viernes, 6 de julio de 2018

Blanda lex

Se suele decir lo contrario: dura lex, sed lex. Será dura, pero es que es ley. Pero leídas las cosas que se dicen estos días sobre el nuevo miembro del Tribunal Supremo estadounidense que tiene que nombrar el presidente Trump, uno se da cuenta de que la ideología del juez cuenta más de lo que debería. Si la ley fuese tan dura, no importaría que el juez fuese conservador o muy conservador. Bastaría con que fuera juez. Pero no. Sus opiniones previas sobre el aborto, sobre la privacidad, sobre las relaciones laborales y hasta sobre el medio ambiente "reblandecen" suficientemente la ley como para que su dictamen vaya en una dirección u otra. En el caso que ahora me ocupa, el nombramiento rompería el empate entre uno y otro bando, haciendo que los fallos sean diferentes a lo que serían si el empate se rompiera en la dirección contraria. 
No hace falta decir que algo parecido sucede en esos tribunales que nombra el gobierno de turno "a su imagen y semejanza". La ley será dura, pero parece que es maleable.
(Añadido el 9: en la misma dirección el caso del Ecuador con el ex-presidente Correa y el del Brasil con el ex-presidente Lula)

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