lunes, 5 de febrero de 2018

Depresión post-Davos

Así titula Joseph Stiglitz su comentario sobre lo que ha sido este año el Foro Económico de Davos al que asiste desde 1995. Este es el resumen que él mismo hace:
The CEOs of Davos were euphoric this year about the return to growth, strong profits, and soaring executive compensation. Economists reminded them that this growth is not sustainable, and has never been inclusive; but in a world where greed is always good, such arguments have little impact.
Los altos ejecutivos no fueron capaces de enfrentarse a los problemas (reales) que vive el Planeta y se quedaron encandilados con el crecimiento, los beneficios y sus propios ingresos. En su ayuda seguro que pudieron estar los "nuevos optimistas" a los que ayer dedicó El País (Madrid, edición en papel) 3 páginas y al que también se refería mi diario local Información.
El argumento de estos "nuevos optimistas" es impecable: hay muchas variables en las que se ha mejorado a escala mundial (otra cosa es cómo les haya ido a cada una de las partes de ese mundo), algunas importantes como la pobreza, otras locales como el uso de la lavadora. Por otro lado, dicen, los apocalípticos, los que solo ven lo negativo, no aportan soluciones. Eso sí, añado, los "optimistas" no aportan problemas... y ahí se encaja con el artículo de Stiglitz.
Hay motivos para dudar de estos "nuevos optimistas", visto qué es lo que defienden explícitamente y cómo su efecto es claro: no hay que hacer nada ya que nos dirigimos, si no al panglossiano "mejor de los mundos posibles", sí a un mundo mejor o, por lo menos, menos malo. Ese es su núcleo duro (y ya me hice eco aquí de alguna de sus propuestas en el terreno de la violencia y, antes, me enfrenté al asunto en mi Violencias ocultadas publicado en Quito en 2003), pero no hay problemas importantes que resolver. Y cuando no se quiere resolver los problemas (reales), hay motivos para deprimirse como Stiglitz. Porque aumentarán y será porque no se ha hecho lo que se podía hacer para resolverlos, encantados como estábamos con lo bien que ha mejorado el mundo. 
Pero que haya mejorado no quiere decir que no haya problemas que resolver incluso para los altos ejecutivos. En todo caso, problemas en Yemen, Mali, Mianmar y, en general, en Oriente Medio. En Palestina. Con los emigrantes y buscadores de asilo. Con las víctimas de ataques diversos, más o menos terroristas, más o menos ideologizados. Con los desempleados, precarios, temporeros y con los trabajadores que cobran por debajo de la línea de la pobreza de su país. Con los presos políticos. Con casos de Gran Hermano (Big Brother is watching you). Solo por poner algunos casos que no permiten sentirse optimistamente satisfechos. ¿Cambio climático? ¿Quién no se alegra del cambio climático? ¿Los osos polares?¿Y el mercurio bajo los hielos que se están derritiendo? Igual hasta eso es para bien.
(Añadido el 6: Al descalabro de Wall Street de ayer, le han seguido las Bolsas asiáticas y, ahora, a la apertura, las europeas. A eso se le llama globalización)

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