lunes, 27 de agosto de 2018

Autrocrítica de la Transición

Howard Zinn decía que la facilidad con que se engañaba a los estadounidenses se debía a dos factores principales: su desconocimiento de la historia y su nacionalismo.
Es obvio que lo dicho se puede aplicar a otros países. Por ejemplo a España. De su nacionalismo y sus nacionalismos (tiene varios, como para poder elegir) se habla bastante. No se habla tanto de su desconocimiento de su propia historia, que ahora se pone de manifiesto a propósito del probable cambio de domicilio de los despojos del cadáver del anterior dictador, Franco. Pero sin irse tan lejos, hay también un desconocimiento de la historia más reciente, por ejemplo, el de la Transición, el paso gradual, con reforma y sin ruptura a la portuguesa, desde la dictadura franquista a la democracia, imperfecta como toda institución humana (que se lo digan a la Iglesia Católica) y perfectible como tal. Parece, dicen, que nunca hubo autocrítica ni nunca se habló de los errores cometidos en tal empeño de filigrana. Y sí la hubo: se llamó "desencanto" ("esperábamos otra cosa" sería el resumen de tal crítica), pero terminó rápidamente: el 23-F y siguientes, cuando se intentó el enésimo golpe de Estado en la historia local. Mi título (entonces creo que todavía escribía en La Verdad, hoy desaparecido en Alicante) fue muy sencillo: "Del desencanto al miedo, del miedo a la reflexión".
No es que la actual tarea de denostar la Transición vaya a terminar de la misma manera necesariamente, pero no vendría mal recordar que, con razón, las decisiones tomadas para pasar de una dictadura imperfecta a una democracia imperfecta fueron algunas acertadas, algunas equivocadas. Ni todas perfectas, ni todas horribles. Eso no es novedad. Lo que volvería a estar sobre el tablero, con inciertos futuros, es el afán de denostar toda la Transición y el deseo opuesto de darla por perfecta en su conjunto, argumentos que podrían servir a intereses electoreros que me cuesta llamar políticos. La novedad sería que esta etapa , con su "No es eso, no es eso", terminara de otra manera que no fuera una dictablanda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario