lunes, 6 de noviembre de 2017

El poder aéreo no basta

Se ha dicho muchas veces: plantear una guerra en términos únicamente de fuerza aérea (y no digamos nuclear) no garantiza la victoria por más que las diferencias entre los bandos sean enormes y que uno tenga una absoluta supremacía sobre los otros. De paso, obsérvese, como se aplica a Siria, que no he dicho "dos" bandos, que esa es otra: con varios bandos en juego, el poder militar solo garantiza muchas muertes y, en particular, de civiles.
Para el caso de Corea del Norte, ha sido el Pentágono mismo el que ha reconocido que, si hubiera guerra, tarde o temprano habría que pensar en "tocar suelo" y "bajar" tropas al terreno, sea cual haya sido el uso de fuerza aérea que se supone sería abundante y que incluye, de forma implícita aunque a veces incluso explícita, el uso de armas nucleares hasta ese momento "disuasorias".
Las fuentes militares a las que accede el Washington Post que cito añaden que el asunto llevaría mucho tiempo, con millones (sic) de muertos y acabaría implicando a toda la región, cosa esta última que encaja con los que ven el Pacífico occidental como espacio en el que se va a jugar la hegemonía mundial en los próximos años. A la vieja Europa le queda el papel de comparsa, de ayudante de cámara, de proveedor o de espectador. Mejor sería de mediador o de facilitador de soluciones al conflicto, pero eso excede a sus capacidades, empeñada como está en asuntos internos de tintes xenófobos, pero que no se aplican a los "amarillos", como dirían los racistas de la II Guerra Mundial y no se llevará en el caso de organizarse una III Guerra, es decir, una guerra por la hegemonía.
A pesar de todo, hay razones para pensar en una guerra nuclear.

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