miércoles, 19 de septiembre de 2018

DUI

DUI significa “declaración unilateral de independencia” y recuerda lo que hace un año se discutió al respecto en Cataluña. En la pasada conferencia del President, le escuché repetir esa idea de que la independencia llevaría a Cataluña a mejores condiciones no solo políticas sino, sobre todo, sociales y económicas. Caricaturizando, se trataría de llegar al Paraíso por el camino de la independencia, cosa que, muy bien organizada por cierto, se remacha desde movilizaciones que comenzaron con la pasada Diada y van a seguir, parece, durante bastante tiempo.
No los he leído, ni creo que los hayan leído la mayoría que opina sobre el asunto, pero reputados profesionales han afirmado (con base empírica, por supuesto) cosas contradictorias al respecto. Por un lado, tenemos a Xavier Sala i Martin, economista, que, en su libro És l’hora del adéus, explica las ventajas que la independencia traería a Cataluña, asunto en el que cuenta con el apoyo de prestigiosos economistas catalanes desconocidos para mí, pero que trabajan en los Estados Unidos y que han formado el llamado Col·lectiu Wilson que ha sido autor de numerosas publicaciones al respecto. Por otro lado, está el libro de Josep Borrell, actual ministro de Asuntos Exteriores y de pasado académico internacional, Las cuentas y los cuentos de la independencia, publicado al año siguiente y que se dedica a desmontar tales pretensiones. Dato sobre dato uno y otro. Y creyentes a pie juntillas en una u otra de las posibilidades: irse o quedarse, sin entrar en el proceloso mundo de las leyes y las soberanías, en si hay que obedecer a lo que diga la mayoría del Parlament o hay que obedecer las leyes en que se mueve dicha institución, incluidas las propias. Todo ello con independencia de lo que se piense sobre los políticos presos o presos políticos (táchese lo que no proceda), asunto sobre el que, de nuevo Borrell, ha opinado y ha sido interpretado y reinterpretado arrimando cada cual el ascua a su propia sardina.
Lo que sí he leído y constatado es que, muchas veces, la discusión sobre ventajas y desventajas se centra en la DI, declaración de independencia, saltándose el espinoso problema de la U, la unilateralidad. No sólo qué se busca (sea o no el Paraíso), sino cómo y por dónde se busca, cosa que puede tener consecuencias mucho más problemáticas. Así que tengo que volver a la comparación obligada a pesar de las muchas diferencias entre una y otra: el Brexit que, efectivamente, puede ser pactado (bilateral) o “duro” (unilateral). Si entiendo bien, el “hard Brexit” deja intacta la soberanía británica y mantiene igualmente intactos, si no crecidos, la identidad y el orgullo nacionales. Lo que sucede es que la opción “dura” puede tener consecuencias catastróficas en el terreno económico. Digo “puede” porque no estamos en el reino de las certezas, sino en el de las predicciones y previsiones. Pero sí es claro que una parte muy importante de la población británica estaría por la cuestión: es lo que quieren, a saber, irse como sea. Tal vez sin demasiada información, pero sí encendida por los sentimientos nacionalistas-populistas que van ganando terreno en su denostada Unión Europea como se ha visto en las pasadas elecciones en Dinamarca.
La DUI, en el Catalexit, muestra algunos paralelismos interesantes. Primero, y como ha reconocido el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso (Madrid). Tengo mis dudas sobre la noticia, pero esto es lo que podría haber dicho: "Si hay algún independentista ingenuo o estúpido que cree que puede imponer la independencia al 50% de catalanes que no lo son, es evidente que está equivocado". Nadie puede hablar en nombre del “pueblo de Cataluña” o su “nación”. Como en el Brexit. Segundo, la cuestión es la independencia (de Madrid o Bruselas), pero mucho más importante, por las consecuencias que tendría, es el cómo se consigue. ¿DUI, como se dijo hace un año e inmediatamente se retractó? Catastrófico. Y, tercero, fascinante que tanta gente (millones) ponga delante sus sentimientos identitarios (¿suicidas?) por encima de las cosas de comer. 
A malas (que eso es el DUI o el “hard Brexit”), el que tiene las de perder es el que se va, por más que se aireen las descripciones idílicas de cómo estaríamos si, simplemente, pasásemos de cómo estamos ahora a ese Paraíso del que hablan en público. La transición en el terreno de presupuestos, pensiones, seguridad social o impuestos (y eso que “España nos roba”) se haría teniendo en cuenta los intereses de los que se quedan.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

Los detalles cuentan

A propósito del Brexit, un Comité Consultivo sobe las Migraciones (MAC) ha emitido un informe proponiendo los criterios de admisión de inmigrantes que tendría un gobierno británico si queda fuera de la Unión Europea. La discusión es interesante pues muestra hasta qué punto las grandes proclamas nacionalistas sobre la independencia tienen que llegar, tarde o temprano, a enfrentarse a la "rugosa realidad". 
Vale también para el Catalexit, aunque allí la retórica dominante es tan vaporosa que es difícil saber si alguien ha bajado al terreno de esa "rugosa realidad", quedándose en las promesas de una Arcadia feliz que hacen los secesionistas y la amenaza de un Infierno de azufre que profieren los unionistas. Pero sin argumentar ni unos ni otros, como se dice, "con peras y manzanas", es decir, con cosas, no solo con sentimientos.
La cuestión de la inmigración, que tantas pasiones despierta en el terreno de los sentimientos identitarios nacionalistas (recuérdense los textos del actual President catalán, Quim Torra al respecto) y en el de la defensa del empleo por parte de quienes temen perderlo ("British jobs for British workers"), cambia radicalmente cuando se ve desde el prisma de los empresarios y los profesionales. Los sectores del trasporte, la construcción y la sanidad rechazan de plano esas propuestas, pero el rechazo llega hasta las asociaciones de arquitectos que recuerdan que uno de cada cinco arquitectos que trabajan actualmente en el Reino Unido son originarios de otros países de la Unión Europea.
Inútil discusión. Se puede discutir sobre medios, fines y la adecuación entre unos y otros. Lo que no se puede es discutir sobre sentimientos: "esa chica, de la que estás perdidamente enamorado, no te conviene".

martes, 18 de septiembre de 2018

Ejercicio matutino

Los dos textos, publicados ayer, tratan de lo mismo: de la participación del ex-presidente Zapatero en los asuntos venezolanos. 
Uno es de El Mundo
José Luis Rodríguez Zapatero provoca un terremoto en Venezuela con su apoyo a Nicolás Maduro
Y el otro de La Vanguardia
 Zapatero ve nuevas condiciones para reiniciar un diálogo en Venezuela
Las diferencias no están solo en el titular sino que, si se va a cada texto, casi parece que están hablando de dos cosas diferentes. Un entretenimiento matutino puede consistir en constatarlas.

lunes, 17 de septiembre de 2018

La crisis de 2020

20-20 fue, hace ya algún tiempo, horizonte de prever que ahora se convierte en algo a prevenir. Se encarga Nouriel Roubini, que supo ver la que se inició simbólicamente con lo de Lehman Brothers hace diez años, de advertir del riesgo inminente si no se toman algunas decisiones, algunas imposibles.
Son diez los factores que enumera y que llevarían a esa recesión y crisis financiera. Algunos tienen nombre propio: Donald Trump y alguna de sus políticas. A ellas me refiero como las que, de momento, parecen imposibles de cambiar, incluso si en estas elecciones parciales estadounidenses los del Partido Demócrata consiguieran las perdidas mayorías en las Cámaras y se lanzaran al problemático ejercicio del impeachment de momento impensable.
Que no cunda el pánico. Roubini acertó con 2008, pero eso no le confiere la capacidad absoluta de anticiparse al futuro... que no es tan lejano. Pero como bien saben los economistas que algo saben del comportamiento humano (y no solo de modelos matemáticos, más o menos ideologizados), los fenómenos de pánico son de difícil control.

domingo, 16 de septiembre de 2018

Un paso más

Mientras el presidente Maduro visitaba la China (y Sputnik Mundo intentaba explicar qué estaba buscando, cosa nada difícil de imaginar), desde la Organización de Estados Americanos (OEA), según contaba RT o Le Monde,  no se excluía la posibilidad de una intervención militar (no me queda claro de quién) para quitar a Maduro del gobierno, al que se le hacía culpable de la crisis humanitaria del país.
Estas noticias se añaden a lo ya contado aquí sobre noticias confusas en torno a posibles negociaciones venezolano-estadounidenses (estando el lado venezolano representado por militares cuya situación tampoco estaba muy clara, como tampoco estaban claros los tiempos). 
Cierto que Maduro no es Chávez en lo que se refiere al apoyo militar (por eso ha puesto a tantos militares en puestos clave: para comprar a los que se puedan vender), pero esta nueva noticia me da muy mala espina. Es desde los Estados Unidos donde también se ha dicho que la solución no es militar. Eso dicen en el American Conservative.
(Obsérvese que, en tan pocas líneas, aparece la China, Rusia y los Estados Unidos. Bueno, sí, y la OEA)

sábado, 15 de septiembre de 2018

Bis in idem

Vuelvo al tema de anteayer, cayendo así en lo que critico. 
Resulta que, según mi costumbre, vi anoche dos telediarios españoles sucesivos (una cadena privada y una pública) y esta mañana me he echado a los ojos dos editoriales de dos periódicos madrileños, El País y El Mundo (el ABC que veo en digital hoy no me deja claro si tiene editorial al respecto, pero sí se ven editoriales anteriores y abundantes colaboraciones sobre la cuestión). 
¿Y de qué va la tan trascendental tema -tema en femenino, sí-? Pues de la tesis del presidente del gobierno, cuyos detalles fueron puestos en duda por un líder de la oposición y fue, inmediatamente, recogido por estos medios, amén de otros digitales. El asunto se inscribía en los tres escándalos que ya habían llevado a dos, no a tres, dimisiones, una de una gobernante local (PP) y otra de una ministra (PSOE). Algunos de los comentarios demuestran un profundo, si no culpable, desconocimiento de las normas que rigen matriculaciones en cursos y obtenciones del certificado correspondiente. Es política y, por lo visto, en política todo vale, incluido el desprestigiar una institución como la universitaria usando mala información y artera generalización.
Sin embargo, y siendo cierto y de juzgado que existen chiringuitos universitarios en los que lo que cuenta es el poder y el dinero y poco más, la tónica general es bastante más seria y formal de lo que esos episodios hacen creer. Ni todos los políticos son unos "hincha-currículum" ni todos los masters son una engañifa para regalar a los amigos ni todos son gestionados como si se tratara de un grupillo de narcotraficantes. Que hay un problema en las universidades, sí. Pero que no está tan generalizado como pueden hacer creer estos escandalillos (porque muy importantes no los veo a pesar de la machacona insistencia con que se nos describen o se suponen intenciones o se confunden normas con aplicaciones).
Hay, de todos modos, algunas cosas que sí me parecen indicativas de lo que está pasando.
Primero, la "titulitis" y la tendencia a hinchar currículos creyendo que así se "vale" más en un mercado de oferta y demanda. Enternecedor cómo algunos currículos de políticos han sido retocados muy recientemente por propia voluntad o por intervenciones académicas, reduciendo las auto-adjudicaciones de tales títulos. 
Segundo, la epidemia (observable, estoy seguro, en todas las carreras universitarias y en los últimos niveles pre-universitarios y, a lo que me cuentan quienes siguen en activo, de total presencia en la actualidad) de "copiar y pegar". Puedo contar anécdotas de hace diez años cuando tenía como práctica habitual intentar detectar los plagios en los trabajos que me presentaban los estudiantes. Incluyen a un guardia civil, estudiante de doctorado. El primer caso que tuve fue particular: suspendí a la alumna por haber plagiado y recurrió al defensor del estudiante que me explicó que "si no lo había puesto en la guía docente" no podía suspender a nadie porque hubiera copiado. De nada sirvió que el contara que, en algunas universidades estadounidenses (esas a las que se mira con devoción algo bobalicona), el plagio suponía expulsión automática. No pude suspenderla gracias al "defensor". El caso más sencillo, el de una alumna que me preguntó cómo había descubierto su plagio (en aquellos tiempos no se disponía de herramientas informáticas para detectar tales malas prácticas y había que hacerlo, como quien dice, a mano): le mostré una palabra que ella usaba en su trabajo, me dijo que no sabía qué significaba y le dije que yo sabía que ella no sabía qué significaba, así que tenía que haber copiado de algún sitio que, por cierto, no me costó mucho encontrarlo gracias a San Google, un santo muy milagrero.
Y, tercero, además del "todo vale en política", la facilidad con la que escandalillos como este ocultan escándalos de mucho más calado. Ya me referí a él para el caso español: las diferencias entre el ministerio de Defensa y el de Asuntos Exteriores a propósito de la venta de armas de precisión -lo de precisión es para que quede claro que no van a matar niños, supongo, y el que se lo crea, que se lo crea- a Arabia Saudita que en un primer momento se canceló para después reactivarlo y, así, evitar que ésta cancelara a su vez el contrato para construirles cinco fragatas -supongo que de precisión- en factorías españolas. Poderoso caballero es don dinero, ya dije. Aun a costa del armamentismo. O, si se prefiere, hay que mantener los puestos de trabajo aunque se estén perdiendo en otros sectores y no pase nada. Habrá que hacer un máster.
¿Y qué hacer con las demandas de asilo e inmigración ilegal, ahora que España es el primer destinatario de ese tráfico inhumano en el Mediterráneo? De nuevo, como en el caso de las armas, una enorme dificultad para conjugar el control de fronteras, la actividad humanitaria y la defensa de la vida. Habrá que hacer otro máster.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Así de complicado

En España se discute acaloradamente sobre trabajos académicos plagiados o comprados a chiringuitos que los venden. Mientras, se decide seguir vendiendo armas a Arabia Saudita que, con toda probabilidad, las utilizará en Yemen, colaborando así con la catástrofe humanitaria que está suponiendo esa intervención que también tiene el apoyo de los Estados Unidos: muertes de civiles, "inseguridad alimentaria", desplazados. En los Estados Unidos hay quien cuestiona tal apoyo a una intervención que ha producido más de 10.000 muertos (20 por ciento niños) y ha causado 15 millones de casos de "inseguridad alimentaria" en un país de 23 millones de habitantes. 
En España, como se dice a propósito de la venta de armas a Arabia Saudita, el gobierno "solo mira a Cádiz" y la posible pérdida de un contrato que, de producirse, traería consigo pérdidas de puestos de trabajo no solo en Cádiz, sino también en el Ferrol. Me referí al asunto hace un par de días y ya traté sobre el papel que la industria del armamento tiene en la economía y la política de los Estados Unidos. Y siguen publicándose datos al respecto.
Pero así son las cosas. No importan mucho unos muertos más o menos o unos miles de hambrientos más o menos. Las reglas del juego son muy estrictas y se sabe a favor de quién se juega en cada caso. Volvamos pues a lo que cualquier docente interesado en su trabajo sabe: que el "copia y pega" se ha hecho epidémico y que, siguiendo las reglas del mercado, hay oferta para redactar por encargo trabajos para asignaturas, masters y doctorados para quienes los demanden y estén dispuestos a pagar por ellos al correspondiente "negro". He visto ofertas explícitas en tablones de anuncios de alguna universidad. Eso sí: en algunos países, no solo en España, hay políticos que dimiten cuando les pillan en una de estas prácticas. ¿Yemen? ¿Dónde está Yemen?

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Sobre la paz mundial

Malos tiempos para la paz. Lo dicen hasta los que trabajan por proponer alternativas viables sin quedarse en el disfrute de “describir brillantemente lo mal que estamos”. Y lo corroboran trabajos como el que, desde hace una docena de años, se publica como Índice de Paz Global. Dicho índice no se basa en un sencillo “guerra sí - guerra no”. Tampoco en “violencia sí - violencia no” o sus posibles medidas de intensidad de la misma. El índice se construye a partir de 23 indicadores que incluyen, por supuesto, el de la guerra y sus tipos (interna, interestatal, guerrillas) y el de las diferentes formas de violencia (terrorismo, homicidio, refugiados) buscando, en todos los casos, niveles que puedan diferenciar a un país de otro. También incluyen indicadores como el número de presos o el aumento de los gastos militares e incluso el de los intentos de medir la inestabilidad política, indicador que, como diré a continuación, proporciona alguna que otra sorpresa en el informe.
Hay, como suele suceder, algunos datos que resultan de digestión problemática. Por ejemplo, el que el impacto mundial de la violencia fue, en 2017, de 14,76 billones de dólares que equivaldrían a algo más del 12 por ciento de Producto Interno Bruto mundial o, si se prefiere, casi 2.000 dólares por persona. Vaya esto por lo que pueden tener de problemático estos enfoques, dando apariencia de verdad, incluso con decimales, lo que es fruto de estimaciones. Vayan ahora, de todos modos, las sorpresas.
Traduzco: “El referéndum sobre la independencia llevado a cabo por el gobierno regional de Cataluña en España produjo un incremento de las tensiones políticas lo que tuvo como resultado que España cayera diez puestos en el ranking”. Todo sea dicho: “En Europa hay ahora catorce países con una intensidad de conflicto interno mayor que uno”, es decir, que sufren dicho conflicto. Entiendo este último punto, pero siempre habrá quien encuentre exagerado atribuir a esa inestabilidad incluso la existencia de la misma. ¿Inestabilidad? ¿Quién lo ha dicho? Trasladémonos, entonces, a un ámbito menos problemático: el del sistema mundial (un mapamundi siempre es menos problemático que un callejero).
La situación que el informe pretende describir sería la siguiente. En primer lugar, que el índice medio mundial ha caído por cuarto año consecutivo. Hay razones para dudar que el mundo vaya bien, aunque pueda haber mejorado respecto al siglo XIX. Hay, eso sí, diferencias notables: este índice de paz se ha deteriorado en noventa y dos países y ha mejorado en setenta y uno. De todos modos, la distancia entre los menos y los más pacíficos continúa creciendo. Desde 2008, los veinticinco países menos pacíficos cayeron en una media de 12 puntos mientras que los más pacíficos mejoraron en casi un punto porcentual. Es creíble la tendencia, aunque los datos puedan causar problemas. El hecho de que el mundo vaya mejor para los buenos y peor para los malos parece verosímil.
En segundo lugar, que Oriente Medio y el Norte de África sigue siendo la región menos pacífica del mundo albergando a cuatro de los diez países menos pacíficos del mundo según este índice. En cambio, aunque Europa sigue siendo la más pacífica, su índice se ha deteriorado por tercer año consecutivo a causa del terrorismo, la inestabilidad política y las percepciones públicas de la criminalidad. Una epidemia, sí. Y un uso torticero por parte de algunos políticos.
Y en tercer lugar que, entre los 23 indicadores que se usan para construir el índice, hay un indicador que proporciona el mayor deterioro: el terrorismo, con 62 por ciento de los países con un aumento de dicha actividad. También es admisible la tendencia si se incluyen todos los comportamientos terroristas y no solo uno de sus tipos (Recuérdese que, en los Estados Unidos, el terrorismo yihadista está por debajo del terrorismo de la extrema derecha).
Pocas sorpresas cuando bajamos a ver los datos país por país. Estos son los peores; Siria, Afganistán, Irak, El Salvador, Sudán del Sur, República Centroafricana, Chipre, Colombia, Lesoto y Somalia. La sorpresa, para mí, es que Yemen no esté entre estos diez primeros países, pero tal vez es porque me dejo llevar por las últimas noticias o los constructores del índice se han dejado llevar por la escasez de las mismas. Eso sí: el país, siempre según esta fuente, más pacífico del mundo sería Suiza, “un país por encima de toda sospecha” como la llamó en tono sarcástico un suizo como Jean Ziegler.
Insisto: son datos interesantes, sí, pero evitando fetichismo o cuantofrenia.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Otro intento de cuantificación, en este caso de lo que llaman “paz positiva”, también proporcionado por el Institute of Economics & Peace, en que, a escala mundial, se afirma, para su índice, una ligera mejoría en esta década, pero estable desde 2013)

martes, 11 de septiembre de 2018

Tres aniversarios

Hoy se conmemoran y, en su caso, se celebran tres manifestaciones por hechos acaecidos tiempo atrás. En el caso del Día de Cataluña, se celebra una derrota de 1714 y, este año, se pide la libertad de los presos que consideran políticos. El problema es que otros consideran a dichos presos como políticos presos por cosas que han hecho (no cosas que han pensado o dicho) y que, planteado así, deja de ser Día de Cataluña para convertirse en Día de una parte de Cataluña donde, tal vez, un 80 por ciento de sus habitantes, según encuestas, deseen un referéndum de autodeterminación, pero que, a la hora de votar, se queda en un 50-50 los secesionistas que hoy celebran "su" día y los unionistas que podrían tener el suyo.
Viene después, cronológicamente, el aniversario del golpe de Estado perpetrado por el general Pinochet en Chile en 1973. Las manifestaciones quieren saber la verdad, piden justicia y, saliendo a la calle, quieren mostrar su respeto a las víctimas. Claro que quedan pinochetistas (cada vez menos) que piensan que "aquello" fue una necesidad ante la debacle a la que Allende, entonces presidente, parecía estar llevando al país desde sus posturas de izquierdas. Pero sigue habiendo desaparecidos, fosas comunes y golpistas impunes. A lo que parece, no hay "memoria histórica" que valga.
Finalmente, el que podría ser el 11-S por antonomasia: el atentado de 2011 en los Estados Unidos (Torres Gemelas, Pentágono y Pensilvania) que ahora es una expresión de condolencia por los muertos y de honor a los bomberos fallecidos en acto de servicio. Ahí queda la cosa, aunque desde fuera se pueda ver de otra manera. Raras son las referencias a las teorías conspiratorias, al uso que hizo del gobierno, en plan Pearl Harbor, para iniciar algunas guerras (Afganistán e Iraq, "guerra contra el terrorismo") y a cómo cambiaron las actitudes dominantes en los Estados Unidos. Mucha mayor unanimidad y mucha menor participación activa. Pero también quienes piden justicia.
De lo local a lo mundial, de lo antiguo a lo contemporáneo y con participaciones cambiantes cada vez más reducidas. Pero también reducción del peso del acto inicial e incremento de las consideraciones actuales por encima de lo que pudo significar el hecho que se conmemora.

Noticiero Rorschach

Se trata de unas manchas de tintas multicolores en las que cada cual proyecta sus propias actitudes y valores. Cuando se pregunta ¿Qué ve usted ahí? ya se sabe que la respuesta va a tener mucho que ver con el que responde y nada que ver con las manchas de tinta. No es "lo que hay ahí" sino "lo que se ve ahí".
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Una cita al Rorschach a propósito del reciente artículo anónimo en el New York Times que trataba sobre las interioridades de la Casa Blanca bajo Trump. Lo que ahora se publica es una serie de comentarios a algunas de las frases de aquel anónimo. Según se dice, cada cual ha visto en él lo que quería ver (y no ha visto lo que había realmente).
No es un caso excepcional. Me refiero a la tendencia que compartimos los humanos a ver en los "hechos" (es decir, en las manchas sin sentido) lo que uno quiere ver, de forma que tengan algún sentido. Lo malo es que es inevitable ese intento de "comprender" lo que pasa "ahí fuera" introduciendo los propios valores y actitudes, es decir, la propia ideología (que todos tenemos). La diferencia con esta metáfora del Rorschach es que lo que pasa ahí fuera es algo más que manchas. Y que, de vez en cuando, hay quien está interesado en que "veamos" una cosa y no otra. 

domingo, 9 de septiembre de 2018

Léase completo

Y, a ser posible, sin dejarse llevar por los propios prejuicios (que yo también tengo, faltaría más, aunque intento controlarlos no con mucho éxito). Se trata de este reportaje del New York Times del que conviene separar la impresión que da el titular (sujeto, verbo, predicado)
Trump Administration Discussed Coup Plans With Rebel Venezuelan Officers
con los matices que añade el texto donde el sujeto ya no queda tan claro (¿iniciativa del "imperio" o petición de ayuda por parte de militares preocupados  y frustrados por no encontrarla?¿militares responsables "rebeldes" o militares corruptos? ¿imperialismo o "intervencionismo humanitario"?¿se mantienen los contactos o ya se acabaron hace relativamente tiempo? -este es particularmente interesante-). 
También hay argumentos indiscutibles: el gobierno de los Estados Unidos ha sido protagonista de una serie de intervenciones directas o indirectas, pero golpistas, en América Latina y el reportaje las cita, con enlaces más. Algunas fracasadas, como Bahía de Cochinos, otras con éxito como el 11-S en Chile. Algunas por motivos, aunque fueran retóricos, de "intervencionismo humanitario" y otras explícitamente imperialistas. 
Las fuentes "generalmente bien informadas" no son necesariamente fuente de verdad ya que pueden ser fuentes "generalmente intencionadas". Y los titulares no son el reportaje. Efectivamente: estar informado es trabajoso, como decía Ignacio Ramonet. Y, encima, sin saber si uno está en lo cierto o le han vuelto a engañar, que suele ser lo más frecuente. Sísifo, el pobre Sísifo y su problema filosófico.
(Añadido el 19: El articulista descarta tanto la intervención de los Estados Unidos como la de una posible coalición de la OEA. Da sus razones y son de peso, lo cual no impide que tal actuación siga siendo posible. También descarta las sanciones: lo que conseguirían sería fortalecer al régimen de Maduro y deteriorar todavía más las condiciones de vida de los venezolanos. Queda, por exclusión, apoyar una estrategia de "abajo arriba": que los venezolanos resuelvan su problema. Lo que pasa es que con una oposición como la que tiene Maduro, cualquiera se mantiene en el poder)

sábado, 8 de septiembre de 2018

Poderoso caballero

El gobierno español, en un arranque quasi-pacifista, decide o propone suspender la exportación de determinadas armas a Arabia Saudita. Con razón, se dirá: no colaborar en la guerra en Yemen y sus extremos salvajes, aunque allí también colabore Estados Unidos. Al fin y al cabo, la decisión de aquella venta fue cosa del anterior gobierno.
Pero Arabia Saudita responde amenazando con romper el contrato para la compra de cinco corbetas fabricadas en Cádiz, cosa que pondría en peligro 6.000 empleos allí, amén de los empleos en el Ferrol y Cartagena, astilleros de la misma empresa.
Los detalles y el más que probable renuncio por parte del gobierno español se pueden leer aquí, aunque ya hay matizaciones para todos los gustos y varias retiradas.
Varias lecciones: hay dilemas en los que la buena voluntad queda en segundo plano.  Rectificar es de sabios, dicen... mientras no genere hábito. De nuevo una cita de Marx: "Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros". O, si se prefiere, se puede leer el poema de Quevedo "Poderoso caballero es don dinero".
Pero la cosa no va solo en una dirección: también se dijo que Hitler estaba loco y bien que corrieron a su sombra varias grandes empresas (militares, por supuesto).

viernes, 7 de septiembre de 2018

Si lo ves, es real

Y más si lo ves en los medios. 
Este es un viejo ejemplo: a la izquierda, foto de la toma de posesión de Donald Trump en 2017. A la derecha, la fotografía publicada, convenientemente retocada a instancias del ya presidente.


Es muy libre de creérselo y, lo más probable, es que, si le resulta antipática la figura de Trump, usted se lo crea. Si es turmpista convencido, sabrá que se trata de una fake news más.
Lo mismo sucede con las fotos de los emigrantes venezolanos y sucedió con las fotos previas a la invasión a Irak.
Nunca se citará suficientemente el consejo común a la vieja Ilustración: lo que entra por los sentidos ha de someterse al criterio (discriminación) de la razón. No porque lo veas es real. Era un mal dicho: "Está pasando, lo estás viendo". Insisto: hay cosas que estás viendo y no están pasando (y no son alucinaciones sino, por ejemplo, fotoshop o atribución de la imagen a un contexto muy diferente) y, muchas más, cosas que están pasando y no las estás viendo (por ejemplo, la deuda externa, las guerras comerciales, inestabilidad económica, la mejora de las condiciones económicas y demás cosas intrascendentes).

jueves, 6 de septiembre de 2018

Repetimos

Un sombrío panorama suponiendo que, aunque la Historia no se repita, los humanos sí que pueden repetirla y, de hecho, la están repitiendo a escala desde lo local a lo mundial: aumento del autoritarismo, neo-nazis manifestándose desde los Estados Unidos a Alemania, inmigrantes calificados como alimañas y políticas de austeridad aplicadas a partir de la crisis de 2008 forman un conjunto poco halagüeño.
Algunas desaceleraciones económicas tienen, a lo que se ve, raíces locales que los partidos (locales por definición) aprovechan en su lucha por el poder local. Pero la epidemia es mundial y tiene que ver con lo más evidentemente globalizado: el sector financiero, sus debilidades y vulnerabilidades, sus deudas y sus malas gestiones. Como hace diez años. Y las guerras comerciales.
No es la primera vez que encuentro estas miradas atrás como forma de avisar de lo que puede venir. Son problemáticas porque, como parece claro, la Historia no se repite (ni en tragedia ni en comedia). Pero los humanos reaccionan de forma parecida ante estímulos parecidos y, en todo caso, mirar atrás permite ver qué errores se cometieron entonces y ver si ahora se están cometiendo, como algunos ven como evidente, con el mismo entusiasmo. Parece que sí. De todas maneras, ya se sabe: el futuro nunca llega.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Victimismo (en España)

El más conocido es el catalán. Ya se sabe: existe, dicen algunos de ellos, una notable catalanofobia en (el resto de) España y, lo que ya es el colmo, constatan que “España nos roba”. Esta doble vertiente, cultural y económica, convierte a los catalanes en víctimas que deben reaccionar poniendo fin a lo que está a su alcance, la dependencia frente a España, mediante la autodeterminación. Y ahí entra la política que, si bien no podrá acabar con la catalanofobia (ya hubo boicots a productos catalanes no hace tanto), es decir, si no podrá cambiar la mentalidad de (el resto de) los españoles, por lo menos podrá terminar con las bases políticas y económicas que hacen de Cataluña una víctima de una entidad exterior.
Clásicos y modernos en sociología (de Simmel a Coser) han explicado el papel que tiene la construcción del enemigo externo en la cohesión del grupo interno. Ese enemigo puede ser real o imaginario y, en ambos casos, pero sobre todo en el segundo, el del enemigo imaginario, “alguien” se encarga de trasmitir esa idea victimista. Pueden ser políticos, clases sociales (altas, por lo general) e intelectuales. Sabiendo que hay “intelectuales orgánicos”, es decir, que piensan y publican en función de lo que interesa a sus “señoritos”, parece claro que, si hay una conjunción de política, sociedad y cultura, el victimismo puede resultar muy arraigado. Más si se dispone de medios de comunicación masivos como era antes la televisión (pública, por supuesto) y ahora son las redes sociales con sus trolls, bots y hackers dispuestos a inundar whatsapps, facebooks, instagrams, blogs y similares con machaconas soflamas que remachen el victimismo.
Dicho lo cual, añado la sorpresa que ha supuesto para mí encontrar victimismo también en otras regiones/nacionalidades/naciones (táchese lo que no proceda) del Ruedo Ibérico (que puedo llamar España o Estado español según se haya tachado una u otra cosa). Un par de cortas visitas hacia el Sur y un par de breves referencias hacia el noroeste me han dejado perplejo.
Por supuesto, me dicen más serias que un ocho, que “España nos desprecia”, hace risas de nuestro acento, nos margina o, en plan algo contradictorio con lo dicho, nos ignora. Este supuesto desprecio, que se expresa en términos casi idénticos a los que hablan de “catalanofobia”, se da como hecho generalizado. Intento sugerir que no me incluyo en los “fóbicos”, pero “la excepción confirma la regla” y, sobre todo, lo que importa no es la “fobia” de los mindundis como yo (eso no me lo llaman, claro) sino la “fobia” de los que mandan.
Intento, desesperada e inútilmente, que no confundan la constatación de casos de corrupción entre sus políticos locales y de egoísmo hipócrita en sus clases altas con una “fobia” generalizada. Intento, sin mucho éxito, que vean que, puestos a quejarse, hay regiones/nacionalidades (no naciones) que tendrían muchos más motivos para hacerlo. Nada. Que no. Que su mundo está compuesto por dos grupos, o sea, “nosotros” (las víctimas) y “ellos” (los victimarios). Colegas sociólogos: reconocerán que es de manual.
Pero insisto en que no me estoy refiriendo a lo ya conocido sobre Cataluña, sobre todo porque lo que percibo fuera del Principado es incipiente, pero con visos de no quedarse ahí y, convenientemente manipulado (como corresponde), puede producir efectos en un futuro no muy lejano. Un “efecto llamada”, por echar mano de palabras al uso para otro tipo de relación entre poblaciones, en este caso emigrantes/inmigrantes.
Para dar una pincelada más, habría que aterrizar en los “Catalan countries” como rezaba la educada (es un decir) pancarta de “bienvenida” al Rey en Barcelona en el aniversario de otro choque entre poblaciones, en este caso ya violento. En el caso de Valencia, el victimismo de “España nos roba” es mucho más claro que en las otras nacionalidades/regiones a las que me acabo de referir. No importa que el partido gobernante en uno y otro sitio sea el mismo, aunque la tradición (que también se detecta en Alicante) es el victimismo cuando son partidos diferentes. Lo que me fascina es cómo cala en personas muy alejadas de los “círculos políticos” (concéntricos, como se sabe) y, ahora, en colisión.
No puedo menos que caer en la pedantería de citar La España invertebrada o el España como problema. Pero lo que temo es que víctimas y (¿supuestos?) victimarios estén en un juego que lleve, otra vez, a hacer víctimas reales donde las hubo imaginarias, a manos de grupos políticos bien concretos. Pero es inútil discutir: se trata de sentimientos, no de hechos.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

Miedo (solo para anglófonos)

"Fear" es el título del último libro del Woodward (sí, el del Watergate). Solo que esta vez trata de la Casa Blanca de Trump con citas como esta, refiriéndose a  un Presidente que tiene a la Casa al borde de un "nervous breakdown":
"He's an idiot. It's pointless to try to convince him of anything. He's gone off the rails. We're in Crazytown."
País de locos. Ciudad, más bien. "Locolandia". También hay quien le llama "a "fucking moron," a "professional liar," and "a goddamn dumbbell" who has the understanding of "a fifth- or sixth-grader"". Ya se ve: tonto, mentiroso, bobo e infantil. Y perjuro.
Y se cuentan historias de subordinados que le ocultan papeles para que no tome decisiones que irían contra los intereses nacionales si llegaran a manos de una persona como la que se acaba de describir.
El libro todavía no se ha publicado, pero sí algunos párrafos escogidos  (con más que probable intención propagandística). Y alguno de los posibles entrevistados ya ha dado su opinión anónima en la prensa estadounidense.
En una guerra de propaganda, si no le gustan esas noticias y versiones, tenemos otras:
"This book is nothing more than fabricated stories, many by former disgruntled employees, told to make the President look bad," White House press secretary Sarah Sanders said. "While it is not always pretty, and rare that the press actually covers it, President Trump has broken through the bureaucratic process to deliver unprecedented successes for the American people. Sometimes it is unconventional, but he always gets results"
Obviamente, no soy quien para decir quién tiene razón. No conozco al personaje. Solo las caricaturas que me hacen de él, tanto negativas como positivas. Y anónimas.
Y, para caricaturas, esta del New Yorker:

martes, 4 de septiembre de 2018

Fifty-fifty

Son tres casos que me fascinan: Brexit, Catalexit y Venezuela. En los tres, y a ojo de buen cubero, la población (o la llamada "opinión pública" si se prefiere) se divide en dos claras mitades: los que quieren quedarse frente a los que quieren irse (Brexit y Catalexit) y los que defienden al gobierno y los que preferirían que cayese.
En este último caso, es cierto que las posturas que leo no están tan polarizadas en el terreno de los diagnósticos: unos y otros reconocen parte (parte, no todo, por supuesto) del argumento contrario a la hora de atribuir causas (en plural, no solo una) de la situación presente. Pero las líneas generales están claras: busquen una mala gestión interna o busquen una conspiración externa. 
Los otros dos casos (Brexit y Catalexit) tienen líneas divisorias mucho más claras sobre los bienes y los males que acarrearía cada opción. 
Pero lo que me fascina es que me parece razonable pensar que no pueden tener toda la razón ambas partes. En el Brexit, el Catalexit y la crisis (reconozcámoslo) venezolana, es obvio que la realidad no puede ser A y no-A al mismo tiempo. Supongo que ni para los más dogmáticos seguidores de la Regla Celeste, el Tao, con su yin y yang, opuestos coincidentes. 
Sea quien sea el que hace el diagnóstico correcto,  lo que sí queda claro es que sus opuestos se equivocan y, a lo que dicen aquellos, con un más que evidente desprecio a la realidad. Si yo tengo razón, tú te equivocas. Lo opuesto es impensable: si yo me equivoco, tú tienes razón. Evidente.
Mi primer problema es saber cómo es posible que haya tanta gente que está a favor de una opción equivocada (sea la que sea). Como digo, y sin creer mucho en los números, estaríamos en cuestiones que parten a la población en dos mitades irreconciliables.
Pero mis problemas siguen. Así, por ejemplo, si el "hard Brexit" es una opción errónea por los males que acarrearía, eso no demuestra que el "soft Brexit" sea la correcta. Porque hay una tercera posibilidad: el status quo. El de los "remainders". Cómo se consigan estas tres opciones ya se las trae: negociaciones, nuevo referéndum, cambio de gobierno etc. Y lo mismo se podría decir del Catalexit (unilateral, bilateral -o multilateral-, pero también status quo). En el caso venezolano esta estructura tripartita no está tan clara. Es verdad que hay críticas al gobierno desde su izquierda, no solo desde la derecha dividida. Pero también hay diferencias en las terapias que proponen "los de fuera". Nada, pues, de fifty-fifty.
Eso sí, insisto: mi problema es entender a los que defienden una opción equivocada, sea la que sea, y, por lo que he dicho, hasta todos podrían estar equivocados. Pero esa es otra historia.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Tres memorias

El burro delante para que no se espante. Un colega y, a pesar de ello, muy amigo, casi de la familia, me llama para preguntarme algunos detalles sobre la II República española (la del 31 al 36 que dio paso a la última, de momento, Guerra Civil). No tengo ni idea. Busco entre mis libros y recurro al oráculo de google y tampoco le sé dar respuesta, más allá de lo diferentes que fueron las fases de aquella etapa y de algunos personajes que pueden interesarle. Pero le reconozco que mi ignorancia es enciclopédica y que es muy, pero que muy fácil encontrar asuntos de los que no sé nada. Mi memoria histórica es extraordinariamente escasa. Incluso para lo que me afecta autobiográficamente. Por ejemplo, no consigo acordarme de en qué año estuve varios meses viviendo en Toracarí, Bolivia. Experiencia inolvidable, pero que no puedo situar "históricamente".
Un incendio se lleva por delante, en Rio de Janeiro, 200 años de historia o tal vez 100. Es, efectivamente, una forma de almacenar la memoria, siempre con algún que otro sesgo ideológico (normalmente de tipo nacionalista que oculta datos no tan relevantes para dicha ideología), pero con la apariencia de "verdad" que dan los objetos visibles y tangibles. La Historia, entonces, es una sucesión de salas en las que se acumulan, según cierto orden, objetos tomados de la época que la sala recoge. Siendo ecuánime, un museo de historia cubre lo que se puso en su fundación y no lo que entonces se desechó por irrelevante, molesto o inapropiado. O poco "museable".
Hay en las Españas un replanteamiento de una ley de Memoria Histórica que nació referida al (contra el) periodo franquista. Las consecuencias más importantes, de momento, han sido las de cambiar los nombres de algunas calles o plazas, cosa que sus habitantes no siempre han visto con buenos ojos por lo que suponía de cambiar sus tarjetas de visita. Pero el contexto de polarización en el que ahora se mueve la política española (y buena parte de la europea) ha puesto sobre el tapete el elemento ideológico que pueden tener esas "memorias", que pueden hacerse "a favor" o "en contra" de algunos de sus viejos protagonistas (incluso planteando el cambio de su sepultura, como sucede con la de Franco). Este elemento ideológico se ha planteado (ideológicamente, como era de esperar) por los contrarios a dichos planteamientos, proponiendo el cambio de Memoria Histórica por una angélica ley de la concordia como si una ley de ese calibre, primero fuera posible y, segundo, fuera capaz de reducir el nivel de polarización en que se encuentra la campaña pre-electoral española. 
Curiosas formas de mirar al futuro. Incluyendo la primera (cuya respuesta he tenido al final del día  gracias al oráculo de google que me ha llevado a un texto ¡mío! que publiqué en 2001: estuve varios meses en Toracarí en 1973. Lo que no sé es en qué meses).
y al volver la vista atrásse ve la senda que nuncase ha de volver a pisar.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Refugiados palestinos

Hay  cosas que me impresionan en la retirada de fondos para la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos (UNRWA) por parte del gobierno USA. La primera, es el número de tales refugiados palestinos: cinco millones, una cifra a comparar con otros refugiados que hay en este momento (sirios, por ejemplo: cuatro millones de sirios han huido del país) o sencillamente emigrados (venezolanos, por ejemplo, con cifras en discusión interesada). Solo en Siria unos 430.000 palestinos necesitan de la ayuda continua de la UNRWA para sobrevivir (alimentos sobre todo).
La segunda es la prontitud con que otros países están dispuestos a compensar esa reducción mediante los propios aumentos sin dar pasos visibles para solucionar la causa de la reducción y, mucho más importante, la causa de tales necesidades que ahora no serían cubiertas por la ayuda.
La tercera, cómo se pasa de puntillas sobre los casi dos millones de palestinos bloqueados en Gaza y que también necesitan de la ayuda externa para sobrevivir. No son refugiados, son bloqueados.
No reduzco en nada la tragedia humanitaria, sobre todo si uno es capaz de pensar en rostros concretos y no solo en cifras (de ayudas y de afectados).  Pero creo que tampoco hay que reducir la causa de tales catástrofes humanitarias. Han sido decisiones concretas de personas concretas en sillones concretos. Y entre tales personas, tal vez en grado mínimo, pero real, están los palestinos corruptos desde sus gobiernos y como intermediarios y sus peleas mutuas (Al-Fatah - Hamas) por parcelas de poder. Y, por supuesto, el gobierno de Israel, cada vez más al borde de practicar el genocidio. No es antisemitismo: palestinos-árabes e israelíes-hebreos son semitas.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Nada o algo que hacer

La cuestión del medioambiente y su posible deriva hacia algo más que cambio climático presenta posiciones extremas que se recogen aquí. Por un lado, están los que dicen que ya no hay nada que hacer, que hemos condenado, en nuestro masoquismo o nuestra ignorancia, al Planeta. Así que, "comamos y bebamos, y cantemos y bailemos, que mañana ayunaremos". Mañana que, probablemente, no verán ni los más jóvenes, pero sí, dicen, sus hijos. La "solución final" para el Planeta (desaparición de su cáncer, la especie humana) no es para mañana, pero si para el día siguiente.
Agoreros, dicen. O perezosos para encontrar soluciones inmediatas o, por lo menos, reducción inmediata de lo que está poniendo en riesgo la existencia de la humanidad en el Planeta (porque no es el Planeta el que está en riesgo, sino algunos de sus habitantes: el Planeta, si tuviera conciencia, estaría muy contento de que desapareciesen esos habitantes que molestan, ensucian y destruyen su propio medio de vida). Se pueden hacer cosas, se puede evitar la catástrofe y la solución pasa por rechazar las jeremiadas de quienes dicen que no hay nada que hacer.
Galgos o podencos. Mientras, las grandes empresas contaminadoras y agresoras campan por sus respetos, como indica el artículo que cito, dejando la "culpabilidad" sobre los hombros de quienes no quieren pagar 5 céntimos por las bolsas de plástico (que, eso sí, siguen existiendo, pero para el uso de quienes tengan dinero para pagarlas) o no quieran pasar (gratis no va a ser) a un coche menos contaminante. La lógica de este sistema, las reglas del juego obligatorias para quien quiera jugar en él, casi exigen el presentismo ("y el que venga detrás, que arree") o, a lo más, que se piense en la próxima asamblea de accionistas. Ganar dinero como sea, incluso "luchando contra el cambio climático" o, por lo menos, "reduciendo su impacto". Unos dirán que es inútil, otros dirán que es lo único que, visto lo visto, se puede hacer. 
Y seguiremos discutiendo entre optimistas y pesimistas, presentándose ambos como únicos realistas.

viernes, 31 de agosto de 2018

Locuras colectivas

Podría valer para el Catalexit, pero se refiere al Brexit donde la discusión sobre qué supondrá una u otra opción para el futuro colectivo está bastante alejada de la racionalidad medios-fines y sí tintada de emociones que se acercan a la obcecación. Esa cuestión de medios-fines puede ser negociada ("yo rebajo por aquí, tú rebajas por allí"), pero las emociones son indiscutibles: My country right or wrong, no importan las razones, ni las evaluaciones, ni las proyecciones. 
Las versiones sobre el futuro son claras: "si se hace lo que yo defiendo, llegaremos al paraíso; si se hace lo que dicen los otros, esto será el infierno". Esto, muchas veces, se hace con pseudo-razonamientos (hasta con complejos modelos matemáticos, igualmente ideológicos), más como "prueba" de lo acertado de la propia posición que como práctica de un imposible: conocer el futuro, del que solo podemos saber su probabilidad con lo que la "esperanza matemática" entra en juego al establecer que una probabilidad baja de éxito pero con un posible beneficio muy alto permite apostar, como sucede con las loterías.
"Hooligans" les llaman aquí y este término, tomado del fútbol, parece etiquetar bastante bien el comportamiento de los que se aferran a una opción hasta el enfrentamiento. Y digo enfrentamiento porque los "hooligans" necesitan un "hooligan" contrario delante con el que enfrentarse hasta llegar, por lo menos, a la violencia callejera. Con una posibilidad nada agradable: a la acción-reacción o a la escalada. Y una todavía más peregrina: la matrifagia, cuando las crías se comen a la madre.
Nada que ver con los dichos del presidente Trump afirmando que él sí que es digno de confianza y no lo que dicen los "otros". Por lo menos solo es personal, no colectivo.

jueves, 30 de agosto de 2018

Sobre mitos y cosas

El problema que suponen los pueblos indígenas en América Latina suele plantearse de muchas maneras. Hay, por supuesto, una re-edición del mito del "buen salvaje" que incluye encontrar en todas (todas, insisto) sus heterogéneas culturas un respeto particular por el medioambiente acompañado, a veces, por una exaltación de dicha cultura convenientemente elaborada por criollos y mestizos que, muchas veces, ni conocen la lengua o, sencillamente, se  inventan esos rasgos culturales "ancestrales". 
Hay, en cambio, críticas muy aceradas y nada sospechosas de racismo a las versiones más extremas del folklorismo: he visto espectáculos de ese tipo desde México al Perú pasando por el Ecuador, encima espectáculos cuya falsedad saltaba a la vista hasta para alguien como yo. También críticas al victimismo que dice que todo lo que les sucede es culpa de los "otros" y  así ha sido desde siempre, olvidando que algunos indígenas lucharon con los conquistadores y otros indígenas lucharon contra los libertadores. Es decir, que las generalizaciones son incorrectas y/o interesadas. Como interesadas son algunas exaltaciones culturales más o menos inventadas.
En ese contexto vale la pena leer este reportaje sobre los conflictos entre indígenas brasileños e indígenas venezolanos en la frontera entre los dos países. El titular me parece criticable (huele a imagen estereotipada de los indígenas), pero el asunto que narran es muy sugestivo.

miércoles, 29 de agosto de 2018

Cloacas y trastiendas

Dos cosas que se nos escapan. Las conocemos cuando emerge la punta del iceberg, alguna vez, “por casualidad”. Recuérdese que no suele haber “casualidad” en estos descubrimientos/chivatazos, sino que siguen la lógica del juego en que aparecen.
Tenemos, como primer ejemplo, las andanzas de un ex-comisario, ya en la cárcel, del que se publican lo que él mismo llamaba sus “proyectos”, es decir, sus maniobras de seguimiento a personas importantes para, posteriormente, permitir que “la parte contratante de la primera parte” los chantajeara. Los ingresos del este espía a sueldo eran astronómicos (300.000 euros al mes por uno de estos “proyectos” no es moco de pavo), los contratantes podían permitirse esas inversiones de las que sacarían todavía mayores beneficios y los investigados no eran, precisamente, gente corriente y del montón, sino personas que, a su vez, podrían haber contratado esos costosos servicios de vigilancia y documentación.
No tendrían que extrañarnos estas cosas. Hace ya muchos años que Fernand Braudel distinguía tres niveles en el funcionamiento del sistema mundial (que él llamaba sistema-mundo). En primer lugar, lo que denominaba economía material, es decir, ese conjunto de actividades económicas como el trueque, el autoconsumo, parte de la economía sumergida, la mafia, la prostitución o el narcotráfico, cosas que, de alguna forma, funcionan al margen del sistema general y, muchas veces, no superan el ámbito local. Después venía la economía de mercado, propia de las pequeñas y medianas empresas, en las que sí que rige, con las habituales excepciones explotadas por el márquetin, la ley de la oferta y la demanda que no se aplica al nivel anterior y, muchísimo menos, al nivel superior al que él llamaba “economía capitalista” y que podríamos dejar en “economía de los capitalistas”. Ahí no hay oferta y demanda sino juego de poder que incluye el abuso de poder y, muchas veces, recurso a lo que se pueden llamar las “cloacas” de la sociedad, palabra poco apropiada ya que no están “abajo” sino “arriba”. Pero mantengamos el vocabulario convencional para referirnos a esas actividades, como la gran corrupción (la corrupción-dinosaurio, no la corrupción-mosquito), que se producen dentro de esa “economía de los capitalistas” situados en la cima del sistema.
Otro asunto son las actividades que no están en esa dimensión llamémosle vertical sino en la horizontal. Lo que sucede en las trastiendas. Lo primero que se me ocurre es el recuerdo de un político que lloró (y no soy el único que compartió sus lágrimas) ante el dosier que circulaba en el ámbito local y mediante el cual se pretendía dificultar sus planes de ascenso en la pirámide política. Ironías de la vida, aquel dosier que estuvo a punto de hundir su carrera (sin conseguirlo) llegó a manos de un juez en cuya familia ha habido ataques por parte de agentes de la “cloaca”. O sea que las fronteras no son muy claras y distintas, como querría un buen filósofo.
Lo que sucede en la trastienda son las pequeñas negociaciones (y pequeños chantajes como el que recuerdo) en las que Fulano pide a Mengano que interceda ante Zutano de manera que lo que el público ve como resultado de la lógica de las cosas, en realidad es fruto de idas y venidas entre personajes cuyos manejos conocen las “fuentes generalmente bien informadas”, pero que no podemos constatar los que solo podemos ver lo que se ve.
La trastienda de la economía y la política, empezando por la local, debe de ser, no lo dudo, un espectáculo interesante para el que la conoce. Los que no la conocemos acabamos creyendo que las cosas siguen una lógica muy distinta de sus apariencias. Sucede como con la “cloaca”: que seguimos pensando que se trata de oferta y demanda (y elaboramos complejas teorías y modelos al respecto) cuando en realidad es fruto de un tipo de manejo que poco tiene que ver con esos productos intelectuales.
Los medios, algunas veces, reflejan una tímida parte de esa realidad. Si dan un paso más, son considerados como el presidente Trump considera a los que se atreven a contar cuántas mentiras ha proferido en este tiempo -2.140 mentiras en su primer año y 4.229 en los seis meses siguientes según el Washington Post-, es decir, “prensa canallesca”, mentirosa y nada patriótica. Hay límites, pues. Incluyendo los que plantea la “cloaca” maniobrera y la “trastienda” marrullera. Pero, sobre todo, hay una dificultad objetiva de adentrarse sin ayuda en tales berenjenales: las reglas del juego de este sistema lo impiden “arriba” y “al lado”. 
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

Momento peligroso

Se preocupan en Italia destacados políticos que recuerdan los hechos que, en otros tiempos, no se vieron como peligrosos para la democracia, pero lo fueron. No sé si la solución es una "nueva izquierda", pero sí me resulta fácil estar de acuerdo con el diagnóstico que se me cruza con la denuncia, en Argentina, por parte de ONG, de su "estado de excepción" o con las manifestaciones ya explícitas de xenofobia en España, el Perú, Brasil o Ecuador o, mucho más extremas, en Alemania. No sigo Asia y África (hasta mi nivel de superficialidad tiene límites), pero incluyo en el problema la inestabilidad australiana (demasiados primeros ministros en tan poco tiempo). Y no tendría que hacer falta citar a los Estados Unidos, Rusia o la China.
Una vez más tengo que recordar la autobiografía de Stefan Zweig (sus obras completas estaban entre los libros de mi padre que leí de adolescente): muy poca gente se dio cuenta de la que se les venía encima a principios del siglo pasado. La cuestión no es derecha-izquierda (uno, que es de derechas, está contra la izquierda si es autoritaria y viceversa). Es el avance del elemento autoritario, excluyente, intransigente, violento e irrespetuoso de los derechos humanos lo que resulta peligroso.

lunes, 27 de agosto de 2018

Autrocrítica de la Transición

Howard Zinn decía que la facilidad con que se engañaba a los estadounidenses se debía a dos factores principales: su desconocimiento de la historia y su nacionalismo.
Es obvio que lo dicho se puede aplicar a otros países. Por ejemplo a España. De su nacionalismo y sus nacionalismos (tiene varios, como para poder elegir) se habla bastante. No se habla tanto de su desconocimiento de su propia historia, que ahora se pone de manifiesto a propósito del probable cambio de domicilio de los despojos del cadáver del anterior dictador, Franco. Pero sin irse tan lejos, hay también un desconocimiento de la historia más reciente, por ejemplo, el de la Transición, el paso gradual, con reforma y sin ruptura a la portuguesa, desde la dictadura franquista a la democracia, imperfecta como toda institución humana (que se lo digan a la Iglesia Católica) y perfectible como tal. Parece, dicen, que nunca hubo autocrítica ni nunca se habló de los errores cometidos en tal empeño de filigrana. Y sí la hubo: se llamó "desencanto" ("esperábamos otra cosa" sería el resumen de tal crítica), pero terminó rápidamente: el 23-F y siguientes, cuando se intentó el enésimo golpe de Estado en la historia local. Mi título (entonces creo que todavía escribía en La Verdad, hoy desaparecido en Alicante) fue muy sencillo: "Del desencanto al miedo, del miedo a la reflexión".
No es que la actual tarea de denostar la Transición vaya a terminar de la misma manera necesariamente, pero no vendría mal recordar que, con razón, las decisiones tomadas para pasar de una dictadura imperfecta a una democracia imperfecta fueron algunas acertadas, algunas equivocadas. Ni todas perfectas, ni todas horribles. Eso no es novedad. Lo que volvería a estar sobre el tablero, con inciertos futuros, es el afán de denostar toda la Transición y el deseo opuesto de darla por perfecta en su conjunto, argumentos que podrían servir a intereses electoreros que me cuesta llamar políticos. La novedad sería que esta etapa , con su "No es eso, no es eso", terminara de otra manera que no fuera una dictablanda.

domingo, 26 de agosto de 2018

Xenofobia contra venezolanos

Con independencia de lo que conté ayer (realidad mayor o menor de la salida de venezolanos de su país), hay un hecho del que los medios vienen haciéndose eco desde hace días: la creciente xenofobia entre las poblaciones de acogida o recepción, sea en el Brasil o, después de pasar por Colombia, en el Ecuador o en el Perú. Amplio apoyo de imágenes televisivas, no necesariamente referidas al asunto, pero eso no hace al caso. El tema tiene muchas facetas.
Antes que nada, recordar que los animales humanos comparten con otros animales un rechazo instintivo hacia el diferente de su propia especie. Los que trabajan el cerebro han encontrado dónde se localiza tal rechazo: en la parte más primitiva del cerebro, la amígdala, digamos que en cerebro reptil. Y añadir de inmediato que esa reacción instintiva que compartimos con otros animales tiene un elemento que nos hace diferentes: las zonas más "recientes" del cerebro, la neo-corteza, la racionalidad, es capaz de evaluar ese rechazo y superarlo fácilmente. Cuestión, también de educación, ya no de instinto.
Los humanos también tenemos la pereza mental de tomar la parte por el todo: si ha habido un inmigrante venezolano que, agobiado por la necesidad, ha robado, eso se convierte en una prueba de que todos los venezolanos son ladrones. Tengo experiencias personales de haber encontrado en otros ese tipo de razonamiento referido a los gitanos y de lo fácil que fue demostrar que no todos los gitanos eran como aquel con el que había tenido problemas el afectado por el prejuicio. Prejuicio, pues, es algo con que miramos la realidad antes de evaluarla, pre-juicio, antes del juicio empírico o racional.
En condiciones de frustración y ansiedad colectivas, como pueden ser las comunidades deprimidas en las que acaban "cayendo" (es el mejor verbo) los inmigrantes, el presentar un objeto sobre el que descargar la propia agresividad, suele tener éxito. Es posible que aparezcan líderes de opinión (o políticos oportunistas) que dirijan y conociendo las agresividades de poblaciones con problemas las orienten hacia el extraño (xenofobia) y hacia el que forma parte de un colectivo con miembros problemáticos (prejuicio).
En la ciudad de la que mi pueblo es un satélite (así son las cosas), ha habido algunos problemas menores pero reales con los moros. Al fin y al cabo, el puerto es una puerta. Pero nunca hubo problema alguno con jeques que alquilaban todo un piso del mejor hotel de entonces, prohibían la entrada de sirvientes masculinos (o femeninos, de eso no me acuerdo) y hacían y deshacían a su antojo sin ningún problema con la dirección que sabía que pagarían lo que hiciese falta. Quiero decir, volviendo al tema, que además de xenofobia y prejuicio aquí interviene algo más: el clasismo. Y en dos sentidos. El primero, que siempre resulta gratificante encontrar a alguien por debajo de uno mismo en la escala social. En un viejo estudio en el que participé sobre el empobrecimiento de las mujeres, ese mecanismo apareció varias veces: mujeres pobres que buscaban quién estuviera más abajo que ellas ("los negritos de África", decía una), para sentirse algo menos mal. Y el segundo que "el que paga, manda": los de "arriba", por definición colectiva, nunca producen problemas y, encima, hacen gasto. Los de "abajo" son todo lo contrario.
Con las referencias a los "moros" (he mantenido el lenguaje) y a los gitanos (roma) he querido decir que el problema no es solo de los inmigrantes venezolanos, sino que aparece en muchos otros contextos. Solo que ahora la cuestión venezolana es fruto de cobertura mediática. Pero, yendo a América Latina, me gustaría saber cómo les fue a los bolivianos en Argentina o a los cubanos en el Ecuador, con todos estos matices de clase social que siempre hay que introducir si uno no quiere quedarse atrapado en las fronteras de los propios prejuicios, más o menos provocados arteramente.

sábado, 25 de agosto de 2018

Migraciones venezolanas

Este es el gráfico que encontré aquí:
Según eso (datos del INE), los que hablan de crisis migratoria en Venezuela pueden pensar que gráficos como este sugieren que tal vez la haya. Pero el problema no está, obviamente, en la llegada sino en la salida. Y ahí es donde interviene la agencia de Naciones Unidas para las migraciones avisando de la crisis.
Sin embargo, encuentro dos artículos (este y este) que niegan que haya tal crisis. Se trataría, dicen, de fake news publicadas para desprestigiar al gobierno de Maduro y legitimar posteriores intervenciones militare.s (incluyendo la OTAN con Colombia, dicen). 
Se puede encontrar una especie de "media aritmética" entre estas encendidas negaciones y las no menos encendidas afirmaciones que encuentro en la prensa española. Una vez más, cherchez le pétrole.
(Añadido el 31: otro artículo negando la tal crisis -hasta las fotografías serían falsas- y achacando todo el problema a la "guerra de los Estados Unidos contra Venezuela" cuyo gobierno, se dice al final, lo está haciendo bien
También la  crítica de FAIR al artículo de The Economist en el que se afirmaba que la crisis migratoria venezolana podría llegar a ser peor que la de Siria)

viernes, 24 de agosto de 2018

China rules the Web

La canción al imperio británico decía "Britannia rule(s) the waves", mezclando la constatación y el deseo. Aquí lo que se plantea es si, del mismo modo que los Estados Unidos siguieron a Gran Bretaña como potencia hegemónica, no pasará lo mismo con la China siguiendo a los Estados Unidos cuya decadencia ya otros se encargan de anunciar desde hace tiempo.
El artículo, en realidad, se contenta con constatar el dominio que la China está teniendo del ciberespacio. "Rules the waves". Si es así, y las hegemonías anteriores lo fueron por controlar los medios de producción centrales para el funcionamiento del sistema mundial, este dominio podría estar en la base de esta nueva hegemonía que, digámoslo antes de llamar a engaño, ni será para mañana ni se producirá de golpe.
Lo que sucede es que en la China también late el deseo de volver a ser centro del sistema mundial realmente existente. Lo fue (lo documentaba Andre Gunder Frank en su ReOrient) y hay fuerzas allí que lo desean. Lo encontré en escritos de colegas chinos que encontré, en 1988, en un congreso al que asistí en Beijing. "Rule de waves... again", venían a decir.
Tal vez su cultura sea demasiado compleja como para  convertirse también en hegemonía cultural. Pero ya vi hace años cómo, escribiendo con caracteres fonéticos el puton hua, la lengua común, el ordenador lo mostraba en pantalla en ideogramas chinos.
Potencia militar ya lo es (la segunda, después de los Estados Unidos), pero la lectura de su hegemonía tecnológica, sus perspectivas de cara al futuro y sus previsibles consecuencias (no todas agradables, todo sea dicho), hacen más que aconsejable leer el artículo que cito al principio. Pero sin exagerar: sus vulnerabilidades serán usadas por los que no quieren bajarse del machito, es decir, los mandamases de USA. Lo dice el proverbio napolitano: ‘O cummanna’ è meglio d’ ‘o fottere. Aunque no es mi caso, a fuer de sincero.

jueves, 23 de agosto de 2018

La verdad no es la verdad

Desconozco su origen, pero el cuento es como sigue: se pidió a un grupo de ciegos que no sabían lo que era un elefante que lo definieran; cada uno de ellos tocó una parte del animal y dieron su versión ("es como un gran techo", "es una gran columna", "es como una serpiente", "es una serpiente enorme" habiendo tocado la panza, una pata, la cola y la trompa del animal). Esta es la interpretación más benévola de lo dicho por el ex-alcalde de la ciudad de Nueva York y actual abogado personal del presidente Trump: la verdad de cada uno (porque cada ciego decía su verdad) no es la verdad total (el elefante, que nadie había visto ni sentido en su totalidad).
Hay, como siempre, otras interpretaciones y, si se me permite, otras verdades: no existe la verdad, es imposible, e interrogar a un presidente preguntándole por su verdad es ponerle en peligro de perjurio ya que se pueden enarbolar otras verdades contrarias.
El artículo que cito advierte de los peligros de estas posiciones relativamente escépticas: permiten indoctrinar basándose, en plan goebeliano, en una repetición sistemática de lo que es mentira, cosa, al parecer, frecuente en las redes y no solo ahí, pero sin que se conozca quién tiene autoridad para determinar si esos mensajes son correctos o mendaces. El autor del primer artículo que cito se refiere a la cuestión del cambio climático y a las tácticas de los negacionistas. No es eso lo que me interesa. Vuelvo a Machado:
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya guárdatela.
Lo que las cosas son tal vez no lo conozcamos, pero podemos seguir buscando. Y eso es válido desde el guasap que entra pidiendo que firmes un manifiesto basado en verdades (me pasó  anteayer y ni contesté) hasta la existencia del cambio climático al que me he referido varias veces. 
Los velos que cubren la Verdad pueden ir desvelándose (repito: esa es la etimología de la palabra "verdad" en griego, alezeia). Popper lo planteaba con claridad a propósito del saber científico en el cual no hay proposiciones verdaderas sino proposiciones cuya falsedad o error todavía no se ha demostrado. Provisionales, por tanto. Pero también hay mentiras, mentiras podridas y estadísticas... y mentiras en boca de gobernantes.
De todas formar, pasar este argumento de los elefantes a la política tiene, como dice el autor que he citado al principio, sus riesgos. Cierto que los que poseen la Verdad, en política, sean de derechas o de izquierdas, elitistas o populistas, son peligrosos. Lo han sido por lo menos. Pero también parece cierto que los que niegan cualquier verdad están defendiendo, subrepticiamente, el status quo (me niego a escribir statu, como manda la, a veces, autoritaria Academia, que no lo es del latín).
¿Qué queda entonces? Verdades provisionales que se ponen a prueba mediante el voto y las demás formas de participación política (no solo el voto, pues) y que se revisan continuamente. Nada de "fidelidad ciega" y "obediencia ciega" al Partido, sea el que sea (y para los viejos españoles, el partido con mayúsculas era uno). Nada, tampoco, de "il Duce non si sbaglia mai". Son instrumentos, no fines en sí mismos. Y lo mismo se puede decir de la "nación" y demás construcciones históricas. Seguiremos buscando, pues. Por lo menos, eso he procurado hacer yo en mi vida. A veces, nomás a veces.
(Trabajos para casa:
1. ¿Quién dice la verdad, Asia Argento, fundadora del #MeToo, o el New York Times cuando una niega y el otro afirma que hubo asalto sexual por parte de la primera sobre -y nunca mejor dicho lo de "sobre"- el joven Jimmy, de 17 años que por fin ha hablado? Cuidado con las respuestas que se basan en las propias preferencias o ideología y no en los "hechos" comprobados.
2. ¿Quién tiene razón, los anti-vacunas que subrayan los indeseables efectos secundarios, por ejemplo en el autismo, o los pro-vacunas que achacan a aquellos por el actual aumento de casos de sarampión en Europa? La respuesta dependerá de en qué científicos confía usted. Pero la confianza no es conocimiento.
3. ¿Cuál es la versión de lo sucedido en la comisaría de Cornellá, Cataluña, sobre la muerte de un musulmán, argelino? ¿Terrorismo aislado, locura momentánea, inmolación suicida? Pues dependerá de qué fuentes le merecen confianza (las oficiales, la esposa del muerto, el abogado de la familia, los distintos partidos) o de cuál le parece más verosímil y menos contaminada por intereses personales o colectivos.
4. Cruce de versiones sobre lo sucedido en Bolivia, a propósito del TIPNIS, entre el gobierno, los cocaleros, los indígenas y la comisión de Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza. Reconozco mi sesgo a la hora de confiar en unos u otros. Mi viejo amigo boliviano, Rafa Puente, hace un recorrido por las dificultades para diferenciar verdad y mentira en este y casos colindantes.
5. Un concienzudo análisis de cómo Reuters ha informado sobre la situación en Nicaragua. Si después de eso, tiene claro quién es el "bueno" y quién es el "malo" y qué ha sucedido y sucede en el país, es que la ideología ha ido por delante de los hechos. Porque ese trabajo no es un mapa a escala 1:1 y seguro que se deja fuera detalles relevantes. Los hechos no tienen por qué reducirse  a la versión que da FAIR sobre la versión de los "otros". Tome partido, faltaría más, pero fíjese en cuáles son sus motivos y motivaciones. Todos los y las tenemos y tendemos a pensar que son los otros los que los y las tienen en plan más problemático y poco respetuoso de los hechos. La causa no está en los hechos. Tal vez más en los intereses. Conocimiento e intereses, sí, del viejo Habermas)
(Añadido el 30: Reacción de Ortega dando su versión frente a la versión del informe de la ONU)
(Añadido el 31: la cuestión, planteada en términos más generales aquí)