martes, 15 de mayo de 2018

El pasado vuelve inútilmente

Me referí ayer a los tuits xenófobos que se aventó en su día el ahora ya presidente del gobierno autónomo de Cataluña. En la sesión de investidura en el parlamento catalán de ayer se leyeron algunos artículos del mismo autor y en la misma dirección. Pedir disculpas no añade nada, sino solo muestra otro oportunismo propio de políticos y no solo de políticos. Si no quisiera ser presidente estéticamente aceptable, no habría pedido tales disculpas. Es lo que piensa y no parece que tenga argumentos sólidos para dejar de pensar lo mismo. En resumen: al no ser de su grupo (aunque "vivan y trabajen en Cataluña"), los charnegos (catalanes sin pedigrí) son objeto de desprecio y los catalanes no-nacionalistas objeto de escarnio. Y no te digo los españoles.
Me encuentro ahora un caso parecido, solo parecido: el del jefe de gabinete del actual gobierno estadounidense del que, en plena oleada de "Black lifes matter", se conocen sus opiniones expresadas ante los medios sobre la esclavitud (de los negros) en su país que pueden aplicarse ahora a lo que se puede hacer con los inmigrantes (más o menos clandestinos) a su país. En resumen: al no ser ciudadanos, se puede hacer con sus familias lo que se quiera (por supuesto, separar a sus miembros y dejar a cada cual a su manera).
El poder todo lo lava y no pasa nada ni en un caso ni en el otro, aunque opiniones tan extremas no sean las más apropiadas para una democracia pluralista, no etnicista o racista. Y un mínimo de humanitaria, en todo caso.
(Añadido el 17: a Pablo Iglesias, líder del partido Podemos, que se compra un chalet de segunda mano por 600.000 euros, se le recuerda cómo criticó a Luis de Guindos, entonces ministro ahora en el BCE, cuando se compró un apartamento por 600.000 euros)

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