miércoles, 6 de junio de 2018

Son como animales

El presidente Donald Trump ha sido explícito el mes pasado al referirse a los inmigrantes indocumentados: "These aren't people. These are animals". No son personas, son animales, y parece que lo dice muy convencido, como casi todo. Tan convencido como el presidente Quim Torra quien, unos años antes, se refería a otros animales cuando escribía que “Ara mires al teu país i tornes a veure parlar les bèsties. Però són d’un altre tipus. carronyaires, escurçons, hienes. Bèsties amb forma humana, tanmateix, que glopegen odi”. O, por seguir con ejemplos de calidad, después, en 2016, la campaña xenófoba de Nigel Farage hasta la victoria del Brexit. En el fondo, late en todos ellos el truco que ya utilizó Arturo Montiel en su campaña de 1999 para llegar a gobernador del Estado de México con su eslogan "los derechos humanos son para los humanos, no para las ratas" y habían usado los nazis alemanes declarando sub-humanos (Untermenschen) a judíos, gitanos y homosexuales: despojarlos de su humanidad daba derecho a hacer con ellos lo que mejor les viniese en gana, sin ley, que, en definitiva, es lo que se suele pretender con la xenofobia, cosa que parece clara en el caso de Trump.
Hay, entre otros muchos, algunos casos un tanto peculiares y que hay que presentar con cautela so pena de ser etiquetado como xenófobo, en este caso, anti-judío. La cosa es que hay quien ha encontrado rasgos de xenofobia en las políticas apartheid del gobierno de Israel hacia los palestinos que justificaría actos como los recientes en Gaza: los que sufrieron el Holocausto lo practican a su vez, quizá como parte de  un “síndrome de Estocolmo”, sobre nuevas víctimas: de haber sido declarados sub-humanos por los nazis a declarar sub-humanos a los palestinos.
De todas maneras, el asunto de la xenofobia es algo más complicado, lo cual no quita que determinados políticos la usen para legitimar “popularmente” sus decisiones desde el poder, decisiones que no son, por necesidad, derivadas de tal asunto, sino que el tema se usa para legitimar lo decidido por otras razones.
Por decirlo en breve: practicar la xenofobia declarando animales o sub-humanos a determinadas categorías o grupos sociales es una forma de practicar comportamientos que tenemos en común con otros animales. Es decir, la xenofobia que declara animales a otros es una manifestación de hasta qué punto podemos ser animales.
Por lo visto, muchos otros animales tienen una reacción instintiva cuando encuentran a algo que les resulta diferente, sea porque pertenece a otra especie que puede ser invasora, sea porque, aunque pertenece a la misma especie, muestra características que le hacen poco predecible. Si el xenófobo se encuentra en inferioridad de condiciones, lo habitual es que huya, no sea cosa que sus recelos se conviertan en realidad. Si, en cambio, está en condiciones de superioridad, lo más probable es que ataque al diferente.
Los animales de la especie humana tenemos esa misma reacción ante el diferente. Es instintiva, común, como digo, con otros animales. Los neurocientíficos han encontrado en qué lugar del cerebro se produce esa reacción: en su zona más “primitiva”, más “animal”. En ese caso, o se sigue el ejemplo del bueno de Arquíloco que colgó su escudo en unos arbustos para evitar el enfrentamiento o se puede atacar de manera inmisericorde (y a ser posible con ayuda de otros de la misma manada) al diferente. Sin embargo, la diferencia está en que en zonas más “evolucionadas” del cerebro (el neocórtex) se produce también una reacción que evalúa racionalmente si, efectivamente, el distinto supone un peligro o es simplemente eso: distinto. Esta evaluación puede ser educada, en una u otra dirección. Se puede enseñar a una persona que ha tenido reacciones xenófobas, por ejemplo hacia los gitanos, que no hay tal peligro y, por tanto, que no hay fundamento para la reacción instintiva. Basta invitarle, como hice en su día, a una de sus fiestas. Pero también se puede enseñar a no dejarse llevar por tales argumentos racionales y, por el contrario, reforzarlos con noticias más o menos amañadas, argumentos de autoridad o simples tuits superficiales pero incisivos y movilizadores.
Desconozco qué hacen los otros animales al respecto, pero sí constato que los animales humanos tendemos a confundir la parte con el todo. Nuestra barbarie xenófoba, en efecto, consiste muchas veces en atribuir al conjunto lo que es propio solo de algunos de sus miembros. Esto último puede ser real (comportamientos rechazables), pero no es propio de todo el grupo, sean musulmanes, gitanos o españoles. 
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(El animalismo de la Casa Blanca ha provocado este excesivo titular:
THE REAL ANIMALS ARE IN THE WHITE HOUSE
El titular no es de recibo: son ganas de imitar a lo criticado. Pero el texto es interesante con todas las citas que aporta de dichos y publicaciones en la tal Casa Blanca) 

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