lunes, 12 de febrero de 2018

Nacionalismo olímpico

Se supone que los juegos olímpicos, siguiendo la tradición de Olimpia, son una exaltación de lo común por encima de lo particular teniendo en cuenta que entre lo particular está el localismo de ser espartano o ateniense. 
Cierto que, en esta edición, ha habido un caso especial: deportistas de las "dos" coreas desfilando juntos bajo una sola bandera mientras, en paralelo, se produce un acercamiento entre sus respectivos representantes llegando a estrecharse las manos y eso que se supone que siguen estando en guerra.
Pero lo normal (es decir, lo más frecuente) es que cada cual hable de la feria según le haya ido (a su país) en ella. Caso francés, por ejemplo, con Le Monde ayer. O caso estadounidense con el Washington Post también de ayer. Y caso especial, el vicepresidente estadounidense levantándose unicamente ante su país y no haciéndolo ante ningún otro (nueva versión del second to none de Reagan). Los tres periódicos españoles que he ojeado (de ojo, no de hoja), andan más ocupados con el fútbol local, excepto, secundariamente, para la recuperación de Queralt Castellet, noticia "humana" más que "nacionalista". Obvio.

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