miércoles, 29 de agosto de 2018

Cloacas y trastiendas

Dos cosas que se nos escapan. Las conocemos cuando emerge la punta del iceberg, alguna vez, “por casualidad”. Recuérdese que no suele haber “casualidad” en estos descubrimientos/chivatazos, sino que siguen la lógica del juego en que aparecen.
Tenemos, como primer ejemplo, las andanzas de un ex-comisario, ya en la cárcel, del que se publican lo que él mismo llamaba sus “proyectos”, es decir, sus maniobras de seguimiento a personas importantes para, posteriormente, permitir que “la parte contratante de la primera parte” los chantajeara. Los ingresos del este espía a sueldo eran astronómicos (300.000 euros al mes por uno de estos “proyectos” no es moco de pavo), los contratantes podían permitirse esas inversiones de las que sacarían todavía mayores beneficios y los investigados no eran, precisamente, gente corriente y del montón, sino personas que, a su vez, podrían haber contratado esos costosos servicios de vigilancia y documentación.
No tendrían que extrañarnos estas cosas. Hace ya muchos años que Fernand Braudel distinguía tres niveles en el funcionamiento del sistema mundial (que él llamaba sistema-mundo). En primer lugar, lo que denominaba economía material, es decir, ese conjunto de actividades económicas como el trueque, el autoconsumo, parte de la economía sumergida, la mafia, la prostitución o el narcotráfico, cosas que, de alguna forma, funcionan al margen del sistema general y, muchas veces, no superan el ámbito local. Después venía la economía de mercado, propia de las pequeñas y medianas empresas, en las que sí que rige, con las habituales excepciones explotadas por el márquetin, la ley de la oferta y la demanda que no se aplica al nivel anterior y, muchísimo menos, al nivel superior al que él llamaba “economía capitalista” y que podríamos dejar en “economía de los capitalistas”. Ahí no hay oferta y demanda sino juego de poder que incluye el abuso de poder y, muchas veces, recurso a lo que se pueden llamar las “cloacas” de la sociedad, palabra poco apropiada ya que no están “abajo” sino “arriba”. Pero mantengamos el vocabulario convencional para referirnos a esas actividades, como la gran corrupción (la corrupción-dinosaurio, no la corrupción-mosquito), que se producen dentro de esa “economía de los capitalistas” situados en la cima del sistema.
Otro asunto son las actividades que no están en esa dimensión llamémosle vertical sino en la horizontal. Lo que sucede en las trastiendas. Lo primero que se me ocurre es el recuerdo de un político que lloró (y no soy el único que compartió sus lágrimas) ante el dosier que circulaba en el ámbito local y mediante el cual se pretendía dificultar sus planes de ascenso en la pirámide política. Ironías de la vida, aquel dosier que estuvo a punto de hundir su carrera (sin conseguirlo) llegó a manos de un juez en cuya familia ha habido ataques por parte de agentes de la “cloaca”. O sea que las fronteras no son muy claras y distintas, como querría un buen filósofo.
Lo que sucede en la trastienda son las pequeñas negociaciones (y pequeños chantajes como el que recuerdo) en las que Fulano pide a Mengano que interceda ante Zutano de manera que lo que el público ve como resultado de la lógica de las cosas, en realidad es fruto de idas y venidas entre personajes cuyos manejos conocen las “fuentes generalmente bien informadas”, pero que no podemos constatar los que solo podemos ver lo que se ve.
La trastienda de la economía y la política, empezando por la local, debe de ser, no lo dudo, un espectáculo interesante para el que la conoce. Los que no la conocemos acabamos creyendo que las cosas siguen una lógica muy distinta de sus apariencias. Sucede como con la “cloaca”: que seguimos pensando que se trata de oferta y demanda (y elaboramos complejas teorías y modelos al respecto) cuando en realidad es fruto de un tipo de manejo que poco tiene que ver con esos productos intelectuales.
Los medios, algunas veces, reflejan una tímida parte de esa realidad. Si dan un paso más, son considerados como el presidente Trump considera a los que se atreven a contar cuántas mentiras ha proferido en este tiempo -2.140 mentiras en su primer año y 4.229 en los seis meses siguientes según el Washington Post-, es decir, “prensa canallesca”, mentirosa y nada patriótica. Hay límites, pues. Incluyendo los que plantea la “cloaca” maniobrera y la “trastienda” marrullera. Pero, sobre todo, hay una dificultad objetiva de adentrarse sin ayuda en tales berenjenales: las reglas del juego de este sistema lo impiden “arriba” y “al lado”. 
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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