martes, 12 de diciembre de 2017

Facilidad para matar

Este gráfico lo he reproducido muchas veces (incluso en las diapositivas que he preparado sobre "Violencia y paz" y que están a la derecha de este blog). Está tomado del libro On Killing en el que el teniente coronel Grossman intenta hacer entender las semejanzas por un lado entre el entrenamiento militar para que los soldados cuyo temperamento no se lo permita aprendan a matar a semejantes, cosa que los "normales" suelen rechazar con repugnancia y, por otro, el pandillismo estadounidense.

Hay un punto que me lo ha hecho recordar: la distancia entre el victimario y la víctima, que lleva a los experimentos de Milgram que mostraron y han mostrado que a menor distancia entre ambos, mayor dificultad para matar. Por el contrario, a más distancia, más facilidad para matar. Y me lo han hecho recordar los enlaces y las reflexiones de este Tomgram del Tomdispatch en dos cosas: por un lado, la adicción a la guerra por parte de los Estados Unidos y, por otro, el papel que juegan los drones, con el máximo de distancia pensable entre victimario y víctimas, en esta escalada de muertes.
I’m talking about America’s robotic killers, the drones that long ago were grimly named Predators (retired this year) and their more advanced cousins, the Reapers (as in Grim...), who have taken a once-illegal American activity, political assassination, and made it the well-respected law of the land and increasingly of huge swaths of the globe.
Por encima, está el hecho de que la autoridad que ordena matar  está todavía más alejado de los previsibles muertos (porcentaje de civiles creciente). No en vano a los pobres diablos que dejaron caer las bombas sobre Hiroshima ("Little Boy" que causó entre 80.000 y 100.000 muertos) y Nagasaki ("Fat Man", entre 39.000 y 80.000) se les ordenó no mirar abajo. Ojos que no ven...


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