miércoles, 14 de junio de 2017

Conflictos, violencias, mediaciones

Un joven de 22 años, murió hace unas semanas en Málaga. A la salida de su fiesta de cumpleaños, se encontró una pelea e intentó mediar. Si entiendo bien, lo que consiguió es que ambas partes en liza la emprendiera con él, produciéndole muerte cerebral. Alabo su generosidad. Como la del hombre de 45 años, de Archena, que igualmente intentó mediar en una pelea y fue acuchillado hace poco también. Entiendo (que no justifico) la reacción: cada uno de los enfrentados pensó que el mediador intervenía para ayudar al contrario y la razón evidente era que, si no estaba defendiéndole a él, es porque estaba apoyando al otro. Y ambos contendientes pensaron lo mismo. Se equivocaban, cierto.
Cambiemos de registro y pensemos en la mediación de José Luis Rodríguez Zapatero en el conflicto entre el gobierno venezolano y la oposición o, si se prefiere, entre el ejecutivo y el legislativo o entre el chavismo y la democracia o entre el apoyo a los vulnerables y el neoliberalismo (táchese lo que no proceda). No es lo que me ocupa. Me interesó la posición del expresidente José María Aznar, en contra de Zapatero con un argumento claro: Zapatero solo apoya a Maduro. Lo mismo dijo Henrique Capriles, gobernador del estado de Miranda y uno de los líderes de la oposición. No es momento de componendas: vamos a ganar, el pueblo nos apoya; más aún, somos el pueblo y los contrarios no. ¿Acertaban?
En términos todavía más generales, es frecuente suponer que el neutral no lo es porque está de parte de un bando. O, peor, la denostada “equidistancia” de la que se hablaba antes del final de ETA. Pero intentemos aclararnos.
Primero, qué es un conflicto. Es una situación en la que dos o más actores pretenden lograr objetivos incompatibles entre sí (el poder en Venezuela, por ejemplo). En buena medicina, conviene ocuparse de los antecedentes clínicos (aunque sin quedarse pegados a ellos), reconocer quiénes son los que actúan en el conflicto, a dónde puede llevar, que intereses están en juego y qué puede hacerse para reducir la violencia, si es eso lo que pretende el mediador en los casos extremos.
Es entonces cuando pueden plantearse cuatro, no dos, opciones: que gane A, que gane B, que pierdan ambos o que ganen ambos. Pero, ay, esto último dependerá de la situación concreta en la que se está tratando el asunto. Volvamos a Venezuela.
Si está en marcha un golpe de Estado, hay valores por encima de la mediación. El problema es saber quién está dando el tal golpe: si es Maduro, en la forma de auto-golpe, como aquel que se dio Fujimori en el Perú, o es la oposición apoyada por el exterior (desde la OEA al gobierno de los Estados Unidos).  No está claro cómo mediar en ambos casos ya que no quedan claros los actores del conflicto. Pero no es impensable una opción a favor del orden constitucional establecido o a favor de los perdedores por dicho orden (es lo malo que tiene el orden: que tiene ganadores y perdedores). De hecho, se ha hablado de brigadas internacionales en el supuesto de que el golpe fuera de la oposición. Si es del gobierno, todavía no he sabido de brigadistas al respecto. Pero, discúlpeseme, no veo ese golpe por ningún lado, a no ser que sea la convocatoria de la nueva Constituyente discutida y problemática. Encima, al parecer, el ejército y las milicias armadas están con el gobierno.
Si se trata de una polarización política extrema, la mediación es muy problemática sobre todo si ya se ha llegado al extremo de “o tú o yo”. Pero se puede intentar y es lo que ha sucedido con diversos personajes internacionales desde el Vaticano hasta España. Eso sí: el riesgo es que cada lado perciba al mediador como representante de los intereses del lado contrario. Obvio: si se trata de que tú desaparezcas, mediar significa proporcionar alguna garantía de supervivencia al otro lado, luego no me conviene: el que no está conmigo, está contra mí. Explicar, entonces, que se pueden lograr acomodos entre las partes y demostrar que ese es en interés de todos, es tarea difícil pero no imposible.
Pero si se trata de un asunto más complicado propio de la crisis que atraviesa el país, la mediación internacional exige mucho más trabajo, creatividad y exclusividad sobre todo si se sigue pensando que lo preferible es que todos ganen. Eso sí: dedicarse a “sacar tajada” para empresas extranjeras, no sería mediación sino engaño. 
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Añadido el 7 de julio: Se vaticina aquí que los intentos de mediación están llamados a fracasar. Rodríguez Zapatero viajó ayer a Caracas)

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