viernes, 29 de septiembre de 2017

No estaremos en 2100

Y por más que digan que la esperanza de vida va a aumentar de manera constante y espectacular, tampoco creo que estén mis nietas. Sus hijos, sí. Por esas fechas podría producirse una nueva extinción masiva, de esas que azotan al Planeta muy de tanto en tanto, pero que cuando lo hacen, lo hacen en serio. Si otras tuvieron que ver con el carbono en la atmósfera causado por los volcanes, esta tendría que ver con el carbono en la atmósfera causado por esa especie suicida llamada "humanidad". El artículo que cito enumera los detalles y cita a su vez las fuentes, añadiendo alguna más por su cuenta. No hablamos de certezas y nos podemos quedar en posibilidades con alguna probabilidad de pasar a los hechos a través, sobre todo, de los cambios que se producirían en los océanos. The Economist, explicando muy pedagógicamente cómo funcionan los modelos matemáticos que subyacen a estas predicciones/previsiones, comienza diciendo que no hay mucho espacio para la complacencia.
¿Reacciones? Las previsibles: sonreírse ante el pesimismo ajeno, proclamar un "después de mí, el diluvio" o un displicente "largo me lo fiáis". Pero el riesgo existe y es enorme y, por baja que sea su probabilidad -que no lo sé-, hace que, si fuéramos racionales -que no lo somos-, pensáramos alguna vez en estas nimiedades, aunque no sea más que por nuestros biznietos.

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