miércoles, 16 de mayo de 2018

Sin poblema entonces

Dos casos extremos de violencia de género: uno mínimo, el piropo, y otro máximo, el feminicidio. Solo que cantados a mitad del siglo pasado.
Vamos a lo menos problemático: el piropo. En esta vieja canción se exalta en la voz de Sara Montiel:
Le vi por la calle
pasó por mi lado me dijo un requiebro (léase, piropo) que fue de mi agrado. (le gustó, pues) No quise mirarle no fuera a zararle. (¿evitar un ligue? En todo caso, no sé qué es eso de "zararle") El me dijo: "Vida si usted me quisiera igual que en la gloria quizás que viviera" (pues vaya piropo) Y yo ruborosa me puse orgullosa. (rubor y orgullo, nada negativo).
En el otro extremo, el feminicidio. En voz de Carlos Gardel y que escuché en mi lejana infancia. El hombre, por amor, se ha hecho un hombre de bien, honrado y trabajador y padre de un hermoso niño, pero:
Pero una noche de Reyes,
cuando a mi hogar regresaba,
comprobé que me engañaba
con el amigo más fiel.
Y ofendido en mi amor propio
quise vengar el ultraje,
lleno de ira y coraje
sin compasión los maté!
La mata a ella, no a él. La cosa acaba con la pena por el dolor del niño:
Por eso, compañero, como hoy es día de Reyes,
los zapatitos el nene afuera los dejó.
Espera un regalito y no sabe que a la madre
por falsa y por canalla, su padre la mató!
Dos casos de agresión, una, suave, a la mujer (un simple piropo) y la otra un homicidio. Lo que me interesa es cómo era entonces, de alguna forma, aceptado y justificado. Hoy ambas canciones serían recibidas con rechazo y no te digo si formaran parte de unas fiestas populares organizadas por un ayuntamiento o, peor, si ese texto lo fuera de un rap. No han cambiado las costumbres: ha cambiado la cultura, las mentalidades desde las que se ven esos hechos. Entonces eran objeto incluso de música popular.

No hay comentarios:

Publicar un comentario