sábado, 1 de octubre de 2016

Mapas y callejeros

Una querida amiga mexiquense dice que lo mío es hacer cartografía. Intuyo que algo tiene de razón si es que entiendo bien lo que ella quiere decir. Ejemplo: la crisis del PSOE, Español, algo Obrero, tal vez Socialista y, si se descuidan, no-Partido, o, mejor, partido en dos.
Lo primero que hago es ver esa crisis como parte de un proceso más largo, que se inició con González y siguió con Zapatero., sin olvidar a Almunia y a Rubalcaba. Que las noticias no impidan ver la tendencia.
Lo segundo, situarlo en un contexto más amplio. Lo he visto con lo que he leído o escuchado en amigos vinculados con dicho partido o leído en la mayoría de comentarios al respecto. Sus preguntas son qué ha pasado ahora, quién tiene la culpa, qué bandos hay (incluido el bando de los que niegan que haga bandos), quién interpreta correctamente los estatutos, qué va a pasar en la reunión de hoy y, a lo más, qué efectos tendrán sobre la política de Madrid (y Barcelona) las distintas salidas de este conflicto (crisis porque "ya no", pero "todavía no", que eso es, al fin y al cabo, una crisis, como bien saben los médicos cuando dicen que la "enfermedad ha hecho crisis").
Es el planteamiento práctico e inmediato. Para eso hacen falta un callejero, un mapa que te permite situarte, saber dónde te encuentras y ver por qué caminos puedes llegar a tu destino u objetivo. Por supuesto que hacen falta esos callejeros, esas decisiones "a pie de calle" o, por lo menos, esos "análisis concretos de situaciones concretas" que pedía Lenin.
Pero no es mi cartografía, por seguir con ese vocabulario. Lo que a mí me gusta es situar esos problemas en contextos más amplios. Europeos por lo menos y, si puedo, mundiales. Mundo mundial al fin y al cabo. Es decir, me gusta poner el caso en cuestión en un mapa por lo menos regional y, si puedo, en un mapamundi (no consigo hacerlo en un mapa mediambiental). Me interesa la relación entre este problema local del PSOE con los problemas del laborismo inglés o el socialismo francés y, si puedo, con el dilema que van a tener que afrontar los estadounidenses: entre votar a un loco o a una militarista, por llevarlo a sus extremos y sin que el tercer partido que muchos desean emerja por ningún lado.
Cuál es el precio de este enfoque: que no interesa a casi nadie. Interesan, sí, las noticias de usar y tirar que después se olvidan o son enterradas por otros hechos igual o más importantes convenientemente "cocinados". Interesa, sí, a los viejos (y nuevos) amigos y antiguos estudiantes que encuentran una forma de mantener un contacto conmigo. Por suerte tengo y he tenido buenos amigos. Eso me da suficiente satisfacción. El que Trump tenga millones de seguidores en twitter y yo tenga una treintena en el blogger no me preocupa nada. Así es la vida.

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