómenos de pánico son de difícil control.

domingo, 16 de septiembre de 2018

Un paso más

Mientras el presidente Maduro visitaba la China (y Sputnik Mundo intentaba explicar qué estaba buscando, cosa nada difícil de imaginar), desde la Organización de Estados Americanos (OEA), según contaba RT o Le Monde,  no se excluía la posibilidad de una intervención militar (no me queda claro de quién) para quitar a Maduro del gobierno, al que se le hacía culpable de la crisis humanitaria del país.
Estas noticias se añaden a lo ya contado aquí sobre noticias confusas en torno a posibles negociaciones venezolano-estadounidenses (estando el lado venezolano representado por militares cuya situación tampoco estaba muy clara, como tampoco estaban claros los tiempos). 
Cierto que Maduro no es Chávez en lo que se refiere al apoyo militar (por eso ha puesto a tantos militares en puestos clave: para comprar a los que se puedan vender), pero esta nueva noticia me da muy mala espina. Es desde los Estados Unidos donde también se ha dicho que la solución no es militar. Eso dicen en el American Conservative.
(Obsérvese que, en tan pocas líneas, aparece la China, Rusia y los Estados Unidos. Bueno, sí, y la OEA)

sábado, 15 de septiembre de 2018

Bis in idem

Vuelvo al tema de anteayer, cayendo así en lo que critico. 
Resulta que, según mi costumbre, vi anoche dos telediarios españoles sucesivos (una cadena privada y una pública) y esta mañana me he echado a los ojos dos editoriales de dos periódicos madrileños, El País y El Mundo (el ABC que veo en digital hoy no me deja claro si tiene editorial al respecto, pero sí se ven editoriales anteriores y abundantes colaboraciones sobre la cuestión). 
¿Y de qué va la tan trascendental tema -tema en femenino, sí-? Pues de la tesis del presidente del gobierno, cuyos detalles fueron puestos en duda por un líder de la oposición y fue, inmediatamente, recogido por estos medios, amén de otros digitales. El asunto se inscribía en los tres escándalos que ya habían llevado a dos, no a tres, dimisiones, una de una gobernante local (PP) y otra de una ministra (PSOE). Algunos de los comentarios demuestran un profundo, si no culpable, desconocimiento de las normas que rigen matriculaciones en cursos y obtenciones del certificado correspondiente. Es política y, por lo visto, en política todo vale, incluido el desprestigiar una institución como la universitaria usando mala información y artera generalización.
Sin embargo, y siendo cierto y de juzgado que existen chiringuitos universitarios en los que lo que cuenta es el poder y el dinero y poco más, la tónica general es bastante más seria y formal de lo que esos episodios hacen creer. Ni todos los políticos son unos "hincha-currículum" ni todos los masters son una engañifa para regalar a los amigos ni todos son gestionados como si se tratara de un grupillo de narcotraficantes. Que hay un problema en las universidades, sí. Pero que no está tan generalizado como pueden hacer creer estos escandalillos (porque muy importantes no los veo a pesar de la machacona insistencia con que se nos describen o se suponen intenciones o se confunden normas con aplicaciones).
Hay, de todos modos, algunas cosas que sí me parecen indicativas de lo que está pasando.
Primero, la "titulitis" y la tendencia a hinchar currículos creyendo que así se "vale" más en un mercado de oferta y demanda. Enternecedor cómo algunos currículos de políticos han sido retocados muy recientemente por propia voluntad o por intervenciones académicas, reduciendo las auto-adjudicaciones de tales títulos. 
Segundo, la epidemia (observable, estoy seguro, en todas las carreras universitarias y en los últimos niveles pre-universitarios y, a lo que me cuentan quienes siguen en activo, de total presencia en la actualidad) de "copiar y pegar". Puedo contar anécdotas de hace diez años cuando tenía como práctica habitual intentar detectar los plagios en los trabajos que me presentaban los estudiantes. Incluyen a un guardia civil, estudiante de doctorado. El primer caso que tuve fue particular: suspendí a la alumna por haber plagiado y recurrió al defensor del estudiante que me explicó que "si no lo había puesto en la guía docente" no podía suspender a nadie porque hubiera copiado. De nada sirvió que el contara que, en algunas universidades estadounidenses (esas a las que se mira con devoción algo bobalicona), el plagio suponía expulsión automática. No pude suspenderla gracias al "defensor". El caso más sencillo, el de una alumna que me preguntó cómo había descubierto su plagio (en aquellos tiempos no se disponía de herramientas informáticas para detectar tales malas prácticas y había que hacerlo, como quien dice, a mano): le mostré una palabra que ella usaba en su trabajo, me dijo que no sabía qué significaba y le dije que yo sabía que ella no sabía qué significaba, así que tenía que haber copiado de algún sitio que, por cierto, no me costó mucho encontrarlo gracias a San Google, un santo muy milagrero.
Y, tercero, además del "todo vale en política", la facilidad con la que escandalillos como este ocultan escándalos de mucho más calado. Ya me referí a él para el caso español: las diferencias entre el ministerio de Defensa y el de Asuntos Exteriores a propósito de la venta de armas de precisión -lo de precisión es para que quede claro que no van a matar niños, supongo, y el que se lo crea, que se lo crea- a Arabia Saudita que en un primer momento se canceló para después reactivarlo y, así, evitar que ésta cancelara a su vez el contrato para construirles cinco fragatas -supongo que de precisión- en factorías españolas. Poderoso caballero es don dinero, ya dije. Aun a costa del armamentismo. O, si se prefiere, hay que mantener los puestos de trabajo aunque se estén perdiendo en otros sectores y no pase nada. Habrá que hacer un máster.
¿Y qué hacer con las demandas de asilo e inmigración ilegal, ahora que España es el primer destinatario de ese tráfico inhumano en el Mediterráneo? De nuevo, como en el caso de las armas, una enorme dificultad para conjugar el control de fronteras, la actividad humanitaria y la defensa de la vida. Habrá que hacer otro máster.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Así de complicado

En España se discute acaloradamente sobre trabajos académicos plagiados o comprados a chiringuitos que los venden. Mientras, se decide seguir vendiendo armas a Arabia Saudita que, con toda probabilidad, las utilizará en Yemen, colaborando así con la catástrofe humanitaria que está suponiendo esa intervención que también tiene el apoyo de los Estados Unidos: muertes de civiles, "inseguridad alimentaria", desplazados. En los Estados Unidos hay quien cuestiona tal apoyo a una intervención que ha producido más de 10.000 muertos (20 por ciento niños) y ha causado 15 millones de casos de "inseguridad alimentaria" en un país de 23 millones de habitantes. 
En España, como se dice a propósito de la venta de armas a Arabia Saudita, el gobierno "solo mira a Cádiz" y la posible pérdida de un contrato que, de producirse, traería consigo pérdidas de puestos de trabajo no solo en Cádiz, sino también en el Ferrol. Me referí al asunto hace un par de días y ya traté sobre el papel que la industria del armamento tiene en la economía y la política de los Estados Unidos. Y siguen publicándose datos al respecto.
Pero así son las cosas. No importan mucho unos muertos más o menos o unos miles de hambrientos más o menos. Las reglas del juego son muy estrictas y se sabe a favor de quién se juega en cada caso. Volvamos pues a lo que cualquier docente interesado en su trabajo sabe: que el "copia y pega" se ha hecho epidémico y que, siguiendo las reglas del mercado, hay oferta para redactar por encargo trabajos para asignaturas, masters y doctorados para quienes los demanden y estén dispuestos a pagar por ellos al correspondiente "negro". He visto ofertas explícitas en tablones de anuncios de alguna universidad. Eso sí: en algunos países, no solo en España, hay políticos que dimiten cuando les pillan en una de estas prácticas. ¿Yemen? ¿Dónde está Yemen?

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Sobre la paz mundial

Malos tiempos para la paz. Lo dicen hasta los que trabajan por proponer alternativas viables sin quedarse en el disfrute de “describir brillantemente lo mal que estamos”. Y lo corroboran trabajos como el que, desde hace una docena de años, se publica como Índice de Paz Global. Dicho índice no se basa en un sencillo “guerra sí - guerra no”. Tampoco en “violencia sí - violencia no” o sus posibles medidas de intensidad de la misma. El índice se construye a partir de 23 indicadores que incluyen, por supuesto, el de la guerra y sus tipos (interna, interestatal, guerrillas) y el de las diferentes formas de violencia (terrorismo, homicidio, refugiados) buscando, en todos los casos, niveles que puedan diferenciar a un país de otro. También incluyen indicadores como el número de presos o el aumento de los gastos militares e incluso el de los intentos de medir la inestabilidad política, indicador que, como diré a continuación, proporciona alguna que otra sorpresa en el informe.
Hay, como suele suceder, algunos datos que resultan de digestión problemática. Por ejemplo, el que el impacto mundial de la violencia fue, en 2017, de 14,76 billones de dólares que equivaldrían a algo más del 12 por ciento de Producto Interno Bruto mundial o, si se prefiere, casi 2.000 dólares por persona. Vaya esto por lo que pueden tener de problemático estos enfoques, dando apariencia de verdad, incluso con decimales, lo que es fruto de estimaciones. Vayan ahora, de todos modos, las sorpresas.
Traduzco: “El referéndum sobre la independencia llevado a cabo por el gobierno regional de Cataluña en España produjo un incremento de las tensiones políticas lo que tuvo como resultado que España cayera diez puestos en el ranking”. Todo sea dicho: “En Europa hay ahora catorce países con una intensidad de conflicto interno mayor que uno”, es decir, que sufren dicho conflicto. Entiendo este último punto, pero siempre habrá quien encuentre exagerado atribuir a esa inestabilidad incluso la existencia de la misma. ¿Inestabilidad? ¿Quién lo ha dicho? Trasladémonos, entonces, a un ámbito menos problemático: el del sistema mundial (un mapamundi siempre es menos problemático que un callejero).
La situación que el informe pretende describir sería la siguiente. En primer lugar, que el índice medio mundial ha caído por cuarto año consecutivo. Hay razones para dudar que el mundo vaya bien, aunque pueda haber mejorado respecto al siglo XIX. Hay, eso sí, diferencias notables: este índice de paz se ha deteriorado en noventa y dos países y ha mejorado en setenta y uno. De todos modos, la distancia entre los menos y los más pacíficos continúa creciendo. Desde 2008, los veinticinco países menos pacíficos cayeron en una media de 12 puntos mientras que los más pacíficos mejoraron en casi un punto porcentual. Es creíble la tendencia, aunque los datos puedan causar problemas. El hecho de que el mundo vaya mejor para los buenos y peor para los malos parece verosímil.
En segundo lugar, que Oriente Medio y el Norte de África sigue siendo la región menos pacífica del mundo albergando a cuatro de los diez países menos pacíficos del mundo según este índice. En cambio, aunque Europa sigue siendo la más pacífica, su índice se ha deteriorado por tercer año consecutivo a causa del terrorismo, la inestabilidad política y las percepciones públicas de la criminalidad. Una epidemia, sí. Y un uso torticero por parte de algunos políticos.
Y en tercer lugar que, entre los 23 indicadores que se usan para construir el índice, hay un indicador que proporciona el mayor deterioro: el terrorismo, con 62 por ciento de los países con un aumento de dicha actividad. También es admisible la tendencia si se incluyen todos los comportamientos terroristas y no solo uno de sus tipos (Recuérdese que, en los Estados Unidos, el terrorismo yihadista está por debajo del terrorismo de la extrema derecha).
Pocas sorpresas cuando bajamos a ver los datos país por país. Estos son los peores; Siria, Afganistán, Irak, El Salvador, Sudán del Sur, República Centroafricana, Chipre, Colombia, Lesoto y Somalia. La sorpresa, para mí, es que Yemen no esté entre estos diez primeros países, pero tal vez es porque me dejo llevar por las últimas noticias o los constructores del índice se han dejado llevar por la escasez de las mismas. Eso sí: el país, siempre según esta fuente, más pacífico del mundo sería Suiza, “un país por encima de toda sospecha” como la llamó en tono sarcástico un suizo como Jean Ziegler.
Insisto: son datos interesantes, sí, pero evitando fetichismo o cuantofrenia.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Otro intento de cuantificación, en este caso de lo que llaman “paz positiva”, también proporcionado por el Institute of Economics & Peace, en que, a escala mundial, se afirma, para su índice, una ligera mejoría en esta década, pero estable desde 2013)

martes, 11 de septiembre de 2018

Tres aniversarios

Hoy se conmemoran y, en su caso, se celebran tres manifestaciones por hechos acaecidos tiempo atrás. En el caso del Día de Cataluña, se celebra una derrota de 1714 y, este año, se pide la libertad de los presos que consideran políticos. El problema es que otros consideran a dichos presos como políticos presos por cosas que han hecho (no cosas que han pensado o dicho) y que, planteado así, deja de ser Día de Cataluña para convertirse en Día de una parte de Cataluña donde, tal vez, un 80 por ciento de sus habitantes, según encuestas, deseen un referéndum de autodeterminación, pero que, a la hora de votar, se queda en un 50-50 los secesionistas que hoy celebran "su" día y los unionistas que podrían tener el suyo.
Viene después, cronológicamente, el aniversario del golpe de Estado perpetrado por el general Pinochet en Chile en 1973. Las manifestaciones quieren saber la verdad, piden justicia y, saliendo a la calle, quieren mostrar su respeto a las víctimas. Claro que quedan pinochetistas (cada vez menos) que piensan que "aquello" fue una necesidad ante la debacle a la que Allende, entonces presidente, parecía estar llevando al país desde sus posturas de izquierdas. Pero sigue habiendo desaparecidos, fosas comunes y golpistas impunes. A lo que parece, no hay "memoria histórica" que valga.
Finalmente, el que podría ser el 11-S por antonomasia: el atentado de 2011 en los Estados Unidos (Torres Gemelas, Pentágono y Pensilvania) que ahora es una expresión de condolencia por los muertos y de honor a los bomberos fallecidos en acto de servicio. Ahí queda la cosa, aunque desde fuera se pueda ver de otra manera. Raras son las referencias a las teorías conspiratorias, al uso que hizo del gobierno, en plan Pearl Harbor, para iniciar algunas guerras (Afganistán e Iraq, "guerra contra el terrorismo") y a cómo cambiaron las actitudes dominantes en los Estados Unidos. Mucha mayor unanimidad y mucha menor participación activa. Pero también quienes piden justicia.
De lo local a lo mundial, de lo antiguo a lo contemporáneo y con participaciones cambiantes cada vez más reducidas. Pero también reducción del peso del acto inicial e incremento de las consideraciones actuales por encima de lo que pudo significar el hecho que se conmemora.

Noticiero Rorschach

Se trata de unas manchas de tintas multicolores en las que cada cual proyecta sus propias actitudes y valores. Cuando se pregunta ¿Qué ve usted ahí? ya se sabe que la respuesta va a tener mucho que ver con el que responde y nada que ver con las manchas de tinta. No es "lo que hay ahí" sino "lo que se ve ahí".
Imagen relacionada
Una cita al Rorschach a propósito del reciente artículo anónimo en el New York Times que trataba sobre las interioridades de la Casa Blanca bajo Trump. Lo que ahora se publica es una serie de comentarios a algunas de las frases de aquel anónimo. Según se dice, cada cual ha visto en él lo que quería ver (y no ha visto lo que había realmente).
No es un caso excepcional. Me refiero a la tendencia que compartimos los humanos a ver en los "hechos" (es decir, en las manchas sin sentido) lo que uno quiere ver, de forma que tengan algún sentido. Lo malo es que es inevitable ese intento de "comprender" lo que pasa "ahí fuera" introduciendo los propios valores y actitudes, es decir, la propia ideología (que todos tenemos). La diferencia con esta metáfora del Rorschach es que lo que pasa ahí fuera es algo más que manchas. Y que, de vez en cuando, hay quien está interesado en que "veamos" una cosa y no otra. 

domingo, 9 de septiembre de 2018

Léase completo

Y, a ser posible, sin dejarse llevar por los propios prejuicios (que yo también tengo, faltaría más, aunque intento controlarlos no con mucho éxito). Se trata de este reportaje del New York Times del que conviene separar la impresión que da el titular (sujeto, verbo, predicado)
Trump Administration Discussed Coup Plans With Rebel Venezuelan Officers
con los matices que añade el texto donde el sujeto ya no queda tan claro (¿iniciativa del "imperio" o petición de ayuda por parte de militares preocupados  y frustrados por no encontrarla?¿militares responsables "rebeldes" o militares corruptos? ¿imperialismo o "intervencionismo humanitario"?¿se mantienen los contactos o ya se acabaron hace relativamente tiempo? -este es particularmente interesante-). 
También hay argumentos indiscutibles: el gobierno de los Estados Unidos ha sido protagonista de una serie de intervenciones directas o indirectas, pero golpistas, en América Latina y el reportaje las cita, con enlaces más. Algunas fracasadas, como Bahía de Cochinos, otras con éxito como el 11-S en Chile. Algunas por motivos, aunque fueran retóricos, de "intervencionismo humanitario" y otras explícitamente imperialistas. 
Las fuentes "generalmente bien informadas" no son necesariamente fuente de verdad ya que pueden ser fuentes "generalmente intencionadas". Y los titulares no son el reportaje. Efectivamente: estar informado es trabajoso, como decía Ignacio Ramonet. Y, encima, sin saber si uno está en lo cierto o le han vuelto a engañar, que suele ser lo más frecuente. Sísifo, el pobre Sísifo y su problema filosófico.
(Añadido el 19: El articulista descarta tanto la intervención de los Estados Unidos como la de una posible coalición de la OEA. Da sus razones y son de peso, lo cual no impide que tal actuación siga siendo posible. También descarta las sanciones: lo que conseguirían sería fortalecer al régimen de Maduro y deteriorar todavía más las condiciones de vida de los venezolanos. Queda, por exclusión, apoyar una estrategia de "abajo arriba": que los venezolanos resuelvan su problema. Lo que pasa es que con una oposición como la que tiene Maduro, cualquiera se mantiene en el poder)

sábado, 8 de septiembre de 2018

Poderoso caballero

El gobierno español, en un arranque quasi-pacifista, decide o propone suspender la exportación de determinadas armas a Arabia Saudita. Con razón, se dirá: no colaborar en la guerra en Yemen y sus extremos salvajes, aunque allí también colabore Estados Unidos. Al fin y al cabo, la decisión de aquella venta fue cosa del anterior gobierno.
Pero Arabia Saudita responde amenazando con romper el contrato para la compra de cinco corbetas fabricadas en Cádiz, cosa que pondría en peligro 6.000 empleos allí, amén de los empleos en el Ferrol y Cartagena, astilleros de la misma empresa.
Los detalles y el más que probable renuncio por parte del gobierno español se pueden leer aquí, aunque ya hay matizaciones para todos los gustos y varias retiradas.
Varias lecciones: hay dilemas en los que la buena voluntad queda en segundo plano.  Rectificar es de sabios, dicen... mientras no genere hábito. De nuevo una cita de Marx: "Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros". O, si se prefiere, se puede leer el poema de Quevedo "Poderoso caballero es don dinero".
Pero la cosa no va solo en una dirección: también se dijo que Hitler estaba loco y bien que corrieron a su sombra varias grandes empresas (militares, por supuesto).

viernes, 7 de septiembre de 2018

Si lo ves, es real

Y más si lo ves en los medios. 
Este es un viejo ejemplo: a la izquierda, foto de la toma de posesión de Donald Trump en 2017. A la derecha, la fotografía publicada, convenientemente retocada a instancias del ya presidente.


Es muy libre de creérselo y, lo más probable, es que, si le resulta antipática la figura de Trump, usted se lo crea. Si es turmpista convencido, sabrá que se trata de una fake news más.
Lo mismo sucede con las fotos de los emigrantes venezolanos y sucedió con las fotos previas a la invasión a Irak.
Nunca se citará suficientemente el consejo común a la vieja Ilustración: lo que entra por los sentidos ha de someterse al criterio (discriminación) de la razón. No porque lo veas es real. Era un mal dicho: "Está pasando, lo estás viendo". Insisto: hay cosas que estás viendo y no están pasando (y no son alucinaciones sino, por ejemplo, fotoshop o atribución de la imagen a un contexto muy diferente) y, muchas más, cosas que están pasando y no las estás viendo (por ejemplo, la deuda externa, las guerras comerciales, inestabilidad económica, la mejora de las condiciones económicas y demás cosas intrascendentes).

jueves, 6 de septiembre de 2018

Repetimos

Un sombrío panorama suponiendo que, aunque la Historia no se repita, los humanos sí que pueden repetirla y, de hecho, la están repitiendo a escala desde lo local a lo mundial: aumento del autoritarismo, neo-nazis manifestándose desde los Estados Unidos a Alemania, inmigrantes calificados como alimañas y políticas de austeridad aplicadas a partir de la crisis de 2008 forman un conjunto poco halagüeño.
Algunas desaceleraciones económicas tienen, a lo que se ve, raíces locales que los partidos (locales por definición) aprovechan en su lucha por el poder local. Pero la epidemia es mundial y tiene que ver con lo más evidentemente globalizado: el sector financiero, sus debilidades y vulnerabilidades, sus deudas y sus malas gestiones. Como hace diez años. Y las guerras comerciales.
No es la primera vez que encuentro estas miradas atrás como forma de avisar de lo que puede venir. Son problemáticas porque, como parece claro, la Historia no se repite (ni en tragedia ni en comedia). Pero los humanos reaccionan de forma parecida ante estímulos parecidos y, en todo caso, mirar atrás permite ver qué errores se cometieron entonces y ver si ahora se están cometiendo, como algunos ven como evidente, con el mismo entusiasmo. Parece que sí. De todas maneras, ya se sabe: el futuro nunca llega.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Victimismo (en España)

El más conocido es el catalán. Ya se sabe: existe, dicen algunos de ellos, una notable catalanofobia en (el resto de) España y, lo que ya es el colmo, constatan que “España nos roba”. Esta doble vertiente, cultural y económica, convierte a los catalanes en víctimas que deben reaccionar poniendo fin a lo que está a su alcance, la dependencia frente a España, mediante la autodeterminación. Y ahí entra la política que, si bien no podrá acabar con la catalanofobia (ya hubo boicots a productos catalanes no hace tanto), es decir, si no podrá cambiar la mentalidad de (el resto de) los españoles, por lo menos podrá terminar con las bases políticas y económicas que hacen de Cataluña una víctima de una entidad exterior.
Clásicos y modernos en sociología (de Simmel a Coser) han explicado el papel que tiene la construcción del enemigo externo en la cohesión del grupo interno. Ese enemigo puede ser real o imaginario y, en ambos casos, pero sobre todo en el segundo, el del enemigo imaginario, “alguien” se encarga de trasmitir esa idea victimista. Pueden ser políticos, clases sociales (altas, por lo general) e intelectuales. Sabiendo que hay “intelectuales orgánicos”, es decir, que piensan y publican en función de lo que interesa a sus “señoritos”, parece claro que, si hay una conjunción de política, sociedad y cultura, el victimismo puede resultar muy arraigado. Más si se dispone de medios de comunicación masivos como era antes la televisión (pública, por supuesto) y ahora son las redes sociales con sus trolls, bots y hackers dispuestos a inundar whatsapps, facebooks, instagrams, blogs y similares con machaconas soflamas que remachen el victimismo.
Dicho lo cual, añado la sorpresa que ha supuesto para mí encontrar victimismo también en otras regiones/nacionalidades/naciones (táchese lo que no proceda) del Ruedo Ibérico (que puedo llamar España o Estado español según se haya tachado una u otra cosa). Un par de cortas visitas hacia el Sur y un par de breves referencias hacia el noroeste me han dejado perplejo.
Por supuesto, me dicen más serias que un ocho, que “España nos desprecia”, hace risas de nuestro acento, nos margina o, en plan algo contradictorio con lo dicho, nos ignora. Este supuesto desprecio, que se expresa en términos casi idénticos a los que hablan de “catalanofobia”, se da como hecho generalizado. Intento sugerir que no me incluyo en los “fóbicos”, pero “la excepción confirma la regla” y, sobre todo, lo que importa no es la “fobia” de los mindundis como yo (eso no me lo llaman, claro) sino la “fobia” de los que mandan.
Intento, desesperada e inútilmente, que no confundan la constatación de casos de corrupción entre sus políticos locales y de egoísmo hipócrita en sus clases altas con una “fobia” generalizada. Intento, sin mucho éxito, que vean que, puestos a quejarse, hay regiones/nacionalidades (no naciones) que tendrían muchos más motivos para hacerlo. Nada. Que no. Que su mundo está compuesto por dos grupos, o sea, “nosotros” (las víctimas) y “ellos” (los victimarios). Colegas sociólogos: reconocerán que es de manual.
Pero insisto en que no me estoy refiriendo a lo ya conocido sobre Cataluña, sobre todo porque lo que percibo fuera del Principado es incipiente, pero con visos de no quedarse ahí y, convenientemente manipulado (como corresponde), puede producir efectos en un futuro no muy lejano. Un “efecto llamada”, por echar mano de palabras al uso para otro tipo de relación entre poblaciones, en este caso emigrantes/inmigrantes.
Para dar una pincelada más, habría que aterrizar en los “Catalan countries” como rezaba la educada (es un decir) pancarta de “bienvenida” al Rey en Barcelona en el aniversario de otro choque entre poblaciones, en este caso ya violento. En el caso de Valencia, el victimismo de “España nos roba” es mucho más claro que en las otras nacionalidades/regiones a las que me acabo de referir. No importa que el partido gobernante en uno y otro sitio sea el mismo, aunque la tradición (que también se detecta en Alicante) es el victimismo cuando son partidos diferentes. Lo que me fascina es cómo cala en personas muy alejadas de los “círculos políticos” (concéntricos, como se sabe) y, ahora, en colisión.
No puedo menos que caer en la pedantería de citar La España invertebrada o el España como problema. Pero lo que temo es que víctimas y (¿supuestos?) victimarios estén en un juego que lleve, otra vez, a hacer víctimas reales donde las hubo imaginarias, a manos de grupos políticos bien concretos. Pero es inútil discutir: se trata de sentimientos, no de hechos.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

Miedo (solo para anglófonos)

"Fear" es el título del último libro del Woodward (sí, el del Watergate). Solo que esta vez trata de la Casa Blanca de Trump con citas como esta, refiriéndose a  un Presidente que tiene a la Casa al borde de un "nervous breakdown":
"He's an idiot. It's pointless to try to convince him of anything. He's gone off the rails. We're in Crazytown."
País de locos. Ciudad, más bien. "Locolandia". También hay quien le llama "a "fucking moron," a "professional liar," and "a goddamn dumbbell" who has the understanding of "a fifth- or sixth-grader"". Ya se ve: tonto, mentiroso, bobo e infantil. Y perjuro.
Y se cuentan historias de subordinados que le ocultan papeles para que no tome decisiones que irían contra los intereses nacionales si llegaran a manos de una persona como la que se acaba de describir.
El libro todavía no se ha publicado, pero sí algunos párrafos escogidos  (con más que probable intención propagandística). Y alguno de los posibles entrevistados ya ha dado su opinión anónima en la prensa estadounidense.
En una guerra de propaganda, si no le gustan esas noticias y versiones, tenemos otras:
"This book is nothing more than fabricated stories, many by former disgruntled employees, told to make the President look bad," White House press secretary Sarah Sanders said. "While it is not always pretty, and rare that the press actually covers it, President Trump has broken through the bureaucratic process to deliver unprecedented successes for the American people. Sometimes it is unconventional, but he always gets results"
Obviamente, no soy quien para decir quién tiene razón. No conozco al personaje. Solo las caricaturas que me hacen de él, tanto negativas como positivas. Y anónimas.
Y, para caricaturas, esta del New Yorker:

martes, 4 de septiembre de 2018

Fifty-fifty

Son tres casos que me fascinan: Brexit, Catalexit y Venezuela. En los tres, y a ojo de buen cubero, la población (o la llamada "opinión pública" si se prefiere) se divide en dos claras mitades: los que quieren quedarse frente a los que quieren irse (Brexit y Catalexit) y los que defienden al gobierno y los que preferirían que cayese.
En este último caso, es cierto que las posturas que leo no están tan polarizadas en el terreno de los diagnósticos: unos y otros reconocen parte (parte, no todo, por supuesto) del argumento contrario a la hora de atribuir causas (en plural, no solo una) de la situación presente. Pero las líneas generales están claras: busquen una mala gestión interna o busquen una conspiración externa. 
Los otros dos casos (Brexit y Catalexit) tienen líneas divisorias mucho más claras sobre los bienes y los males que acarrearía cada opción. 
Pero lo que me fascina es que me parece razonable pensar que no pueden tener toda la razón ambas partes. En el Brexit, el Catalexit y la crisis (reconozcámoslo) venezolana, es obvio que la realidad no puede ser A y no-A al mismo tiempo. Supongo que ni para los más dogmáticos seguidores de la Regla Celeste, el Tao, con su yin y yang, opuestos coincidentes. 
Sea quien sea el que hace el diagnóstico correcto,  lo que sí queda claro es que sus opuestos se equivocan y, a lo que dicen aquellos, con un más que evidente desprecio a la realidad. Si yo tengo razón, tú te equivocas. Lo opuesto es impensable: si yo me equivoco, tú tienes razón. Evidente.
Mi primer problema es saber cómo es posible que haya tanta gente que está a favor de una opción equivocada (sea la que sea). Como digo, y sin creer mucho en los números, estaríamos en cuestiones que parten a la población en dos mitades irreconciliables.
Pero mis problemas siguen. Así, por ejemplo, si el "hard Brexit" es una opción errónea por los males que acarrearía, eso no demuestra que el "soft Brexit" sea la correcta. Porque hay una tercera posibilidad: el status quo. El de los "remainders". Cómo se consigan estas tres opciones ya se las trae: negociaciones, nuevo referéndum, cambio de gobierno etc. Y lo mismo se podría decir del Catalexit (unilateral, bilateral -o multilateral-, pero también status quo). En el caso venezolano esta estructura tripartita no está tan clara. Es verdad que hay críticas al gobierno desde su izquierda, no solo desde la derecha dividida. Pero también hay diferencias en las terapias que proponen "los de fuera". Nada, pues, de fifty-fifty.
Eso sí, insisto: mi problema es entender a los que defienden una opción equivocada, sea la que sea, y, por lo que he dicho, hasta todos podrían estar equivocados. Pero esa es otra historia.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Tres memorias

El burro delante para que no se espante. Un colega y, a pesar de ello, muy amigo, casi de la familia, me llama para preguntarme algunos detalles sobre la II República española (la del 31 al 36 que dio paso a la última, de momento, Guerra Civil). No tengo ni idea. Busco entre mis libros y recurro al oráculo de google y tampoco le sé dar respuesta, más allá de lo diferentes que fueron las fases de aquella etapa y de algunos personajes que pueden interesarle. Pero le reconozco que mi ignorancia es enciclopédica y que es muy, pero que muy fácil encontrar asuntos de los que no sé nada. Mi memoria histórica es extraordinariamente escasa. Incluso para lo que me afecta autobiográficamente. Por ejemplo, no consigo acordarme de en qué año estuve varios meses viviendo en Toracarí, Bolivia. Experiencia inolvidable, pero que no puedo situar "históricamente".
Un incendio se lleva por delante, en Rio de Janeiro, 200 años de historia o tal vez 100. Es, efectivamente, una forma de almacenar la memoria, siempre con algún que otro sesgo ideológico (normalmente de tipo nacionalista que oculta datos no tan relevantes para dicha ideología), pero con la apariencia de "verdad" que dan los objetos visibles y tangibles. La Historia, entonces, es una sucesión de salas en las que se acumulan, según cierto orden, objetos tomados de la época que la sala recoge. Siendo ecuánime, un museo de historia cubre lo que se puso en su fundación y no lo que entonces se desechó por irrelevante, molesto o inapropiado. O poco "museable".
Hay en las Españas un replanteamiento de una ley de Memoria Histórica que nació referida al (contra el) periodo franquista. Las consecuencias más importantes, de momento, han sido las de cambiar los nombres de algunas calles o plazas, cosa que sus habitantes no siempre han visto con buenos ojos por lo que suponía de cambiar sus tarjetas de visita. Pero el contexto de polarización en el que ahora se mueve la política española (y buena parte de la europea) ha puesto sobre el tapete el elemento ideológico que pueden tener esas "memorias", que pueden hacerse "a favor" o "en contra" de algunos de sus viejos protagonistas (incluso planteando el cambio de su sepultura, como sucede con la de Franco). Este elemento ideológico se ha planteado (ideológicamente, como era de esperar) por los contrarios a dichos planteamientos, proponiendo el cambio de Memoria Histórica por una angélica ley de la concordia como si una ley de ese calibre, primero fuera posible y, segundo, fuera capaz de reducir el nivel de polarización en que se encuentra la campaña pre-electoral española. 
Curiosas formas de mirar al futuro. Incluyendo la primera (cuya respuesta he tenido al final del día  gracias al oráculo de google que me ha llevado a un texto ¡mío! que publiqué en 2001: estuve varios meses en Toracarí en 1973. Lo que no sé es en qué meses).
y al volver la vista atrásse ve la senda que nuncase ha de volver a pisar.