miércoles, 7 de junio de 2017

El bien contra el mal

"No es una batalla entre diferentes credos, diferentes sectas o diferentes civilizaciones" sino "entre el bien y el mal". Algunos medios se quedaron atrapados en este último punto. Pero en lo de Trump en Riad había algo más ya que había añadido: “Es una batalla entre bárbaros criminales que, todo en nombre de una religión, destrozan la vida humana y a la gente decente que quiere proteger su vida y su religión”.
Vayamos por partes. A estas alturas ya son muchos los que dicen que no se trata de un “choque de civilizaciones”, ni de “el Islam contra Occidente (judeocristiano, por supuesto)”. El papa Francisco también lo ha dicho: no hay tal guerra de religiones. Y está fuera de duda que el Papa sabe más de religiones que Trump sobre el Islam. Pero ¿entre el bien y el mal? Eso ya es más complicado.
Plantear un problema en tales términos es muy práctico. Nosotros somos el bien y ellos son el mal, luego nosotros tenemos la razón de nuestra parte y “las puertas del infierno no prevalecerán” contra nosotros. Lo malo es que “ellos” piensan exactamente lo mismo: ellos son los buenos y nosotros los malos. A ellos les asiste su religión y una historia que incluye las cruzadas y las continuas intromisiones de “Occidente” (los cruzados, los infieles) en tierras ajenas, llevando la violencia y la explotación. Ellos nos ven, parece, como “bárbaros criminales” que han arramblado con sus bienes y han intentado acabar con su religión. Exageran, obviamente. Pero no estaría de más preguntarse si los que hablan como Trump también exageran.
Planteado así, sin matices, “nosotros” (sea quien sea) el bien y “ellos” (quienes correspondan) el mal, no hay otra solución que la violencia que generará más violencia. No importa, a estas alturas, saber quién empezó. Lo que importa es que se trata de una espiral que, aunque el DAESH pueda ser derrotado territorialmente entre Irak y Siria, se mantendrá por otros medios.
¿Qué hay detrás? Esa es la pregunta que la oposición bien-mal oculta o, por lo menos, dificulta dar con una respuesta positiva. No se trata de un ejercicio de “equidistancia”. No es cuestión de estar a favor del bien y en contra el mal como si se tratase de dos bandos bien definidos y con fronteras muy claras. Primero, porque no están tan bien definidos. Y, sobre todo, porque el mal es la violencia de unos y otros, que es de lo que se debería hablar y de los medios para reducirla. Acabar con el contrario (bajo el supuesto de que encarna el mal absoluto) es una de las opciones, pero no funciona. Tarde o temprano, si no se han abordado los problemas subyacentes, la violencia regresa y no se trata de algo abstracto (como el bien y el mal) sino del dolor de familias rotas, huérfanos, miseria y desesperación… que genera más violencia tan irracional como la del contrario, si por racional entendemos relación entre medios y fines y no solo expresión de, ira, aflicción, cólera o deseo de venganza.
La cuestión está mal planteada si se hace en términos de bien contra mal, porque todas las partes pueden recurrir a ello atribuyéndose el bien y dejando el mal para los contrarios. Sin matices… que es precisamente lo que mejor moviliza a los incautos que se dejan atrapar por esas versiones maniqueas que tan bien pueden entender los actuales iraníes bajo la tradición de Ormuz y Ahrimán, con el triunfo garantizado para Ormuz. Sin llegar a tales extremos de concreción, la tradición judeo-cristiana tiene también esa tendencia a dividir las ovejas en buenas (a la derecha del Padre) y malas (a la izquierda): “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles”.
Parece que es la forma más simplista de enfrentarse a un problema y es posible que tenga incluso base neurológica. Pero no es la mejor manera de resolverlo, aunque sí una de las mejores formas de conseguir adeptos y seguidores. Al fin y al cabo, eso es política y marketing político y eso es lo que hay detrás de consultas populares como el referéndum de Colombia, el Brexit o la de Renzi en Italia: sí o no para asuntos sumamente complejos que se presentan como si fueran sencillas opciones… entre el bien (lo que propone el gobierno) y el mal (lo que propone la oposición). Realmente, no se puede elegir entre blanco y negro sino entre matices del gris. También pasaría en Cataluña.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Por supuesto que la defensa ante este tipo de ataques -Manchester, Londres- es importante. Pero sabiendo de qué va el asunto y sin caer en esquemas que solo empeoran la situación y las perspectivas de futuro. Matar a más civiles en Siria es tan contraproducente como matar a civiles en el puente de Londres. No es eso, no es eso.
Que el DAESH pierda territorio es, en cierto sentido y sin exagerar, una mala noticia ya que atacará de otras formas y se apropiará de asesinatos particulares. Pero que determinados estados árabes rompan relaciones con Qatar al considerarlo uno de los financiadores del terrorismo es una buena noticia. Eso sí: hay quien piensa que el papel de Arabia Saudita entre los que rompen relaciones tendría que enfocarse de otro modo: no es inocente de haber financiado a los terroristas, ni su modo de solucionar las protestas callejeras mediante la ejecución es el más decente. No hagamos buenos y malos tan rápidamente. Y más si, una vez más, unos piratas rusos han colaborado colgando noticias falsas y desencadenando la crisis diplomática.
En todo caso, atribuir a la religión un papel causal-precipitante en estos problemas no coincide con lo que algunos han observado sistemáticamente.
¿Simplismos? No, gracias. Ya disponemos de tales abundantemente)

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