sábado, 9 de septiembre de 2017

Cataluña ¿triunfante?

Resumo, a instancias de amigos, lo que pienso al respecto y he publicado.
Primero, quiero decir que creo entender ese tipo de problemas (como intentaré mostrar en mi entrada del miércoles que viene y como intenté mostrar hace años aquí, produciendo algunas airadas reacciones no necesariamente por parte de quienes habían entendido mi postura). Pero también que no estoy a favor de unos u otros, es decir, que no estoy en contra de uno o de otro bando, si es que solo hay dos bandos en este embrollo. Eso me condena a ser un "siniestro equidistante" en el vocabulario que usaba ayer Ramoneda en El País. Pero sigo en ello: tomar partido no influiría en nada en la "rugosa realidad" y, probablemente, deterioraría todavía más mis diagnósticos. De todas formas, sí digo y repito que yo, si fuera catalán (y no lo soy), votaría NO en un referéndum unilateral sobre la independencia: no creo que les convenga a los catalanes tal eventualidad y eso que en un libro que publiqué en 1996  (que se puede leer aquí) yo les auguraba la independencia a los secesionistas  para 2020, eso sí, de haber sido cautelosos, con seny pero sin rauxa, cosa que, entonces, no podía hacer para el nacionalismo vasco todavía infectado por ETA.
Segundo, creo que hay que ir a un sencillo cherchez l'argent para ver en qué consiste ese juego de suma negativa (todos pierden) en el que se han obcecado unos y otros, incapaces de dar su brazo a torcer por cuestiones menos trascendentes: el voto en las elecciones siguientes, sean en Cataluña o en el conjunto del Estado. En algún tiempo, Mas daba votos a Rajoy y Rajoy daba votos a Mas, pero ese juego electoral se les escapó de las manos.
Tercero, había otros caminos posibles para afrontar la realidad de que el secesionismo, como en Escocia y el Quebec, está bien organizado y tiene una base muy amplia y movilizada, pero no son mayoritarios cuando se plantea el punto anterior (pensiones, Unión Europea, euro, empresas, fiscalidad y cosas por el estilo). Ya es tarde para explorarlos. Eso debió de hacerse hace dos años cuando se agudizó esta nueva etapa de confrontación Barcelona-Madrid, es decir, sus respectivas clases políticas, autoras de la manipulación y la movilización.
Cuarto, en la campaña en la que se está desde entonces y que culmina estos días (puede ir a más: eso es un choque, al fin y al cabo), han estado ausentes temas importantes y es obvio que se ha abusado de la manipulación y, probablemente, de la mentira. Se ha discutido de legalidades (en plural) y legitimidades (igualmente en plural), pero no se ha discutido ni el por qué (excepto el recurso a derechos históricos -en ambos lados-) ni, peor, para qué y, por supuesto, sobre las incertidumbres que todo proceso semejante (como el Brexit) implica. Todo han sido certezas (falsas, según yo creo).
Quinto, además del recurso leguleyo, aburrido e inútil, ha habido un recurso nominalista: llamar a las cosas con nombres diferentes creyendo que así las cosas cambian. Un caso particular es la peculiar propuesta socialista de "nación de naciones" y "plurinacionalidad". No es una solución. Tampoco lo es decir que en España hay siete naciones (Andalucía, Castilla, Cataluña, Galicia, País Vasco y los dos archipiélagos): eso significaría que un ente superior es capaz de decir quién es nación y quién no, cosa que no parece viable, si no va acompañada por ideas como el federalismo estadounidense (no son naciones sino Estados dentro de los Estados Unidos, que es la nación) o el cantonalismo suizo o lo que se quiera inventar... y que la gente lo acepte (no me veo a los valencianos aceptando formar parte de la nación Castilla ni a muchos de ellos formando parte de la nación Cataluña).
Sexto, constato que nadie es capaz de contestar al "y ahora, ¿qué?". La entrevista que leí a Gregorio Morán, el periodista represaliado por La Vanguardia -Barcelona-, terminaba contestando que él tampoco lo sabía. Mis amigos que están en la política activa y con los que he podido hablar, tampoco saben dar una respuesta clara. Decir que "no habrá referéndum", primero es posible que no sea cierto y, segundo, aunque lo fuera, no soluciona un problema de años, es decir, problema de un nacionalismo que, como todos, quiere ser independiente (y su clase política quiere mandar sin tener a nadie por encima), pero que no plantea la independencia hasta que "no estén maduras", como hace ahora el Nacionalismo Vasco y estuvo haciendo el catalán hasta, tal vez, el momento en el que se rechazó por el Tribunal Constitucional su reforma del Estatuto, esa reforma que Rodríguez Zapatero, presidente, había dicho que se aceptaría como viniese. Pero el PP lo recurrió y ganó.
No tendría que hacer falta, pero no es lo mismo españoles que españolistas, ni catalanes que catalanistas, ni catalanistas que secesionistas.
Como en Escocia y el Quebec, hay problema para rato. Con altibajos, pero problema. Y si unilateral, y el Barça deja de jugar en la Liga española, cela ne me regarde pas. Parece ser que hay temas mucho más importantes (rescate bancario, acuerdo militar con Arabia Saudí, desigualdad, empleo, corrupción).
Triunfantes, sí. Pero no solo una de las partes de esa "Cataluña" fragmentada.
(Añadido el 11: me había hecho el propósito de no volver sobre el tema, pero la comparación entre esto del Financial Times y esto de Le Monde, con sus diferencias de énfasis, me ha hecho recordar lo aburrido que resulta leer artículos de favorables y contrarios al proceso y percatarse de lo que cada cual "olvida" en su diagnóstico y, por tanto, en su terapia, en el caso de que haya alguna propuesta de terapia que vaya más allá de "sostenella y no enmendalla". No es el caso de estos dos periódicos que cito, pero sus respectivos titulares me lo han recordado
El 12: Otra distinción importante: el porcentaje de catalanes que son partidarios de un referéndum de autodeterminación (80%?) y el porcentaje de catalanes que son partidarios de la secesión (40%%). No tiene mucho sentido ignorar a los primeros por temor a los segundos. Pero entiendo que no se quieran asumir riesgos a corto plazo y se dejen para el medio plazo -après moi, le déluge-)



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