miércoles, 4 de julio de 2018

La otra cara

La corrupción, como el tango, es cosa de dos. Uno que dice que le va a dar algo a cambio de algo o uno que tiene algo y lo ofrece al mejor postor. A le dice a B “eso que tienes me gusta” o B le dice a A “tengo algo que a ti te gusta”. La realidad es algo más complicada, como me lo hizo ver (más bien oír) una conversación en la mesa de al lado de un discreto restaurante ocupada por un político y dos empresarios dedicados, sin ninguna vergüenza y ayudados por el alcohol ya ingerido, al chalaneo de quienes querían algo que el político podía ofrecer. Pasados los años, no he sabido nada de aquellos empresarios mientras que el político sí que ha aparecido en los medios por cosas que poco tienen que ver con aquella escena. Y eso es lo que me resulta curioso: el peso que, en los medios, ocupa uno de los danzantes (los políticos y funcionarios públicos corrompidos) mientras que los otros, los empresarios corruptores, solo se les ve a unos pocos mediáticos y vistosos. Como si pocos tuvieran que ver con el asunto.
Y algo tienen que ver. Un viejo amigo, empresario, presentó su producto a un concurso público en el que se le informó, discretamente, que había que pagar una mordida para ganárselo. Mi amigo, que ciertamente habría ganado sus buenas pesetas -eran otros tiempos-, desistió y sacó del concurso la propuesta que, de haber pagado el “precio”, le habría dado sus buenos beneficios. Los principios, decía, son los principios. Por motivos todavía más obvios, los medios no han podido saber de este asunto ni a mi amigo se le habría ocurrido ir con él a la prensa.
Que sean excepcionales los casos que se conocen de empresarios a la búsqueda del contrato perdido o que han caído en la tentación ofrecida por el político o funcionario de turno puede tener una explicación muy maligna: que esos empresarios estén entre los accionistas de los medios de comunicación que sí saben, pero que callan. Callan sobre los empresarios corruptores y cuentan y no paran de los corruptos que, a lo más, dejarán de contratar y pagar publicidad “institucional”, cosa que, en más de un caso, se convierte en el consabido tango. Debo de estar pensando en algún medio gratuito, pero no creo.
No es corrupción, pues no se trata de compra-venta de un bien público, el uso de comisiones que los almacenes reservan a los que se proveen en ellos de materiales, por ejemplo, de construcción. Encarece un poco el producto, pero el almacenista fideliza la compra, el comprador tiene un ingreso extra y el “pagano” ni se entera. Lo cuento (algún amigo arquitecto me añadió detalles) porque muestra hasta qué punto están difundidos ciertos comportamientos de compra-venta. Que el producto sea un bien público (en el que algo tenemos que ver por nuestros impuestos) o sea un bien privado, no importa. Lo que importa es que el que algo quiere, algo le cuesta.
En ese contexto me resultó interesante un artículo de The Economist de hace unas semanas dedicado, precisamente, a los corruptores, con detalles tan sugestivos como que en Alemania, hasta hace poco tiempo, las empresas declaraban su responsabilidad social y su código ético, pero cuyas mordidas a funcionarios o políticos extranjeros ¡desgravaban!. Un colega que trabajó para Transparencia Internacional me llegó a hablar de sacerdotes que bendecían esa compra de corruptos extranjeros porque tenían un efecto beneficioso para el país propio: creaba empleo. De todas formas, el artículo se refiere a numerosos casos investigados y ya fallados.
Un punto me ha llamado particularmente la atención: el que trata del número de casos conocidos (mi impresión, visto mi entorno, es que se trata de la punta del iceberg) según el sector de la empresa corruptora. La fuente es la OCDE y los casos se produjeron en 17 países.
Pues bien. ¿Cuál es el sector en que más corruptelas se producen? La minería, extractivos. Supongo que si la posible mina, encima, está en un espacio protegido, con más razón habrá que corromper a quien corresponda. Después viene, empatados en casos, el sector del trasporte y el almacenamiento y, como se podía esperar, el de la construcción que, también es de suponer, sufre los efectos de estos ciclos de burbuja y depresión que le caracteriza. Le sigue la comunicación y, ya algo más lejos, el sector de la salud, sector en el que la corrupción puede alcanzar cotas poco saludables. 
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Para el caso de la sanidad, sigo pensando que no ayuda mucho llamar corrupción  -como aquí- a lo que es abuso de poder, prevaricación, malas prácticas, estafas, engaños y sobrecostes. Corrupción fue el caso del Tamiflu o cualquier otro en que una compañía farmacéutica "compra" la decisión de una autoridad sanitaria nacional o internacional)
(Añadido el 9: un caso de la otra cara, pero ya en prisión. Otra cara más.
Excelente diagnóstico de Pablo Ospina relacionando el auge de la corrupción en diversos países de América Latina con cuestiones que tienen que ver con las clases sociales o, por seguir con su vocabulario, con las diversas “élites”, que termina diciendo:
Quizá los progresismos latinoamericanos del nuevo siglo puedan ser mejor interpretados si los vemos como un juego de conflictos, desplazamientos y alianzas entre viejas elites empresariales y nuevas elites advenedizas en trance de consolidarse y convertirse en viejas 
Se trataría, en efecto, de
una parcial “sustitución de elites” por la que un grupo de “elites advenedizas” asociadas al manejo de los contratos con el Estado y a la intermediación con el capital internacional pretendió hacer su propio proceso de “acumulación originaria” desde el Estado que le permitiera luego integrarse entre los grupos empresariales consolidados.
Hipótesis mucho más fecunda que el facilón recurso conspiranoide, pero que, en todo caso, pone el acento en "la otra cara")
Un cierto escándalo en Inglaterra por el "precio" que ha tenido tomar el te con el gobernador del Banco de Inglaterra o con el ministro de asuntos exteriores. Business is business

Sobre la corrupción en la ONU -"Oil for food"-, aquí)
(Añadido el 18: un caso particular de corrupción -el político compra favores de los medios- en El Mundo
Así inundó de millones Puigdemont la prensa separatista
Debe de ser frecuente. También está el viejo caso de Libertad Digital y los favores del PP y también los nuevos)

No hay comentarios:

Publicar un comentario