viernes, 7 de julio de 2017

Libre mercado: qué buena idea

Gandhi, cuando le preguntaron por la "civilización occidental", contestó que sería una excelente idea. Sus razones tenía.
Algo parecido se podría decir del "libre mercado": que sería una excelente idea caso de existir en determinados ámbitos. Por supuesto que existe en mi pueblo entre las peluquerías, panaderías y bares. Y entre pequeñas clínicas dentistas. Pero cuando la Unión Europea, a instancias de empresas estadounidenses, propone multar con 2.700 millones de dólares a Google por prácticas monopolistas o cuando Amazon compra Whole Foods, hay motivos para tildar al sistema actual de "capitalismo de monopolio", que no es, precisamente, una exaltación del mercado.
Pero de eso ya hablaba Braudel en los años 70 cuando distinguía entre vida material (trueque, autoabastecimiento), vida de mercado (pequeñas y mediocres empresas) y capitalismo (lo que habría sido mejor llamar "economía capitalista", es decir, lo que ya entonces se veía como la capa superior del funcionamiento del sistema mundial y se constataba que allí las "leyes del mercado" no se aplicaban). Si globalización (otra palabra polisémica) lo que quiere decir es más poder para esa "economía capitalista" o monopolista, parece claro que no es, precisamente, la mejor garantía para el libre mercado, cuyas bondades se proclaman. Sí, el libre mercado sería una excelente idea.
(Añadido el 10: las fronteras entre estos tres niveles de Braudel -material, mercado, capitalismo- no son nítidas sino todo lo contrario. Es particularmente interesante la idea de "capitalismo de amiguetes", situado en la frontera entre mercado y capitalismo)

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