miércoles, 6 de septiembre de 2017

Incertidumbres en el "cómo"

La campaña del Brexit incluyó algunas espectaculares mentiras. Pero también errores inevitables. En aquel entonces se discutían los efectos que una eventual separación del Reino Unido tendría para el bienestar de sus nacionales (obsérvese: no de sus habitantes). Y entre el bienestar estaba el orgullo de pertenecer a aquella Britannia que “rules de waves”. Había diferencias entre los ancianos que sentían nostalgia por el “imperio” perdido y querían separarse del “Continente” y los jóvenes que deseaban seguir perteneciendo a la Unión Europea. Quiero decir que junto a la evaluación de los efectos que tendría la separación había un cúmulo de sentimientos que resultaba difícil gestionar y que se llevaron por delante a los “aprendices de brujo” que quisieron sacar provecho electoral de tales sentimientos de gloria “nacional”. Pero también hubo, como digo, argumentos sobre los posibles efectos de la separación, efectos que tenían que ver con la economía, los presupuestos generales del Estado, los impuestos, el desempleo, los servicios sociales y cosas igualmente constatables. Y ahí entraban los errores inevitables.
El problema cuando se evalúan los posibles efectos futuros de una decisión es que se supone que se toma de una determinada manera y en un contexto concreto. Si se me permite la comparación, algo así me pasó con Terra Mítica: expresé en público (y en estas páginas) mis dudas. Cierto que había informes serios que indicaban su viabilidad, pero no podían tener en cuenta la proliferación de ofertas semejantes y los cambios posibles en el tipo de turismo. Volviendo al tema, algo parecido a lo que podría haberse pensado en el caso del Brexit: que los argumentos racionales (insisto: no me refiero a los emocionales) no podían tener en cuenta cómo se iba a producir, en el caso de que ganara el SÍ, la separación ni en qué contexto económico mundial se podría llevar a cabo. Incertidumbre, sí, que la política reduce mediante la simplificación. En este caso, algo suicida y no solo para el “aprendiz de brujo” (Cameron)  que inició la aventura y cuya historia personal no viene a cuento. La discusión es lógico que se entablara en torno al SÍ frente al NO, pero los efectos del SÍ eran difíciles de calibrar ya que estaba por ver cómo iba a evolucionar la negociación del divorcio, asunto mucho más tangible (y desconocido) que los respetables sentimientos de orgullo nacional. En resumidas cuentas: que los argumentos sobre los efectos que podía tener el Brexit, la salida, tenían, por necesidad, que estar plagados de incertidumbres y, a día de hoy, todavía es pronto para saber cómo van a producirse algunos de ellos ya que se negocian los plazos, los contenidos y los pagos y no está cerrada la negociación. Un divorcio no es cosa únicamente de un SÍ o NO.
Sí, ya lo sé: usted piensa, con razón, que me estoy refiriendo indirectamente al caso catalán, a ese particular Catalexit que, a beneficio de inventario, voy a suponer que va a ser un SÍ y que, encima, se va a llevar a cabo unilateralmente. Y es que ahí reside, precisamente, el quid de la cuestión. Los sentimientos nacionales son eso: sentimientos. Además, referidos a objetos de existencia dudosa, sobre todo para los contrarios: los españolistas dudan que exista la nación catalana y recurren a la Constitución (modificable, como ya se ha visto, un par de veces) mientras los secesionistas niegan que exista la nación española y recurren a su particular versión de la historia, tan particular como la de sus contrarios. Disputas entre teólogos. Encima, lo de “nación de naciones” no añade mucha claridad a esta pelea entre religiones.
Doy por supuesto que también en este caso hay mentiras como las que reconoció haber proferido en campaña el entonces líder de UKIP. Y que hay errores que son inevitables ya que los efectos del hipotético Catalexit dependerían de cómo se produjera y cómo se cerraran las negociaciones si es que se producían. Pero, entonces, lo que habría que evaluar es qué podría suceder en cada uno de esos “cómo” y no encerrarse en una obsesiva discusión sobre el “qué”. Por supuesto que los efectos tendrían que ser planteados para todas las partes del conflicto, empezando por los partidos políticos que han jugado a “aprendiz de brujo” buscando votos y poder y no me refiero únicamente a los secesionistas (Mas/Puigdemont) sino también a los unionistas (Rajoy).
Un juego de escenarios posibles y evaluación de posibles efectos y respectivas probabilidades sería más provechoso, creo, que seguir discutiendo eternamente sobre el “qué”. Eternamente, insisto.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(No tengo datos sobre las diferencias generacionales en Cataluña, pero las del Reino Unido son muy interesantes. Es posible que los partidarios del Catalexit sean más jóvenes que sus contrarios, a diferencia con el Reino Unido, pero no estoy muy seguro, sobre todo por la cuestión migratoria.
Cherchez l'argent: se plantea el papel de los grandes negocios (big business) en las actuales negociaciones del Brexit. Alguna pregunta parecida se tendría que hacer sobre el Catalexit, sobre todo a la CUP anticapitalista
A añadir en ambos casos -si es que se produce el Catalexit-: la transición de una legalidad a otra puede tener tintes autoritarios parecidos, añado, al "golpe" de Maduro)
Añadido el 14: Un artículo de Torreblanca comparando el Brexit con lo que otros llaman Catalexit
Para mi horror, algunas de estas cosas ya las contaba yo en junio de 2016. Deben de ser muy evidentes cuando hasta yo las he visto. Y, a lo que parece, también las han visto los que las provocan, solo que las usan para sus fines. Supongo. De lo contrario es que están locos.
Añadido el 15: un artículo sobre el carácter emocional o instrumental de los secesionistas y los federalistas.  Por lo visto, sí ha habido discusión sobre costes y beneficios, aunque no me parece muy concreta. Discutir en términos aparentemente instrumentales sobre asuntos claramente emocionales no es solución. Pero sí la que propone el articulista.

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