miércoles, 19 de julio de 2017

Las lenguas hablan

La enfermera, solícita, me preguntó por mi desayuno. Le hice la correspondiente enumeración que incluía “quinua” (con acento tónico en la i). Amablemente, con esa amabilidad con que algunos jóvenes corrigen a los viejos, me dijo: “quinoa” (con acento tónico en la o) y, sin quererlo, acertó con una de mis manías. Me explico.
Es sabido que, con la debida atención, uno encuentra en las diferentes lenguas detalles sobre la historia del lugar en que se hablan. No deja de ser sintomático que en el japonés que intenté aprender (sin conseguirlo), café se llame “coji” (que suena al inglés coffee), torre se diga “tawa” (que suena al inglés tower) y que pan se diga “pan”. Como suena. Palabras importadas en contextos diferentes.
El quechua andino también da sorpresas: Conejo se dice “qowi”, pero distinguiendo entre “qowi” (lo que en la Península llaman conejillo de Indias) y “Castilla qowi”, es decir, conejo de Castilla, que es lo que en la Península se llama conejo tout court. Pero mesa se dice mesa. El quechua, al fin y al cabo, fue la lengua que impusieron los incas en sus conquistas (de ahí las diferencias entre el kichua ecuatoriano y el qheshwa cochabambino: diferencias en el substrato lingüístico previo a la conquista) y el castellano fue la lengua que impusieron los reyes católicos, austrias y borbones.
¿Qué pasa entonces con la quinua-quinoa? En los Andes la llaman quinua tanto cuando se habla castellano como cuando se habla quechua, pero, pero… Esa quinua fue considerada por cosa propia de indios por los criollos, sucesores de los conquistadores y ahora fervientes nacionalistas modernizantes y anti-agrarios. Y, a veces, algo racistas algunos cuando hablaban de esos “indios de mierda”. Por parte española, la quinua se consideraba alimento de “subdesarrollados”, por tanto, sin interés alguno. Recuerdo algunos comentarios al respecto antes de que entrara la moda de la… quinoa.
El caso es que en el menú del banquete de bodas de una de las infantas (hija de don Juan Carlos, no recuerdo cuál) hubo quinua y eso hizo que algunos lectores de periódicos militantemente monárquicos comenzaran a cambiar sus juicios al respecto. Porque mientras tanto, los vegetarianos y veganos estadounidenses, tal vez a través del Cuerpo de Paz de su gobierno (no voy a entrar en asuntos más peliagudos como los descritos en la película Yawar Mallku), descubrieron que aquel pseudocereal era una fuente de proteínas vegetales de gran calidad, que había cumplido con su misión durante siglos y lo introdujeron masivamente en sus dietas. Lo llamaron quinoa y, a su favor (aunque el tema no aparece en el Diccionario panhispánico de dudas), estaba su nombre científico (Chonopodium Quinoa), puesto por “occidentales”. Y con ese nombre ha entrado en productos varios y con tal nombre aparece en los anuncios de televisión. Victoria del inglés o, mejor, de la cultura de los Estados Unidos (también en el inglés de Inglaterra). No importa que el DRAE recoja la palabra quinua.
Es un caso intrascendente, aunque a mí me siga sorprendiendo no porque me corrijan -como hizo la joven enfermera- sino porque he estado consumiendo quinua muchos años antes de que se pusiese de moda. De todos modos, es un caso más de la presencia e influencia del inglés en el vocabulario cotidiano y público, y no solo para lo que se refiere a la informática en general, con todas sus variantes. Los puristas tendrían que recordar el intento de Jack Lang, ministro de cultura francés allá por los años 80, intentando llevar adelante un “combate” contra los anglicismos. Hoy, cualquier periódico francés muestra que el combate terminó como la guerra de Franco: “Hemos perdido”. En Italia, ni se intentó. Y en las Españas hay periódicas soflamas a favor de bitácora contra blog y similares, pero se sigue usando bloguero y no bitacorero. Quinoa, pues, ha ganado gracias a su introductor, según creo entender. Me rindo. Sin “combate”. Como Arquíloco.
Y el comercio es el comercio. En Cuenca, Ecuador, el desayuno tradicional era de maíz (choclo) hasta de que descubrieron “corn flakes” mucho más modernos y menos baratos que el original (“corn” es maíz) y, curiosamente, comercializado, entre otros, por un recurrente candidato a la presidencia de aquel país. La prueba del algodón la establecí con un amigo boliviano exportador de quinoa, quinua o de lo que haga falta. Le tenía sin cuidado cómo se llamase la cosa: lo que le importaba es que se vendiese. Eso sí, compitiendo con Perú. Con Umberto Eco, stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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