miércoles, 16 de mayo de 2018

Inestabilidad

Con frecuencia encuentro artículos que tratan de la crisis de 1. la globalización, 2. de la Unión Europea y 3. de la democracia. Hay argumentos a favor y en contra de tales propuestas. Normalmente el juicio que merecen depende de cómo se definan esos tres términos. Esta es una de las versiones posibles.
1. Hay muchas definiciones de globalización. Si por ello se entiende, por ejemplo, que algunos sectores de la economía son mundiales y no respetan las fronteras de los Estados, parece que no hay tal crisis. El sistema bursátil, en efecto, cubre el Planeta y resulta curioso ver cómo lo que empieza, por decirlo, en América, siguen en Oriente y vuelve a empezar desde Europa.
En cambio, si la globalización es la existencia de un mercado de mercancías que se mueven sin restricción por todo el mundo, la cosa ya no está tan clara si se constatan las tendencias a favor del proteccionismo en lo comercial y del nacionalismo en lo político. Tal vez valga la pena considerar lo que puede significar la presidencia de Donald Trump en este contexto: la negación de lo que pudo ser el proyecto deglobalización liderado por los Estados Unidos. Ahí sí que hay crisis, como la hay en la tendencia en contra de la creación de entidades supraestatales para gestionar las cosas comunes a la especie humana.
Para colmo, si el medioambiente es planetario, mundial o global (táchese lo que no proceda), el modo con que los diferentes gobiernos se saltan a la torera los acuerdos internacionales poniendo los intereses “nacionales” por delante de los planetarios, indica hasta qué punto hay proceso de globalización o no.
2. Si las tendencias que se pretende reflejar en el epígrafe anterior son correctas, parece obvio que la Unión Europea, como entidad supra-nacional, tienen que estar en crisis si por tal se entiende la tendencia hacia la profundización de las relaciones supra-estatales que buscan la creación de dicha entidad.
Si por Unión europea se entiende una unión comercial (la “Europa de los mercaderes”), el proteccionismo parece ser una tendencia a su contra. Pero si por UE se entienden determinados valores (libertad, igualdad, fraternidad y, en general, democracia liberal) basta ver cómo están funcionando los procesos electorales en sus miembros para ver que los euroescépticos van tomando posiciones no solo en los parlamentos (tal vez con la excepción de Portugal, España y, de momento, Irlanda), sino incluso en los gobiernos, en especial en lo que fue la Europa del Este. Hungría, Polonia, Italia, Alemania, Austria son, tal vez, los más claros y, por supuesto, el Reino Unido sería el mascarón de proa de esta crisis, se resuelva el Brexit como se resuelva.
3. La palabra democracia suele pedir un adjetivo para saber de qué estamos hablando. En las Españas hubo democracia orgánica mientras en la URSS había democracia popular. Quizá sufrieron una crisis terminal, aunque no lo tengo tan claro viendo algunos ejemplos en los que la separación de poderes de Montesquieu brilla por su ausencia, el respeto a las minorías no llega ni a ser simple retórica y sí es retórica lo de “gobierno del pueblo”, pueblo al que se le engaña, se le manipula y cuya inteligencia es objeto de burla sistemática por parte de los “padres de la Patria” y su idea de que no es que el pueblo no se equivoque nunca: es que el pueblo es tonto y se le puede tratar como tal.
Desde este punto de vista sí se puede decir que la democracia está en crisis, y se puede argumentar, cifras en mano, que dicho sistema no goza de buena salud, y, aunque globalizado, su calidad deja mucho que desear, se deteriora. Pero es que, encima, no queda claro si lo que se extiende y afianza es una simple democracia formal, ritualista, pero sin contenidos que impidan el fascista “los jefes nunca se equivocan”.
Cuando se escuchan, desde Madrid, soflamas sobre el carácter democrático del sistema español y se contrastan con las soflamas sobre el carácter democrático del proceso independentista catalán, lo menos que se puede pensar es que alguno, si no los dos, representan esa crisis a la que me estoy refiriendo.
1, 2 y 3 están relacionados, aunque cada cual tiene su lógica. Pero el resultado de estos tres grupos de dudas es una más que evidente inestabilidad por lo menos en nuestras percepciones de lo que pueda estar sucediendo. Si, como decía el clásico, “esse est percipi”, el ser es ser percibido, la tenemos clara.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Leo, por primera vez, la palabra Gerxit, sobre la salida de Alemania por lo menos del euro. También, por primera vez, leo “Des-Brexit”. Y por lo que respecta a la globalización, aspectos en los que está en retirada y aspectos en las que sigue en sus trece, aquí)
(Se expresaba así al comienzo de un artículo en El País:
Saltan las alarmas, el edificio democrático se vacía, amenaza ruina y sus piedras caen a nuestros pies mientras tememos la que pueda aplastar nuestra cabeza. El final de época está a la vista y la sensación de desamparo estremece. ¿Qué pasará? 
Se refiere a las Españas, y no es el único, pero puede aplicarse a otros contextos)
(La inestabilidad tiene algunos factores concretos como la situación del sistema financiero mundial -Argentina incluida-, el precio del petróleo, el aumento de la belicosidad con un evidente precipitante o gota que colma el vaso: Trump)

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