lunes, 7 de mayo de 2018

Gato escaldado (II)

Hace unos días mostré mis dudas sobre la presentación de Netanyahu en la que "mostraba" las "pruebas" sobre un programa nuclear iraní. Mi argumento era muy sencillo: los antecedentes de aquella presentación de Colin Powell que "mostraba" las "pruebas" sobre un programa iraquí de armas de destrucción masiva que después se demostró inexistente sin que sus voceros hayan pedido disculpas (excepto Tony Blair) por aquellas mentiras. La organización de Naciones Unidas sobre las armas nucleares ha mostrado las falsedades de la presentación de Netanyahu. Mapas antiguos, documentación no presentada y falta de indicadores creíbles. Y sospechas de que se tratase de un episodio en medio de una campaña más amplia no necesariamente a la luz del día.
Demos un salto en el tiempo sin salir del espacio en el que vivo y cuyo pasaporte llevo. A comienzos de la ahora denostada Transición de la dictadura a la democracia, el gobierno de UCD y su presidente Adolfo Suárez tuvo un problema con el Partido Comunista de España: no podía legalizarlo sin malquistarse a sectores importantes de la sociedad española (militares franquistas incluidos) y, al mismo tiempo, no podía menos que reconocer el peso que tal partido había tenido bajo el franquismo y, sobre todo, el peso que entonces tenía en sectores importantes de la sociedad española. No podía legalizarlo mientras el secretario general de dicho partido (Santiago Carrillo) deseaba que tal cosa se produjera para hacer oficial lo que era real a nivel de calle. ¿Solución? Muy sencilla: negociar. Gracias a un mediador (por cierto, un empresario, detentador de los medios de producción) ambos personajes pactaron cómo hacer la legalización incluyendo hasta los insultos que cada cual tenía que pronunciar contra el otro, cosa que cada bando dio por buenos (franquistas, rojos, vendepatrias, carcas, fachas y todo aquello). Y se legalizó en abril del 77 (nota: muerte de Franco en noviembre de 1975; primeras elecciones democráticas en junio de 1977; fracaso del PCE en las mismas, sobrepasado por el PSOE).
Vayamos a la actualidad. Me refiero a la ceremonia en la que ETA (Euskadi Ta Askatasuna, Patria Vasca y Libertad) confirmaba su disolución en un "proceso" (palabra importante) que se inició con el "alto al fuego" de 2006-2007 (con bache -y más que bache- a los pocos meses con el atentado en la T4 del aeropuerto de Barajas) y, sobre todo, en 2011. También lo he tratado hace muy poco. ¿Donde está mi duda ahora? En las posiciones del gobierno del Partido Popular y las declaraciones de su presidente, Mariano Rajoy. No es impensable, vistos los antecedentes, que haya habido acuerdos "bajo manga" entre gobierno y ETA, pactando los insultos por un lado y la negativa a acercar a los presos de ETA al territorio del País Vasco y los silencios por el otro. ¿Exagerado? Véase, eso sí, para subscritores, la entrevista que se publicó ayer en mi periódico (Información, Alicante) a Manuel Avilés, exdirector de la prisión de Nanclares de Oca en los noventa. El periódico destaca una frase: "El PNV ha puesto el fin de la dispersión de presos en el pacto de los Presupuestos del Estado". Me lo suponía, como ya escribí el viernes pasado. Lo que no imaginaba es que el PNV fuera a tener un papel en ello. Y tiene, como antecedentes más o menos públicos, las negociaciones con ETA del gobierno de Zapatero (PSOE) como las había habido antes en el gobierno de Aznar (PP) en 1998 (otra cosa es cómo jugó la oposición en un caso y en el otro, pero esa es otra historia).
Una vez más, antes de entusiasmarse con las proclamas de los políticos, mejor tomarlas cum mica salis, no vaya a ser que nos vuelvan a engañar, sabiendo, como saben, que solemos ser incautos. Y recuérdese que "comparar no es probar".

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