miércoles, 20 de diciembre de 2017

Comparar, pero menos

Son consejos a partir del privilegio que tenemos los viejos de dar consejos a quien no los pide. Se trata de cómo enfrentarse a esas comparaciones que, dicen, las carga el diablo. Las encontramos con cierta frecuencia: comparamos países, violencias, “naciones” y personas.
Comparar es una operación muy sencilla: tenemos dos “cosas” y nos preguntamos para algunos de sus elementos comunes (imposible hacerlo con todos ellos) en qué se parecen y en qué se diferencias. Por ejemplo, comparamos Cataluña y (el resto de) España y concluimos lo que corresponda. Ya veo que usted se ha dado cuenta de por dónde voy. Así que voy a hacerlo más explícito.
De entrada, recuerde aquello que decían que “se parece como un huevo a una castaña”, indicando con eso que había cosas que no se podían comparar. ¿Se pueden comparar? Pues sí. Basta ponerse de acuerdo en qué las vamos a comparar. Para el caso de huevos y castañas, podemos compararlas, por ejemplo, en sus respectivos pesos, cuál pesa más y cuál menos. En el caso que nos (pre)ocupa, el PIB o las balanzas fiscales o la inversión del gobierno central.
Pero supongamos que, para aquellos productos, intentamos comparar aspectos que tienen que ver con el juicio del comparador. Así, podemos discutir, ante unos huevos y unas castañas concretos, cuál comenzó a existir antes. Y ya no va a ser tan fácil. ¿Cuándo empieza a existir una castaña y cuándo comienza la existencia de un huevo? El problema es que uno es un vegetal y el otro es un producto animal: no tenemos instrumentos para poner al mismo nivel la aparición del brote o de la flor o de su polinización o el momento en que, efectivamente, ya tenemos una castaña delante. Con el huevo es otra cosa y tiene que ver con la gallina: tendremos que discutir (por cierto, eso lo saben muy bien los antiabortistas) cuándo comienza a existir el huevo, si en el óvulo inicial, en el que comienza a desarrollarse dentro de la madre o en el que, por fin, el animal lo deposita en su ponedero. Supongo que ya ve por dónde voy. Pero es que hay más.
Y es que la comparación que estoy haciendo entre el binomio huevo-castaña y el Cataluña-(resto de)España ya viene lastrado en origen por ese malévolo paréntesis que no deja claro si vamos a comparar los datos entre el primero y todo el segundo o únicamente Cataluña con lo que queda de España una vez la sustraemos. Que ahí pueden aparecer diversos trucos para arrimar el ascua a la propia sardina, es más que probable.
Pero es que la comparación entre h-c y C-E parte de un vicio más. Debe ser rarísimo que la evolución del huevo y su correspondiente peso tenga algo que ver con la de la castaña y viceversa. La interacción, si hubiera existido, sería mínima. Sin embargo, la interacción entre C y (erd)E es muy abundante y ha sido secular, con episodios de profunda amistad entre sus élites (alguna élite castellana llegó a confesar que “hablaba catalán en la intimidad”) y profundos desencuentros después superados (como con el tema del comercio con América).
Lo que digo tiene poco que ver con lo que estuvieron diciendo los respectivos políticos en campaña electoral. Demos por supuesto que o mienten o dirán “si lo he dicho, no me acuerdo” o lo reinterpretarán o tendrán que pactar con lo que estarán obligados a alterar, en aras de la gobernabilidad, sus promesas electorales. Normal. Sin embargo, lo que digo tiene que ver con comentarios, informes y sesudos papers (hasta en inglés, que, por definición, son más serios y creíbles, y más si son del colectivo Wilson) en los que se trata de convencer del carácter “científico” de los resultados de determinadas comparaciones. Por cierto, los valencianos también juegan a eso.
Todo este largo abuso de palabras para un único consejo: tenga cuidado, no se lo crea sin más, piense qué “cosas” están comparando realmente y en qué aspectos de las mismas se centran. Porque se podrían centrar en otros aspectos que no sean gastos sociales o las balanzas fiscales. Por ejemplo, los relacionados con el territorio (climatología, agua, desertificación) y con la población (porcentaje de viejos, desahucios, pobreza que incluye la energética, desempleo, porcentaje de hiper-ricos, evasión fiscal, paraísos fiscales y lo que usted quiera). Y con más razón si lo que se comparar son futuros alternativos para cada una de las (supuestas) partes, según el que pueda formar gobierno este día 22.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Hay más razones para dudar de las propias certezas que, muchas veces, tienen más que ver con nuestra ideología, compartida con otros y por eso aceptada, que con los datos. Hasta los anarcocapitalistas más individualistas tienen objetivos ideológicos, simpatías y antipatías ideológicas y las correspondientes incoherencias con la propia ideología. Que, muchas veces, los datos o los razonamientos lógicos no alteren las propias posiciones es un dato más... claramente negable desde muchas perspectivas. Las nacionalistas y las religiosas primero, pero parece que hay más y tan resistentes al razonamiento. Algo más de duda metódica no vendría mal)

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