lunes, 4 de septiembre de 2017

Internet y "La guerra de los mundos"

Interesante la comparación entre lo sucedido en los Estados Unidos en 1938 y lo que sucede en la actualidad. Lo de 1938 es el espectáculo que organizó Orson Wells a través de la radio sobre una invasión de los marcianos. Lo de ahora se refiere a los comentarios sobre la "post-verdad" y las "fake news" que proporciona internet (Google y Facebook, aunque habría que añadir Twitter).
Lo de Wells no fue tanto como se dijo. La mayoría de escuchantes no reaccionó con pánico. No me extraña el dato: hace años un par de amigos intentó hacer algo parecido sobre el inicio de la Tercera Guerra Mundial aprovechando que éramos un buen grupo de amigos y conocidos que celebrábamos el cumpleaños de uno de ellos. Los autores fueron el anfitrión y su cuñado. Confieso que no caí en la trampa (demasiado crítico como para creerme esas cosas a la primera de cambio: por ejemplo, busqué fuentes alternativas a la -supuesta- emisora de radio que daba la "noticia"), la mayoría de asistentes se quedó donde estaba y solo un par de ellos (ellas para ser exactos) reaccionó con pánico y comenzó a llamar a casa para hablar con los hijos que habían dejado allí. Volviendo a 1938, el asunto levantó una polvareda en la prensa escrita que, de repente, descubrió la fuerza que tenía la radio para trasmitir no solo noticias sino algo más, se habló y se recontrahabló de estas "nuevas tecnologías" (no las llamaban así, obviamente), se exageró el tema por intereses empresariales... pero fue innegable que sin la radio no habrían funcionado los nazis en Alemania como funcionaron exitosamente para sus intereses.
El paralelismo con el papel que la red y las redes han jugado en el auge de algunos políticos (piensa el articulista que cito en Trump y yo pienso en Podemos, España) y cómo, quien más y quien menos, si no tiene cuenta en Twitter es que no existe políticamente (como es mi caso: me niego). Las redes trasmiten mentiras (que ahora se llaman "fake news" y "post-verdad"), contenidos que no son nuevos (los sociólogos y los psicólogos sociales han estudiado desde mucho antes de internet el funcionamiento del rumor, orígenes, contenidos y efectos) pero cuya velocidad ha aumentado de manera espectacular. Hay pues, ahora, como lo hubo entonces, un intento de poner orden en este caos de falsas noticias que vienen junto a las verdaderas, siendo una distinción cada vez más problemática (y los periódicos, entrando en una dinámica muy particular con los documentos filtrados ¡que pueden ser falsos!). 
Pero tampoco hay que exagerar: internet permite una comunicación entre iguales y un acceso a fuentes que no tiene sentido tomarlas como portadoras de una verdad absoluta digna de fe, sino como un elemento más para formarse una opinión sobre lo que sucede "ahí fuera". 
También aquí el final es ominoso:
Those who think that Zuckerberg is preparing for a Presidential bid, however, should consider the emerging vectors of power in the digital era: for the man who runs Facebook, the White House might well look like a step down.
Ni ángel, pues, ni demonio, aunque el poder de la red no sea acertado minimizarlo. Pero, en todo caso, no bajemos la guardia. Incluso si lo que dicen es la verdad.

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