miércoles, 29 de noviembre de 2017

El triunfo del darwinismo

Durante un tiempo, coexistían, en las sociedades europeas, dos formas de entender la convivencia. Por un lado, la del llamado “darwinismo social”, que traducía a la organización social las ideas de “supervivencia del más apto”, “lucha por la existencia”, “competencia con triunfo del más fuerte” y “selección natural”. Con algunas de estas frases parece que Darwin no estaba muy de acuerdo, pero el hecho era que se tomó su nombre para esa manera de ver las cosas de esas sociedades.
Por otro lado, estaba el título de una obra de Kropotkin, La ayuda mutua, factor de evolución, que muchos quisieron ver como una alternativa radical al darwinista Origen de las especies y que también tuvo su traducción programática a favor de la solidaridad, la lucha contra la pobreza, el “empoderamiento” de los vulnerables y la reducción de las distintas desigualdades (renta, sexo, “raza”, “nación”).
Darwin y Kropotkin eran suficientemente inteligentes como para, en lugar de encerrarse en el castillo de sus descubrimientos y sus propuestas, darse cuenta de qué había de aceptable y correcto en el planteamiento del que otros veían como contrario. Darwin reconocía el papel de la solidaridad “intra-especie” y Kropotkin entendía que la evolución tenía un componente de adaptación “creativa” al entorno.
Las ideologías políticas derivadas de uno y otro no fueron elaboradas por personas tan inteligentes como ellos y tendieron a esa versión maniquea de Bien y Mal enfrentados absolutamente, estando el Bien con “nosotros” y el Mal con los “otros”. Sin embargo, algunas prácticas políticas y funcionamientos efectivos de las sociedades fueron, también, una mezcla de ambos principios: competencia y colaboración.
El hecho fue que se organizaron las cosas de modo que los excesos de competencia fueron compensados con una dosis de solidaridad y los (por otro lado, escasos) episodios de solidaridad se compensaran con nuevos aportes de “lucha por la existencia”. Como si hubiera un termostato que impidiera los elementos destructivos que habría tenido el predominio absoluto de cualquiera de los dos principios: destrucción y adormecimiento, respectivamente.
La primitiva Unión Europea (incluyendo la Unión de Carbón y del Acero y la Comunidad Económica Europea) era un buen ejemplo de esta coexistencia de los dos principios… cosa que parece que está en riesgo de desaparecer. Baste dar un vistazo a cuestiones recientes.
En primer lugar, está el auge de los partidos xenófobos y del “yo primero, y el que venga detrás que arree”. Están en todas partes y, en particular, en países en los que la solidaridad con el resto era garantía de satisfacción de sus propios intereses. Está, claro, Alemania con la AfD (Alternativa para Alemania), el Partido Popular con el Partido de la Libertad en Austria, las elecciones checas (con el hundimiento de los socialdemócratas) o el Front National en la Francia de la grandeur.
Algunas consultas han sido particularmente significativas. Por supuesto, el referéndum para el Brexit y sus resultados: la solidaridad es para los débiles, vendría a decir el partido UKIP, y de lo que se trata es de estar por encima de “esos continentales”. También está el caso de Lombardía y el Véneto, regiones ricas en las que se inició la unificación de Italia y que ahora piensan que “Roma nos roba” y que lo que hay que hacer es tener algo así como el sistema autonómico español. Y, por supuesto, ha estado el caso catalán representado por los que consideran que aportan demasiado para “esos vagos” del Sur. Son tres casos en los que la solidaridad no aparece y sí el principio de “supervivencia del más fuerte” cosa que, además, se ha visto de forma particular en las Españas cuando el criterio de “fortaleza” se ha cambiado y ha sido el gobierno central el que ha competido, cambiando campo, con los secesionistas catalanes. Lo de Bélgica es otra más.
Un elemento que también parece común en este nuevo darwinismo es la mala calidad de la clase política (incluida la que criticaba a la “clase política”) y sería cosa de preocuparse a escala local si no fuera acompañada por la creciente preocupación (que el auge de partidos euroescépticos fortalece) por la misma Unión Europea por la que ya se pregunta “quién la mantendrá unida” si en su interior hay tanta fuerza centrífuga e insolidaria.
No todos los casos son iguales. La Lega Nord, por ejemplo, suprimiendo lo de Nord, quiere concurrir en elecciones generales cosa que en su día intentó la Operación Roca en las Españas, pero que no parece vaya a repetirse. En todo caso, Darwin 2 – Kropotkin 1.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Esto añaden en The Guardian:
Catalonia is being watched, with varying degrees of intensity, by Basques, Bretons, Flemings, Scots, Bavarians, Silesians, Ukrainians, Transylvanians, Venetians, Corsicans and others. Its struggle resonates among increasingly nationalist Poles, Bohemians, Hungarians and Greeks, across Europe’s patchwork of regional sensitivities and long-harboured grievances. Old feuds are rekindled and jealousies revived.
No extrañe que el artículo que cito se titule diciendo que Cataluña no es sólo la pesadilla de España, sino que también lo es de Europa -es decir, de la Unión Europea-. Amando de Miguel en la misma dirección)
(Véase también la recensión del libro de Krastev en Foreign Affairs sobre los más y los menos del “fin de Europa”, es decir, de la Unión Europea)
(Los sucesivos “papeles” -ahora los “del Paraíso”- son un síntoma del egoísmo por encima de la solidaridad fiscal)
(Chomski escribe:
Collectively, these Silicon Valley leaders propose a society in which personal freedoms are near absolute and government regulations wither away, where bold entrepreneurs amass billions of dollars from their innovations and the rest of us struggle in a hypercompetitive market without unions, government regulations, or social-welfare programs to protect us. They tap into our yearning for a better life that technology can bring, a utopia made real, yet one cannot escape the suspicion that these entrepreneurs may not fully appreciate what it means to be human. That is, not just to be a human individual -- the unit that libertarianism is so obsessed with -- but to be part of a family, a community, a society.
Las nuevas tecnologías al servicio de un proyecto darwinista)
(No es tan evidente, explica José Carlos Díez, que Cataluña sea el Norte frente a un Sur de “aprovechados”;  hay una comparación con el caso del Norte de Italia frente a sus “meridionali”)

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