viernes, 8 de junio de 2018

Ardor guerrero

Son varios los intelectuales estadounidenses que han afirmado que la mayor amenaza para la paz mundial son los Estados Unidos. Ya comenté hace un par de días el puesto que ocupaba dicho país en el terreno de la militarización (junto a Rusia, Israel, Siria y Corea del Norte). Y las armas se tienen para ser usadas o, por lo menos, para servir de instrumento de amenaza. Tres fuentes para esa militarización.
En primer lugar, lo que Eisenhower, en su discurso de despedida de la presidencia, llamó el Complejo Militar-Industrial. Es el caso de la industria armamentística
U.S. weapons makers spend far more money on lobbying and campaign contributions than the domestic gun lobby: $162 million on lobbying and tens of millions in direct funding for members of Congress so far in the 2017-18 election cycle
En segundo lugar, una clase política militarista
No, it’s not the generals who have let us down, but the politicians to whom they supposedly report and from whom they nominally take their orders. Of course, under the heading of politician, we quickly come to our current commander-in-chief. Yet it would be manifestly unfair to blame President Trump for the mess he inherited, even if he is presently engaged in making matters worse
Last, but not least, el pueblo estadounidense, fácil de convencer por unos y otros según contaba Howard Zinn haciendo historia y que, por una vez, traduzco:
“Es importante reflexionar sobre cómo pudo el gobierno engañar tan fácilmente a tanta gente para que apoyara la guerra [de Iraq]. Creo que hay dos razones profundamente enraizadas en nuestra cultura nacional”. “La primera es la dimensión temporal, es decir, la falta de perspectiva histórica. La segunda es la dimensión espacial, es decir, una incapacidad de pensar más allá de los límites del nacionalismo”.
El nacionalismo, en efecto, estatal o subestatal, la única ideología realmente planetaria, es la guinda del pastel.
Y recuérdese la frase atribuida a Hermann Göring:
“La gente común no desea la guerra (...). Eso es obvio. Pero a fin de cuentas, son los líderes de un país quienes determinan la política, y siempre es una simple cuestión de arrastrar a la gente” lo cual “es fácil. Lo único que hay que hacer es decirles que están siendo atacados y denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo y por poner en peligro a la nación. Funciona en cualquier país”.
(Añadido el 13: las acciones de las grandes empresas armamentísticas cayeron visiblemente ante la vaporosa firma de un acuerdo inconcreto entre los gobiernos de los Estados Unidos y Corea del Norte en Singapur. Habrá que esperar a un nuevo enfrentamiento para que suban en Bolsa o, como se recuerda desde Irán, a que Trump cambie de idea. Los surcoreanos, en cambio, parece que practican el wishful thinking)

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