martes, 30 de enero de 2018

Le llamaban democracia (3)

Los sistemas electorales, en teoría, son un instrumento para trasformar votos en poder, sea este a través de escaños o, directamente, en puestos de gobierno. En la práctica, muchas veces, son un medio para obtener gobiernos con relativa facilidad y con visos de estabilidad, independientemente de su reflejo de la realidad electoral a la que pueden distorsionar en aras de esa estabilidad. Es la diferencia entre sistemas proporcionales (se busca que el porcentaje de escaños se corresponda lo más posible con el de votos) y sistemas mayoritarios (el que más votos tiene, gana, aunque solo le haya votado un 30 por ciento del electorado). Obvio: estos últimos son menos "justos" que los anteriores, aunque siempre hay modos de conseguir mayores desfases entre votos y escaños, cosa que se puede conseguir atribuyendo pocos escaños a cada circunscripción. Resumiendo: nunca hay reflejo perfecto entre las voluntades de los electores y los resultados obtenidos por esos votos, una vez trasformados por las diferentes leyes electorales y teniendo en cuenta las diferencias entre sistemas presidenciales y sistemas parlamentarios.
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Pero hay un extremo extremo: el gerrymandering, la creación de circunscripciones electorales en sistemas mayoritarios de modo que se garantice que los votantes de quien crea tales circunscripciones consigan la mayoría. Para ello, se pueden dibujar las circunscripciones más absurdas con tal de conseguir tal objetivo. Es el caso, siempre en discusión, de los Estados Unidos, de nuevo sobre la mesa.
Sin llegar a tanto, el sistema d'Hondt, que se usa en España (elecciones autonómicas incluidas, es decir, también en Cataluña), ya de por sí algo "injusto", se convierte en más "injusto" cuando las circunscripciones tienen un mínimo de escaños a cubrir, con lo que las pequeñas circunscripciones casi se convierten en mayoritarias (eso explica que, en el caso catalán, el porcentaje total de votos de los secesionistas sea inferior al porcentaje final de escaños en su parlamento). 
En todo caso, lo que conviene preguntar, además de cómo se elige al candidato, es sobre los medios que los partidos usan para nombrar a sus candidatos, desde primarias (con sus problemas de manipulación en el caso estadounidense) hasta nombramiento libre por parte del líder del partido, el "dedazo" o nombramiento de un sucesor "tapado" por parte del cargo saliente por agotamiento de su tiempo en el cargo. Cuando es el líder el que se nombra a sí mismo en un sistema mayoritario con oposición amordazada y/o fragmentada, la cosa se pone fea para la democracia.

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