jueves, 23 de agosto de 2018

La verdad no es la verdad

Desconozco su origen, pero el cuento es como sigue: se pidió a un grupo de ciegos que no sabían lo que era un elefante que lo definieran; cada uno de ellos tocó una parte del animal y dieron su versión ("es como un gran techo", "es una gran columna", "es como una serpiente", "es una serpiente enorme" habiendo tocado la panza, una pata, la cola y la trompa del animal). Esta es la interpretación más benévola de lo dicho por el ex-alcalde de la ciudad de Nueva York y actual abogado personal del presidente Trump: la verdad de cada uno (porque cada ciego decía su verdad) no es la verdad total (el elefante, que nadie había visto ni sentido en su totalidad).
Hay, como siempre, otras interpretaciones y, si se me permite, otras verdades: no existe la verdad, es imposible, e interrogar a un presidente preguntándole por su verdad es ponerle en peligro de perjurio ya que se pueden enarbolar otras verdades contrarias.
El artículo que cito advierte de los peligros de estas posiciones relativamente escépticas: permiten indoctrinar basándose, en plan goebeliano, en una repetición sistemática de lo que es mentira, cosa, al parecer, frecuente en las redes y no solo ahí, pero sin que se conozca quién tiene autoridad para determinar si esos mensajes son correctos o mendaces. El autor del primer artículo que cito se refiere a la cuestión del cambio climático y a las tácticas de los negacionistas. No es eso lo que me interesa. Vuelvo a Machado:
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya guárdatela.
Lo que las cosas son tal vez no lo conozcamos, pero podemos seguir buscando. Y eso es válido desde el guasap que entra pidiendo que firmes un manifiesto basado en verdades (me pasó  anteayer y ni contesté) hasta la existencia del cambio climático al que me he referido varias veces. 
Los velos que cubren la Verdad pueden ir desvelándose (repito: esa es la etimología de la palabra "verdad" en griego, alezeia). Popper lo planteaba con claridad a propósito del saber científico en el cual no hay proposiciones verdaderas sino proposiciones cuya falsedad o error todavía no se ha demostrado. Provisionales, por tanto. Pero también hay mentiras, mentiras podridas y estadísticas... y mentiras en boca de gobernantes.
De todas formar, pasar este argumento de los elefantes a la política tiene, como dice el autor que he citado al principio, sus riesgos. Cierto que los que poseen la Verdad, en política, sean de derechas o de izquierdas, elitistas o populistas, son peligrosos. Lo han sido por lo menos. Pero también parece cierto que los que niegan cualquier verdad están defendiendo, subrepticiamente, el status quo (me niego a escribir statu, como manda la, a veces, autoritaria Academia, que no lo es del latín).
¿Qué queda entonces? Verdades provisionales que se ponen a prueba mediante el voto y las demás formas de participación política (no solo el voto, pues) y que se revisan continuamente. Nada de "fidelidad ciega" y "obediencia ciega" al Partido, sea el que sea (y para los viejos españoles, el partido con mayúsculas era uno). Nada, tampoco, de "il Duce non si sbaglia mai". Son instrumentos, no fines en sí mismos. Y lo mismo se puede decir de la "nación" y demás construcciones históricas. Seguiremos buscando, pues. Por lo menos, eso he procurado hacer yo en mi vida. A veces, nomás a veces.
(Trabajos para casa:
1. ¿Quién dice la verdad, Asia Argento, fundadora del #MeToo, o el New York Times cuando una niega y el otro afirma que hubo asalto sexual por parte de la primera sobre -y nunca mejor dicho lo de "sobre"- el joven Jimmy, de 17 años que por fin ha hablado? Cuidado con las respuestas que se basan en las propias preferencias o ideología y no en los "hechos" comprobados.
2. ¿Quién tiene razón, los anti-vacunas que subrayan los indeseables efectos secundarios, por ejemplo en el autismo, o los pro-vacunas que achacan a aquellos por el actual aumento de casos de sarampión en Europa? La respuesta dependerá de en qué científicos confía usted. Pero la confianza no es conocimiento.
3. ¿Cuál es la versión de lo sucedido en la comisaría de Cornellá, Cataluña, sobre la muerte de un musulmán, argelino? ¿Terrorismo aislado, locura momentánea, inmolación suicida? Pues dependerá de qué fuentes le merecen confianza (las oficiales, la esposa del muerto, el abogado de la familia, los distintos partidos) o de cuál le parece más verosímil y menos contaminada por intereses personales o colectivos.
4. Cruce de versiones sobre lo sucedido en Bolivia, a propósito del TIPNIS, entre el gobierno, los cocaleros, los indígenas y la comisión de Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza. Reconozco mi sesgo a la hora de confiar en unos u otros. Mi viejo amigo boliviano, Rafa Puente, hace un recorrido por las dificultades para diferenciar verdad y mentira en este y casos colindantes.
5. Un concienzudo análisis de cómo Reuters ha informado sobre la situación en Nicaragua. Si después de eso, tiene claro quién es el "bueno" y quién es el "malo" y qué ha sucedido y sucede en el país, es que la ideología ha ido por delante de los hechos. Porque ese trabajo no es un mapa a escala 1:1 y seguro que se deja fuera detalles relevantes. Los hechos no tienen por qué reducirse  a la versión que da FAIR sobre la versión de los "otros". Tome partido, faltaría más, pero fíjese en cuáles son sus motivos y motivaciones. Todos los y las tenemos y tendemos a pensar que son los otros los que los y las tienen en plan más problemático y poco respetuoso de los hechos. La causa no está en los hechos. Tal vez más en los intereses. Conocimiento e intereses, sí, del viejo Habermas)
(Añadido el 30: Reacción de Ortega dando su versión frente a la versión del informe de la ONU)
(Añadido el 31: la cuestión, planteada en términos más generales aquí)

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