lunes, 31 de diciembre de 2018

Entrar no es fácil, salir lo es menos

Llevan dos años en ello y todavía hay quien dice que el 29 de marzo es demasiado pronto como para tener toda la legislación dispuesta para la salida. Se refieren, por supuesto, al Brexit y, peor, al unilateral. Es inútil insistir en ello, aunque haya muchas más cosas en las que ocuparse. Contra los sentimientos no valen razonamientos. Y, encima, como les ha dicho Juncker, divididos. Como lo están los independentistas catalanes a cuya unidad les llama Torra. Encima, casi la otra mitad de los catalanes, o así, no está por la cuestión.

domingo, 30 de diciembre de 2018

Para paranoides

Dejé Facebook hace casi diez años. Nada que ver con que temiera que mis datos llegaran a malas manos. Además, si lo hubiera temido, esos datos, según dicen ahora, han podido estar pasando desde un teléfono android sin necesidad de estar dado de alta en aquella red. Está claro: ahí hay negocio económico (conocer mis hábitos de compra, por ejemplo), político (saber el tipo de páginas visitadas) y social (idem, más cuáles son mis contactos habituales, cosa que se ve mejor con el wasap). Por lo menos, como comentaba ayer, en las encuestas uno tiene algún tipo de contacto con el encuestador, sea directo o telefónico. Aquí no hay ningún tipo de contacto entre el investigador y el investigado. Y, como se sugiere en el caso que cito, a cada intento de invisibilizarse aparece una técnica nueva para hacerte visible. Doy por supuesto que no soy interesante desde ningún punto de vista, pero vaya usted a saber. Hola, muy buenas.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Sé de ti

Podemos seguir discutiendo sobre encuestas y encuestadores. Son instrumentos para conseguir "fotografías" de la actualidad: Qué dicen los encuestados ante un encuestador presente o telefónico. Montón de problemas técnicos: Cómo formular las preguntas, cómo elegir a los entrevistados y cómo tratar sus respuestas en función del objetivo de la encuesta sea comercial, periodístico o político. Pero hay otros mundos, aunque son más caros.
Se trata del casi subterráneo mundo del análisis de big data, del uso de información conseguida en y a través de redes sociales sobre individuos concretos, no sobre muestras. Ahí ya no suele tratarse de respuestas más o menos generales sino, primero, de descubrir categorías de personas construidas a partir de características comunes  y relevantes para el objetivo del estudio y, segundo, saber cómo "orientar" a esos grupos hacia los fines del que paga el trabajo. Así, encontrar cómo hacerse oír por los negros estadounidenses, decirles lo que puede interesarles (no tanto saber qué les interesa), presentarles "datos" que les "orienten" (no hace falta que los tales datos sean verdaderos: lo que importa es que sean creíbles en el contexto de esas características detectadas) y crear nuevos estados de opinión que no necesariamente son los de fomentar su voto en una dirección u otra, sino que consisten en conseguir que NO voten a quienes tienden, como grupo, a votar, en este caso a los Demócratas.
Es solo un ejemplo. Sobre ese mundo y sus conexiones, vale la pena leer esta traducción al castellano.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Comentarios inocentes

Dos comentarios a libros de éxito me han dado que pensar. El primero se refiere a los de Yuval Noah Harari (Homo Sapiens, Homo Deus) y el segundo a Elvira Roca y sus textos sobre la Leyenda Negra, el Imperio español y esas cosas.
Ambos me habían sido comentados por sendos amigos cuyos conocimientos e intereses conozco y valoro. Por eso estas recensiones me han llamado la atención. 
El primero se extraña del éxito de esos primeros libros, dadas las carencias de información y exceso de contradicciones que encuentra en el mismo.  Es lo bien que lo dice, no lo que dice, lo que puede explicar esa idea que ya está en Orwell y su 1984 de una sociedad profundamente desigual en la que sobra gente ("los proles", "los de abajo") pero en la que "los de arriba" (el "partido interior") no pueden permitirse el deshacerse de dicha gente. La ciencia sirve para emitir avisos sobre el futuro sin por ello dejarse llevar por la semejante tara que es la predicción. Inexplicable éxito, dice el recensionista.
El segundo, en cambio, mira hacia el pasado y a cómo ha sido visto por la historiografía en concreto la etapa en que en los terrenos del Rey de las Españas "nunca se ponía el sol", un imperio bien diferente del no-imperio inglés como sostiene la autora. La Leyenda Negra que ya había dejado de interesar a propios y extraños (hispanistas) y que ahora se combate con los mismos trucos que lo hicieron los contrarios: tomando unos datos y dejando otros en segundo plano o suprimidos, ya que es imposible construir un mapa a escala 1:1 sobre el pasado (y sobre el presente, todo sea dicho). Las Leyes de Indias fueron excelentes y la respuesta de los criollos clara ("las leyes se acatan, pero no se cumplen"). Curioso éxito, dice el recensionista.
Y el éxito puede deberse a que responden a necesidades sociales contemporáneas: los avances científicos justifican la creciente desigualdad y lo harán sobre el ulterior incremento de la misma. La Ciencia es imparable y sus efectos también. Così è se così vi pare.
El caso del éxito sobre el Imperio y sobre la exageración que los enemigos de España produjeron como "Leyenda negra", además  de  dar claves sobre la actual leyenda negra sobre Trump (o antiamericana -estadounidense- en general), da argumentos a esta especie de reconstrucción del nacionalismo español o españolista emprendida frente al nacionalismo catalán o catalanista. Hay afirmaciones en la derecha españolista que encajan perfectamente con el libro de Roca. La labor del imperio español, a pesar de sus defectitos negligibles, fue extraordinaria, como pretende la ideología españolista.
Podemos sentirnos orgullosos del pasado (una vez expurgado de etapas menos presentables) y podemos saber qué futuro nos espera si conseguimos estar en el lado apropiado. 

jueves, 27 de diciembre de 2018

Argumentos pesimistas

Insisto en lo que publiqué hace más de un año y me lo recuerda este texto reciente: el mayor obstáculo para que se plantee en serio la cuestión medioambiental (llámese calentamiento global -sea o no temporal, vaya a preceder a otra "pequeña era glacial" o no- o llámese cambio climático) es la combinación de varias reglas del juego: las de las grandes empresas (la lógica del beneficio continuo y a corto plazo), la de los gobiernos (la lógica del poder o, mejor, la de mantenerse en él), la de los partidos con posibles o imposibles (lo mismo: la lógica del poder, pero que si se ve como imposible permite pedir que se derogue la ley de la gravedad si hace falta. Si se ve posible, como los gobiernos más o menos), la de las organizaciones sociales y la de la gente de a pie (la lógica del día a día).
Si, encima, los gobiernos de los países más contaminantes siguen en sus trece, como se muestra en el texto que cito, todo ello al margen de declaraciones y propuestas no vinculantes,  pues eso.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Razón y Sentimiento

Hice una encendida defensa del uso de la Razón (casi como un burgués entronizando la Diosa Razón en la Francia de 1789) frente al abuso del Sentimiento, y un amigo, masón por cierto, me apostilló: "Ambos son necesarios".  Me hizo pensar.
Parece aceptable que determinados comportamientos movidos por la razón fría son espantosos. Pienso en el burocratismo en general y en el aplicado en la Alemania nazi para la "solución final" contra judíos (holocausto), gitanos (porraimos) y homosexuales (homocausto). Pero lo mismo se puede decir del sentimiento nacional exacerbado por movimientos de masas en los que solo hay eso, sentimiento, y donde intentar introducir un mínimo de racionalidad es inútil. Pienso en la ilusión (en su doble sentido de error de percepción y de anhelo incontenible) que tuvieron los brexiters en Inglaterra (algo menos en Gales y, todavía menos, en Escocia, no digamos en Irlanda del Norte). Cuando les han dicho que aquel entusiasmo tenía un precio y que se pagaba en libras, la cosa ha debido de ser complicada por lo menos desde el punto de vista personal. Ni que decir tiene que algo parecido ha sucedido en Cataluña aunque, al no tener por delante una rendición de cuentas, todavía se pueden convocar manifestaciones masivas en las que el sentimiento casi acabe borrando la racionalidad de los participantes... aunque no la de los convocantes que sí saben que están poniendo medios (las manifas) para conseguir fines, pero no los declarados para la "nación" sino para el grupo convocante e incluso solo para algunos de sus líderes, con o sin juicio contra los líderes detenidos.
Hay un caso de sentimiento compartido en manifestación masiva que me sigue fascinando: el de los hinchas (hooligans, tiffosi) en el fútbol, en particular cuando pueden ser etiquetados como "ultras" violentos. Pienso en Argentina y las peripecias de la Copa Libertadores con el Boca Junior y el River Plate. Tenemos grupos muy cohesionados, con un fuerte sentido de pertenencia y una referencia casi totémica hacia una entidad exterior ("mi" equipo). Lo que haga el tal equipo es casi irrelevante y tanto da que se refiera al juego mismo ("manque pierda") o al confuso mundo del dinero que le rodea en forma de compra-venta de carne humana (vivita y coleando, por supuesto), asuntos inmobiliarios, evasión de impuestos, "merchandaisin" y negocios no todos limpios en el palco. Todo un primor. Pero eso al hincha no le interesa: le interesa el grupo, su grupo, que, además, se refuerza si se enfrenta a otro grupo (despreciable, por definición).  Muchos hinchas arrastran frustraciones personales (desde las gónadas al estómago y llegando al cerebro), pero como la frustración genera agresividad, nada mejor que enfrentarse con los despreciables a los que, encima, podemos desafiar y retar con los consiguientes espectáculos de desorden público, destrozos, heridos y hasta alguna muerte, por suerte poco frecuente. Sentimiento sobre sentimiento.
Hay otras formas de ser hincha e incluso ultra. Los ingleses tienen un dicho ("My country right or wrong") que expresa bien ese predominio del sentimiento sobre la racionalidad: mi país, haga lo que haga, esté acertado o equivocado. “Que morir por la Patria no es morir: es vivir”, según el himno colombiano.
Es uno de los sentimientos más fuertes y de más complicada racionalidad: el de la propia identidad que se consigue identificándose con objetos externos: la familia, la pandilla, el pueblo, la religión, el país, la “nación” y, dicen, que hasta la Humanidad, pero también partido político, equipo de fútbol, cantante de OT y demás. Hay una forma sencilla de "humanizarlo": identificarse con varios objetos diferentes (por ejemplo, varias naciones) para que, como diría el viejo Freud, "emerja el Ego", la identidad del Yo.
Hay un caso particular: el del sentimiento xenófobo o, si se prefiere, el instinto xenófobo. Lo tenemos en común con otros animales. No hay que extrañarse de que también lo seamos: somos, sí, animales. Pero a diferencia de otros compañeros de Naturaleza, nuestro cerebro es capaz de darse cuenta de que la xenofobia es animal y, desde la neocorteza, introducir racionalidad, la revisión del instinto contra el peligroso diferente. Y eso es educable. Desgraciadamente en ambas direcciones: se puede educar en la xenofobia animal (como se hace estos días contra inmigrantes y de otras religiones) o se puede educar en humanidad (animal racional, al fin y al cabo). Para estropearlo, la racionalidad de muchos políticos consiste en aplicar racionalmente (se llama marketing) los medios que les proporcionen mayores réditos electorales y las emociones están entre ellos. Y así nos va.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

Polarización real

Curiosa palabrita que puede significar que algo tiene que ver con la realidad (es "real") o con una monarquía (la casa "real", por ejemplo, que no quiere decir que sea falsa -aunque lo sea-, sino que es propia o propiedad de una monarquía).
Me refiero a dos discursos navideños reales. No son auténticamente reales, ya que los han redactado otros, pero sí son reales porque los leen, respectivamente, su Graciosa Majestad Isabel II -Commonwealth- y el rey Felipe VI -las Españas-.
En ambos textos hay, por lo menos, una coincidencia: la preocupación por cómo se están polarizando sus respectivas sociedades, las que están a su cargo -es un decir-. La Reina, en su texto, es más directa: habla de una sociedad profundamente dividida y tiene más que motivos. El Brexit sin ir más lejos, pero no solo ya que las tendencias centrífugas del Reino (ya no tan) Unido son perceptibles. El partido nor-irlandés que apoyaba al gobierno conservador de Theresa May se lo ha estado pensando; el partido nacionalista escocés no quiere ni ese ni otro Brexit y así. Y esas divisiones partidistas que alcanzan a los mismos grandes partidos (conservador y laborista, divididos ahora por la tema) se reflejan en una sociedad en la que parece que, ahora, son mayoría (tan exigua como fue la contraria en el referéndum de salida) los que preferirían quedarse en la Unión Europea.
El Rey no habla de polarización (estos españoles poco claros y distintos, incluso este, de orígenes franceses como su mismo apellido indica: Borbón). Los ingleses parece que son más directos y claros y estos madrileños parece que prefieren los circunloquios. Pero las referencias de su texto a la convivencia van en la misma dirección. El Catalexit ha producido serias fisuras en todos los partidos. Cierto que en el bloque independentista donde las diferencias, aparentemente insalvables, son sobre tiempos y medios aunque no sobre fines: la independencia (como el Brexit duro preferiría la imposible independencia total frente a Bruselas cueste lo que cueste y costaría o costará mucho). Pero fisuras las hay. En el partido socialista en el tambaleante poder, también son perceptibles. No solo los llamados "barones" (los líderes de los reinos de taifas autonómicos frente al líder de Madrid) sino también en las filas del partido donde no todos ven con buenos ojos algunas maniobras del presidente del gobierno ni todos están de acuerdo con que NO se apliquen determinados artículos de la Constitución. 
Es posible que no se trate de dos situaciones excepcionales en esta Europa que se lame las heridas temiendo que aumenten y se agraven en la medida en que los "chalecos amarillos" (expresión de otra polarización, pero ya no política) se extiendan hacia Bélgica e Italia de momento y que los alternativos (tipo AfD) sigan creciendo en Suecia, se consoliden en Hungría y Polonia y ¡hasta en Suiza la bucólica y referendaria! Por citar los primeros que me han venido a la cabeza. Porque hay más. Van a hacer falta muchos panes et circenses.
(Añadido el 27: una versión distinta y más completa aquí)

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Vacaciones

Hasta el miércoles que viene. Felices fiestas.
Por cierto, ¿dónde está Belén? ¿En territorio palestino, territorio israelí o territorio palestino ocupado por Israel?

El color de mi cristal

Hubo dos noticias hace poco que merecían atención no solo por el tema que trataban sino, en particular, por el modo con que se hacía.
1.- La primera tenía que ver con la Caravana de centroamericanos intentado llegar, en Tijuana, México, a la frontera con los Estados Unidos para, allí, pedir asilo. Mantengo mis dudas, pero los titulares de periódicos extranjeros y españoles coincidían en señalar el rechazo de la población de Tijuana contra los problemáticos participantes de la Caravana a los que ya el presidente estadounidense había tildado de delincuentes. El rechazo llegaba a la violencia. Comprensible: poblaciones con problemas pueden reaccionar muy negativamente ante los que añaden problemas de abastecimiento, alojamiento y, sí, seguridad.  Pero, ¿todos los periódicos que leí o busqué titulaban de la misma manera? Pues no. Un periódico mexicano (de los llamados "de referencia") titulaba con las declaraciones de una política que iba a formar parte del gobierno del entonces presidente electo. Hay que decirlo todo: dicho periódico puede clasificarse como "progresista". Pero, a lo que voy:  en una entradilla por debajo del titular informaba de que junto a manifestaciones contra los emigrantes las había habido de apoyo a tales personas en evidente estado de necesidad. Hay algo que unía esta noticia con la siguiente y fue la facilidad con que, terminada la campaña electoral en las elecciones parciales estadounidenses, su presidente cambió su actitud y decisiones al respecto. Como ya no le servía la imagen de firmeza y resolución (y el gasto excesivo en el despliegue militar), cambió de política al respecto. Ahorro por un lado e imagen ya no rentable por haber terminado la campaña electoral que, en votos, ganaron los demócratas en su conjunto. 
Lo que me interesaba de esas noticias (y la siguiente) era el tratamiento, además, claro, del contenido. Puedo entender que una noticia "negativa" sea más "vendible" que una positiva, así que comprendo que la mayoría de los titulares recogidos subrayaran lo negativo y casi pasaran por alto lo positivo, la solidaridad, la ayuda mutua como factor de evolución.
2.- La otra noticia, en cambio, se refería no tanto al interés periodístico por un enfoque u otro, sino al interés de la fuente para que predominara un enfoque u otro. Me refiero a la relación Brexit-Gibraltar-gobierno de Madrid-gobierno de Londres. Repasando: había muestras de firmeza por parte del gobierno español (y victoria), desinterés por parte del gobierno británico inamovible, conflicto (darvinista, poco kropotnikiano) por el territorio, acuerdo en Bruselas, cesiones por parte de Madrid, ridículo histórico según la oposición, catedráticos en uno u otro sentido,  en un conjunto más bien caótico en el que, durante esos días, fue difícil saber qué estaba sucediendo realmente ya que las noticias "más importantes" en las Españas tenían que ver con los jueces y sus dimisiones y con los parlamentarios y sus insultos y posibles escupitajos. Y, según qué medios, con implantes varios. Al final, parece que hubo una acuerdo "histórico" aunque para unos fuese muy bueno (el gobierno) y para otros muy malo (la oposición).
Visto lo de Gibraltar bajo el imposible prisma de lo de Tijuana-Washington, y recordando que las elecciones en Andalucía movilizaban no solo a los andaluces sino, claramente, a los políticos de Madrid, es comprensible que igual que Trump usaba Tijuana para las pretensiones electorales de sus conmilitones, los de Madrid usaran lo del Brexit-Gibraltar con las mismas pretensiones: el gobierno tenía que demostrar firmeza (aquí no había necesidad de hablar del ejército) y la oposición tenía que mostrar la debilidad y hasta irrelevancia de dicho gobierno.
El trato de los hechos, en el caso de Tijuana, tenía que ver con supuestas reglas del periodismo, con toques de uso electoral (el alcalde de Tijuana estaba también en contra), mientras que el caso de Gibraltar tenía que ver con las supuestas reglas de las campañas electorales y que se resumen fácilmente: todo vale y, en todo caso, la realidad no importa, lo que importa es el tuit.
Si, en el primer ejemplo, la verdad era probablemente incompleta, en el segundo era manipulada. En ambas materias, pues "peor para la realidad", como cuentan que Hegel contestó a un estudiante que le contradecía diciendo que lo que el filósofo decía era contrario a la realidad. Siempre suponiendo que pudiera ser que el periódico discordante en el caso de Tijuana fuera el que se inventaba esa parte solidaria de la noticia y que tal vez alguno de los políticos discordantes tuviera la razón. Pero, ya se sabe, sólo la tienen "los nuestros".
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Añadido el 20: encima, hay casos en que el periodista, renombrado y premiado, se ha inventado buena parte del reportaje, como sucede en el caso de la Caravana y lo ha hecho en un medio de reconocido prestigio, "de referencia" vamos)

Cuando el Ego domina

Freud construyó unos tipos de personalidad según qué dominase en el individuo en cuestión, su Ego, su Super-Ego o su Ello, su libido digamos. Esta era su clasificación que comento en el cap. 3 de Violencias ocultadas, el librito que he colgado en la columna derecha de este blog:

Freud añadía que la realidad nos da ejemplos de combinaciones de dos e incluso de los tres predominios y, así, hay, por ejemplo, obsesivos-narcisistas que fácilmente se pueden identificar si se lee el "Por qué escribo" que, igualmente, está en la columna derecha de este blog.
Yo no sé si determinados tipos acaban de determinadas profesiones o actividades o si son estas la que provocan una personalidad de un tipo u otro.
Sí sé que hay actividades en las que, por lo que sea, domina uno u otro. Pienso en la política o en la enseñanza universitaria.
En esta última tiene cierta lógica que predomine el narcisista: alguien que durante años ha visto que las tonterías, banalidades, obviedades o pequeños avances de su ciencia que decía eran tomadas en serio por sus estudiantes (y estaba aquello de "¿puede repetir?" o "¿Puede dejarnos las diapositivas?") acababan pensando que lo que decían era importante, mucho más si mantenía -por encima de problemáticos "defensores del estudiante"- el poder de aprobar o suspender. Poder y acatamiento (aunque sea falso y adulador, pero eso no importa: mejor que me adulen aunque sea falso). Encima en una institución pre-capitalista, es decir, feudal, en las que las reglas del juego vienen determinadas por la fidelidad y la sumisión.
El caso de los políticos es parecido, solo que controlan más bienes que un simple aprobado. Por ejemplo, pueden, como seres omnipotentes, decidir si una plaza puede albergar veladores o tiene que ser peatonal, con la consiguiente rabia de los bares y restaurantes que usan los veladores. Y tienen un tipo de adulación que son los medios (no me imagino a un reportero persiguiendo a un profe para saber si ha dado ya el tema 3 o está todavía en el 2). Que hablen de mí aunque sea mal. Todas las condiciones para el narcisismo, sobre todo si ya lo arrastran desde antes de su acceso a la política. Y van desde el presidente de los Estados Unidos hasta un concejal de un ayuntamiento de una ciudad periférica en un país semiperiférico. Entiéndase por qué no me suelen interesar las declaraciones de los políticos y por qué me sonrío cuando veo a algunos ex-alcaldes (la verdad es que no todos son así) paseando por el pueblo como si todavía fuesen alcaldes. El Ego nunca muere.

martes, 18 de diciembre de 2018

En campaña permanente

Entiendo que cada cual hable de la feria según le ha ido en ella. Entiendo, entonces, que, respecto a Trump, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos, cada cual encuentre lo que busca (comentario nº 487 de Wallerstein) y no necesariamente lo que hay. Fuera, porque todos los países atraviesan por circunstancias complicadas y eso hace que se proyecte hacia fuera lo que no se quiere ver dentro. Y, dentro de USA, porque, en un país igualmente polarizado, cada uno de los lados intentará confirmar las propias opciones encontrando aquello que le interesa y no viendo el resto. Campañas electorales de una forma u otra, a corto o medio plazo. Medio plazo es dos años. Más de eso, no resulta relevante ni interesante.
Sin irse tan lejos, no es de extrañar la proliferación de eslóganes. Comprensible: es la forma sencilla de trasmitir un mensaje a quienes no están dispuestos a hacerse preguntas sobre el tema que corresponda. Son un banderín de enganche y, como tales, funcionan en esa tarea en que se convierte la política trasformada en márketing: simplificar, simplificar y simplificar. Y con una utilidad adicional: permiten repetir, repetir y repetir de forma que esa repetición los convierta en creíbles, es decir, verdaderos, aunque, al cabo de un tiempo, cambien los eslóganes y se repitan unos nuevos incluso contradictorios con los antiguos. Ya viene de Goebbels: una mentira repetida (en infinitos tuits, por ejemplo) se convierte en verdad. Y si viene envuelta en sentimientos, lo más primarios posible, mejor que mejor. Ya solo falta compartirla con otros, con el propio grupo, para que la Verdad campe por sus anchas, para lo cual no vendrá mal detectar al grupo de personifica la Falsedad, es decir, "nuestros" contrarios. Ormuz y Ahriman, dicotomía entre el Bien y el Mal que se recibe de los persas seguidores de Zaratustra y que lleva la idea del demonio cristiano -recibida del judaísmo- y a la práctica de exorcismos.
No parece que sea novedad, pero sí creo que hay una proliferación de esos comportamientos en la actualidad y en muchos países. No es bueno. Seguiré con "el color de mi cristal" en unas horas.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Pastores y agricultores

Más de dos mil muertos solo en 2018 en Nigeria. Y se pueden elegir motivaciones.
La primera, es la que da el titular: a medida que el acceso al agua se convierte en problemático, sea o no sea debido al cambio climático, la lucha por conseguirla se hace extremo. Los intereses de los agricultores no son los de los pastores. La condiciones materiales son las que son. Pero...
La segunda es que esas dos categorías coinciden con grupos étnicos que, sí, tienen bases materiales de existencia diferentes, pero uno de ellos pertenece al mismo grupo que el candidato a la reelección presidencial del país, campaña complicada por diversas acusaciones. Candidato y pastores son Fulani. Solidaridad de grupo, ya no solo condiciones materiales. Puedo imaginar que, en política, se subraye más este apartado que el anterior. Pero...
La tercera es que granjeros son en su mayoría cristianos y los pastores musulmanes. Guerra de religiones que haría titular en periódicos dispuestos a remover ese tipo de conflictos. Entiendo, aunque no puedo compartir, ese despropósito tan frecuente entre europeos, lo cual no quita que crea que las diferencias religiosas no tienen ab-so-lu-ta-men-te nada que ver. Tienen que ver.
Y por eso son situaciones sumamente complicadas en las que unos empezarán por la tercera división mientras otros, como el medio que cito, prefieran empezar por las condiciones materiales. No creo que sea mala idea esto último: convierte el problema en algo más manejable que hacerlo depender de diferencias metafísicas (más allá de la física) de tipo religioso.
(Añadido el 23 de enero: Más datos sobre este enfrentamiento particularmente letal)

domingo, 16 de diciembre de 2018

Diagnósticos y terapias

Son dos operaciones diferentes, cada cual con sus problemas. Para entendernos, supongamos que el médico encuentra una tos en el paciente y le receta un "antitusígeno" o un expectorante. Craso error: el galeno ha pasado a la terapia (o al alivio) sin antes haber realizado algo necesario para ello, a saber, el diagnóstico. Podría ser el caso de que la tos estuviera causada por un problema estomacal, que no es lo mismo que un problema pulmonar o un problema en la garganta. Se impone desconfiar de las terapias que no tienen un diagnóstico previo y, ya puestos, tomar con cautela los diagnósticos que llegan a "describir brillantemente lo mal que estamos" sin proponer ningún tipo de terapia. En mi defensa (ya que estoy en este grupo y, si se prefiere, se puede borrar lo de "brillantemente") diré que es menos grave, porque un diagnóstico puede servir para que otros propongan la terapia mientras que una terapia sin diagnóstico previo puede ser una simple pérdida de tiempo, todo ello sin entrar en la discusión sobre la eficacia probaba o no de las diferentes terapias conocidas. Vayan algunos ejemplos que muestran algunos problemas adicionales.
Primero, dos diagnósticos. Por un lado, el de James Petras, uno de los pocos marxistas declarados que he conocido y al que aprecio personalmente. Se trata de un excelente diagnóstico (en castellano) . Por otro, el que fuera secretario de Estado bajo Obama, John Kerry. Es una entrevista, pero, a efectos comparativos, sirve.
Me siento a gusto con ellos porque la terapia ocupa un párrafo final en el caso de Petras y está ausente (más allá de alusiones) en el de Kerry. Ambos tratan de lo mismo, pero es obvio que NO están hablando de lo mismo. Sencillamente, lo ven desde perspectivas radicalmente distintas. Pero se quedan en lo que saben o creen saber, sea por sus estudios o sus experiencias: el diagnóstico.
Ahora una terapia. La promovida por Thomas Piketty y sus firmantes.  El diagnóstico es tan genérico y distante que casi se puede decir que está tan ausente como la terapia en la pareja anterior. Tratan, además, de un caso concreto, el de la Unión Europea cuya enfermedad se supone, pero sin entrar en detalles más allá del papel que juega la desigualdad en la misma. 
Y una hiper-terapia, en este caso propuesta por otro viejo amigo, Alberto Acosta, y un colega, Ulrich Brand, con el que he coincidido un par de veces en eventos varios, pero que no puedo decir que conozco como conozco a Petras y, sobre todo, a Acosta. Se trata de una alternativa global al sistema global. Ambicioso pero, con todo el cariño que les debo, inútil: podemos decir que estamos en contra de la ley de la gravedad y que tenemos muy buenas alternativas a la misma, pero si no decimos cómo conseguir la abrogación de dicha ley (o las reglas del juego capitalistas), en realidad no se trata de terapia sino del uso que siempre ha tenido la utopía (de Tomás Moro para acá, pero ya estaba en Platón) para criticar diagnosticando. Es, en realidad, un diagnóstico presentado como terapia, pero una terapia debe incluir qué hacer dónde, por quiénes y cuándo, añadiendo las probabilidades de tales eventos.
No soy el más apropiado para ofrecer terapias ante tales eventos. Me quedo en la constatación, que no llega ni a diagnóstico (qué es, qué lo produce, qué efectos tiene, que pronóstico presenta).

sábado, 15 de diciembre de 2018

Auge del autoritarismo

Tiene dos vertientes. Por un lado, el aumento de regímenes políticos que pueden clasificarse como tales y que, parece, vienen en formas diversas desde las dictaduras hereditarias a regímenes con elecciones formales pero en los que el poder es controlado por una élite o incluso por una sola persona.
Por cuestiones biográficas, mi interés está en los comportamientos autoritarios. La conocida "personalidad autoritaria" publicitada por el viejo libro coordinado por Theodor Adorno, aunque la "escala F" (F por fascista) no me llegó a interesar. Algunos factores de tal personalidad creo que es importante recordar y se encuentran en la cita que acabo de hacer. 
Primero, que se forma en la infancia. Los freudianos encontraban homosexualidad reprimida que se trasformaba en hostilidad hacia el padre. Parece exagerado. Pero no que la infancia influyera en tal desarrollo: familia, municipio, sindicato, prensa del régimen y nacionalcatolicismo, que es lo que determinaba la infancia de niños como yo educados en los primeros años del franquismo español, régimen autoritario sin duda aunque se etiquetara como "democracia orgánica". 
Segundo, que es educable. Y educable significa que se pueden e-ducar (es decir, sacar) del individuo los elementos más propicios para tal personalidad, pero también que es "des-educable", es decir, que se puede reducir, con el tiempo, el peso de tales elementos ambientales infantiles. En el caso español, la educación autoritaria fue seguida por una etapa de "movida" libertaria que ahora parece que ha llegado a su fin o, por lo menos, que ahora se detectan nuevos elementos de educación autoritaria. Pero no por necesidad se es autoritario hasta la muerte: se puede cambiar.
Tercero, que la carga inicial y la educación posterior pueden inclinar la balanza hacia un lado u otro dependiendo del contexto en que se vive. Por ejemplo, el autoritario es muy sumiso cuando está "abajo" y muy duro cuando está "arriba" en instituciones jerarquizadas al modo pre-capitalista como pueden ser las universidades españolas donde son observables numerosos casos de "identificación con el agresor" (sumiso mientras estuvo de becario, inflexible cuando llega a catedrático o similares donde repite las prácticas autoritarias que sufrió cuando estaba abajo, ahora que está arriba).
Insisto en el segundo punto porque es el que puede ser el más claro objeto de intervención. Al fin y al cabo, la infancia pasada está y no resulta fácil reformar instituciones autoritarias si la reforma está en manos de sus gestores autoritarios. El segundo punto se refiere, sobre todo, a los medios de comunicación y a la publicidad (o propaganda) política.
Pero sí parece claro que si las personalidades autoritarias están en ascenso, no extrañe que los regímenes autoritarios también lo estén. O que lo vayan a estar. Un repaso a las características de tal personalidad (rigidez, intolerancia, estereotipos, anti-intelectualismo, auto-glorificación, creencia en el destino manifiesto personal y/o colectivo, etnocentrismo y demás) ayuda a entender algunos comportamientos observables en diversas clases políticas contemporáneas al incluirlos en este capítulo.
Me pregunto si el mundo de las redes sociales (tuits y similares) obstaculiza o fomenta el desarrollo de la personalidad autoritaria. Creo que sí, que fomenta, pero no puedo demostrarlo. Eso sí, se observan intolerancia, estereotipos, anti-intelectualismo y auto-glorificación (selfis). Vaya usted a saber si los trolls y los bots tienen algo que ver en esto.

viernes, 14 de diciembre de 2018

Peligrosa desigualdad

La desigualdad social es inevitable, pero el exceso de desigualdad es peligroso y los conservadores del orden establecido tendrían que saberlo.
Veamos. Tómese un resorte. Sepárense sus extremos. En un primer momento es fácil y, probablemente, no se puede hacer otra cosa. Ahora sepárense un poco más. Se verá que cuesta algo más, que hay que hacer esfuerzos mayores para aumentar y mantener tan separados sus extremos. Hay que inventar algo para que la cosa siga. Pero si se separan todavía más los extremos del resorte hay un punto en que este ya no resiste y, sencillamente, se rompe.
Traducción de la metáfora: el primer párrafo de este post. Es impensable la igualdad total. Siempre habrá desigualdad y los criterios pueden ser muchos, incluidos los físicos y las condiciones ambientales. Pero el riesgo para el orden establecido (que incluye tal desigualdad) viene del exceso de desigualdad. Por ejemplo, cuando los de un extremo quieren aumentar su distancia respecto al resto: lo que puede producirse es una ruptura del sistema.
¿Está el mundo cerca de tal punto de ruptura? Sí y no. Podría estar cerca si la desigualdad mundial fuera entre individuos. Efectivamente, la distancia es excesiva (eso ya lo dejó claro Branko Milanovic) y ningún resorte la resistiría sin romperse. Lo que sucede es que la realidad social es algo más complicada que lo que sugiere la metáfora del resorte (por ejemplo, raramente vuelve a su posición de origen). En el mundo hay un instrumento para gestionar la desigualdad mundial entre individuos, esa desigualdad que se mide comparando, en el ejemplo que cito, la riqueza de unas pocas personas (los millardarios) con la riqueza del otro extremo. El instrumento es el Estado. De hecho, esa desigualdad extrema que se encuentra comparando individuos ya no es tan fuerte si lo que se compara son estados.
Cierto que el problema se vuelve a plantear dentro de cada estado: hasta qué punto su desigualdad es peligrosa para el orden establecido (insisto: que incluye la desigualdad). Pero también ahí hay instrumentos disponibles. El clásico, una vez se sabe que el igualitarismo total es imposible, es la socialdemocracia que reduce, no suprime, la desigualdad: impuestos hacia arriba y políticas sociales hacia abajo. Sería lo más racional para "los de arriba", pero solo a un insensato se la ocurre decir que somos animales racionales. La alternativa puede ser con dos políticas que no se excluyen: pan y circo por un lado, es decir, engaño, manipulación, sentimientos provocados, y, por otro, represión policial. En general, el principio "el que se mueva no sale en la foto", que es la formulación más benévola.
Dejando las teorías y bajando a la realidad, no nos extrañemos del auge de los nacionalismos (estatales y subestatales) en paralelo con el auge de la desigualdad, de la aparición de "chalecos amarillos" cabreados por recibir la parte peor de la tarta (versión "o jugamos todos o rompemos la baraja") y de bienintencionados manifiestos como el liderado por Thomas Piketty recientemente. La socialdemocracia, por lo menos en Europa, ni está ni se la espera.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Exit del Brexit

Le Monde producía ayer estas posibilidades de cara el Brexit
Anular el referéndum después de que el parlamento vote contra el actual acuerdo de salida o convocar un referéndum nuevo que, esta vez, diera la victoria a los remainders. Cierto que también podría volver a dar la victoria a los brexiters, pero el baño de realidad que han recibido muchos británicos la hace menos probable. Cierto, digo, que hay británicos que, como el himno colombiano, saben que "morir por la patria no es morir: es vivir" y que los sentimientos del orgullo patrio y la nostalgia por el imperio perdido pueden tener más fuerza a la hora de decidir ahora su voto que no esas cosas pedestres de comer, vestir y alojarse con un ingreso digno. Tal vez algunos brexiters (y nuevos electores) piensen que lo de la Unión Europea, por renqueante, malgestionada y poco democrática que sea resulta menos peor que una salida dando un portazo (eso piensan muchos en Wall Street, no solo clases medias). Se verá una vez se ha superado el voto de confianza a la sra. May que poco cambia. De momento, en un lado están los brexiters que quieren una ruptura clara y distinta y, en el otro, los que prefieren irse pero con acuerdos de forma que la versión sea "blanda". En qué consista esta última, no está muy claro porque entran asuntos espinosos como Irlanda.
Y, una vez más, no puedo resistir la tentación de apuntar la posibilidad de algún paralelismo (que no identidad) con un Catalexit que ahora fuese precedido por un referéndum legal, con censo constatable, interventores pluralistas y participación abierta a los contrarios y fuera mutuamente aceptable para ambas partes internas (secesionistas y unionistas) y, sobre todo, para la otra parte del divorcio: el gobierno central. Tal vez siguiera primando lo del himno colombiano, y más con las soflamas del presidente de la Generalitat de su comunidad autónoma, pero sería más aceptable si, además, se suprimían actos simbólicos, teatrales o dramáticos para seguir encendiendo el "my country right or wrong". Y si está realmente "wrong", peor para la realidad.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Para qué las manifas

Si, al pelar patatas, me corto inesperadamente un dedo porque se me escapa el cuchillo, es posible que suelte un “ay” expresando así mi dolor. Es, pues, un comportamiento expresivo que se agota en sí mismo y no permite una evaluación que vaya más allá de su pertinencia: me supe aguantar, soy un quejica o no vale la pena dejarse llevar por reacciones espontáneas. También puedo, diligentemente, lavarme las manos, poner un desinfectante y rodear el dedo dañado con la correspondiente “tirita”. Es un comportamiento distinto: es instrumental. Es un medio que pongo para obtener un fin y ahí es mucho más fácil aplicar criterios de evaluación: si ese medio es suficiente o excesivo respecto al fin de evitar problemas en el dedo. Demos un salto.
Vayamos a 2003 y a una de las mayores manifestaciones callejeras que se recuerdan en los archivos. No solo en las Españas, sino en todo el mundo. Cierto que se discutía el número (siempre aproximado) de participantes por ejemplo entre los organizadores que hablaban de millones entre los que había tomado las calles de Madrid y Barcelona y los centenares de miles que decían desde el gobierno central. Fue la manifestación del “No a la guerra”. La de Irak, por supuesto. Se trataba, eso sí, de un comportamiento expresivo. Recuerdo la de Alicante y la gente que encontré. Pero si hubiera sido un comportamiento instrumental (manifestarse para evitar la guerra o contra el Partido Popular), habría sido un fracaso. Guerra hubo. Y si se trataba de, como hubo quien dijo, de una manifestación contra el gobierno del PP encabezado por José María Aznar, el hecho es que en las siguientes elecciones dicho partido obtuvo mayorías holgadas en muchos de los ámbitos en los que estaban convocadas.
Seguimos en esas. Siempre hay quien dice “¿escucharán los gobernantes el clamor de la calle?”. Y lo que dice la calle sobre la violencia contra las mujeres, las pensiones, Cataluña y servicios públicos, los “chalecos amarillos”, la sagrada unidad de la Patria o los huesos de Franco, por poner algunos ejemplos rápidos, tiene una respuesta muy fácil: cuántos son y qué proporción suponen sobre el colectivo que dicen defender con un comportamiento pretendidamente instrumental echándose a la calle. El porcentaje siempre es bajo. Mucho incluso y eso hasta cuando son, como la del “No a la guerra”, supuestos millones. Bueno, millones claro que los hubo, pero sumando todas las “manifas” en Europa sobre el tema con lo que, encima, el porcentaje caería todavía más.
Después de una muy posterior manifestación en Alicante sobre política social, no tan numerosa como la de Irak, pero en todo caso masiva, coincidí en un restaurante chino con personas que también habían participado en la misma. Tuve que sonreír internamente. Venían entusiasmadas por la movilización y se hacían la pregunta de rigor sobre los efectos que tendría. Craso error: se había tratado de una protesta, de un comportamiento expresivo, por lo que la pregunta sobre los efectos casi era innecesaria.
Sin embargo, y a diferencia del “ay” por mi inexperto tajo, sí que tenía efectos. No por parte de los gobiernos que, efectivamente, “no escucharon el clamor de la calle”, pero sí entre los participantes que, de alguna manera, se veían “confirmados en la fe”. Muy sencillo: lo que no puede ser objeto de verificación empírica (como “si suelto esta piedra, seguro que cae”) acabamos creyéndolo porque lo compartimos con otros. Sucede con las religiones y las ideologías políticas: generan sus mecanismos de “confirmación en la fe”, grupos, parroquias, células, agrupaciones y, sí, comportamientos de masa, que son particularmente útiles a este respecto...
… y particularmente peligrosos por decirlo todo. Pueden tener, como motivación, frustraciones y carencias (a las que me referí la semana pasada) y dar paso a la agresividad. “Pueden”, insisto, porque no sucede por necesidad, pero explican la violencia de algunas manifestaciones y contra-manifestaciones con independencia de la ideología de sus participantes, ya que los hay de muchos colores, incluso al margen del convencional etiquetado de “derecha e izquierda”. Si, como comenté, hay más gente que se declara de “extrema izquierda” que los que lo hacen de “extrema derecha, el auge de las manifestaciones clasificables como de “extrema derecha” ha de ser entendido en su medida. Es sabido: la frustración produce agresividad y esta busca objetos sobre los que descargarse, objetos que se justifican con la ayuda de pertenencia a grupos que definen con claridad tales objetos. El recurso, incluso bienintencionado, a la Constitución es insuficiente: tiene mucho de expresivo.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Una enumeración de las manifestaciones producidas en la penúltima semana puede verse aquí
Aquí una entrevista situando el fenómeno francés de los "chalecos amarillos" en un contexto histórico más amplio
Los "barras bravas" argentinos también son peculiares)

Optimismo medioambiental

Este es el titular:

Los países que más contaminan aprovechan la Cumbre del Clima para promocionar el carbón y el petróleo

Es fácil saber quiénes son: son los países que tienen una política medioambiental peor según el Índice de Comportamiento ante el Cambio Climático 2019. Véase el ranking:


Si queda borroso, váyase a al enlace que cito para ver dónde están los Estados Unidos o Arabia Saudí y, si es nacionalista de un estado, su propio Estado si no está entre los citados. El periódico que sigo resume:
En el grupo de países con nota muy baja están la mitad del G20: Japón (49), Turquía (50), Rusia (52), Canadá (54), Australia (55), Corea (57) y, en las últimas posiciones, EE.UU. (59) y Arabia (60). EE.UU. vuelve a perder varios puestos debido a sus pobres resultados en los indicadores de emisiones, renovables y uso de la energía.
(Por cieto, la India está en el grupo de "los buenos". La China ocupa el puesto 33, en el grupo siguiente a "los buenos" y España en el 35 que, aunque haya mejorado, todavía está en el tercer bloque -en el cuarto, están "los malos"malos recién citados-)
Puedo separar plástico, papel y orgánico. Es mi deber ciudadano mundial. Pero sé que no sirve para nada, viendo qué hacen los que sí afectan clara y notablemente al medioambiente, a no ser que Gaia, el planeta, reaccione por sí mismo. Si el problema es mundial, la solución tiene que ser mundial. Y si los que se escaquean son precisamente los que más contaminan, no sé de qué estamos hablando cuando hablamos del futuro de la especie humana en el Planeta. Lo siento por mis nietas.
Pero es que, encima, las políticas ecológicas no siempre obtienen apoyo popular, es decir, electoral.

martes, 11 de diciembre de 2018

Salvar la democracia

Están preocupados por el rumbo que está tomando la política en su país. Piden que los intereses partidistas y los intereses personales (que, desgraciadamente, también entra en el juego), se sometan al interés general se defina como se defina. 
Es fácil encontrar ejemplos inmediatos en los que el interés del partido (por ejemplo, ganar las siguientes elecciones) se persigue con todos los medios disponibles, legales o ilegales, legítimos o ilegítimos. Y, lo que es peor, es fácil encontrar ejemplos de uso de la propia actividad política para beneficio propio aunque eso suponga un descrédito mayor para el sistema, incremente el enfado de amplias capas de la población, aumente el abstencionismo, suponga mayores hechos violentos en las calles y "la política" quede en una esfera que poco o incluso nada tiene que ver con el "demos", los ciudadanos a los que se supone tiene que servir.
No sé desde qué país está usted leyendo esto, si contempla la preocupante abstención en las recientes elecciones venezolanas, el auge de los "chalecos amarillos" en Francia, las destartaladas idas y venidas de los políticos españoles (hoy blanco, mañana negro; y tú más; calumnia que algo queda; exagerar para convencer; sentimientos por encima de razonamientos) o las peculiaridades catalanas con sus divisiones internas en bandos separados en los que se manifiesta el interés del partido o incluso de la propia carrera política por encima del interés de la ciudadanía catalana -no digo "nación" porque esa palabra de problemática base empírica es parte del problema-. Estos son los ejemplos que me viene a vuelateclado.
Léase la carta abierta de 44 ex-senadores, de diferentes procedencias partidarias y geográficas, pidiendo que se ponga fin a las prácticas que ponen en peligro su democracia. Véase después de qué van las noticias del día en su país, el de usted, y piense si no cabría algo parecido en el país de usted (ya sé que no es suyo, pero así es el lenguaje -a mí me cuesta decir "MI país" como si fuera de mi propiedad: eso lo dejo para políticos y por eso he evitado el posible malentendido de escribir "su país"-). Y supongo que ya sabe que esos senadores son estadounidenses, del país gran defensor -por lo menos en otros tiempos- de la democracia en otros países, defensa selectiva, por supuesto. Y, así, se defendía en Venezuela y no en Arabia Saudí.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Valores e intereses

Son dos modos de actuar. Se actúa defendiendo principios o se actúa defendiendo lo que a uno le beneficia directamente caiga quien caiga. Esos principios (libertad, igualdad, fraternidad son los clásicos) pueden llamarse valores. Ejemplos muy claros: los veganos que, por respeto a la vida y a los animales, se niegan a comer nada que tenga que ver con el uso y abuso de los mismos. Las noticias, de todos modos, no siempre son tan claras a la hora de clasificar algo como defensa de valores o defensa de intereses.
Tenemos, para empezar, el llamado que un nutrido grupo de académicos y políticos hacen para que en la Unión Europea se luche activamente contra la desigualdad y, para lo que ahora ocupa, el cambio climático. Siendo maligno se pueden encontrar intereses detrás de tal propuesta, pero sí  parece que se trata de una propuesta basada en valores. Mucho más claro en esta carta abierta de Extinction Rebellion sobre la urgencia de actuar en el terreno del cambio climático.
En el otro extremo, tenemos a los representantes de los Estados Unidos, Rusia y otros países petroleros comenzando por Arabia Saudí tomando posiciones claramente contrarias a las propuestas de los del IPCC, en particular contra las que tienen que ver con emisiones de carbón. Intereses, evidentemente. Respetables y explícitos, pero contrarios (y por eso menos respetables) para los valores de respeto a la Naturaleza y sus derechos, sean o no sean contrarios al interés general de conservar la especie humana, cosa que entra en otro capítulo, a saber, el de lo discutible por científico y que podrá verificarse en el futuro.
Mi problema es dónde clasificar el apoyo que un notable grupo de grandes inversores mundiales hacen al recorte de emisiones de carbón. Aparentemente, se trata de valores. Como los veganos. Pero siempre queda la duda de si no habrá intereses, incluso a corto plazo, en tal propuesta. Ciencia de por medio, su planteamiento se basa en anunciar, si no se toman tales medidas, un caos económico, un crash financiero de grandes proporciones, es decir, contrario a los intereses de esos inversores. Juzgue el lector.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Imprevisible

El asunto comercial entre los Estados Unidos y la China es suficientemente importante como para que las Bolsas mundiales reaccionen ante cualquier pequeña noticia o indicio.
No recuerdo ahora el nombre de un personaje de la trilogía de Asimov sobre el Imperio. Un genio de las matemáticas había conseguido predecir los acontecimientos hasta que aparece ese personaje (el Mulo, creo recordar) que impedía, con su comportamiento al margen de los algoritmos, que los buenos deseos de Tranton se cumplieran.
Me he tenido que acordar de aquellas novelas al leer este artículo de Paul Krugman en el que afirma que no hay modo de saber qué puede suceder en tal asunto (el conflicto comercial) ya que depende del pronto que tenga un personaje ignorante y volátil como Trump. Una persona decidiendo a su libre albedrío. Como para levantar un monumento al estructuralismo.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Dinero y política

Datos de Gallup sobre las "dos Francias" que, cuando se lee el reportaje, se ve que son más. Las respuestas se dan según el nivel de renta del encuestado. Interesante, como pretende la empresa, para añadir información sobre lo que está sucediendo con los "chalecos amarillos". Esta tabla me resulta particularmente sugestiva:
Los que dicen ahora aprobar menos a Macron que hace un año (y son los que menos le aprueban) no son los más pobres sino los que se encuentran en un escalón inmediatamente superior. Los más ricos son de otro mundo: porcentaje de aprobadores más alto y sin cambios en este año. 
Véanse, en las otras tablas, las razones para afirmar que la frustración produce agresividad y la agresividad produce violencia. Por lo menos, para ver que hay que tener cuidado con la clasificación de "los de arriba" y "los de abajo". La cosa es algo más complicada, no simplista.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Comparar con tiento

Cuando se comparan dos conjuntos, digamos A y B, la operación consiste en buscar determinados componentes de A (no todos) y ver si están presentes en B y, en ese caso, cómo están presentes (en cantidad o calidad). Pero, como decían los escolásticos, "comparatio non tenet in omnibus" lo que, puesto en román paladino, significa que comparar no quiere decir que asumamos que los términos de la comparación sean idénticos en sus contenidos.
A lo que voy, comparar el Brexit con el Catalexit no implica que se trata de asuntos idénticos. Hay, en efecto, muchos elementos que los distinguen, pero la comparación trata de aprender de uno para mejor entender el otro, describir uno para hacerse mejores preguntas sobre el otro. Vayamos, entonces, a las diferencias que creo más significativas.
1- Por un lado, tenemos un Estado (plurinacional, por cierto) que pretende independizarse de una entidad supra-nacional a la que se adhirió libremente en su día. Por el otro, tenemos una "nación", que quiere ser (¡por fin!) Estado y para ello necesita independizarse del Estado en el que se encuentra ahora y donde no está por propia voluntad. De entrada, es obvio que el primero no tiene por qué referirse a Kosovo mientras el segundo sí. Las situaciones son muy diferentes.
2- Pero, cuidado, hablamos de Estado y "nación" como si fuesen actores reales y no lo son. En realidad, nos estamos refiriendo a gobiernos constitucionales, el del Estado del Reino Unido y el de la Comunidad Autónoma de Cataluña. Pueden hablar en nombre de toda la colectividad (Estado o "nación"), pero solo están hablando en nombre de los que les respaldan y a los que legítimamente representan.
3- Respaldar no es un concepto abstracto o que se deriva de lo que dicen "desde arriba" cuando usan el plural mayestático, un "nosostros" falso, como lo prueban los respectivos referendums para lograr el punto 1.
4- El gobierno de Londres lo convoca bajo toda legalidad y con el interés particular de superar una crisis interna a la clase política (Cameron) y se le va de las manos. El gobierno de Barcelona lo convoca contra toda legalidad y con el interés particular de superar una crisis interna a la clase política (Mas) y se les va de las manos.
5- Ambos parecen mostrar (y lo siguen pareciendo) que los intereses partidistas e incluso personales están por encima de los intereses que los respectivos gobernantes dicen defender. Desprestigio de la clase política y raíz de frustraciones que llevan a comportamientos agresivos.
6- Pero ambos resultados muestran una sociedad aritméticamente dividida entre el SÍ y el NO. En el caso británico 52 a favor; en el caso catalán dependerá de cómo se calculen los resultados que, si se traducen a su sociedad política, repiten cifras parecidas: fifty-fifty. Esa polarización, unido al desprestigio del punto anterior, lleva a agudizar los enfrentamientos. La diferencia es que el resultado del referéndum británico es unívoco ya que representa a los votantes censados mientras que el catalán, al haber sido ilegal o de legalidad dudosa, representa a los ya convencidos y que, encima, votaron.
7- Con una diferencia: nada parece indicar que en el Reino Unido el orden constitucional esté en entredicho. En el caso catalán, el rechazo a la Constitución (española, por supuesto) es muy alto. Puede que hasta el Estatuto de Autonomía tenga problemas. Con eso en mente, la lectura de los puntos anteriores adquiere una luz muy diversa entre un caso y otro.
8- Y esta es la gran diferencia en mi opinión y en este momento (antes del 11 y antes de los juicios): En el Reino Unido la situación es seria, pero no desesperada: disponen de múltiples instrumentos, de mayor o menor daño a la sociedad, para resolver el impasse. En Cataluña la situación es desesperada hagan lo que hagan, pero no es seria, dado, además, el nivel de exaltación y visceralidad que se da entre los bloques enfrentados, mucho mayor y pasional que el de los británicos. Los líderes, supongo que siguen practicando su habitual principio: Après moi, le déluge. Y el que venga detrás, que arree.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Extrema derecha II

Los llaman "nacionalistas", pero se refieren a los nuevos viejos partidos de extrema derecha en Europa.
Map showing rise of populist and nationalist parties in Europe
Y hay quien les tema, recordando la noche de los cristales rotos. Ahora le ha tocado a España, con el auge del partido Vox (una escisión del Partido Popular) y su entrada en el parlamento andaluz que presagia su entrada en el parlamento español. Son doce diputados y casi 400.000 votos, con particular presencia en las zonas urbanas con la excepción de algunos municipios de fuerte inmigración reciente como El Ejido.
He partido de ese mapa porque reducir este auge a un problema andaluz o español es perder parte del problema o reducirlo a la xenofobia ante los inmigrantes "que no comparten nuestros valores ni nuestra cultura" (como si se supiera cuáles son esos valores y en qué consiste esa cultura). Cierto que la inmigración es una variable a considerar en Europa, pero, primero, no es un fenómeno únicamente europeo. La lista es algo más larga e incluye a algunos gobiernos importantes a escala mundial.
Algunos estudios distinguen entre "derecha extremista" y "derecha radical populista", cosa útil si se quiere, pero, como se reconoce, con suficientes elementos en común como para analizarlos en conjunto. Ambos propagan ideas nacionalistas, se muestran contrarios al pluralismo cultural y favorables a políticas restrictivas de inmigración y comparten propuestas anti-establishment". 
Los que hayan seguido los avatares de las elecciones locales andaluzas habrán reconocido las semejanzas del partido Vox con sus cofrades europeos (no en vano Steve Bannon, intentando organizar la "internacional nacionalista" euroescéptica, ya ha tenido contacto con ellos).
La cuestión no creo que sea la de rasgarse las vestiduras ante el hecho local y anunciar movilizaciones "en la calle" contra lo que llaman "auge del fascismo". Están en su derecho, obviamente. Pero lo fundamental es darse cuenta de cuáles son los factores que subyacen a este auge que, no vendrá mal recordarlo, recuerda a otro auge a principios del siglo pasado y que llevó a la II Guerra Mundial, que esta vez podría ser atómica.
Vuelvo a citar un artículo sobre el tema porque, primero, distingue entre los factores de oferta política (partidos, su propaganda, la cobertura mediática y en redes sociales que reciben y la crisis de los partidos mayoritarios) y los factores de demanda social. En estos últimos está la inseguridad, desigualdad, desempleo, inmigración (sí) y desasosiego cultural. Claro que hay diferencias de país a país y de región a región y hasta de municipio a municipio, pero los elementos comunes (el mapamundi) sirven para situar el callejero concreto y local en un contexto que le da sentido.

Vox populorum

“De los pueblos”, no “del pueblo”. Guste o no guste el resultado de Vox en Andalucía, el caso es que tiene detrás casi 400.000 votos y 12 escaños y eso exige alguna explicación al margen del habitual arrimar el ascua a la propia sardina que practican los partidos en campaña electoral (y no se olvide que en ella estamos todavía y lo que te rondaré morena). La culpa, siempre, la tienen los otros y, si no sabemos qué hacer, “tomamos la calle” (o la universidad) para protestar con independencia de los efectos que tales protestas puedan tener sobre la realidad.
Si de lo que se trata es de comprender lo sucedido y no dejarse llevar por las emociones o los intereses, la primera explicación tiene que ver con la inmigración. El Ejido sale de inmediato en la charla, pero hay que añadir, para no dejarse atrapar por lo aparentemente obvio, que el partido (escisión del Partido Popular, no se olvide) ha tenido más peso en las ciudades que en el resto de Andalucía. Así que quedarse en la emigración es algo demasiado fácil y ya se sabe que los argumentos simplistas movilizan, pero no suelen explicar.
El caso es que, con permiso de Felipe González, España no era la excepción en Europa en cuanto a no tener un partido de extrema derecha con representación parlamentaria. Portugal lo sigue siendo. Pero sí es cierto que en Europa abundan los tales partidos, además de los populista de izquierdas y los populistas nacionalistas monotemáticos, fenómenos ambos que conviene no perder de vista. En Suiza estos partidos de extrema derecha obtienen importantes porcentajes de voto, en Italia la Lega (antes Lega Nord) está en el gobierno, en Francia el Rassemblement National (antes Front National) ha jugado a la presidencia y con posibilidades y la lista sigue en Alemania, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Holanda, República Checa, Bulgaria, Hungría, Polonia, Austria o Chipre. Y seguro que se me escapa algún país más, por ejemplo UKIP en el Reino Unido o no tan unido. No se me escapa Grecia con su Amanecer Dorado, pero esa es otra historia. Para lo de ahora hace falta una explicación.
He encontrado un trabajo que intenta darla, pero sin caer en simplismos. Diferenciando país y país y escala nacional y escala local, procura darle explicaciones desde el lado de la oferta política y del lado de la demanda social. Y ahí tengo que recordar “El mundo de ayer. Memorias de un europeo” autobiografía del Stefan Zweig que leí en mi adolescencia porque mi padre tenía sus obras completas. En la Alemania pre-hitleriana había pobreza, insatisfacción, inseguridad por un lado y, por otro, comenzaba una oferta de soluciones claras y simples, con buenas herramientas de propaganda e indoctrinamiento y con estrategias para ir ocupando posiciones de poder: los nazis. Zweig, judío que tuvo que exiliarse y acabó suicidándose, recoge la incapacidad de las élites para darse cuenta de lo que se estaba cociendo a sus espaldas o frente a ellos.
Ahora tenemos una demanda social clara, asociada con la inseguridad tanto económica como cultural en un contexto de creciente desigualdad social, y a la que es fácil ofrecerle claros culpables: la inmigración, la corrupción, los bancos, la “crisis”. La oferta también se va clarificando, diferenciándose de “los de siempre”. Cierto que el Partido Popular y Vox tienen sus más y sus menos. Pero la oferta de Vox ha tenido apoyo mediático (incluso los argumentos en su contra se convertían en argumentos a su favor) y, como ha recordado Rodríguez Zapatero, buena estrategia en las redes sociales, esa fuente de conocimiento y decisión que las encuestas no cubren (Por cierto, el CIS, a principio de campaña, acertó relativamente con el Partido Popular, Ciudadanos y Adelante Andalucía y no lo hizo con el PSOE y Vox. En su favor hay que decir que no hacía predicciones, sino que intentaba reflejar lo que había en aquel momento, así que algo habrá que adjudicar a la campaña pésima del PSOE y eficaz en Vox).
Pero volviendo a la campaña, es preciso recordar el intento de organizar una “internacional nacionalista” (es decir, de extrema derecha) por parte de Steve Bannon, ex-asesor de Donald Trump, y que, se sabe, tuvo contactos con destacados miembros de Vox. Forma parte, a lo que parece, de una estrategia “trumpista” de debilitar a la Unión Europea fortaleciendo a los partidos euroescépticos. Preguntarse qué trucos les tuvo que enseñar es caer en la trampa del conspiracionismo, pero no por ello la pregunta es irrelevante.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-; las fuentes, en el siguiente post)

Hasta yo lo veía


Esta es la imagen de portada de The Economist del 24-30 noviembre pasados. Titular:
The truth about a no-deal Brexit
Salirse de la Unión Europea (como, en el caso catalán, salirse de España) sin acuerdo entre las partes es suicida. La revista se pregunta, con razón, cómo es posible que gente preparada y razonable no lo vea y siga apostando por un Brexit-duro, es decir, irse dando un portazo. Lo mismo puede decirse del Catalexit aunque ahí los entusiasmos secesionistas unilaterales se estén enfriando.
Hay razones. Hay, en efecto, sesudos estudios econométricos que muestran que el Reino Unido (o Cataluña) estarán mejor solos que mal acompañados, así que lo mejor que pueden hacer es irse.
Mi problema: se ha repetido hasta la saciedad que los algoritmos son expresiones matemáticas de ideologías previas (aquí más sobre ellos) y se puede añadir que esos sesudos estudios son expresiones econométricas de sentimientos previos: el de "Britannia rules de waves" o el de "Catalunyatriomfanttornarà a ser rica i plena!". Predomina el sentimiento sobre los análisis concretos de situaciones concretas en plan desapasionado. Los argumentos contra el "no-deal Brexit" eran mucho más creíbles, para el desapasionado, que los fogosos argumentos de la nueva versión del "Nosaltres sols". Y cuando los sentimientos se reducen, vienen las rebajas... o se siente una profunda frustración que lleva a la agresividad del tipo CDR. En el Reino Unido no se ve ese tipo de violencia que yo sepa, pero los avatares que siga la sra. May y lo que puede suceder de aquí al 11 y siguientes sí podrían producirlo. Pero que la secesión unilateral tenía más costes que beneficios, hasta yo lo veía. Pero no los brexiters, cegados por el Imperio y "Bruselas nos roba".

lunes, 3 de diciembre de 2018

Esto promete

Vale la pena leer este artículo en castellano sobre la desinformación en internet. Un único comentario: lo aconsejo.

domingo, 2 de diciembre de 2018

No me lo creo

Y espero que no te lo creas. Es la diferencia entre un argumento basado en un mínimo de pruebas verificables y un argumento basado en la fe (creer en lo que no se ve). La plantea aquí a propósito del "no me lo creo" del gobierno Trump sobre el cambio climático, administración en la que hasta la palabra "cambio climático" está prohibida.
La fe no se pueda probar. A lo más, puede pretender argumentos que la hagan inteligible -fides quaerens intellectum, que decían los escolásticos-. Creíble, no demostrable.
Pero eso no quiere decir que no hayan razones para creer. Las hay. Y el artículo que cito repasa algunas puestas en práctica por el susodicho gobierno. La más inmediata es la de hacer creer (fe sobre la fe) que los contrarios forman parte de una vasta conspiración. La más obvia es que el presentismo político (y el que venga detrás que arree) lleva a evitar pasar de la fe cierta al probabilismo científico (porque el cambio climático no es cosa de fe).
Y ahí entra mi pesimismo al respecto. Primero, porque el presentismo es una enfermedad de todo gobierno y consejo de administración que se precie. O, por lo menos, el cortoplacismo. Que algunos gobiernos como el estadounidense lo diga a las claras no quita para que otros gobiernos no lo digan, pero lo hagan, es decir, no tomen decisiones al respecto. Segundo, porque las tímidas medidas anunciadas (que no tomadas) para un futuro más a o menos lejano por algunos gobiernos europeos no tienen por qué ser la solución. Y, tercero, porque si el problema es planetario (global, mundial), la solución tendría que ser igualmente a escala planetaria. De nada sirve que yo deje de hacer determinadas cosas si el primer contaminador-agresor sigue en sus trece aduciendo su fe contra toda probabilidad científica. Los grandes contaminadores (G-20) se reúnen para otras cosas.
La reunión de estos días en Polonia tendría que ser un éxito, pero no lo será. Primero, porque sus decisiones no serán unánimes y, como digo, tendrían que serlo (pensar globalmente, actuar globalmente). Y, segundo, porque el cortoplacismo, enfermedad senil de los centros de decisión -insisto que de gobiernos y consejos de administración-, dejará en papel mojado tales decisiones. Piénsese, si no, en qué ha pasado con las decisiones de las cumbres anteriores, en particular con las decisiones que tenían algo que ver con la realidad realidad y no con la retórica y cuya puesta en práctica podía someterse a verificación empírica. Estamos atrapados. Menos mal que siempre nos quedará la fe.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Rodeando a Pangloss

Es posible que vivamos en el mejor de los mundos posibles, como diría el doctor Pangloss. Pero esa frase tiene varios sentidos. El primero, el de los nuevos optimistas, consiste en mostrar lo bien que estamos si nos comparamos con siglos pasados: esperanza de vida, violencia, pobreza y así. Tal vez. El segundo es el de los quietistas de siempre que creen que la cosa no da más de sí. Que ya podemos esforzarnos que no vamos a conseguir que esto funcione mejor ya que está en los límites de sus posibilidades. No es posible otra cosa.
Si los primeros subrayan el mejor, los segundos se quedan en lo posible.
He escuchado esta mañana un par de crónicas sobre dos casos tal vez extremos aunque hay más. Por un lado sobre los venezolanos que han cruzado la guajira y están ahora en Colombia. Cierto que no están en el mejor de los mundos posibles para ellos aunque el Planeta lo esté según los nuevos optimistas. Por otro lado, los doce emigrantes recogidos en un pesquero alicantino en medio del Mediterráneo y que buscan puerto cercano y humanitario (las dos cosas: Libia puede estar cercana, pero...). Abandonados, con un mínimo de ayuda por parte de una ONG que consigue repatriar al emigrante que se encuentra en condiciones sanitarias extremas y al que tienen que llevar a Malta en helicóptero ya que los malteses no aceptan barcos. El gobierno español que tan diligente estuvo con el Aquarius, ahora mira hacia otro lado, recurre a frases de ese papel mojado que llaman derecho internacional y están sordos ante los alcaldes de Barcelona y Valencia que estarían dispuestos a acoger. Supongo que el gobierno socialista actúa como actúa porque el domingo son las elecciones autonómicas en Andalucía y allí la inmigración ha sido un tema vidrioso para unos y ruidoso para otros. No quieren dar más armas electorales a los que quieren cambiar el gobierno igualmente socialista de esa Comunidad Autónoma.
La lista puede continuarse: los rohingya, los millones de hambrientos en el Yemen, los palestinos. Y pueden verse algunos datos inesperados, por ejemplo, la contínua reducción de la esperanza de vida en los Estados Unidos.
Tal vez, entonces, el mundo sea el mejor de los posibles, pero eso no quita que siga habiendo (mayores o menores, eso no importa) problemas graves que resolver en términos de supervivencia, calidad de vida y derechos humanos para capas de la Humanidad, pero reales tanto si son crecientes como decrecientes. La discusión sobre si "estamos" mejor o peor tendría que ser sustituida por sucesivos intentos por reducir situaciones como las enunciadas. 

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Violencias: causas y remedios

La regla de la mayoría no es una herramienta para encontrar la verdad. Que quede claro. Las mayorías que creían que la Tierra estaba fija y era el Sol el que daba vueltas alrededor de ella es obvio que se equivocaban. Es un caso extremo, pero se puede pensar en la equivocación que han supuesto las mayorías que han contestado en un determinado sentido en más de un referéndum reciente. A lo más, la regla de la mayoría es un instrumento para tomar decisiones, venga o no venga matizada por el respeto a las minorías o por cualificaciones cuantitativas de esa mayoría, sea la mitad más uno o dos tercios de las respuestas o, si se quiere, el noventa por ciento de las mismas. Sin embargo, el caso que propongo no encaja en ninguna de las dos hipótesis ya que ni se ha preguntado a todos los implicados ni las preguntas se han hecho con el propósito de tomar decisiones. Dejémoslo, entonces, en un mero ejercicio que permite hacerse preguntas sobre cuestiones reales en contextos reales. Y se refiere a la violencia.
Se trata de una encuesta, patrocinada por varias instituciones respetables, que se hizo este año a una quincena de países, a saber, Brasil, Colombia, República Demócratica del Congo, Hungría, India, Libano, Myanmar (antes Birmania), Nigeria, Filipinas, SudÁfrica, Siria, Túnez, Ukrania, Reino Unido y Estados Unidos. No pretenden, pues, ser una muestra de toda la población mundial, pero sí de esos países. Me han interesado dos preguntas de aquella encuesta: una, sobre las causas de la violencia y, otra, sobre los remedios para la misma. Prescindo de la pregunta sobre qué violencias preocupan más a los encuestados, que eso daría para otro artículo.
Primero, recojo la pregunta sobre cuáles podían ser las causas que hacían que las personas cometieran actos violentos. Algunas opciones obtenían, en general, porcentajes muy bajos de respuestas. Era el caso de los que pensaban que era el “no tener voz en los asuntos políticos”, los que decían que “grupos armados les obligaban a ello” (excepto en el caso de Siria, que recibía casi un 20 por ciento de las respuestas) o incluso su “ideología política”. La “ideología religiosa” ya obtenía algunas respuestas más en los quince países, pero el grupo más numeroso estaba entre los que lo atribuían a un “sentido de la injusticia”, destacando Túnez, pero también los Estados Unidos y, sobre todo, “la falta de empleos o la necesidad de atender a la familia”, destacando en este caso, SudÁfrica, Colombia y Brasil. Motivos estructurales, si se acepta ese vocabulario.
La otra pregunta obtenía respuestas que, en buena medida, eran efecto de la anterior. Se preguntaba qué habría que hacer para conseguir una paz (ausencia de violencia) duradera. La “ayuda de fuerzas de seguridad internacionales” e incluso el “uso del ejército para enfrentarse a la violencia” recibía, en general, porcentajes muy bajos de respuestas excepto, una vez más, en las de Siria. El grueso de las respuestas iba, en primer lugar, hacia “apoyar a las sociedades y comunidades para que resuelvan sus conflictos de manera pacífica” (que viene a ser el “peace by peacefull means” como Johan Galtung propone) y, claro, “tratar los motivos por los que la gente lucha en primer lugar”, es decir, ir al motivo principal que necesariamente no coincide con el motivo digamos “oficial” y que, volviendo a la pregunta anterior, serían injusticia y carencias materiales y no tanto religiones y otras ideologías que, por lo general, son añadidos, no causas.
El informe que estoy siguiendo se detiene en dos casos particulares: el de Colombia con violencia todavía sin resolver y el de Irlanda mostrando las diferencias en las respuestas dadas en Irlanda del Norte y el resto del Reino Unido, diferencias que hacen pensar que no siempre se ven los problemas de la misma forma “desde dentro” que “desde fuera” y esto último puede incluir a los políticos, sus percepciones e intereses comparados con los de la gente que sufre la violencia directamente, incluidos los soldados rasos, no tango los altos mandos.
El trabajo que comento no es, como se ve, una prueba de cómo son las cosas ni, mucho menos, un medio para tomar decisiones. Sencillamente, es una manera más de hacerse preguntas sobre cuestiones complicadas que, por desgracia, muchas veces se etiquetan de forma simplista. Claro que me hubiera gustado ver algún dato sobre Arabia Saudí y el Yemen. La razón es simple: habría introducido algunas preguntas más que esta encuesta no consigue afrontar. Nada es perfecto.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Obsérvese que, como afirma un ex-juez-estrella, entre las causas de la violencia no está "la soberbia" pese a lo soberbios que sean algunos de sus caudillos)