miércoles, 8 de noviembre de 2017

Diccionario de urgencia

He encontrado varios comentarios en los que aparecen estas palabras. Son textos que tratan de situaciones de conflicto en las que diferentes partes tienen objetivos aparentemente incompatibles entre sí o que son vividos como tales. Esas palabras se usan con toda seguridad y decisión dando por supuesto que todos entendemos lo mismo con esos términos tan importantes y rotundos. Sin embargo, e intentando comprender lo que realmente querían decir, éste sería el sentido que parecen tener algunas de ellas (también llamadas “conceptos”) que me he encontrado en estos días de agitación lingüística.

 Verdad. Conjunto de juicios de intenciones, fantasías y “medias falsedades”. Es la primera baja en un conflicto. De esto se derivan las que siguen.
  Diálogo. Proceso en el cual, en la mejor de las hipótesis y en plan jesuítico, "se entra con la del otro para salir con la propia", pero que, normalmente, solo se defienden las propias inamovibles posiciones, diagnósticos y propuestas. No tiene nada que ver con los diálogos de Platón ni, mucho menos, se refiere a un instrumento para conocer mejor unasunto al aportar las diferentes perspectivas que, por definición, no pueden contener toda la información.
  Mediación. No se trata de que alguien, ajeno al conflicto, busque soluciones al mismo que puedan ser aceptadas por todas las partes implicadas, sino un proceso mediante el cual convencemos al otro de que nosotros tenemos razón y no vamos a dejar de tenerla porque venga un mediador y nos presente otras posibilidades que no coinciden con lo que queremos.
  Línea roja. Línea imaginaria que se traza para separarnos a nosotros, que tenemos toda la razón, de los otros que se equivocan totalmente.
  Democracia. Recuento de votos para llegar a la conclusión de que nosotros tenemos razón. Si no se consigue, se recurre al recuento de escaños. Y si tampoco se consigue porque no hay votos ni escaños, siempre hay un mito que legitime las propias decisiones (el pueblo, la gente, la nación, la clase -obrera, por supuesto-, el sentido común -subrayando lo de común aunque sea increíble-, el propio partido, la ley -ver siguiente definición-). Por eso hay tantas democracias, a saber, democracias populares, directas, nacionales, obreras, representativas o formales. Y seguro que hay más.
  Legalidad. Lo que dicen las leyes que me conviene y que son inamovibles como los mandamientos de Moisés esculpidos en unas tablas de piedra. Si no me convienen, se recurre a la legitimidad. El caso es justificar lo que uno hace. Si las leyes me convienen, son fuente de legitimidad. Si no me convienen, la legitimidad está por encima de la legalidad. La ventaja de la legalidad es que está en los códigos mientras que la legitimidad siempre puede ser objeto de discusión ya que, generalmente, la tenemos nosotros y no la tienen los otros.
  Nación. Los que están de acuerdo conmigo. Los que no están de acuerdo o es que son enemigos ignorantes o practican el auto-odio o son quintacolumnistas o, sencillamente, fascistas o populistas, es decir: no cuentan. Por eso podemos decidir en nombre de la nación, es decir, de los que están de acuerdo con nosotros.
  Soberanía. Fantasía abstracta pre-globalización. Cualquier cosa, según convenga.
 Violencia. Lo que practican los otros. Nosotros o practicamos la legítima defensa o el pacifismo, cosas que, por definición, no son violencia. El problema es que los otros esa defensa y ese pacifismo los ven como violencia.
  Análisis. Selección interesada de aspectos de la realidad que refuerzan la posición tomada de antemano convirtiéndola en más razonable. También se pueden incluir juicios de intenciones (inverificables), estereotipos o simples invenciones que, por el hecho de ser compartidas, adquieren la nota de adecuadas a la realidad. Las teorías conspirativas son el mejor ejemplo de este tipo de análisis.
  Libertad. Capacidad de hacer, sin que haya interferencias, lo que me interesa o me conviene.
 Acuerdo. Fotografía de cara a la galería que nada tiene que ver con la penosa tarea de compartir proyectos y objetivos. En otras lenguas se llamaría “pelea de gallos” o “jaula de grillos” y se referiría a coaliciones de gobierno, en especial, locales.
   Independencia. Cambiar de jefe y que éste use las palabras anteriores.
   Sagrada unidad de la patria. Otro jefe.

Ojo: las “verdaderas” definiciones de estas palabras no son estas, sino las que producen y fijan gentes doctas y eruditas, aunque no tan relevantes, conocidas ni poderosas como las que me han inspirado. Se puede elegir entre las definiciones “verdaderas” a las que se debe obediencia y las que, de hecho, aparecen en discursos.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Sobre la definición de democracia, se recuerda en el aniversario que Clinton ganó a Trump en votos, pero que el sistema electoral no dio el triunfo al 54% contrario al que ha sido presidente. Algo parecido al sistema electoral catalán en el que, en las últimas elecciones, los secesionistas perdieron en votos, pero ganaron en escaños)

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