domingo, 10 de septiembre de 2017

Alimento para apocalípticos

Tenemos, en primer lugar, descripciones de cómo podría acabar el mundo o, por lo menos, hacerse irreconocible para los que ahora viven en él. Tiene que ver con el cambio climático y se hace a partir de un libro dedicado a dicho asunto.
Después están los temas comparativamente menores: guerra (en particular la nuclear) o crisis económicas planetarias. Los efectos no serían menores.
El problema inmediato es qué puede producir esta epidemia de miedo razonable y razonado. El miedo, en efecto, es mal consejero. Si hay pánico en contextos de incertidumbre, los humanos tendemos a buscar alternativas a la incertidumbre, no a las causas del pánico. Y las certezas vienen de donde siempre: política y religión, tanto en sus versiones clásicas como en las degradadas (pseudo-ideologías y pseudo-religiones). Las causas del pánico se vuelven secundarias y solo sirven para agitar más miedo que, a su vez, podrá fomentar la obediencia, algo que ya se sabía cuando se analizaron los sistemas políticos y religiosos de "lavado de cerebro".  El viejo libro de William Sargant,  Battle for the mind está  lleno de sugerencias al respecto incluso para los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola.

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