miércoles, 6 de junio de 2018

Culpables, falsos culpables y chivos expiatorios

La intervención de ayer del expresidente Aznar, ese que todavía no ha pedido disculpas, cosa que sí ha hecho su amigo Blair, por las mentiras proferidas para legitimar la invasión de Irak, dijo algo en lo que se podía estar de acuerdo. Vino a decir que la desafección política que se detecta en parte importante de la ciudadanía española (también catalana) no se debe a dicha ciudadanía sino al comportamiento que han mostrado los distintos partidos políticos, incoherentes, emocionales, nebulosos, egoístas. Bajo retóricas más que aceptables (todo eso del bien común, el interés general y tal), han ido emergiendo políticas observables no solo corruptas, sino, sobre todo, que mostraban mucho interés por el propio puesto en el partido y por el puesto del partido en las encuestas de intención de voto. De espaldas a los electores de quienes lo único que les podía interesar era su respuesta en una encuesta más o menos manipuladora.
Es epidemia. Las explicaciones del desinterés europeo hacia las instituciones llamadas europeas, es decir, de la Unión Europea, también han terminado reconociendo que algo tendría que ver la política seguida desde Bruselas (cité hace poco a Soros). La supuesta amenaza populista vendría como reacción a dichas políticas desde el centro o desde la cumbre.
¿Somos inocentes los ciudadanos? Creo que no. Generamos una cultura darwinista (del darvinismo social), practicamos con entusiasmo la superficialidad y banalidad de los tuits con los que descargar la agresividad provocada por la frustración, fomentamos una educación instrumental (que sirva para algo inmediato) y no reflexiva, seguimos con fervor los espectáculos (deportivos, políticos, circenses en general -también aquí-) pero sin percatarnos de lo que hay detrás (cherchez l'argent), descartamos estar informados (consumimos la información que afianza nuestros prejuicios) y, sí, tenemos un excelente chivo expiatorio sobre el que descargar todos nuestros males y enviarlo al desierto: los políticos que han hecho todo lo posible por merecer tal mérito.
Un elemento a no olvidar en este juego entre partidos de espaldas a la gente y gente de espalda a los partidos es el generacional. Los "millenials" (nacidos entre 1981 y 1996) pueden entrar en el esquema.
Los medios juegan su clásico papel de "gatekeepers", guardianes de las puertas por las que nos entran verdades, medias verdades y estadísticas (normalmente incomprensibles, pero muy valoradas). Hace ya muchos años Ignacio Ramonet decía que estar informado es trabajoso. Pero el caso es que no tenemos tiempo de dedicarnos a ese trabajo, ocupados como estamos en otros menesteres, amén del propio de "los de abajo" a los que se refería el personaje Emmanuel Goldstein en su tratado que se reproduce en el 1984 de Orwell: sobrevivir.
Una cita de Snowden sin comentarios:
“The government and corporate sector preyed on our ignorance. But now we know. People are aware now. People are still powerless to stop it but we are trying. The revelations made the fight more even.”
Bueno, dos. Primero, que puede ser un caso de "wishfull thinking". Y, segundo, que puede ser que más vale que algo se mueva a que todo siga quieto.

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