viernes, 9 de febrero de 2018

VIX

Una entrada fugaz me hizo dedicar ayer un buen tiempo a ver qué diablos era eso del índice VIX que pretende medir la volatilidad de los mercados financieros (si está bajo, todo el mundo contento; si está alto, todo el mundo se asusta, tiene miedo y cunde el pánico). Entendí poco del asunto y, todavía menos, de los complejos vericuetos estadísticos mediante los cuales se calcula. San Google respondió fielmente a mis oraciones.
Hoy veo que mis motivos eran fundados: VIX se muerde la cola y se convierte en efecto, pero también causa, de la volatilidad de estos días. Su inventor teme que tal cosa se esté produciendo.
Comprensible: el sistema financiero es, junto al medioambiente, algo mundial y,  por muchos ordenadores que se pongan en marcha, resulta muy difícil, si no imposible, abarcarlo. Hacer un fetiche de los instrumentos para iluminar en algo una cosa tan inabarcable, es, pues, comprensible. Pero el riesgo es el que se ha visto: lo que, en teoría, reflejaba la realidad, se convierte en parte de esa realidad y la afecta como cualquier otro factor, como la amenaza de un cambio en los tipos de interés o una vuelta a la inflación en el país central.
Efecto: 3 billones de dólares (trillion en inglés) evaporados en una semana de volatilidad del Dow Jones.

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