martes, 15 de noviembre de 2016

Viejos y jovencitas

La historia es larga y, aunque hay casos de muchachos jóvenes casados con viejas, se habla, de vez en cuando, de esos viejos que se casan con jovencitas. 
No es algo nuevo. Está, por supuesto, el anciano rey David y la joven Sulamita que le "calentaba el lecho". Y está el viejo Gandhi que se acostaba desnudo con dos jovencitas para demostrarse el control que tenía sobre su sexualidad (a partir de una cierta edad, si no hay "pastilla azul" mediante, ese control es fácil). No creo que hayan sido excepcionales en su tiempo y espacio ni entre los años y kilómetros que los separan.
Ahora esas desagradables costumbres quedaban para "pueblos atrasados", los musulmanes y sus matrimonios concertados y, en general, los africanos subdesarrollados en los que la riqueza del viejo le permite "comprar" una joven compañía no siempre por cuestiones sexuales sino también por cuestiones laborales. Esa es la imagen dominante. En el caso de las Españas, se supone (los mitos son los mitos) cosa de gitanos, el pueblo rom.
Precisamente por eso resulta higiénico un libro que cuenta lo difundida que ha estado en la historia de los Estados Unidos tal costumbre que se mantiene hasta nuestros días según cuentan con cifras, detalles y anécdotas aquí a partir del dicho libro. La tal costumbre tiene que sortear algunas dificultades legales, pero no hay problema legal que un buen abogado no pueda sortear, amén de que tales dificultades, en algunos estados, son mínimas y siempre puedes viajar (pagando, ¿eh?, pagando) al estado apropiado para conseguir tu propósito.
Excepto para una parte de los implicados, lo habitual, como ya he insinuado, es el rechazo de algo que se considera desagradable. Mi impresión, en mi entorno, es que las mujeres lo rechazan más que los varones. No sé por qué aunque lo intuyo.
Desde un punto de vista animal, tiene más sentido el viejo con la jovencita (fértil) que el joven con la vieja (estéril). Pero me parece que no es el argumento central en esta historia. Hay "báculo de mi vejez", "compañera del alma, compañera" y tantos otros argumentos no sexuales para estos cantos del cisne (porque, evidentemente, no son tanto los divorcios lo que impresiona, sino las viudedades de las que han sido jovencísimas esposas de un decadente varón).
En todo caso, hay que revisar esa idea de que la costumbre es de "subdesarrollados" o, en su caso, revisar el concepto de "subdesarrollado".

No hay comentarios:

Publicar un comentario