miércoles, 21 de junio de 2017

Algo más que masacres

Los autores de matanzas, atentados o ataques más o menos frustrados con aparente motivación ideológica o religiosa suelen tener algunos rasgos en común que conviene tener en cuenta antes de achacar el problema a la ideología (de ultra-derecha o de ultra-izquierda normalmente o, si se prefiere, racista, xenófoba, libertaria, anarquista, fascista) o a la religión (generalmente el Islam pero últimamente también el budismo tan religión de paz como el Islam o el cristianismo de Francisco de Asís, no el de las cruzadas). 
Los procesos que llevan a que determinados individuos lleven a cabo una masacre o a intentarlo son complicados y es ahí donde hay que poner la atención sin por ello olvidar las medidas de seguridad que, por supuesto, no tendrían que caer precisamente en aquello que critican. 
Como con los incendios forestales, la solución no es aumentar las penas de los pirómanos o el simple aumento del número de bomberos: sin por qué rechazarlo, la solución pasa por la prevención.
Uno de los rasgos que aparece con relativa frecuencia en este tipo de asesinos es el de tener antecedentes delictivos. Generalmente, pequeños delitos (hurtos, tráfico, adicción, peleas) que se han cometido antes de  producirse la "radicalización" y el empeño por matar a cuantos más mejor (infieles, musulmanes, burgueses, homosexuales, sin-techo etcétera).
Y ahora me aparece un dato con su correspondiente comentario que me hace pensar: muchos de los autores de estas matanzas tienen antecedentes de violencia doméstica. Cultura de la violencia (no cultura de paz) que se expresa en contextos diferentes, pero violencia al fin y al cabo. Frustración, agresividad, descarga de la agresividad en un objeto (familiar, ideológico, religioso, social) asequible y significativo para el agresor  mediante un instrumento, la violencia, exaltado por todos los medios, sobre todo los visuales, pero también los videojuegos.
Conocer dónde se origina la frustración, cómo esta se trasforma en agresividad y cómo esta busca objetos sobre los que descargarse con mayor o menor aprobación del pequeño grupo al que se pertenece. Llamar "loco" al asesino o asesinos no ayuda mucho, sobre todo si la "locura" se reserva para un tipo de atacante y se niega para otros.
No se olvide: la islamofobia produce ese tipo de reacción en algunos musulmanes (practicantes del "islamismo sociológico", es decir, nada devotos y, las más de las veces, poco practicantes, por ejemplo bebiendo alcohol o asesinando a otros musulmanes) y esa reacción produce más islamofobia, atribuyendo a todos los musulmanes lo que es propio de algunos de ellos (¿por qué  en el reciente atropello de Londres se piensa más en los musulmanes que intentaron linchar al asesino aplicando la ley del Talión que en el imam que lo evitó enfrentándose a la turba?).

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