domingo, 18 de noviembre de 2018

Polémica medieval

Fue la de los universales, con Abelardo, Ockham y todos aquellos que discutían si las palabras que se referían a cosas generales (los conceptos) eran meros "flatus vocis" o eran "ens rationis cum fundamento in re" o eran cosas en sí mismos. A eso me suena la polémica sobre nacionalismo y patriotismo que ha levantado Macron y que ha sido seguida o ninguneada por unos u otros. 
No voy a repetirme, pero resulta curioso el aroma medieval que tienen discusiones sobre qué "ES" el nacionalismo y qué "ES" el patriotismo. Porque la respuesta, en mi opinión, es "depende". 
Hay, en efecto, doctrinas y comportamientos constatables y observables. Cómo les llamemos será cuestión de discutirlo y lo habitual es o recurrir a una escuela de pensamiento que tiene "su" definición o, muchas veces, utilizar la definición que mejor se adapta a los intereses de quien define.
Hay, cierto, personas que creen que el mundo se divide en naciones, aunque no, como he visto citado hoy, del mismo modo con que los entomólogos clasifican a los insectos. Otros creen que las personas pueden clasificarse en "razas". Efectivamente, hay quienes creen que las naciones y las razas existen con independencia de quien observa la realidad y quienes creemos que son construcciones mentales ("cum fundamento in re", eso sí) para clasificar a las personas. 
Lo observable es que no solo se trata de herramientas para ver la manía clasificatoria de los humanos, sino que incluye algunos elementos más. Creer en la existencia de las razas suele incluir el creer que se pueden jerarquizar en razas superiores e inferiores, teniendo las primeras algo así como derechos para sojuzgar a las inferiores o, por lo menos, "civilizarlas", es decir, someterlas al modo de ver las cosas de los supuestos "superiores". 
Creer en la existencia de naciones (no se discute la existencia de los nacionalistas, que eso sí que es observable, como los religiosos son observables aunque su dios no lo sea) también suele incluir la creencia en la obligación de defender la propia frente a las demás, llegando a la inmolación ya que "morir por la Patria no es morir, es vivir" como decía el himno colombiano.
¿Patria, has dicho? Se puede definir igual que nación o se lo puede distinguir de nación por un mayor énfasis en el patriotismo hasta dar la vida por la Patria, es decir, muy cerca de la definición de nación.
En general, parece que hay definiciones buenas y definiciones malas. A las buenas se les puede exigir claridad, adecuación con alguna realidad observable y capacidad de satisfacer los intereses políticos de quien las elabora o simplemente enuncia. Puede, en efecto, suceder que uno se refiera a Patria para tratar de la lealtad a la propia, a su "grandeur", y Nación como algo que excluye a los demás, cosa que, según estos, no sucede con los patriotas. Patria para el propio país y no-nacionalismos excluyentes en la Unión Europea, siguiendo a Macron.
Por mi parte, hace ya años exploré la posibilidad de nacionalismos sub-estatales (por ejemplo, el catalán o el corso o el escocés), estatales (por ejemplo, el español, el francés, el británico) y supra-estatales (el, por ahora fallido, de la Unión Europea, pero también el de Nuestra América). No es cuestión de nombres o de palabras, sino de cosas a las que aplicamos etiquetas.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Democracia insatisfactoria

Me llegó ayer a su debido retraso The Economist del 10-16 de noviembre. Gracias a google, copio de ese ejemplar estos tres gráficos que ellos toman del Latinobarómetro, que ponen en su contexto las preocupaciones sobre el futuro del Brasil después del triunfo de Bolsonaro.
El primero es claro: la satisfacción con la democracia cae de forma visible en estos últimos años. Los que se declaran satisfechos con tal forma de gobierno no llega el 30 por ciento de los encuestados. Que lo prefieran como forma de gobierno ya no llega a la mitad de los encuestados.



El segundo también es claro, país por país: en todos los casos los satisfechos con la democracia caen notablemente por debajo del porcentaje de los que la prefieren como forma de gobierno. El caso de Venezuela, pero también el de Honduras y Guatemala, son curiosos. Pero obsérvese el puesto que ocupa el Brasil en el conjunto.



Con el típico humor de The Economist, este último gráfico muestra dos cosas. La primera, que cae la confianza en todas las instituciones sobre las que se pregunta y, segunda, que los partidos políticos ocupan el lugar más bajo en la confianza, a mucha distancia de la Iglesia, aunque ahí tal vez habría que haber especificado si se trata de la Católica o de las Evangélicas. No hay nada perfecto.



viernes, 16 de noviembre de 2018

Caveat canis

Es una vieja historia romana. Los perros fueron sacrificados por lo que sus antepasados no habían hecho o habían hecho mal. No pasará con los diversos "exit" que pueblan los medios estos días, empezando por el Brexit, pero, como suelo hacer, sin quedarme en él.
Este artículo plantea los, de momento, efectos de un proceso que ha partido en dos a la sociedad británica comenzando por los dos partidos mayoritarios y que comenzó con las exageraciones y mentiras del "process". Reducirlo todo a un "take back control", recupera el control, es, dice, una manipulación. Queda muy bien y es pegadizo, pero no responde a algunas preguntas concretas sobre el contenido de dicho control y la personería de quienes lo recuperan. Mentiras al margen.
Tal vez ahora los partidarios de quedarse sean algo más numerosos que los brexiters, pero la sociedad sigue dividida por sentimientos encontrados que tienen su propia lógica. Conviene, a este respecto, volver a la vieja idea de que hay que ver en qué condiciones materiales y demográficas se producen esos sentimientos para entenderlos de manera algo menos sesgada.
Se ha llegado a un punto en el que, hagan lo que hagan los políticos, los efectos son negativos para el conjunto de la sociedad (no para grupos concretos, como suele suceder siempre: siempre hay ganadores). Están atrapados en el juego que ellos mismos comenzaron, aunque alguno de aquellos iniciadores hayan escurrido el bulto y acaben yéndose de rositas: no serán sacrificados, ya se han encargado ellos de quedarse al margen de esta situación en la que tanto la secesión unilateral (Brexit duro) o la de las quinientas páginas de acuerdo llevan a una agudización "positiva" de las contradicciones. Encima en incremento de incertidumbre adicional en un mundo en el que economía, geopolítica (guerra incluida) y medioambiente se alían para generar una incertidumbre de base, con riesgos más que evidentes. Encima "Brexit cannot be properly articulated because it has made a sacred cause of fighting for the very thing that Brexit’s voters don’t care about". Lo de "sagrado" es muy significativo.
Los perros que no hicieron lo que debían no serán sacrificados. Tampoco sus sucesores, excepto, tal vez, la sra. May. Ya se encontrará a quién echarle las culpas como chivo expiatorio. Los judíos, tal vez, de nuevo. O los musulmanes. O vaya usted a saber.

Predicciones

Tengo un amigo que se dedica a algo parecido a la logística. Con una formación científica muy completa (investigación operativa, pero también biología y física nuclear) se dedica a modelizar empresas complejas. Dice que es lo mismo que modelizar una molécula en la que los inputs y los outputs pueden predecirse según el funcionamiento de la molécula en cuestión. Una gran empresa sería como una molécula: se sabe dónde están las necesidades de materia prima, dónde está la mano de obra, dónde están los almacenes y, más o menos, qué demanda se puede suponer para los productos de la empresa. La predicción (normativa) puede ser muy específica, incluyendo cuándo deben abrirse determinados almacenes y qué ritmo debe tener la producción para que, al final, el producto llegue en tiempo y forma al consumidor. Vale, pero no tiene en cuenta que el portero-vigilante del almacén, cuando le digan que tiene que abrir a las 7:30, reaccione con un "qué me van a decir a mí estos listillos de Madrid cuando yo llevo abriendo el almacén, los últimos 20 años, a las 8. Qué sabrán ellos".
Inventado, por supuesto, pero con una finalidad: entender que en estos modelos muy elaborados hay siempre una variable de difícil control: la libertad humana que, en muchos casos, hace impredecible su reacción.
Claro que este cuento inventado lo traigo a colación a propósito de las "predicciones" electorales que tanto entretienen a los medios de comunicación y, en silencio, a los partidos políticos que las encargan. El modelo puede ser de lo más elaborado: muestreo, tratamiento de los datos y presentación de resultados. Pero difícil resulta controlar las mentiras, olvidos, despistes y lagunas mentales de todos los entrevistados si es que la predicción se ha hecho con encuestas y no con big data. Los modelos pueden ser casi tan elaborados como los de mi amigo en la logística, pero al margen de que hay quien dice que los algoritmos son, entre otras cosas, ideología representada matemáticamente, sí parece que hay que tomar esos resultados cum mica salis, con cuidadito, y sin necesidad de entrar en interesadas disputas sobre "mi algoritmo lava más blanco" o "tu algoritmo no acierta ni una". Mejor tomarlo todo a beneficio de inventario. Con menos riesgo que la logística, por cierto.
Y un tercer caso. Anteayer tuve que ir a la ciudad con mi habitual autobús nº 23. Asuntos personales desde la boca al bolsillo. Pero tenía que ver si iba en autobús como siempre o llamaba un taxi, ya que no conduzco. La razón era la predicción de lloviznas, lluvias y chubascos justo para las horas en que tenía las dos citas, la dental y la bancaria. Como gato escaldado que del agua fría huye, recurrí a tres webs diferentes que hacen predicciones sobre el tiempo que puede hacer de inmediato. Lo de recurrir a tres era por ver los posibles acuerdos entre ellas, habiendo quedado escaldado con los fallos garrafales de una única web que seguía a este respecto: sol esplendoroso cuando debería haber habido, según la predicción, lluvia o chubasco cuando de eso nada según la predicción. Recurrir a tres aumentaba la incertidumbre, pero me podía dar una mejor información si coincidían aunque solo fueran dos de ellas. Pues caos total: escuchaba los truenos cuando la predicción había sido de cielo nuboso en las tres. Todo un éxito. Y ahí no había un vigilante-portero que, en su libertad, echaba por tierra los elaborados algoritmos del SAP. Ahí había la dificultad de predecir para la localidad lo que, tal vez, se pueda predecir para ámbitos geográficos más amplios. 
Probabilismo. Una amiga está terminando su tesis doctoral sobre unas dichosas moléculas en el laboratorio de su lejana universidad. Me dice lo mismo que diría un sociólogo (campo que están ocupando los politólogos, pero esa es otra  que tiene que ver más con departamentos universitarios que marcan terreno meando como los perros que con diferencias reales entre disciplinas). Me dice que ella puede saber, con cierto margen de error por supuesto, qué porcentaje de sus moléculas se van a comportar de una manera o de otra, pero que, a efectos de su tesis, es incapaz de predecir qué va a hacer esa molécula individual y concreta. 
Por lo que veo, los meteorólogos pueden predecir sobre grandes superficies, pero tienen gran des dificultades para hacerlo sobre territorios pequeños.
Y los de las encuestas... Ni te digo. Pero las predicciones son inevitables. Lo único es no tomárselas con fanatismo.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Fuerza militar

Una comisión en la que participan demócratas y republicanos que se acaba de publicar en el Congreso de los Estados Unidos llega a la conclusión, evaluando la política militar del presidente Trump, que el poder militar estadounidense ha decaído y que podría perder una guerra con Rusia o con la China.
Curioso que, siendo potencias nucleares las tres, la comisión no se haya planteado la posibilidad que ya se planteó durante la Guerra Fría, a saber, la MAD (loco en inglés, pero también acrónimo de Destrucción Mutua Asegurada, según se avanzó en un informe que dirigió Carl Sagan y publicó en 1984 al hablar del invierno nuclear que se produciría por un intercambio entre aquellas dos super-potencias, ahora tres).
Esta tabla con la respectiva posición en un Índice de Potencia Militar, sitúa a los tres en sus respectivos tres primeros puestos y no creo que hayan cambiado mucho desde 2017, año de la mayoría de los datos, a la actualidad:
España ocuparía el puesto 19 que, en buena parte, solo serviría para mejorar el puesto que ocupan los Estados Unidos, tal y como se calcula el índice. Pero lo que es preciso subrayar es que, a pesar de las numerosas guerras que hay en este momento en el mundo, la que tendría que preocupar de manera más general es precisamente cualquiera de esas dos que preocupan a los miembros de la comisión parlamentaria.
Estas son las otras guerras según recoge el informe Alerta 2018! de la Escola de Cultura de Pau:
Rusia aparece como conflicto interno. En general, no se trata de fuerza militar sino de intensidad de un conflicto que ha llevado a la violencia armada con más o menos participación de los tres peligrosos aunque la India y Turquía también estén en las dos listas.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Democracia maltrecha

Ya se propuso en abril y se ha vuelto a proponer en octubre. En el Congreso de los Diputados español son muchos los que quieren que su gobierno tome cartas en el asunto de la democracia en Venezuela. Se habla de falta libertades, de elecciones desarrolladas según criterios poco democráticos y hasta se habla de régimen dictatorial. Pongámoslo en perspectiva utilizando el Democracy Index 2017 publicado hace pocos meses por la Ecoonomist Intelligence Unit.
Primero, las cantidades. El informe habla de “democracias completas” (hay 19 y suponen un 4,5% de la población mundial), usa la frase “democracias defectuosas”, que no llegan a tal nivel (57, casi la mitad de la población mundial), “regímenes híbridos” (39 y 16,7%) y “regímenes autoritarios” (52 países, 34% de la población mundial).
Después, el orden. Los primeros puestos los ocupan los “sospechosos habituales”: Noruega, Islandia, Suecia, Nueva Zelanda, Dinamarca y así hasta llegar a España, que ocupa el puesto 19, casi ya en el grupo de las “democracias defectuosas” en las que está Estados Unidos, empatada a puntos en el puesto 21 con Italia. Pero, a lo que voy, en los “estados autoritarios”, ¡sí! está Venezuela, empatada con Jordania en este índice de democracia, puesto 117. Vale, de acuerdo, aceptemos que los “buenos” y los “casi buenos” se preocupen por la pureza democrática de los “malos”. Porque ya se puede imaginar quiénes están en ese grupo. Pero lo que valdría la pena considerar es el puesto que ocupa Arabia Saudí: el 159, casi ya al final de la cola. Sin embargo, incluyendo el feo asunto de Khashoggi y el todavía más feo de la guerra en el Yemen, las críticas a los sauditas son mucho menores que las que reciben los chavistas, lo cual hace pensar que la situación interna de otros países ocupa a sus señorías según y cómo. Les interesa por cuestiones locales partidistas, no por defensa de unos u otros.
Y ahí viene el tercer punto: las tendencias. El informe que estoy siguiendo constata “el peor retroceso de la democracia mundial en años. Ninguna región registra una mejora en su índice desde 2016, en la medida en que los países muestran electorados polarizados. En particular, la libertad de expresión se enfrenta a nuevos desafíos tanto desde actores estatales como no-estatales”. ¿Qué ha pasado?
Pues, en primer lugar, siempre según el informe de The Economist, está el descenso de la participación no solo en las elecciones, sino también en la política. Después, la debilidad que muestra el funcionamiento de los gobiernos acompañada de una disminución de la confianza en las instituciones que tiene, como “guinda”, la falta de atractivo de los partidos convencionales (aquí antes eran los del “régimen del 78” o del “bipartidismo”, ahora son todos). La tendencia también incluye una cada vez mayor separación entre las élites de los partidos y los electores, separación real, no la retórica que esa sigue por otros caminos ya que esas élites dicen hablar en nombre de la ciudadanía, la gente, la nación, el interés general, el pueblo y hasta el electorado. Y esa tendencia se ve agravada por la irrupción ahora desmedida de instituciones que no han sido objeto de voto y que están pobladas de expertos que no tienen que rendir cuentas a nadie más allá de su campo y, a veces, ni ahí (en economía se dan casos muy curiosos a este respecto; y en lo jucidial). Para acabar, una reducción en la libertad de expresión.
Hasta ahí el informe al que yo añadiría la política del tuit no solo por el predominio de ocurrencias y retórica, sino también por la impresión engañosa de estar participando que produce.
“Dime de qué presumes y te diré de qué careces” podría ser el tuit a propósito de este interés selectivo por la democracia de los demás. Basta escuchar a Maduro para constatar que es el Congreso español el que no funciona como debería mientras que las instituciones políticas venezolanas gozan de buena salud democrática. Recurrir a “son de los míos” o “son los contrarios” para dirimir entre unos y otros no parece que sea el mejor medio de mejorar la situación de la democracia a escala mundial.
Porque lo que late en el fondo, y preocupa a los demócratas, es el auge de respuestas autoritarias dentro de sistemas clasificados como “democracias plenas” o “defectuosas”. Mejor no reducir el problema a Bolsonaro, Trump, Orban o Salvini y sus avatares. Es que, en efecto, y más allá de estas cuantificaciones algo complicadas, hay una epidemia mundial antidemocrática.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Por lo que respecta al Positive Peace Index 2018, los extremos del “ranking” no cambian mucho, pero sí hay algunas modificaciones para lo que aquí se presenta: Los Estados Unidos ocupan el puesto 18 -mucho mejor que en el “ranking” de democracias-, España el 23, pero la gran diferencia es Arabia Saudita en el 60 y Venezuela en el 137. Tal vez el gobierno de esta última ya no tenga dinero para comprar corbetas y bombas “inteligentes” como los sauditas, a los que el gobierno español parece apoyar especialmente.
Item más: puede leerse esta breve descripción de los defectos de la democracia estadounidense. Recuérdese que Clinton tuvo más votos que Trump y que, en las recientes elecciones para el Senado, los demócratas tuvieron más votos que los republicanos, pero ganaron los republicanos. Todo ello sin ponerse conspiranoide con el "gerrymandering", los trucos para evitar que voten los posibles contrarios y las sospechas sobre algunos sistemas informáticos para el recuento no verificable de los votos)

Calentamiento global: por fin

Es constatable dicho calentamiento. Lo del cambio climático hay que dejarlo a los modelos matemáticos que lo anuncian para pronto si no se hace nada para evitarlo o lo que se hace es firmar acuerdos internacionales que no se cumplen o, incluso, que son objeto de retirada de firmas (el caso de Trump con los acuerdos de París). Retórica o brindis al sol.
Por eso es importante reconocer las decisiones que se han tomado ahora, por ejemplo en España, y que se reconocen desde fuera, aunque todavía esté en borrador de una futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética. No es el único gobierno que anuncia tales decisiones, lo cual hace generar algunas expectativas optimistas al respecto. Pero ahora llego con las rebajas.
Primero. Con independencia de lo bienintencionada que pueda ser esta ley, de poco sirve si otros países altamente contaminantes y productores de elementos que aceleran el calentamiento no hacen nada. En particular, los mayores productores, los Estados Unidos y la China (se discute cuál de los dos contamina más).
Segundo. Con independencia de la rapidez con que los coches no-contaminantes lleguen al mercado a precios asequibles, lo de los coches es un porcentaje pequeño respecto a otros factores mucho más agresivos que tienen que ver con el carbón. Leí, pero no encuentro ahora, que una central térmica basada en el carbón era mucho más agresiva que un considerable número de coches convencionales emitiendo contaminantes. Habrá que ver si en las diversas leyes de "cambio climático" que se están produciendo se ataca a los más fuertes o a los más débiles: no es lo mismo exigir (más o menos) a la industria automovilística y su lobby internacional que cambie de modelos que cerrar centrales eléctricas.
Tercero. La política, a lo que parece, es cortoplacista. Una ley como la española tiene efectos electorales y solo electorales. No va a imponer medidas que pongan nerviosos a los electores, todavía más cortoplacistas que sus representantes. Electores que son tanto "de los que no nos enteramos de lo que se cuece en las alturas" (entre los cuales me incluyo, visto lo que está saliendo sobre enjuagues y conjuras "en las alturas", que supongo son la punta del iceberg) como de los dispuestos a financiar partidos, medios de comunicación y grupos de presión en función de sus intereses inmediatos que suelen tener que ver con el beneficio y no con el medio ambiente. También hay partidos políticos que pagan a periodistas "afines" y es de suponer que las grandes empresas, también las petroleras, además de su accionariado, también lo hagan. Cortoplacistas todos, poco dispuestos a pensar en ese mítico aumento fatal de la temperatura media del Planeta para 2020 que ha intentado documentar el IPCC. Lo que nos digan, como esta ley a propósito de los coches, para 2040 o 2050 y que habrá que ver si se aprueba, afectará, tal vez, a mis nietas. A mí, ciertamente, no. Así que "el que venga detrás, que arree", parecemos decir.
(Añadido el 18: la propuesta española parece estar en línea con el moribundo Acuerdo de París del que ya se han dado de baja países altamente contaminantes como los Estados Unidos)
(Del New Yorker

martes, 13 de noviembre de 2018

Cosmocracia femenina

Suiza. Villa con vistas al lago. Curso de verano de seis semanas que puede costar 30.000 dólares por persona. Jóvenes de todo el mundo que tienen una cosa en común: pertenecen a familias que pueden pagar esas tasas y que quieren que sus hijas adquieran los conocimientos y comportamientos de una gran dama que acompañe a un marido, igualmente pudiente y/o poderoso, a cualquier evento mundial en el que las maneras de la alta sociedad tengan que mostrarse. No se excluye que ellas también puedan llegar a altos puestos ejecutivos acordes con sus propiedades.
Cursos o conferencias sobre casi todo: cuáles son los temas de conversación, en una comida oficial, en cada lugar del mundo, Lagos, por ejemplo; cómo dar las órdenes al servicio para que hagan las camas; cómo pronunciar palabras complicadas; etiqueta en países diversos (nada de indoctrinar en costumbres europeas: todo muy internacional pero atendiendo a las diferencias locales vistas "desde arriba"); regalos apropiados en general y en particular; y así sucesivamente.
No invento. Reproduzco de esta fascinante descripción de este costoso "curso para señoritas" (y no te digo de qué familias y de cuántos países), que seguro horrorizará a las feministas de clase media (el feminismo de estas chicas bien educadas no es para aquellas: es de clase social, no de género) y asombrará y tal vez hará abrir la boca de admiración a las mujeres de clase media-baja y clase baja que leen revistas en las que aparecen los progenitores (más bien las madres)  de estas chicas que se casarán y divorciarán "como dios manda" y llevarán una vida acorde con lo que han aprendido en la Villa. De todos modos, conviene reconocer que los padres de estas chicas raramente salen en las "revistas del corazón", donde lo que aparecen son otros figurantes para general entretenimiento.
Yendo al otro extremo, hace poco leí una diatriba de una feminista gitana refiriéndose a sus compañeras feministas payas (es decir, no gitanas). No encuentro ahora la cita, pero se enmarca en la crítica al feminismo colonial por parte de gitanas, negras y musulmanas. Es una etiqueta que refleja otra de las modas. No tanto la etiqueta de feminismo hegemónico, que esa es otra.
Pero reconozco que me ha impresionado el reportaje sobe la Villa, un lugar en el que un feminismo muestra su componente de clase y de clase a escala mundial en paralelo con la organización, a escala mundial, de lo que se ha llamado cosmocracia de la clase alta internacional. Poco nacionalista, por cierto.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Dudas secesionistas

Podría servir para el Catalexit, pero se trata, una vez más, del Brexit: contrastan muchísimo las dudas que reconcomen a las grandes empresas y a los grandes partidos no solo sobre el final de este particular "process", cómo va a acabar la negociación, sino, sobre todo, sobre las consecuencias que podría tener cada una de las alternativas todavía abiertas en la negociación entre los secesionistas y el gobierno (de la U.E.) del que se quieren separar, contrastan, digo, con las certezas con que se vendió el proyecto: todo estaba claro, "Britannia rules the waves", soberanía, extranjeros, "Bruselas nos roba" y todo aquello que los brexiters predicaron en la campaña del referéndum y que, en buena parte, siguen defendiendo frente a los que encuentran que seguir como estaban, visto lo visto, es "menos peor" que lanzarse al vacío sin conocer las consecuencias.
Sentimientos por encima de la racionalidad. Es una epidemia que explica el auge de propuestas políticas "cargadas de razón", epidemia que, por supuesto, también hay que explicar. La Ilustración francesa luchaba contra el dogmanismo. Harían falta muchos "ilustrados" para contrarrestar esta epidemia de imbuidos de la (¿falsa?) conciencia de estar en posesión de la verdad o, peor, para contrarrestar esta epidemia de mentirosos que proponen "verdades" sencillas para sacar provecho propio en términos de poder. Caiga quien caiga y pierda quien pierda. Duda metódica pedía Descartes, el pobre.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Hable la lengua del imperio

Ese era el dicho de los franquistas, recién terminada la última guerra civil española, para imponer el castellano a los que hablaban otras lenguas peninsulares como el catalán o el euskera.
Nada que ver con estos dos españoles que han sido obligados a bajar del avión "por no hablar inglés". La empresa no es "de habla inglesa", pero la lengua del imperio es la que cuenta. Antes hubo otras lenguas de otros imperios. Que la mayoría de mis citas, en el blog, sean de fuentes en inglés (como excepción, esta no lo es, y lo es en la que considero mi segunda lengua, después del castellano) es un síntoma más.

Magnicidios frustrados

Macron en Francia y Sáncez en España, presidentes de sus respectivos países, habrían estado en los planes de individuos (u organizaciones) de la extrema derecha para asesinarlos. Más serios parecen los cuatro franceses que el español, pero eso es casualidad. Para mí, lo interesante es lo que sugieren.
Primero, la idea de que un acto extremo como el planificado tiene efectos probables para los intereses políticos de sus perpetradores. No es novedad. La llamada Primera Guerra Mundial, cuyo armisticio (que no final), se recuerda estos días, también comenzó por un atentado.
Segundo, la pertenencia a la ultraderecha en ambos casos y los titubeos de las autoridades competentes respecto a la etiqueta que poner a tales planes. Una vez más, se ve que "terrorista" es una etiqueta problemática que se usa según convenga ya que se desconoce la definición exacta con la que intentar calificar el plan (que no el hecho).
Tercero, la vigilancia, sobre todo en el caso francés, de los investigados. El caso español, con vigilancia también, se desata ante la denuncia de una militante de ultraderecha. En todo caso, parece claro que la vigilancia de chats políticos es un hecho, pero que cada vez va a ser, para la policía, más difícil abarcar.
Cuarto, que en ambos casos aparecen personajes con acceso experto a las armas. Es imaginable (por observable) qué sucedería (o sucede) si se partiera (como se parte en USA) del principio del derecho de todo individuo a llevar armas.
Quinto, que la ultraderecha (en sus márgenes si se prefiere) sigue organizándose.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Lo vi con mis propios ojos

Ese suele ser un criterio de verdad: si lo he visto, es que es así. Maticemos.
Primero, lo que vi puede haber sido manipulado. Un periodista de mi edad ya me explicaba hace muchos años que no te podías fiar de todo lo que se veía en televisión ni, añadía como periodista de una radio, de todo lo que se escuchaba en la radio. Un caso reciente: la Casa Blanca (quién en concreto no está muy claro) habría manipulado el video que muestra al periodista de la CNN, Jim Acosta, tratando de manera desconsiderada a la azafata que intentaba quitarle el micrófono con el que estaba discutiendo con el presidente Trump. El video era un argumento para legitimar la retirada de credenciales al dicho periodista que ya no podrá participar  con sus preguntas incisivas y molestas en las ruedas de prensa presidenciales. Encima, dicen, la manipulación es burda, pero, por lo visto, suficiente para que cuele.
En un viejo libro, ya descatalogado visto su escaso éxito, recogí ejemplos de cómo se practicaba (y se practica) la manipulación informativa. Además de lo que tenía que ver con la Guerra Fría, enumeraba algunos casos de imágenes falsas proporcionadas voluntaria o involuntariamente en el contexto del 11-S y la posterior invasión de Afganistán y la guerra de Irak. Lo de involuntariamente se refiere a los casos en que las televisiones habían echado mano a una imagen para ilustrar una noticia, imagen que nada tenía que ver con la noticia (mujeres palestinas supuestamente alegrándose por el 11-S, pero en realidad alegrándose por la boda que se estaba celebrando). Las voluntarias incluían a aquella pobre enfermera que, llorosa, denunciaba las tropelías del ejército iraquí llevándose unas incubadoras con los niños dentro que resultaba ser una imagen de estudio y la enfermera una familiar de un miembro una embajada árabe en Washington. Casos tal vez extremos, pero no por ello menos significativos.
Y un caso personal: una vieja canción me ha traído a la memoria la imagen de una fiesta en La Paz, Bolivia, con otros tres amigos. La imagen es muy vívida y recuerdo con detalles la distribución de los cuatro en la habitación, trago va, trago viene. Y hasta trozos de la conversación. Sin embargo, esa viveza de la memoria no es garantía de que lo que recuerdo sea exactamente lo que vi. La memoria, y más la visual, no es buena consejera. Aun así, sigo escuchando la canción, faltaría más. Lo vi con mis propios ojos, pero, a esta distancia de más de casi cincuenta años, no debería estar tan seguro de que, efectivamente, lo vi. Intrascendente más allá de lo personal, no como los otros casos que cuento.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Nubarrones

Por un lado
De este modo, Otero ha argumentado que el problema radica en que la única preocupación de los políticos es quién ganará las próximas elecciones y el cortoplacismo, lo que lleva a que "a ninguno le interesa dónde estaremos en diez años": "Todo el mundo piensa en lo inmediato y nadie piensa en el bien común. Eso es un gravísimo y peligroso problema", ha afirmado.
Otero ha puesto el ejemplo de Cataluña, un tema en torno al cual se vierten "mensajes incendiarios extraordinariamente preocupantes" que llevan a preguntarnos a dónde vamos: "Le hablan a su electorado que además ya está convencido, ya les van a votar", ha resaltado.
Y por otro y generalizando
Quizá siempre fue así: la política reducida a un ejercicio de demagogia y demonización de aquellos que no comulgan con el líder. Es visible en las dictaduras y en los regímenes autoritarios, algo menos en las democracias. Vivimos tiempos de mutación en Estados Unidos, Brasil, Italia, Hungría, Polonia... Hubo señales de peligro entre las dos guerras mundiales y nadie las tomó en serio.
Si el primer recorte se refiere a España, este segundo pone en contexto al caso Trump.  Generalicemos:

The 1930s saw
  • the rise of xenophobia and nationalism 
  • in the context of prolonged and protracted economic strife, 
  • the lingering impact of World War I, 
  • weak international institutions 
  • and a desperate search for scapegoats. 
The 2010s has notable parallels:
  • the protracted fallout of the financial crisis, 
  • the clamour for protectionism, 
  • ineffective regional and international institutions, 
  • and a growing xenophobic discourse that places virtually all blame for every problem on some form of Other. 
In the 1930s the politics of accommodation gave way to the politics of dehumanisation, war and slaughter.
Pues en esas estamos. Los nubarrones parecen claros. Por lo menos, verosímiles. Pero mucho más claro es que los políticos tengan otras preocupaciones. Y ese es el peor de los nubarrones.
(Pensar en el futuro, por desgracia, no es suficiente: la cuestión es saber de qué futuro se trata)

jueves, 8 de noviembre de 2018

No es religión

Hay una cierta tendencia a explicar los casos de xenofobia como casos de rechazo a las creencias de los que son rechazados. Casos particulares la islamofobia y el antijudaísmo. Pero el aspecto religioso entra (claro que entra) pero en un segundo tiempo: no son todos los musulmanes ni todos los judíos los que entran en episodios de xenofobia. El caso de los musulmanes es particularmente claro: son los musulmanes-árabes de clase baja los que son rechazados. Los jeques que contratan todo un piso del mejor hotel de la ciudad e imponen sus reglas de funcionamiento al benevolente hotel no son objeto de rechazo sino de bienvenida (y estoy hablando de un caso que conozco gracias al director del hotel en cuestión)
Todavía es más claro cuando el que rechaza y el rechazado pertenecen a la misma religión y entonces el recurso a las creencias deja de aparecer. Se podría pensar que los rohingya son rechazados en la antigua Birmania por los budistas. Sea, aunque, de nuevo, no creo que el tema religioso sea el central aunque pueda aparecer como banderín de enganche. Pero es difícil atribuir cualquier papel a las etiquetas religiosas en un caso como este: la musulmana Arabia Saudí expulsa a los refugiados rohingya (tan musulmanes como los anteriores, aunque, eso sí, no sé si son tan suníes o wahabitas como los sauditas, pero esa es otra cuestión y tiene que ver con Irán). Extremo: el retorno de estos musulmanes al Myanmar budista les aterroriza.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Globalización renqueante

He comprado en la ferretería del pueblo una masilla. Fabricada en el Uruguay, distribuida en Bolivia, Paraguay, Chile y Costa Rica e importada por una empresa de Valencia. Con la globalización hemos topado, Sancho amigo.
La globalización puede ser descrita, y así lo hizo la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa como “la cada vez mayor integración económica de todos los países del mundo como consecuencia de la liberalización y el consiguiente aumento en el volumen y la variedad de comercio internacional de bienes y servicios, la reducción de los costos de transporte, la creciente intensidad de la penetración internacional de capital, el inmenso crecimiento de la fuerza de trabajo mundial y la acelerada difusión mundial de la tecnología, en particular las comunicaciones”. Cosa reciente, como bien se sabe. Pero no.
“La gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América.  El mercado mundial imprimió un gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicaciones por tierra.  A su vez, estos, progresos redundaron considerablemente en provecho de la industria, y en la misma proporción en que se dilataban la industria, el comercio, la navegación, los ferrocarriles, se desarrollaba [la gran industria], crecían sus capitales [...]”
“La [gran industria], al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo.  Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba a sí mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu. Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo común.  Las limitaciones y peculiaridades del carácter nacional van pasando a segundo plano, y las literaturas locales y nacionales confluyen todas en una literatura universal”.
No usan la palabra “globalización” pero el avispado lector habrá reconocido el contenido, al que solo he introducido dos pequeñas modificaciones para hacerlo comprensible. Pero resulta ser de 1848. Sí, sí, 1848 y, como los pocos rojos del lugar habrán registrado, del Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Pues ni eso.
El presidente Trump se ha declarado, recientemente, nacionalista. En contra del globalismo. America first, final de la hegemonía. Obsérvese, de paso, que nacionalista se puede ver como miembro de una supuesta nación buscando su Estado, pero también como miembro de un frágil Estado buscando su nación. Nada, pues, de mercado mundial en cuyos residuos se introducen con entusiasmo cuotas y aranceles, por lo general por parte del fuerte contra el débil. Nunca de igual a igual y todo ello sin olvidar los efectos del intercambio desigual entre proveedores de materias primas (los de abajo) y los de productos manufacturados (los de arriba), con lo que los primeros se empobrecen y los segundos se enriquecen.
Cuando se toman en consideración todos los factores de producción, a saber, capital, materia prima, mano de obra, tecnología, y gestión empresarial, las “globalizaciones” adquieren su propio sentido. La hay, y tanto, en el terreno del capital: movimientos mundiales libres legales e ilegales en todas direcciones y a todas horas. La materia prima es algo más problemática ya que hay algún que otro monopolio o parecido a escala mundial que gestiona los precios. La mano de obra NO está globalizada: las fronteras cada vez parecen más muros infranqueables. La tecnología y las técnicas de gestión se exportan del centro a la periferia generando una mayor dependencia e introduciendo controles en los pocos flujos “globalizados” que quedan. Los productos finales, ya lo he dicho, sufren cada vez más de cortapisas a su flujo libre.
Quedan dos globalizaciones: la del medioambiente y su riesgo no para el Planeta, sino para la especie humana y la de una tradición que une humanistas como Terencio, San Agustín, Montaigne, Marx, Nietzsche o Unamuno. Pero somos cuatro gatos. 
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Aquí un excelente artículo analizando los factores que han llevado a muchos estadounidenses a apoyar el proteccionismo anti-globalización del que Trump es apóstol, pero no causante. Se refiere a la mundialización del país en el terreno del comercio, la inversión y, sí, la inmigración y los efectos que ha tenido en el constatado aumento de la desigualdad y en el aumento del miedo y la ansiedad ciudadana haciendo que esos ciudadanos se retiren al refugio de las identidades no solo nacionales-nacionalistas como antídoto a tal globalización (en paralelo, Trump, como se cita más arriba, declarándose "nacionalista" y no "globalista" y cada vez más xenófobo y más en esta campaña electoral). Como sus autores piensan que la globalización, a pesar de ello, es beneficiosa no solo para el país, proponen medidas para reducir sus efectos negativos: políticas redistributivas, inversión pública en la educación primaria y la formación profesional e impuestos a las empresas que sí se han beneficiado de esa mundialización del país)

miércoles, 31 de octubre de 2018

Votando que es gerundio

Ya sé que usted es de los que no necesitan consejos ya que sabe equivocarse solo, sin necesidad de que le ayuden. A mí me pasa algo parecido, así que lo que sigue no es una sarta de consejos ni, mucho menos, esas frases llenas de “se debe”, “debemos”, “hay que” con las que ocultamos nuestra incapacidad de influir realmente sobre las circunstancias políticas que nos tocan vivir. Proclamar cómo deberían ser las cosas, es gratis si no se tiene poder para influir en ellas. Una de esas formas de influir es votando, por lo menos en las democracias, porque en las dictaduras, ni eso. Vayan, pues, algunas reflexiones sobre este asunto ya que elecciones vamos a tener varias en un futuro no muy lejano empezando en diciembre.
La forma más sencilla de votar consiste en hacerlo por la misma opción (partido o coalición) por la que ya votamos la vez anterior. Con ello damos una ayudita a los sociólogos que se dedican a la cosa electoral y tienen que convertir “intención de voto declarado” en “voto probable”, cosa que se puede aderezar con los datos sobre “recuerdo de voto”. Esta constancia en el voto es, obviamente, un caso de pereza mental según sus detractores y de coherencia con los propios valores según sus defensores. Los políticos, que, en todo caso, saben del hecho, hablan a veces de “sus” votos como si fueran cosa de propiedad privada que el líder, partido o coalición apacentará amablemente hasta la victoria final.
Hay un pequeño problema respecto a esa posible coherencia personal a lo largo del tiempo y es que no queda claro con qué se es coherente. Los mensajes electorales (recuerdo al lector que estamos ya varios meses en campaña electoral, aunque no oficial) son suficientemente ambiguos como para entretener a quien quiera ser entretenido, son suficientemente un brindis al sol como para suponer que, en el caso de conseguir el poder sin coalición, no se pondrá en práctica y tienen demasiados elementos demagógicos como para tomarlos en serio, visto cómo pueden cambiar en poco tiempo el sentido de tales mensajes. Digamos que esta primera forma acerca mucho el comportamiento del votante al comportamiento del hincha de un equipo de fútbol del que se es seguidor haga lo que haga, gane, pierda, cambie o mantenga al entrenador y sea cual sea el comportamiento privado de los jugadores. Nada que objetar y menos si se trata del comportamiento mayoritario.
Hay, cierto, un comportamiento racional igualmente observable. Racional en el sentido de que se ve el voto como un medio para lograr un fin. El problema, en este caso, es saber cuál es el fin. Por ejemplo, bien común o bien propio, a veces identificándolos. Pero también castigo o venganza por lo llevado a cabo antes de las elecciones, que convierte al voto no en un voto a favor, sino en un voto en contra sin poder proclamar la alternativa que el votante preferiría y menos en sistemas de varios partidos en los que la tarta electoral se reparte, por ejemplo, entre cuatro grandes partidos y algunos pequeños para complicarlo todavía más. Porque ese es el problema del voto de castigo: que, de alguna forma, no interviene o interviene a la contra en la elección de quienes encajarían con los propios fines.
Hay una forma de resolver ese problema, de nuevo con cierta dosis de pereza mental, y es votar por quien “representa” un determinado colectivo. Fue clásico lo de “representantes de la clase obrera” frente a “la burguesía”, pero de eso ya solo queda la inercia: ha cambiado hasta tal punto la estructura ocupacional, que las viejas etiquetas han quedado obsoletas. Ahora hay otros nombres.
En la oleada mundial de feminismo, cuyo comienzo se puede simbolizar en el #MeToo, parecería que el que se trate de candidato o candidata, ministro o ministra es algo determinante y casi mecánico: las mujeres votarán por mujeres y los varones… Bueno, hay un equívoco de fondo: cierto que hay varones feministas (no solo varones machistas), pero también, junto a las mujeres feministas (generalmente de clase media), están las mujeres machistas que no lo son en su retórica, sino en comportamientos observables y clasificables.
Si se quisiera resumir esta serie de complejidades a algo medianamente sencillo, se puede decir que, ya que la política tiene una buena dosis de retórica, mentiras y manipulaciones, haremos bien en pensárnosla dos veces antes de votar por motivos discutibles. Porque el resultado del voto es muy importante. “Hay que” pensarlo. “Debemos” hacerlo.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Lo dicho puede aplicarse a situaciones muy diversas como, por ejemplo, al resultado de la primera vuelta de las presidenciales en el Brasil donde la pregunta es “por qué ganó Bolsonaro”, sea o no sea, como creo que es, un indicador más de una epidemia mundial, pero, como todas, con raíces locales propias. Lo mismo con la segunda vuelta)

El miedo como herramienta política

En los 90 se relacionaba el anti-judaísmo de los ultra de Pamyat en la entonces URSS con la necesidad que tenía el gobierno de Israel de atraer nuevos inmigrantes. Se llegó a decir (pero no encuentro la cita ahora) que era el dicho gobierno el que financiaba a Pamyat para que creara miedo entre los judíos rusos y les moviera a emigrar hacia el Eretz Israel.
Me he tenido que acordar de esos asuntos (el partido político Pamyat todavía existe en Rusia) al leer este artículo en Al Jazeera sobre la aparente contradicción entre las buenas relaciones del gobierno de Israel y un portador de anti-judaísmo (a pesar de su familia política, el marido de su hija) como el presidente Trump. No se constatan grandes movimientos de emigración hacia Israel y, más bien, se constatan salidas de jóvenes judíos de Israel. El miedo puede ser un buen argumento para, provocando la emigración hacia Israel, seguir legitimando los asentamientos que resultan difíciles de legitimar.
Ahora le toca al Brasil.

Moda y arte

Entre tanto lío circundante, aconsejo ver el video que acompaña a este artículo de La Repubblica. No hace falta saber italiano para sonreír al ver cómo se han vestido en el Japón: reproduciendo los trajes de cuadros clásicos de Leonardo a Van Gogh. Los españoles sonreirán todavía más al ver qué "clásico" Nazareno aparece como primero a la izquierda en la primera toma. Una sonrisa no viene mal a estas horas (es decir, a todas).

martes, 30 de octubre de 2018

Periódicos ecuánimes

Un artículo que analiza los intentos de periódicos estadounidenses por presentar una versión equilibrada de la situación en Palestina-Israel, versión que lleva a distorsionar la realidad. El punto de partida del artículo es claro:
The media’s attempt to present a “balanced” version of these events is a fundamentally flawed approach, because it erases myriad, consequential differences: between colonizer and colonized; between oppressing people and people resisting oppression; between, on the one hand, the regional military superpower backed by the global hegemon and, on the other, unarmed and lightly armed protestors.
No es lo mismo colonizador que colonizado, opresor y resistente, superpotencia militar con importantes aliados y manifestante desarmados o poco armados. 
El artículo recorre ejemplo tras ejemplo que, seguro, tienen su paralelo en la prensa española en general y en algún medio en particular cuyas crónicas sobre aquellos territorios nunca leo.
No es una crítica a la equidistancia necesaria para proponer soluciones en las que no se trata de darle la razón a uno o a otro sino de buscar una salida a un conflicto desigual y hacerlo en términos pacíficos y beneficiosos para ambas partes (teniendo en cuenta que, por lo general, no se trata de dos partes tan, tan claras y distintas: judíos pro-palestinos, palestinos en el parlamento judío,  palestinos que boicotean las elecciones municipales y palestinos que intentan ser concejales en Jerusalén, diferencias entre judíos no-practicantes y judíos ultra-ortodoxos, sionistas y no-sionistas etc.). Es un intento de romper una lanza (infausta metáfora) a favor del informar sobre cómo son realmente las cosas. Claro que siempre viene bien darle un vistazo al accionariado del periódico y a sus intereses en las ventas del mismo.

lunes, 29 de octubre de 2018

Ur-Fascism

Publicado por Umberto Eco en 1995 advirtiendo de que puede repetirse la historia, vale la pena ver cómo se caracteriza el proto-fascismo y si puede aplicarse a políticos como el presidente Trump. Una traducción-resumen está al final de este viejo texto mío sobre los "populismos" en Europa. Copio y pego esa parte de mi texto:
Y el tercero sería más un presagio que una predicción, fruto del recuerdo de lo que Umberto Eco describió como “Ur-Fascism” y cuyas características serían, a su decir, las siguientes (en cursiva su vocabulario seguido de mis comentarios): 
1. Culto a la tradición. Las exaltaciones de "nuestra identidad" y "nuestros valores" frente a la amenaza de inmigrantes y refugiados. 
2. Rechazo del "modernismo" que se concreta en un relativo irracionalismo. El recurso a los sentimientos por encima del raciocinio entraría en este capítulo. 
3. Acción por la acción
4. Rechazo del desacuerdo, o sea, todos estamos de acuerdo y debemos estarlo. 
5. Miedo a la diferencia. Relacionado con el punto 1 y el 4, se rechaza al que tiene otra religión, otras costumbres, otra "tradición". Xenofobia sería una palabra más apropiada. 
6. Recurso a la clase media frustrada. La frustración genera agresividad y el fascismo proporciona objetos sobre los que descargarla. Tiene que ver con el aumento de la desigualdad y con el miedo de esa clase media a caer en la pobreza. 
7. Obsesión con las conspiraciones. A ser posible, internacionales, pero las domésticas también sirven. Sobre todo para despistar la atención cuando se es criticado por ejemplo por corruptelas, por pequeñas que sean. Complots, conjuras, campañas orquestadas, “manos negras” forman parte de su retórica.
8. Desasosiego con la riqueza y fuerza de sus enemigos. No es miedo. 
9. Ya que la vida es guerra permanente, el pacifismo es rechazado como una forma de rendirse ante el enemigo. Intentar entender el problema terrorista/yihadista es visto como un modo de legitimarlo. 
10. "Elitismo popular", es decir, "somos los mejores" y podemos despreciar al débil, dada nuestra evidente fortaleza. 
11. Se educa para ser héroe
12. Machismo, es decir, desdén hacia las mujeres y rechazo de hábitos no convencionales como la castidad o la homosexualidad. 
13. Populismo selectivo (¡sic!) que considera al Pueblo como una entidad monolítica que expresa la Voluntad Común que es el que tiene derechos (colectivos), no los individuos. Algunos nacionalismos van en esta dirección, pero no suelen aplicar el corolario fascista, a saber, el rechazo a los gobiernos parlamentarios "podridos". 
14. Neolengua orwelliana. Nuevas palabras y expresiones para justificar las propias acciones.
Interesante para darse cuenta de qué puede significar el triunfo de Bolsonaro si se pone en un contexto mundial más amplio. Que, en América Latina, le hayan felicitado unos mientras otros se distancian de su triunfo, es anecdótico en mi opinión. Menos anecdótica es la comparación entre los Estados Unidos de hoy y los de entreguerras y poco que ver lo de ahora con la Guerra Fría.

Ni mejor ni peor

Sigo encontrando textos que confrontan a los pesimistas (dominantes) con los (nuevos) optimistas (minoritarios). Este párrafo es expresivo de los argumentos de los optimistas:
The world does indeed face challenges. Yet by almost any measure, life for most people has been getting better in almost every way. Levels of war and conflict are near historic lows. People are living longer and healthier lives and are better educated than ever before. Incomes for most families are higher than at any time in history. One billion people around the world have been lifted out of extreme poverty in the last two decades, and although income inequality has worsened within many Western countries, across the globe, income is more equal than it has been in centuries. Far fewer people than ever go hungry, and the world now grows more food than it needs. Women have more opportunities, democracy has expanded, and basic human rights are more widely respected than ever before. Electricity, automobiles, the Internet, modern medicines, and simple conven-iences have made most people’s lives far easier than their great-grandparents could have imagined. And after centuries of being largely confined to the West, since the 1980s, such benefits have spread across the world—not just to China and India but also to Brazil, Chile, Costa Rica, Ghana, Indonesia, Malaysia, Mongolia, Mozambique, Peru, South Africa, South Korea, and dozens of other countries.
Hay desafíos, sí, pero mire la lista de temas en los que hemos mejorado, nos dirán. Por mi parte, insisto en mis trece.
Primero, no es lo mismo constatación de lo bien que estamos que predicción de cómo vamos a estar. La lista que antecede es de logros que, de por sí, nada dicen de cuál vaya a ser la inmediata situación a considerar. No son tendencias que se puedan extrapolar. Son constataciones sobre alguno de los aspectos actuales que se pueden considerar como "positivos" y que, a diferencia de las predicciones o previsiones de los pesimistas, sí que se pueden comprobar empíricamente. De alguna forma, el futuro nunca llega: siempre estamos en el presente.
Segundo, nadie asegura que esas supuestas tendencias "positivas" sean las únicas. El libro de Madeleine Albright sobre los fascismos contemporáneos puede ser un buen antídoto para los excesos de optimismo que pueden llevar a la autosatisfacción y desresponsabilización. Por supuesto, están esos 12 años que, según el IPCC, nos separan de esos fatídicos grados centígrados de temperatura del Planeta que hagan irreversible la tendencia hacia problemas mucho más importantes para la especie humana (no para el Planeta que, de desaparecer dicha especie destructora y suicida, respirará aliviado si se me permite el antropomorfismo). En general, están los elementos de lo que he llamado "el desorden mundial" y he recogido en una serie de diapositivas en este blog, ahí a la derecha. Vale, podemos dejarlos en desafíos.
Finalmente, esos "mayoritarios" y "minoritarios" con que he empezado (reflejando, de alguna manera el vocabulario de los "minoritarios") son términos engañosos. La mayoría, los cuantitativamente mayoritarios, no está interesados en ninguno de esos temas. Ni en los positivos (que nos harían muy felices y nos dejarían contentos y tranquilos) ni en los negativos (que no dejarían preocupados y es posible que algo ansiosos, demasiado alejados del gratificante "pensamiento positivo"). En términos hedonistas, lo primero es preferible a lo segundo. En términos prácticos no, si el constatar los avances ayuda a la tendencia dominante que es la de no plantearse los desafíos ya que tenemos cosas inmediatas más importantes en qué ocuparnos (he tenido un par de reuniones con personas ocupando puestos relativamente altos y no ha salido en la conversación -que lejos de mí la funesta manía de pretender dirigir- ninguno de estos asuntos). Pero bastante tienen con intentar resolver los problemas locales (espacio) e inmediatos (tiempo) como para plantearse los mundiales y mediatos, futuros más o menos inmediatos.
Tal vez sea cierto: ningún pueblo se plantea problemas que no pueda resolver. El pueblo planetario incluido. Si es así, qué menos de sonreír ante la buena voluntad de los "nuevos optimistas" que o se centran en lo local e inmediato o borran lo mundial-determinante y amenazante. Puestos a caer, mejor hacerlo cantando en el precipicio si no hay alternativa. Sarna con gusto no pica. Y mucho menos la futura.

domingo, 28 de octubre de 2018

Para leer periódicos

Antes de quedarse con la lectura de los titulares de los periódicos (en papel o en pantalla), aconsejo leer este artículo que, aunque se refiere a la prensa de Madrid, seguro que, con los convenientes cambios en los ejemplos, se puede aplica a otros muchos lugares. Cierto que a los Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Italia y Portugal que sigo con relativo interés. Bolivia, el Perú, Ecuador y México los sigo con algo más de parsimonia. Nadie es perfecto.
El artículo muestra con ejemplos las diferencias entre los titulares de aquellos periódicos según la orientación del medio. Espectacular. La vieja distinción entre opinión e información se rompe ya en el titular. Y los ejemplos de burda manipulación también se proponen. Y asombran al desprevenido.
Las motivaciones de tales desaguisados contrarios a lo que se supondría que es el periodismo son claras: políticas, electorales, ideológicas. Pero hay más motivaciones.
Las he encontrado, a escala local, ya no prensa madrileña o extranjera, en una amigable charla de sobremesa con jóvenes viejos amigos (algunos de ellos, antiguos estudiantes míos, hoy situados en atalayas desde las que pueden ver cómo son y cómo se presentan las cosas). Uno de ellos tiene la información de primera mano sobre un asunto que ocupa páginas en la prensa local. Dado el nivel de confianza mutua que reina en la mesa, no hay razón alguna para que manipule o mienta. Y cuenta de qué va el asunto, su importancia, trascendencia y hasta su posible comparación con casos similares. Pero un periódico local ha hecho bandera de tal tema (no es la primera vez que lo hace) y lo hace como un buen periódico madrileño: exagerando, callando, aderezando, maquillando. Todo para que pueda estar en primera página y... vender más periódicos ya que el asunto afecta (o dicen que afecta) a muchas personas.
Además de ideología, los periódicos tienen dueños (personas, familias o accionistas) y viven de vender lectores a los anunciantes privados y de dar toques de atención a los anunciantes públicos. Para vender periódicos extra los medios son sencillos: el miedo, el exceso, la tragedia, la amenaza. Nada que objetar: "España y yo somos así, señora". Y si para conseguir esa desazón que lleve a la lectura es preciso cargar las tintas, contar de modo sesgado la historia, exagerar riesgos, pues mejor que mejor. No es la primera vez que tal cosa sucede ni será la última. Está en las reglas del juego. De hecho, una de las veces anteriores me hizo recapacitar sobre el papel de la prensa y mi papel y dejé de escribir aunque después volví, pero eso no tiene por qué ser interesante para alguien que no sea yo.

Sorpresa de Octubre

Se recuerdan aquí los casos extremos (1968 y 1980) en los que, en los Estados Unidos, un hecho con amplia repercusión ayudó al triunfo de un candidato republicano en las siguientes elecciones. Se añade, y me parece excesivo, el caso del incendio del Reichstag en 1933 que ayudó a Hitler para su toma del poder.
Sin llegar a tanto, sí se puede levantar acta del ambiente político en dicho país con los ejemplos de las bombas enviadas a destacados miembros del Partido Demócrata al parecer por un extraño personaje de conocido entusiasmo por Donald Trump y de antecedentes entre oscuros y pintorescos. La CNN, bien poco "trumpista", se encarga de subrayar la relación entre este asunto y las políticas de Trump.
A eso hay que añadir el asesinato de judíos en una sinagoga de Pittsburgh a manos, a lo que parece, de un blanco supremacista de extrema derecha, que resulta ser antijudío y antimusulmán.
Y, como colofón para estas "sorpresas de octubre", el anuncio por parte de milicias y activistas de extrema derecha de que se enfrentarán a la Caravana de centroamericanos intentando llegar a los Estados Unidos de modo que no pueden ingresar en el país. "Dispuestos a luchar". Organizados. Nada que ver con el de las bombas por correo ni con el asesino de judíos.
¿Pueden estos hechos, como "sorpresa de octubre", influir en las inminentes elecciones parciales en las que los republicanos se juegan mantener su mayoría? No hace falta tanto. Basta con evitar que puedan votar los que parecen partidarios de los del otro bando. Métodos hay muchos: artificioso diseño de las circunscripciones para reducir el peso de mayorías no deseadas (el llamado gerrymandering), impedir que determinados colectivos se registren como votantes (el registro previo es obligatorio para votar), "purgas" de electores no adictos, purgas ilegales, cambios en los lugares de votación y así sucesivamente.
Mal ambiente y campaña electoral con elementos discutibles son algo más que una "sorpresa de octubre".

sábado, 27 de octubre de 2018

Intercambio desigual

Hace años se mostraba que el intercambio entre países o zonas podía tener sentido si se medía en sus respectivos precios, pero que tenía mucho más sentido si se consideraban sus cualidades. Así, si un país exportaba bienes primarios e importaba de otro país productos manufacturados, aunque los precios fuesen justos, el resultado era un relativo empobrecimiento del primero y un relativo enriquecimiento del segundo ya que los productos manufacturados tenía un efecto multiplicador en la propia economía, cosa que los bienes primarios (minerales, agricultura básica, petróleo) no lo tenían sino que aumentaban la vulnerabilidad del que basaba su comercio internacional en tales mercancías.
En los años terminales del Comecon (el mercado común comunista) la tendencia parecía ser la de que la URSS se especializaba en productos primarios mientras que su periferia (Alemania del Este, Checoslovaquia, Hungría, Polonia) le enviaban productos manufacturados, con los consabidos efectos de tal intercambio desigual, incluso a precios de fraternidad comunista.
Dicho esto, véase este gráfico que muestra las exportaciones chinas a América Latina y el Caribe (ALC) y las correspondientes de estos últimos hacia la China:
El artículo de Ugarteche y Vargas de donde tomo el gráfico es una constatación del intercambio desigual. La China más fuerte y ALC más débil. Lo del "imperio" va por otro lado.

viernes, 26 de octubre de 2018

Nacionalismo emocional

Dos textos que me han hecho pensar, aunque traten del presidente Trump. 
El primero utiliza un texto de Orwell para ver hasta qué punto la contraposición "globalista"-"nacionalista" tiene sentido si, sobre todo, se entra a discutir qué significa exactamente ese segundo término que se ha declarado el Presidente. No todo Orwell es trasladable a la actualidad (alguno de los comentarios al texto lo recuerdan), pero sí recoge características que parecen observables en nacionalismos contemporáneos como el catalán, inglés, español, italiano, polaco, húngaro, austriaco, alemán, belga -flamenco y valón-, francés, corso etc. etc. Porque el nacionalismo puede ser tanto estatal como subestatal (Estado a la búsqueda de su nación y Nación a la búsqueda de su Estado). Arriesgado decir que, históricamente, nacionalismo y fascismo han ido juntos: anacronismos aparte, los nacionalistas Padres de la Patria en las nacionalistas Cortes de Cádiz se revolverían en sus tumbas.
Hay cosas que no me convencen en el texto, como, por ejemplo, el recurso a "patriotismo" tan mal definido como lo es el "nacionalismo", pero algunas ideas sí que se me han quedado, por ejemplo, que se trata de triunfar sobre la verdad, sobre todo cuando se defiende a los personajes propios. Efectivamente, la verdad (adecuación entre lo que uno dice y lo que las cosas son) es irrelevante en este contexto y, así, se ha podido afirmar cualquier cantidad de dólares para las ventas de armas a Arabia Saudita: según la declaración de Trump que se consulte, se tendrá una cifra u otra. La verdad no importa.
El segundo texto es menos denso y se puede tomar como un descanso después del anterior. Lo que viene a decir es que es inútil buscar racionalidad política en la política exterior del actual gobierno estadounidense ya que lo que domina es la emoción, el sentimiento.
Y ahí, otra vez, me he tenido que acordar del caso Madrid-Barcelona, que no es un partido de fútbol, sino una porfía entre dos gobiernos y sus respectivos seguidores, todos ellos dotados de medios de "informar" a sus seguidores e hinchas. 
Me lo preguntó anteayer, en su fiesta de cumpleaños, un colega y, a pesar de ello muy amigo, extranjero al que respeto y admiro: Cataluña. Él tiene una solución brillante para el impasse. Le contesté que su solución es, probablemente, la mejor con la condición de que los actores actúen racionalmente, lo cual no es el caso. Lo que predomina es la emoción, el sentimiento azuzado por las acciones del "otro" que, así, aglutinan más al "nosotros". O aglutinaban, porque, como se dice, el punto de ruptura se conoce solo una vez se ha producido y cada vez más hay quienes se preocupan al ver qué supondría la ruptura para unos y otros. El Brexit está ahí como espejo deformante, pero espejo.
Hay, sin embargo, le decía, un elemento de racionalidad en el embrollo: la racionalidad electoral, la pretensión de todo partido que se precie de aumentar sus votos. En Cataluña, se pretende polarizando unionistas y secesionistas, pero peleando dentro de cada polo (por eso hay un cierto desencanto que se intenta superar con una fugue en avant y proliferación de actos simbólicos y teatrales que emocionen a los propios, es decir, les "confirmen en la fe"). En (el resto de) España el truco es mostrarse intransigente llamando "golpistas" a los secesionistas y mostrando "todo el peso del Estado de Derecho" (así, con mayúsculas y sin fisuras ni defectos).

jueves, 25 de octubre de 2018

Caravana

Unas 7.000 personas intentan llegara pie a los Estados Unidos desde CentroAmérica atravesando México. Un intento de poner orden en las sorpresas que genera.
Primero, que no es la primera, ni siquiera bajo el gobierno Trump, que lo intenta, aunque sí es la más numerosa.
Segundo, que conviene conocer las condiciones en los países de origen en donde  se dan dictaduras cada vez más autoritarias y descomposición social que se manifiesta en la violencia cotidiana. El artículo que cito, habla, de pasada, en el papel que los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos han tenido en el desorden social de la zona. No tiene sentido pedir cabeza fría a los desesperados.
Tercero, que es obvio lo que quieren: ejercer su derecho de asilo, por poco probable que sea que el gobierno del país de destino piense en tal cosa y, por encima de todo derecho, separe padres e hijos, devuelva a la nada a algunos y haga énfasis en su xenofobia (el Presidente ya ha dicho que la mayoría de viajantes en la caravana son "criminales" -sic-). Los desesperados se agarran a un clavo ardiendo.
Y cuarto, que las teorías conspiratorias que se han elaborado al respecto (desde dinero de Soros hasta el de alguna ONG) no parecen tener mucha base.
(Añadido el 29: otros movimientos de personas con el mismo destino improbable. Y Zizek sobre la necesidad de entender las causas de las que son síntoma)

miércoles, 24 de octubre de 2018

Hagan juego

El tabaco es generalmente adictivo. Lo sé porque me costó tres intentos dejar de fumar, visto el “mono” que me hacía especialmente intratable. El alcohol puede ser adictivo cuando se convierte en alcoholismo, dependencia del beber y síndrome de abstinencia que desconozco en las ocasiones en que he dejado mi amada cerveza. Entiendo que haya una prohibición para la publicidad de ambos productos sea por el medio que sea, pero, en particular, a través de la televisión donde, preventivamente, han desaparecido los anuncios de licores, vinos, cervezas y diversas marcas de cigarrillos. Con una curiosa salvedad: en las series televisivas es frecuente que los personajes (policías, sobre todo) aparezcan bebiendo y solo muy raramente aparecen tipos malcarados fumando: son los “malos” por lo general, presentes de manera excepcional, pero presentes.
En las series, en cambio, no aparece un tercer tipo, a mitad camino entre el tabaco y el alcohol, pero abundante en los anuncios a mitad de programa o en el momento álgido del mismo. Me refiero al juego que, como el alcohol, puede ser adictivo, pero que, cuando se hace tal, es incluso más adictivo que el tabaco. Hay dos tipos interesantes y es sabido que llevan a la ludopatía y que, como se comentaba en INFORMACIÓN hace unos días, está detrás de algunos trastornos mentales que se disparan en la provincia.
El primero lo he constatado por casualidad por la sencilla razón de que no veo partidos de fútbol en ninguno de sus formatos. Pero un día un visitante puso en mi televisión uno. El Madrid creo que era uno de los que jugaban. Quedé asombrado por la cantidad de incitaciones a la práctica de la apuesta. Apuesta por todo, por el vencedor, por la primera falta, por el resultado y en cualquiera de las categorías que pueblan ese complicado mundo que desconozco. Pero sí sé de ludópatas producidos por tal fiebre de apuestas. Con una peculiaridad relativamente nueva: son apuestas que se hacen por internet, desde tu casa, cómodamente, sin “ver” dinero y, en algunos casos, en la más ardiente soledad. Mala combinación: no “ves” el dinero que se te está yendo, nadie te ve y no hace falta desplazarse del sofá ni dejar la cerveza. Adicción probable, pues.
El otro se produce por las tardes interrumpiendo series de distintas categorías. Un anuncio encuentro particularmente significativo. Se trata de una venerable ancianita que confiesa que antes, cuando iba al bingo, llegaba a tener pérdidas de orina (como suena) cuando intentaba, en medio de la enésima partida, llegar hasta los servicios del local en que jugaba. Aquí el paso de lo presencial a lo informático es mucho más explícito: ahora juega cómodamente desde su casa y, encima, le dan un regalo inicial de euros para que pueda jugar y, por supuesto, ganar mucho más. De todos modos, no parece que lo que importe sea ganar, sino que lo que se le está vendiendo a la venerable ancianita es jugar, cómodamente, en su casa, cerca del baño y sin tener que darle cuentas a nadie en la mejor de las hipótesis. Si antes la visita al bingo podía llevar a la ludopatía, parece razonable pensar que este bingo fácil y cómodo, con dinero que no “ves”, puede llevar con mucha más razón a la ludopatía.
Pues bien: si los anuncios de tabaco y alcohol, por cuestiones de salud pública, están prohibidos, resultaba asombroso que los anuncios de juegos de azar de distinto tipo no lo estuvieran. No solo eso: que sean tan abundantes, cosa que, en concreto, me impresionó a propósito de las apuestas deportivas en un mundo en el que, encima, ha habido suficientes casos de corrupción de equipos para alterar los previsibles resultados deportivos y cambiar las perspectivas de ganar o perder por parte de los apostadores caseros. El lector recordará casos de partidos amañados por parte de empresas que gestionan esas apuestas.
Son tres sectores que manejan mucho dinero. Los dos primeros, pueden conocerse (producto, precio, promoción y plaza, que dirían los marquetineros). Este tercero es más complicado porque se produce en un sector ya de por sí complicado visto lo que se puede llegar a pagar por un fichaje, lo que se paga por un patrocinio, lo que se negocia en tribuna y la cantidad de organizaciones que gestionan, controlan y catapultan lo que para algunos muchos es un deporte y para algunos pocos un negocio no siempre limpio. Vale, pues que acabe la publicidad ilimitada. Ya veremos si la prohíben. Apuesto a que no.  
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Añadido el 29: Por lo menos en las Españas, la edad media de los ludópatas ha caído notablemente y ya solo con un par de años se cae en la adicción)