sábado, 4 de noviembre de 2017

Para lo que me queda en el convento

El twitter del presidente Trump, esa especie de rueda de prensa sin preguntas que se practica desde la Casa Blanca, se cerró. Alarma. 
¿Los rusos? No. Saben los efectos secundarios de esos tuits tan sabrosos y profundos. 
¿Fallo técnico? Jamás. Sabemos que ante la ola de innovación tecnológica que se nos viene encima, eso es imposible ya que todo funciona y funcionará a la perfección, llevándonos así, no sin pequeñas dificultades como la ciberguerra  o el cibercrimen que tanto temen los estadounidenses, a la Arcadia feliz (que es lo que venden los que se benefician de las ventas en dicho sector -se puede ver el video y leer el informe aquí-). 
¿Entonces? Vulgar: un empleado la cerró en su último día de trabajo y ha sido saludado como un héroe. No temamos: seguiremos disfrutando de sus ocurrencias mientras no nos percatamos de sus actos. De los del Presidente, claro, no de los del pobre empleado que ya supongo que se le habrá caído el pelo, justo castigo a su atrevimiento blasfemo contra Aquel que "es el único que cuenta". El twitter dichoso volvió a funcionar a los 11 minutos. 

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