domingo, 30 de julio de 2017

Como para fiarse

Primero fue que el aceite de oliva era malo porque provocaba colesterol y después fue que era bueno-buenísimo porque protegía contra el colesterol.  Primero fue que había que cumplir con todas las dosis de los antibióticos para que las bacterias no se hicieran resistentes a los mismos y después fue que cuando se redujeran los síntomas se debía suspender la toma para que las bacterias no se hicieran resistentes a los antibióticos (que es la gran preocupación. En ambos casos, como se ve, con el mismo argumento: que se estaba favoreciendo la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos). Y de la homeopatía, mejor no hablemos.
Los medios juegan, en esto, un mal papel ya que convierten en titular de primera página lo que es resultado (supongamos que de juego limpio) de una investigación llevada a cabo sobre 50 individuos en Kansas City. Pero que hay lío, es evidente.
Aquí se narran los dimes y diretes entre la OMS, Naciones Unidas, Reuters, periodistas y las empresas afectadas por los resultados de tales investigaciones. Se parte del tema del glifosato (y Monsanto), pero el argumento se extiende a tantos y tantos casos en los que el beneficio de la empresa está por encima del bienestar de los ciudadanos que, al fin y al cabo, no son más que consumidores y, en el mejor de los casos, accionistas a los que hay que engañar (ya he contado los pleitos contra una petrolera a propósito de cómo escondió, por cuestiones de junta de accionistas, los datos que tenía sobre el cambio climático).
Otros casos van en otra dirección. Fue el del Tamiflu, fabricado por una empresa en la que tenía intereses Rumsfeld, miembro del gobierno de Bush II, fármaco que fue declarado indispensable para una determinada epidemia y que los gobiernos súbditos (el español entre ellos) corrieron a comprar en grandes cantidades inútiles con lo que las acciones de aquella empresa subieron espectacularmente y el efecto fue económico, no sanitario.
Más de lo mismo: un informe sobre lo que supieron y saben las compañías eléctricas sobe el impacto del carbón en el cambio climático 1968-2017. Abundantes datos para una teoría: en las grandes empresas se suele pensar en el corto plazo y en términos de beneficios y accionistas/propietarios y obrar en consecuencia. Lo de la Responsabilidad Social Corporativa, en más de un caso parece ser cosa de márketing y no de programa de acción real. Lo dicho: como para fiarse.
(Añadido el 2 de agosto: más documentos que muestran los "arreglos" de una empresa de productos de impacto medioambiental con los encargados de aprobar su uso. Monsanto y la EPA estadounidense, por supuesto)

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