sábado, 11 de noviembre de 2017

Átomos Sin Fronteras

El mapa, para finales de este septiembre, no es un mapa político de Europa, sino de los niveles de rutenio-106, que no sé lo que es, pero que sé que es radioactivo. Y creo que uno se puede fiar de la fuente, aunque su fecha sea de noviembre, muchos días después de su detección (está claro que no hay que asustar al personal).
screen_shot_2017-11-10_at_2.04.19_pm.png
El origen (ese puntito rojo) podría ser el lugar de partida: una repetición, a escala menor, de lo que fue Chernobil, que tampoco conoció fronteras ni pasaportes, por más que su origen fuera humano. Los niveles, ahora, no son como para preocuparse. Además, por lo menos en Francia, ya no se detectan, así que ya se puede hablar de eso con tranquilidad, aunque se puedan leer titulares y reportajes como este.
No lo cuento, pues, como un truco más para asustar al personal con catástrofes terribles, sino como un medio de mostrar lo relativamente frágiles que son esas fronteras por las que hay gente que está dispuesta a dar su vida envuelta en sus respectivas banderas. No hay fronteras para esto como no las hay para los problemas medioambientales globales, llámense como se quieran llamar (cambio climático, calentamiento global, pertinaz sequía o "condiciones meteorológicas inusualmente adversas" como se decía en la extinta URSS para explicar las huelgas de brazos caídos de los mujiks). Pero que sea la primera noticia que tengo del asunto, no deja de dejarme perplejo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario