lunes, 29 de enero de 2018

Le llamaban democracia (2)

Como ya conté, una forma bastante sencilla de reducir el nivel de democracia en un sistema político concreto consiste en insuflar abundante dinero para que o la contienda electoral venga sesgada por las diferencias de medios propagandísticos o los efectos de tal contienda lleven a responder a los intereses de los donantes y no de los votantes. Pero hay más.
Una democracia, se sabe, es un sistema en el que partidos suficientemente competitivos buscan el voto de un electorado suficientemente informado. El que algún partido se sepa representante de dios en la tierra o único posible representante de la "gente" o el "pueblo" o la "nación" o el "sentido común", no ayuda mucho ya que tenderá a usar medios legales e ilegales para impedir que el error (de los demás) tenga las más mínimas probabilidades de sustituir a quien está en el poder por derecho divino o histórico o sociológico.
En este ultimo caso, los gobiernos disponen de algunos mecanismos legales (más o menos legítimos, pero siempre legales) para evitar que el error se salga con la suya. Puede, por ejemplo, detener a los que tienen puntos de vista diferentes del propio (cosa harto probable, pero no peligrosa), pero que, además, tienen probabilidades de ganar la partida a quienes están en el gobierno. Dos casos recientes:  uno, la detención, en Rusia, de un líder opositor al que algunas encuestas daban como triunfador frente a Putin. Motivo: alteración de orden público. Y dos, el recurso al principio de la no-doble militancia para ser candidato en Venezuela, con lo que se impide que la MUD pueda presentarse, con probabilidades de éxito, como coalición de partidos que, por separado, poco tienen que hacer frente al gobierno.
El problema se presenta cuando hay dos fuentes de verdad absoluta frente al error ajeno, pero en instancias políticas diferentes. El gobierno español usa de la ley para evitar el error de los secesionistas catalanistas mientras estos, tan imbuidos de verdad como los anteriores -probablemente, más-, usan de otra ley para evitar el error de los unionistas españolistas. Que los primeros no representan a Cataluña, sino a una parte de ella (y probablemente no mayoritaria en votos, aunque sí en escaños) y los segundos estén prácticamente ausentes electoralmente en dicho territorio, es algo, a lo que se ve, irrelevante para ambos. Lo relevante es que se creen tocados por el dedo de la Verdad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario