miércoles, 2 de agosto de 2017

Argumentos engañosos

La “rugosa realidad” nunca es blanca o negra. Siempre admite matices dentro del gris. Eso no quiere decir que no se pueda tomar partido. Solo significa que, una vez hecha la opción por unos u otros, los planteamientos absolutistas suelen carecer de base empírica. Sin embargo, eso es lo que tendemos a hacer para, así, sentirnos más seguros y legitimados.
Cuando hay dos bandos enfrentados (por ejemplo, gobierno venezolano -dividido- por un lado y oposición -también dividida- por otro-) es legítimo estar a favor de uno u otro. Pero sabiendo que no todo el mal está en un lado y todo el bien está en el otro. La proporción 100 a 0 no suele ser real por más que sea la preferida. Un 50 a 50 suele darse y produce mucha intranquilidad en quien la observa, así que buscará razones para romper el empate y no caer en la tan denostada “equidistancia”, por más que sea lo que la realidad le impone. Un 75 frente a un 25 tal vez nos lleve a defender la primera opción y rechazar la segunda, aunque siempre queda la posibilidad de arrimar el ascua a la propia sardina y “torturar” a los datos hasta que acaben “confesando” lo que uno quiere. El pre-juicio, es decir, lo anterior al juicio, es siempre un faro disponible para guiar al desorientado. Dos ejemplos típicos.
El primero me viene de un whatsapp en el que se narra con todo lujo de detalles la conversación entre dos capellanes del ejército estadounidense, uno cristiano y otro musulmán. El remitente pide que yo, a mi vez, difunda ese texto que muestra el carácter intrínsecamente violento del Islam y su opción por practicar tal violencia contra los infieles. Nada que objetar si el hecho se cierto (cosa que puedo dudar), pero, inmediatamente, me vienen las dudas: ¿Intrínsecamente? Ni hablar. ¿Generalizado? Tampoco. El cristianismo ¿religión de paz? Anda ya. Claro que hay musulmanes (muchos de ellos de escasa práctica y menor fe) que practican la violencia contra los infieles, pero también contra otros musulmanes, mientras la mayoría de musulmanes rechazan tales prácticas. Para más inri, los datos del FBI muestran que la extrema derecha estadounidense es más violenta que los, relativamente escasos allí, yihadistas, si es que lo son realmente ¿De qué se trata entonces? Pues del típico truco de tomar la parte (real) y atribuirla al todo (falsamente) mediante un hecho dramático, cargado de sentimiento y de escasa racionalidad frente a lo que las cosas son. Islamofobia manipulada políticamente como en otros tiempos lo fue el anti-judaísmo y sus “Protocolos de los Sabios de Sion”. La comparación entre los viejos textos nazis contra los judíos y los del noruego Breivik contra los musulmanes es muy instructiva.
El otro me viene, periódicamente, sobre Venezuela. He dicho otras veces que tengo amigos chavistas y amigos antichavistas. Por eso me resulta fácil confrontar los datos que proporcionan unos y otros sobre los muertos producidos en los enfrentamientos violentos callejeros. Para unos, es cosa de la oposición fascista y golpista. Para otros, es evidente que se trata de asesinatos por parte de la policía (ha habido algún video que lo mostraba) o de paramilitares chavistas. El problema es que los datos son malos.
Según la Oficina de Naciones Unidas sobre Drogas y Crimen (UNODC), en 2015, Venezuela ocupaba el tercer lugar en la lista mundial de “homicidios intencionados” (57 por 100.000 o, sea, 17.778) detrás de El Salvador y Honduras. Pero según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) en el 2016 hubo 28.479 “muertes violentas” (91,8 por 100 mil). De esas, 18.230 fueron clasificadas por el gobierno como homicidios, mientras que el resto fueron considerados casos de “resistencia a la autoridad”, o sin móvil claro. Total: que en las cifras que gobierno y oposición se lanzan a la cara, hay que descontar un número (desconocido) de homicidios que nada tienen que ver con los enfrentamientos callejeros de estos cuatro meses. Pero es que, después, las especificaciones que uno y otro lado presentan hacen pensar que es imposible atribuir aquellas muertes únicamente a uno de los bandos. De nuevo, hay que rechazar el 100 %. Eso sí, no sabemos el porcentaje exacto que se puede atribuir a cada parte, así que, si yo estoy de manera absoluta a favor de unos, atribuiré la totalidad al otro bando. Total, que es un argumento que no sirve para tomar una opción u otra. Y no entro en las sutilezas legales sobre las votaciones del domingo para la Asamblea Constituyente.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Sobre el papel del “imperio” contra Venezuela, un artículo documentado tomando posición. Y este artículo de Boaventura de Sousa Santos vale la pena de ser leído. Muy aconsejable
Y un caso de defensor del chavismo que, de repente, encontró que no era 100 a 0 sino que la "rugosa realidad" proporcionaba una visión algo más compleja)

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