miércoles, 11 de octubre de 2017

Hablando se entiende la gente

Se trata de un trailer, no de un spoiler, ya que el final de la historia no se conoce. Mucho menos un happening. Es, simplemente, la aventura de una joven, aunque ya no teenager, que quiso embarcarse en un start up. Ideas no le faltaban. Las había recibido a través de un case study (mucha información no es que proporcionara) que le propusieron en la business school en la que había obtenido su master en marketing. Pero también había recibido interesantes ideas por parte de su coach (o personal trainer) que resultó ser una PRPartnerships&Events (wow!).
Pero, claro, su primer problema era el qué start. En el pueblo había abundantes start ups: peluquerías low cost, beauty centers, clean&dry y foodies. No le convencían. Primero, por su alta rate of failure. Segundo, porque iba a ser difícil encontrar un nest que no estuviera ya ocupado. De todos modos, lo que ella quería era una firma que pudiera ser objeto, posteriormente, de outsourcing. De quedarse en el pueblo, nada, porque lo que tenía en mente era más un market place que una shop siempre bajo la amenaza de un downsizing. Un shopping centre (no “center”, que eso sería un americanismo), con su parking y su rent a car podría ser también una posibilidad.
Después estaba la cuestión de la financiación y no estaba la cosa como para recurrir a Bancos en riesgo de default o de deslocalización. El crowfunding era una opción a no descartar, pero para eso necesitaría de uno o más influencers que le echaran una mano en internet y del gadget apropiado. Que el tema fuera cool habría sido un buen asset. Y también que estuviera apoyado por un buen performer. Le habían explicado, en cursos diversos, que se puede vender muy mal paño si ha sido objeto del conveniente merchandising.
Sin embargo, lo que más le ocupaba como project manager era la posibilidad de networking. Sabía que, como dreamer, no iba a cumplir con su sueño si no conseguía reunir a más personas. Por eso un supermarket que incluyera personal shoppers le pareció una buena idea. Veremos si fracasa, porque, obviamente, eso implicaba embarcarse en una joint venture.
Pero, antes, algunos datos sobre esta millennial más bien peculiar (de niña fue objeto de bullying). Era algo friki. Sabía bien que un iPhone es un tipo de SmartPhone, y, por supuesto, sabía, por experiencia, que una cosa es un troll, otra un bot y otra un stalker. Usaba diligentemente la tablet con varias apps y llevaba diversos usb o pendrives mientras maquinaba maneras de explotar los big data.
En su health care personal, nunca había practicado el running. A lo más, algunos promenades para hacer shopping siguiendo lo que le indicaban determinados trending topics en el mundo de la fashion. Prefería el coche, los drive-in, y se seguía preguntando por qué lo que en México se señalizaba con un “Pare”, en su pueblo se escribía “Stop”.  Eso sí, del avión, temía el overbooking. Todo hay que decirlo, su alejamiento del mundo del sport le impedía saber qué era un hat trick en el fútbol, pero sí acudía regularmente a los centros de fitness, cosa necesaria dada su afición a los cupcakes. Finalmente, su torpe aliño indumentario, su look, no habría incluido nunca someterse a un lifting para parecerse a una celebrity, aunque fueran Ivanka o Melania Trump.
Sus mitos eran los counsels de las firmas de consulting con su acceso a las stock options, nada pues de jóvenes con mini-jobs. Sus programas favoritos eran los road shows, le gustaba Modern Family y Big Bang Theory.  Su entretenimiento fundamental consistía en orientarse en el mundo de las fake news y los hoaxes porque, con tendencias underground, nunca había descartado la posibilidad de jugar a ser hacker o, en todo caso, a descubrir invaders. Porque haberlos, haylos.
De momento, abrió un blog al que fue subiendo los posts con lo que quería afianzar su relato o su narrativa. Su performance no fue mala, comparativamente hablando, ya que consiguió numerosos followers con sus respectivos like, aunque, por decirlo todo, muchos eran fake, construidos por ella misma para darle empaque al blog. Incluso, previa coima, consiguió un premio al mejor blog empresarial del año. Y eso que la firma todavía no existía.
(No es broma. Es una constatación de cómo una lengua ha sido invadida por otra mientras se ha puesto en marcha una gran campaña, con “influencers” y todo, a favor del uso del valenciano/catalán, lengua propia, “Sempre teua. La teua llengua”)
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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