domingo, 28 de enero de 2018

Supervivientes compasivos

La tentación del síndrome de Estocolmo, esa identificación con el agresor con que algunas personas resuelven el haber sido profundamente maltratadas, ha sido superada claramente, en el día de la Memoria de Víctimas del Holocausto, que fue ayer, por algunos de los supervivientes de este. Fueron terriblemente perseguidos y no quieren que su gobierno haga lo mismo con más de 30.000 inmigrantes/refugiados africanos, etíopes, y los expulse de Israel. Lo cuenta Ha'aretz y vale la pena recorrer los titulares del día, en particular los referidos a Polonia. Ignoro cuántos de esos africanos son falashas y uso el término no en el sentido de extranjero, sino de los Beta Israel, una de las tribus perdidas, reconocidos en 1975, y que resultan ser negros (¿este sionismo es racista?).
He escuchado por la radio, esta madrugada, una entrevista a uno de aquellos supervivientes. Longevo, con biznietos, confiesa haber perdido la fe en aquellas circunstancias de los campos de concentración. 
No es cuestión de fe (como pretenden algunos ultraortodoxos) sino de humanidad. Y se incluyen los palestinos, en particular los que pueden perder las ayudas exteriores que les permiten sobrevivir y en concreto los de Gaza. Si no sobreviven, los ultraortodoxos del Eretz Israel lo tendrán más fácil, lo cual añade un posible calificativo más a los sionistas, cosa que, evidentemente, estos supervivientes no son.
(Añadido el 4 de enero: traducción al castellano de un artículo de Gideon Levy publicado originalmente en Ha'aretz. Habla sobre esta expulsión de refugiados (¿no judíos?) y de las que le seguirían: primero, la de los parlamentarios árabes en la Knesset, el parlamento israelí, y, después, la de todos los palestinos)

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